A medida que el calendario electoral avanza de forma implacable y nos sitúa a escasas cuatro semanas de los comicios presidenciales, la atmósfera política en Colombia se ha tornado densa, electrizante y profundamente polarizada. Lo que debía ser un intercambio de propuestas programáticas se ha transformado en un verdadero campo de batalla ideológico, donde cada declaración, encuesta y estrategia es examinada bajo la lupa de una ciudadanía cada vez más activa y fiscalizadora. En este contexto de alta volatilidad, el reciente debate político emitido por el espacio televisivo “Aquí y Ahora”, conducido por la periodista D’Arcy Quinn en el canal La FM, sirvió como un termómetro perfecto para medir las pasiones, las tensiones y las profundas divisiones que fracturan al país en la actualidad.
El debate contó con la participación de tres figuras con visiones diametralmente opuestas sobre la realidad nacional: Donka Atanasova, socióloga y concejal de Bogotá por el Pacto Histórico; Juan Alberto Londoño, abogado, experimentado político y actual estratega de la campaña de Paloma Valencia; y Carlos Alonso Lucio, escritor, empresario y exmiembro del grupo guerrillero M-19, quien hoy respalda activamente la candidatura de Abelardo de la Espriella. La mesa de discusión no solo abordó las cifras disímiles de las encuestas recientes,
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sino que profundizó en cuestionamientos severos sobre la legitimidad democrática, las reformas económicas del gobierno de Gustavo Petro y los controvertidos resultados de la política de Paz Total.
Uno de los primeros puntos de fricción estructural de la jornada giró en torno a los recientes sondeos publicados por firmas como Atlas Intel, Invamer y GAD3, cuyos resultados muestran discrepancias metodológicas significativas. Mientras algunas encuestas sitúan a Iván Cepeda con una ventaja considerable, bordeando la posibilidad de una victoria en primera vuelta, otras muestran un empate técnico absoluto en el bloque de la oposición entre los candidatos de la derecha, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella. Para Juan Alberto Londoño, esta disparidad evidencia que el electorado colombiano se encuentra en una fase de indecisión profunda, alimentada además por la existencia de un “voto vergonzante” o temeroso en los tres principales espectros políticos, donde los ciudadanos ocultan sus verdaderas intenciones de voto según el entorno social o laboral en el que sean consultados.
Por su parte, Carlos Alonso Lucio elevó el tono de la crítica al cuestionar el papel ético de las firmas encuestadoras, sugiriendo que en múltiples ocasiones los sondeos dejan de ser meros instrumentos científicos de lectura de la realidad para transformarse en mecanismos de acción política orientados a manipular la opinión pública y moldear el concepto del “voto útil”. Lucio recordó con vehemencia la histórica falibilidad de estos instrumentos en el país, citando el emblemático caso del plebiscito por la paz de 2016, donde las encuestadoras más prestigiosas erraron por un margen superior a los treinta puntos porcentuales, un colapso predictivo que comparó con la caída de un edificio mal construido.
Sin embargo, el eje central y más candente de la controversia se desató al analizar la persistente resistencia del candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, a participar en los debates presidenciales tradicionales organizados por los medios de comunicación convencionales. Desde los sectores de la oposición, esta conducta es interpretada de manera unánime como una muestra inequívoca de temor y debilidad política. Londoño y Lucio coincidieron en que Cepeda prefiere “escudarse” detrás de la figura del presidente Gustavo Petro, quien actúa de facto como el verdadero jefe de campaña, utilizando la estructura del Estado de forma descarada para impulsar la candidatura oficialista. “Iván Cepeda no tiene que hacer campaña ni desgastarse porque la campaña se la hace Petro todos los días desde la Casa de Nariño”, afirmó tajantemente Londoño, denunciando una participación en política indebida por parte del Ejecutivo.
En un escenario marcadamente adverso, rodeada por tres interlocutores de tendencia derechista, la concejal Donka Atanasova defendió con solvencia el proyecto del Pacto Histórico. Atanasova rechazó de forma categórica que existiera miedo o desinterés democrático en la campaña de Cepeda, argumentando que lo que propone el progresismo es un “formato distinto” de debate, que busque alterar las correlaciones de fuerza tradicionales de unos medios de comunicación que históricamente han respondido a los intereses de las élites colombianas. Según la cabildante, Cepeda es un constructor histórico de diálogos estratégicos y consensos en el país, que actualmente se encuentra recorriendo los territorios de base, municipios pequeños y medianos, entablando conversaciones directas con la ciudadanía común en lugar de someterse a las pautas impuestas por los grandes conglomerados informativos.
La discusión económica también encendió las alertas de los panelistas al evaluarse el impacto real del incremento del salario mínimo y los subsidios estatales impulsados por el gobierno actual. Mientras Atanasova argumentó que estas medidas han dignificado la vida de la población más vulnerable, sectores históricamente excluidos que ahora encuentran un sentido real en la participación política y el ejercicio del voto, la oposición ofreció una lectura sombría. Londoño recurrió a una metáfora cruda para ilustrar la situación financiera del país bajo el mandato de Petro: “El Gobierno nos tiene en la mitad de la fiesta a las doce de la noche, gastándonos lo último que queda con una falsa sensación de estabilidad basada en el gasto público insostenible; pero no estamos pensando en que mañana vamos a tener un guayabo berraco”. Asimismo, alertó sobre las alarmantes cifras sectoriales que evidencian un incremento del 18% en el gasto de bolsillo en salud por parte de los ciudadanos, debido al progresivo colapso en el suministro de medicamentos y la atención en el sistema público.
Finalmente, el debate se adentró en el espinoso terreno de la seguridad nacional y la Paz Total. Carlos Alonso Lucio, apelando a su experiencia histórica en procesos de paz y su conocimiento directo de la geografía colombiana, calificó la estrategia gubernamental como un “ejercicio de prestidigitación con la palabra paz”. Para Lucio, el cese al fuego bilateral y los diálogos regionales no han sido más que un proceso de paralización de la fuerza pública que ha derivado en la entrega sistemática del control territorial criminal a organizaciones armadas ilegales que continúan extorsionando, masacrando y narcotraficando sin consecuencias reales. El debate concluyó con proyecciones divididas de cara a una inminente segunda vuelta, dejando claro que el panorama político de Colombia sigue abierto, tenso y con el destino democrático de las instituciones en pleno juego.