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“‘No superarás mi marca’ — gritó la campeona rusa… y la mexicana brilló en el salto triple

Su cuerpo se elevó en el aire de una manera que desafió la gravedad. Flotó por un momento que pareció eterno y cuando finalmente tocó la arena, toda la tribuna explotó en un grito de incredulidad. El juez principal midió el salto tres veces porque no podía creer lo que estaba viendo. 5.20 m. Una niña de 12 años había roto el récord nacional juvenil por más de medio metro.

El silencio que siguió fue tan profundo que se podía escuchar el viento. Luego, gradualmente comenzaron los susurros, los murmullos, las miradas de asombro y también de envidia. Esa tarde cambió todo para Bel. Pero no de la manera que ella esperaba. Sí, su salto había sido extraordinario, pero también había despertado algo muy peligroso, la envidia y el miedo de quienes controlaban el atletismo mexicano.

En una reunión privada esa misma noche, los dirigentes de la federación tomaron una decisión que iba a marcar los siguientes años de la vida de Belén de la manera más cruel posible. “Esta niña es un problema”, dijo el presidente de la Federación Estatal. Si la dejamos crecer y desarrollarse, va a demostrar que nuestro sistema está podrido.

Va a evidenciar que hemos estado desperdiciando talentos por décadas porque solo apoyamos a los hijos de nuestros amigos. No podemos permitir que eso pase. La decisión fue unánime. Iban a hacer todo lo posible para sabotear la carrera de Belén antes de que comenzara realmente. Los siguientes dos años fueron un infierno para ella. Cada vez que había una competencia importante, misteriosamente su nombre no aparecía en las listas de participantes.

Cuando lograba inscribirse por sus propios medios, extrañamente siempre había problemas técnicos con el cronometraje o la medición justo cuando ella competía. Le robaban sus implementos de entrenamiento, le daban información falsa sobre horarios y lugares de competencia, e incluso llegaron a sabotear la pista donde entrenaba, llenándola de vidrios rotos y clavos.

Pero lo peor no era el sabotaje físico, lo peor era el sabotaje psicológico. Los entrenadores de la federación comenzaron una campaña cruel y sistemática para destruir su autoestima. Le decían que era demasiado morena para representar a México en competencias internacionales, que su técnica era tosca y primitiva, que venía de una familia de nacos que no tenía derecho a soñar con la gloria deportiva.

Belem, que entonces tenía 14 años, comenzó a creer esas mentiras. Comenzó a dudar de sí misma, a pensar que tal vez si era cierto que no tenía el derecho de estar ahí, que tal vez si era cierto que nunca iba a poder competir contra atletas de verdad. Sus saltos comenzaron a disminuir en distancia, no por problemas físicos, sino porque su mente había sido envenenada por el odio y la discriminación.

Sus padres, don Roberto y doña Carmen, veían como su hija se consumía tras día. La veían llorar todas las noches, la veían perder el apetito, la veían caminar cabizaja por la casa como si llevara el peso del mundo en los hombros. Pero ellos también se sentían completamente impotentes. No entendían el mundo del deporte, no tenían dinero para contratar abogados o buscar justicia y, sobre todo, tenían miedo de las represalias y se quejaban demasiado.

Fue en el momento más oscuro de su vida cuando Belén conoció a la persona que cambiaría todo, Elena Vázquez, una exatleta olímpica que había representado a México en los años 80 y que había vivido en carne propia la corrupción y el machismo del sistema deportivo nacional. Elena había logrado ganar una medalla de bronce en salto triple en los Juegos Olímpicos de 1988, pero su carrera había sido saboteada sistemáticamente después de eso, porque se había atrevido a denunciar públicamente los abusos que sufrían las

atletas mexicanas. Elena había estado observando la situación de Belén desde lejos y un día decidió actuar. llegó a su casa sin avisar, se presentó ante don Roberto y doña Carmen y les dijo algo que los dejó helados. Su hija no es solo talentosa, es extraordinaria, pero la están destruyendo porque tiene el potencial de demostrar que México puede ser una potencia mundial en atletismo y eso amenaza muchos intereses.

Si me dan permiso, yo voy a entrenarla y les prometo que en 4 años estará compitiendo en los Juegos Olímpicos. La propuesta de Elena era arriesgada y radical. Belem tendría que entrenar en completo secreto, lejos de la federación, lejos de las competencias oficiales, lejos de todo el sistema que había tratado de destruirla.

Tendría que confiar completamente en Elena y Elena tendría que poner en riesgo su propia reputación y su estabilidad económica para entrenar a un adolescente que había sido marcada como enemiga por los poderosos del deporte nacional. Pero había algo más que Elena no les dijo esa tarde, algo que descubrirían después de manera brutal.

Entrenar a Belem no era solo un acto de justicia deportiva, era también un acto de venganza personal. Elena había estado esperando durante más de 15 años la oportunidad de demostrar que el sistema estaba podrido y Belem era la herramienta perfecta para hacerlo. Los primeros meses de entrenamiento con Elena fueron un shock total para Belem.

Elena no era solo una entrenadora, era una revolucionaria del deporte. Su método de entrenamiento no tenía nada que ver con lo que Belem había conocido antes. No se trataba solo de saltar más lejos, se trataba de entender la física, la biomecánica, la psicología y, sobre todo, la política del atletismo de alto rendimiento.

El salto triple no es solo una disciplina atlética”, le decía Elena mientras la hacía correr interminables series de velocidad bajo el sol de Guadalajara. Es una metáfora de la vida de las mujeres mexicanas. Primero tienes que encontrar impulso en un sistema que no quiere que corras. Luego tienes que saltar una primera vez superando todos los obstáculos que ponen para detenerte.

Después tienes que saltar una segunda vez, demostrando que tu primer salto no fue casualidad. Y finalmente tienes que saltar una tercera vez, llegando más lejos de lo que nadie pensó que podías llegar. El salto triple es la disciplina perfecta para una mujer como tú, porque toda tu vida ha sido una serie de saltos contra la adversidad.

Elena había conseguido una pista de entrenamiento en una universidad privada de Guadalajara, donde el director deportivo, que había sido compañero suyo en la selección nacional, le permitía entrenar en las madrugadas antes de que llegaran los estudiantes. Así, a las 5 de la mañana, cuando la ciudad aún dormía, Belén comenzaba sus entrenamientos en una rutina que habría destruido atletas con años de experiencia.

El entrenamiento no era solo físico. Elena sabía que la batalla más importante se iba a librar en la mente de Belém, así que dedicaba horas y horas a trabajar en su fortaleza mental. Le hacía estudiar videos de las mejores altadoras del mundo, pero no para copiar sus técnicas, sino para entender su mentalidad.

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