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La VERDAD sobre las 47 Fotos Prohibidas de la Cueva de los Tayos

s reducidas al tamaño de un puño. Un ritual que solo realizan con enemigos especiales. Enemigos que, según su tradición intentaron robar algo que no les pertenecía.

El padre Crespó décadas con ellos. Aprendió su idioma, ganó su confianza y en 1962 los ancianos Shuar decidieron mostrarle algo, un secreto que habían guardado durante siglos. Tres chamanes lo guiaron hacia la selva profunda. Caminaron durante dos días [música] hasta llegar a una entrada oculta entre raíces gigantes y piedra arenisca.

La cueva de los tallos descendieron con antorchas 30 m. 50, 70, hasta llegar a una cámara que, según las descripciones del padre Crespi, no parecía natural. Las paredes eran demasiado lisas, los ángulos demasiado precisos y en el centro había cajas de piedra. Dentro de las cajas, láminas de metal, decenas de ellas, quizás cientos, cada una cubierta con símbolos tallados que brillaban bajo la luz de las antorchas.

Los chamanes le dijeron algo que Cresp anotó en su diario. Esto fue dejado por los que vinieron antes del diluvio, los que sabían el lenguaje de la creación. Nosotros solo somos guardianes, [música] pero tú, tú eres un sacerdote del Dios nuevo. Tal vez tú puedas entender lo que ellos escribieron. Crespuntó si podía llevar algunas láminas para estudiarlas.

Los chamanes aceptaron con una condición. Nunca reveles dónde las encontraste. Nunca traigas extraños a este lugar. Y nunca, nunca intentes leer las láminas en voz alta. Cuando Crespi preguntó por qué, el chamán más viejo respondió, “Porque las palabras escritas ahí no son para ser dichas, son instrucciones y si las pronuncias algo escucha.

” Durante los siguientes años, el padre Crespi acumuló decenas de estas láminas. Las exhibía en el patio de la Iglesia María Auxiliadora en Cuenca. Decía a los visitantes que eran regalos de los indígenas, pero nunca mencionó la cueva. Arqueólogos y coleccionistas venían desde Europa para verlas. Algunos ofrecieron fortunas por comprarlas.

Crespi siempre se negó. Pero en 1962 algo [música] cambió. Comenzó a comportarse de manera extraña. Dejó de dormir en su habitación. Pasaba las noches en el patio vigilando las láminas. Otros sacerdotes lo escuchaban murmurar en idiomas que no reconocían. Y entonces ocurrió el incendio. Julio de 1962. La Iglesia María Auxiliadora se incendia durante la madrugada.

La causa oficial cortoocircuito eléctrico. Pero hay detalles que nunca se explicaron. El fuego comenzó exactamente en el patio donde Cresp guardaba las láminas. A pesar de la intensidad del incendio, las láminas de metal sobrevivieron intactas y Cresp fue encontrado inconsciente en el patio con quemaduras en las manos, sosteniendo una de las láminas.

 Cuando despertó en el hospital, lo primero que dijo fue, “No debía haberla sacado de allí. Ahora me están buscando. Cuando le preguntaron quién lo estaba buscando, Cresp no respondió, solo repitió una frase en un idioma que nadie reconoció. Una frase que, según testigos, sonaba exactamente como los símbolos grabados en las láminas. Tres semanas después del incendio, las láminas más valiosas desaparecieron.

Oficialmente fueron vendidas a un coleccionista británico anónimo y enviadas a Londres. Pero algunos investigadores creen otra versión. Creen que Crespi las devolvió a la cueva porque tenía miedo de lo que había despertado al sacarlas de allí. 7 años después del incendio, un explorador argentino húngaro llamado Juan Morich afirma haber redescubierto la cueva de los tallos.

firma un acta notarial declarando que encontró una biblioteca metálica que contiene la verdadera historia de la humanidad. Dice que esta biblioteca tiene 250,000 años de antigüedad. Dice que [música] está protegida por túneles artificiales que no pudieron ser creados por humanos primitivos. Y dice algo más, algo que los periódicos de la época ignoraron.

No fui el primero en llegar allí. Hay señales de que alguien más o algo más todavía usa esos túneles. Morit planeaba guiar una expedición científica a la biblioteca metálica, pero nunca lo hizo. Cada vez que organizaba una expedición, algo salía mal. Financiamiento cancelado. Permisos gubernamentales negados, miembros del equipo que se retiraban sin explicación.

En 1991, Moric murió sin haber revelado la ubicación exacta de la biblioteca. Su último testamento incluía una frase extraña. Si alguien encuentra la biblioteca, que no lea las láminas en voz alta, que no intente traducirlas, que las deje donde están, porque lo que está escrito allí no es conocimiento, es una puerta. Moric murió.

 El padre Crespi murió, pero la cueva, la cueva sigue allí y en 2018 alguien decidió volver a buscar lo que Moric nunca encontró. Marzo de 2018, un equipo de tres espeleos peruanos solicita permiso para explorar el sistema de cuevas de los tallos. Luis Delgado, 34 años. Geólogo Ana Paredes, 29 años. Bióloga especializada en fauna cavernícola, Miguel Ortiz, 41 años, experto en cartografía subterránea.

Su objetivo oficial, [música] documentar formaciones geológicas y catalogar especies endémicas. Su objetivo real era otro. Tres semanas antes de la expedición, Luis había contactado a un coleccionista privado en Quito. El coleccionista afirmaba tener una de las láminas originales del padre Crespi.

 “La compré en una subasta en Londres en 1975”, dijo. “Pero hay algo raro en ella. Cada vez que intento fotografiarla, las cámaras fallan y cuando la sostengo, escucho voces.” Luis no le creyó. Pensó que era un vendedor tratando de inflar, pero el coleccionista le mostró algo más. Un mapa dibujado a mano por alguien que había estado en la cueva en los años 60.

 El mapa mostraba una cámara profunda que no aparecía en ningún registro oficial. Y en el centro de esa cámara, una marca con una sola palabra. Luis compró el mapa. No le dijo a Ana ni a Miguel el verdadero motivo de la expedición. Solo les dijo que había encontrado coordenadas interesantes. El 12 de marzo entraron a la cueva. Fue la última vez que alguien los vio con vida. Día 1. Entrada exitosa.

Descendimos 60 m usando el sistema de anclajes estándar. La cueva es más grande de lo esperado. Hay túneles que no aparecen en los mapas oficiales. Ana encontró murciélagos de una especie que no reconoce. Tomó muestras. Miguel está mapeando. Dice que algunos túneles tienen ángulos demasiado rectos para ser naturales.

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