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“Van a traicionarte” le dijo la pasante al Multimillonario y él quedó helado

Camila trabajaba con la misma concentración silenciosa con la que había hecho todo en su vida. Sus manos se movían con precisión sobre las estanterías de madera oscura, sin dudar, sin tropiezos. El archivo de Ferrini y Asociados tenía un sistema de clasificación que el propio Marco Ferrini había diseñado hacía décadas y que nadie había tenido el interés ni la energía de modernizar.

Era un sistema imperfecto con lógicas internas que contradecían sus propias reglas. con excepciones que se habían vuelto Norma. Camila lo conocía en su totalidad. No solo lo conocía, lo había mejorado en silencio durante 4 años, añadiendo capas de orden invisible que nadie reconocía porque nadie bajaba al sótano a verificar nada.

 Eso era precisamente lo que necesitaba. Cuando terminó de clasificar los expedientes de la mañana, abrió el cuaderno que guardaba en el cajón inferior izquierdo. No era un cuaderno de trabajo, era un cuaderno de otra vida. Páginas llenas de su letra apretada, de análisis, de argumentos, de la clase de razonamiento jurídico que no tiene lugar en las tareas de una archivista.

Lo cerraba siempre antes de que alguien bajara. Lo abría solo cuando estaba completamente sola. esa mañana, sin embargo, no lo abrió. Se quedó mirando la portada durante un momento y luego lo volvió a guardar. Algo en el ambiente del despacho había cambiado desde el día anterior. Lo percibía en la cantidad de documentos que le habían enviado a clasificar con urgencia la tarde anterior en el número de llamadas que habían llegado al piso de los socios después de las 7 de la noche. Algo estaba ocurriendo en los

pisos superiores. Algo importante. Se equivocaba solo en una cosa, no era algo. Era alguien. Sebastián Aguirre llegó al despacho Ferrini y asociados a las 10 de la mañana con exactamente el tipo de presencia que hace que los empleados de recepción se enderecen en sus sillas sin necesidad de que nadie les diga nada.

 No era su ropa ni su altura ni la forma en que caminaba, aunque todo eso contribuía. Era algo más difícil de nombrar. La certeza compacta con que ocupaba el espacio, como si cada centímetro de piso que pisaba le perteneciera por derecho natural y no por accidente de nacimiento. Tomás Restrepo caminaba medio paso detrás con su bloc de notas abierto y un bolígrafo que nunca dejaba de girar entre sus dedos cuando estaba nervioso.

Ese día giraba con una velocidad considerable. Renata dice que la audiencia preliminar va bien”, dijo Tomás en voz baja mientras cruzaban el vestíbulo. “Renata lleva tres semanas diciendo que todo va bien”, respondió Sebastián sin bajar el ritmo. “Necesito ver los escritos, no escuchar cómo van. Están en la sala de conferencias del tercer piso.

Bien, Renata Solís los esperaba en la puerta de la sala de conferencias con una sonrisa que llegaba exactamente hasta donde debía llegar. Sebastián, “Qué bueno que pudiste venir en persona. Necesitaba verlo todo junto”, dijo él estrechando su mano con la brevedad justa. El caso lleva 6 meses. La audiencia principal es en tres semanas.

Exactamente por eso estamos aquí. Renata abrió la puerta y los invitó a entrar con un gesto que tenía algo de anfitriona y algo de directora de escena. Tenemos todo preparado. La sala de conferencias era larga y bien iluminada con una mesa de roble que ese día estaba ocupada en uno de sus extremos por tres abogados jóvenes del equipo de Renata, cada uno frente a un expediente abierto.

En el centro de la mesa había una serie de carpetas ordenadas con precisión. Renata la señaló con satisfacción. Los tres laudos precedente que fundamentan nuestra línea de defensa. Los elegí personalmente después de un análisis exhaustivo de la jurisprudencia del panel arbitral internacional. Sebastián tomó la primera carpeta, la abrió, leyó las primeras páginas con la concentración de alguien acostumbrado a los documentos, pero no formado en ellos, buscando el sentido general, la dirección del argumento, la conclusión a

la que apuntaba y la cláusula 14.3 del contrato original? Preguntó sin levantar la vista. Está citada en el escrito principal. ¿Dónde? Renata miró a uno de sus abogados. El abogado abrió su expediente y comenzó a buscar con una rapidez que intentaba parecer natural. Está referenciada en el segundo párrafo de la página 34.

 Dijo finalmente referenciada no es lo mismo que argumentada, dijo Sebastián cerrando la carpeta. Es la cláusula que establece el derecho de continuidad operativa. Si no la argumentamos con profundidad, la parte contraria la va a usar en nuestra contra. La estrategia está diseñada para no sobreexponerla”, dijo Renata con calma.

 En arbitraje internacional, a veces los argumentos más sólidos se presentan con discreción para evitar que el panel los examine con exceso de detalle. Sebastián la miró durante un segundo que duró más de lo necesario. Eso no tiene sentido, dijo. Tiene todo el sentido cuando conoces la composición de este panel en particular.

Renata sonrió de nuevo. Confía en mí, Sebastián. Llevamos 6 meses trabajando en esto. Él no respondió. Tomó otra de las carpetas, la revisó brevemente y luego se puso de pie. Necesito los originales del contrato, no las copias digitales. Los originales físicos están en el archivo. Puedo pedir que lo suban.

 ¿Dónde está el archivo? En el sótano. Pero no hace falta. ¿Qué? ¿Cómo se llega? Hubo una pausa microscópica. Renata señaló hacia el pasillo con una expresión perfectamente neutral. las escaleras al fondo. Pero te digo que puedo pedirle a alguien que lo suba en 10 minutos. Prefiero ir yo. El sótano no era el tipo de lugar donde uno esperaba encontrar a un hombre como Sebastián Aguirre.

Sebastián bajó con la misma cadencia con que cruzaba sus propias oficinas en Bogotá, como si el espacio, cualquier espacio, le fuera familiar por derecho. Camila lo oyó bajar antes de verlo. Reconoció el peso del paso, diferente al de los abogados jóvenes que bajaban con prisa y torpeza. Este era deliberado, sin urgencia, pero sin pausa.

 Levantó la vista cuando él apareció en el umbral. Sebastián miró el archivo durante un momento como quien calibra un espacio desconocido. Luego la miró a ella. Busco el contrato original del caso Aguirre contra Kensor Shembreda. El documento físico, no la copia. Sección 7, subsección C, estante 4. Camila ya se estaba levantando. ¿Necesita el contrato completo o solo los anexos? Sebastián tardó un instante en responder, como si la precisión de la respuesta lo hubiera tomado ligeramente desprevenido.

El completo. Camila se movió por las estanterías con la naturalidad de quien conoce un espacio como conoce su propia casa. En menos de un minuto tenía en las manos una carpeta gruesa de lomo marrón. La colocó sobre la mesa de trabajo y la abrió en la primera página. El contrato original tiene 140 páginas más tres anexos técnicos.

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