Posted in

Cantinflas vio relojero reparando GRATIS a ancianos—cómo pagaba renta lo PARTIÓ EN DOS

Tenía reloj de bolsillo, regalo de su propio padre, mi abuelo. Había estado en familia durante tres generaciones, pero dejó de funcionar. Mi padre quería que lo reparara, pero yo estaba tan ocupado con trabajo, tantos clientes, tanto que hacer, que seguía posponiendo. “Mañana, papá”, le decía. Esta semana a papá. Siempre encontraba excusas y mi padre nunca insistía, solo decía, “Cuando tengas tiempo, hijo.

” Después, una noche mi padre murió. Infarto en su sueño, “Muerte pacífica,”, dijeron los doctores. Pero cuando fui a su casa después de su muerte, encontré algo en su mesa de noche. El reloj, el reloj roto y nota escrita con su letra temblorosa. La nota decía: “Arturo, si lees esto, significa que morí antes de que pudieras reparar el reloj de mi padre. No te culpo.

Sé que estabas ocupado, pero espero que entiendas. Este reloj era conexión con mi padre. Cada día que no funcionaba, sentía que perdía pedazo de él. Perdóname por ser tan sentimental acerca de objeto. Te quiero, hijo, papá. Las lágrimas comenzaban a correr por las mejillas de don Arturo. Ahora esa nota me destrozó porque me di cuenta de algo terrible.

Había puesto ganancias antes que mi propio padre. Había estado tan ocupado arreglando relojes de extraños que pagaban que no había tomado tiempo para arreglar reloj de mi padre, el único reloj que realmente importaba. Reparé ese reloj después de su funeral. Tomó 2 horas y mientras lo reparaba lloré porque sabía que mi padre habría dado cualquier cosa por verlo funcionar de nuevo y yo, yo podría haberlo hecho en cualquier momento, pero nunca encontré tiempo. Entonces hice promesa.

Prometí que nunca, nunca haría que anciano esperara por reparación de reloj, porque relojes para ancianos no son solo mecanismos, son memorias, son conexiones con personas que amaron, son pedazos de sus vidas que están desapareciendo. Y decidí que cada sábado de dos a seis repararía relojes de ancianos sin cargo.

Ah, no importa cuánto tiempo tome, no importa cuánto podría ganar haciendo otros trabajos. Los sábados son para honrar a mi padre, para asegurar que ningún anciano muera esperando que su reloj sea reparado. Mario sintió emoción profunda. Arturo, eso es extraordinario. Pero, ¿cómo sobrevive? 4 horas cada sábado sin ganar dinero.

Trabajo resto de la semana, lunes a viernes de 9 a 7. gano suficiente para vivir. No soy rico, pero estoy bien. Y los sábados, los sábados son diferentes. No son sobre dinero, son sobre memoria, sobre honrar promesa. Durante las siguientes semanas, Mario visitó el taller varios sábados. Cada vez presenció escenas similares. Había mujer de 75 años con reloj de pulsera que había pertenecido a su madre.

El reloj había dejado de funcionar hace 6 meses. Ella no tenía dinero para reparación. Vivía de pensión de 60 pesos al mes. Don Arturo trabajó en ese reloj durante 2 horas. Cuando terminó, funcionaba perfectamente. La mujer lloró al escuchar el tic tac de nuevo. “Mi madre usó este reloj durante 50 años”, dijo.

“Cuando lo escucho funcionar es como escuchar su corazón latir de nuevo. Había hombre de 80 años con reloj que su esposa, muerta hace 10 años, le había dado en su boda. El reloj era último objeto físico que le quedaba de ella.” Don Arturo reparó ese reloj con ternura especial. Este reloj representa 50 años de matrimonio, explicó a Mario.

¿Cómo podría cobrar por preservar eso? Había anciano de 90 años cuyo reloj había sido compañero durante 70 años. Lo había recibido cuando consiguió su primer trabajo a los 20. Este reloj estuvo conmigo en cada momento importante de mi vida. El anciano dijo, “Mi boda, nacimiento de mis hijos, funerales de mis padres, todo.

” Cuando dejó de funcionar, sentí como si parte de mi propia historia se hubiera detenido. Don Arturo reparó ese reloj y se negó a aceptar ni un centavo. “¿Cuántos ancianos ayuda cada sábado?”, Mario preguntó. Depende. Algunas reparaciones toman 20 minutos, otras toman 3 horas. En promedio ayudo a cuatro o cinco personas cada sábado.

Algunos sábados solo dos, otros sábados siete u ocho si las reparaciones son simples. Y en 5 años he reparado aproximadamente 1000 relojes de ancianos gratis. ¿Cuánto habría ganado si hubiera cobrado? Reparación típica cuesta entre 20 y 50es dependiendo del problema. Entonces, ah, probablemente 30,000es en 5 años, tal vez más.

Ese es mucho dinero para sacrificar. No es sacrificio, es inversión en honrar memoria de mi padre, en preservar memorias de ancianos. Vale cada peso que no gané. ¿Cuál ha sido su momento más significativo? Don Arturo pensó por largo momento. Fue hace 2 años. Anciana vino. Tenía que tener 95 años. La más anciana que he atendido.

Traía reloj de bolsillo en caja pequeña. Me lo dio con manos que temblaban tanto que casi lo deja caer. Me dijo que era reloj de su esposo. Él había muerto hace 20 años. El reloj había dejado de funcionar hace 15 años. Le pregunté por qué había esperado tanto tiempo para repararlo. Me dijo, “No tenía dinero.” Y pensé que reloj roto era mejor que ningún reloj.

Al menos podía sostenerlo, al menos podía recordar cómo se veía en el bolsillo de mi esposo. Trabajé en ese reloj durante 3 horas. Era reparación compleja, múltiples problemas acumulados durante 15 años de descuido, pero finalmente lo hice funcionar. Cuando le devolví el reloj funcionando, ella lo sostuvo contra su oído, escuchó el tic tac y comenzó a llorar tan fuerte que pensé que le daría ataque al corazón.

75 años”, me dijo. Hace 75 años escuché este reloj por primera vez. Cuando mi esposo y yo éramos novios, él lo sacaba de su bolsillo para verificar la hora durante nuestrasas. Y yo escuchaba este sonido, este tic tac exacto. Durante 20 años desde que murió, he intentado recordar exactamente cómo sonaba, pero la memoria se desvanece.

Y ahora, ahora lo escucho de nuevo, exactamente como lo recordaba. Oh, como si él estuviera aquí. Esa mujer murió tr meses después. Su familia vino a agradecerme. Me dijeron que en sus últimos tres meses llevaba ese reloj consigo a todas partes, que lo escuchaba constantemente, que decía que el sonido la consolaba.

Me dijeron que cuando murió tenía el reloj en su mano y que en su testamento había pedido que la enterraran con él. En ese momento entendí algo. No estoy reparando relojes, estoy reparando conexiones, estoy preservando amor, estoy dando a ancianos forma de tocar, literalmente, físicamente tocar memorias de personas que perdieron.

Read More