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El contrato secreto que casi destruye la carrera de Ronaldinho y como se vengo

El reloj marcaba el minuto 89. Barcelona ganaba 1 a0 contra el Chelsea en la semifinal de la Champions League. Un minuto más y estarían en la final. Un minuto más y el sueno se haría realidad. Ronaldinho estaba en el centro del campo esperando el último silvato, pero algo estaba mal. Ronaldinho no miraba el balón, no miraba a sus compañeros, miraba hacia la tribuna de honor, donde un hombre de traje oscuro le hacía cenas desesperadas.

Un hombre que no debería estar ahí, un hombre que Ronaldinho no había visto en 8 años. Su nombre era Gabriel Torres y su presencia en aquel estadio significaba solo una cosa, que todo lo que Ronaldinho creía saber sobre su vida era mentira. Esta es la historia del secreto más grande que Ronaldinho jamás guardó.

La historia de una traición que comenzó mucho antes de que fuera famoso. La historia de un hombre que apareció en el peor momento posible para revelar una verdad que cambiaría todo. Para entender este momento, debemos viajar a 1998. Ronaldinho tenía 18 años. Acababa de firmar su primer contrato profesional con gremio.

 Era joven, era ingenuo y estaba a punto de cometer el error más grande de su vida. En aquella época, Ronaldinho tenía un representante llamado Gabriel Torres. Gabriel era un hombre carismático de 32 anos que había convencido a la madre de Ronaldinho de que podía convertir a su hijo en estrella mundial. Prometió contratos millonarios, prometió fama internacional, prometió todo lo que una familia pobre de Porto Alegre sonaba con escuchar.

La madre de Ronaldinho confiaba en Gabriel. Ronaldinho confiaba en Gabriel. Toda la familia confiaba en Gabriel. Fue el peor error que pudieron cometer. Gabriel presentó a Ronaldinho un contrato, un contrato largo y complicado que ningún abogado había revisado. Un contrato que Ronaldinho firmó sin leer porque confiaba ciegamente en el hombre que prometía convertirlo en leyenda.

 Lo que Ronaldinho no sabía era que aquel contrato le daba a Gabriel el 40% de todas sus ganancias futuras. No por 5 años, no por 10 años, para siempre. Cada euro que Ronaldinho ganara durante toda su carrera, Gabriel se llevaría casi la mitad. Era un contrato abusivo, ilegal en muchos aspectos, pero estaba firmado. Y en Brasil, en aquella época, los contratos firmados eran sagrados.

Ronaldinho no descubrió la verdad hasta dos años después. cuando empezó a ganar dinero real, cuando empezó a preguntarse por qué su cuenta bancaria no crecía como debería, cuando finalmente contrato a un abogado que revisó todos sus documentos, el abogado palideció al leer el contrato. Esto es legalizado. Este hombre te ha estado robando desde el primer día.

 Ronaldinho no podía creerlo. Gabriel había sido como un padre para él. lo había guiado, lo había aconsejado, lo había protegido o eso creía. La confrontación fue brutal. Ronaldinho llamó a Gabriel a una reunión. Le mostro el contrato. Le pregunto cómo podía haberle hecho algo así. Gabriel no mostró remordimiento, solo sonrió. Firmaste el contrato.

Nadie te obligó. Si eras demasiado estúpido para leer lo que firmabas, ese es tu problema. Tengo derechos legales sobre el 40% de todo lo que ganes y voy a cobrar hasta el último centavo. Ronaldinho sintió que el mundo se derrumbaba. Lo que siguió fueron dos anos de batallas legales, abogados contra abogados, demandas y contra demandas.

Un proceso que costó millones y que consumió toda la energía de Ronaldinho. Al final llegaron a un acuerdo. Ronaldinho pagó a Gabriel una suma millonaria para liberarse del contrato. Dinero que había ganado con su talento. Dinero que debería haber sido suyo. Pagado a un hombre que lo había engañado desde el principio.

 Gabriel desapareció después de recibir el dinero. Ronaldinho juro que nunca más volvería a verlo. Juro que enterraría aquel capítulo de su vida y seguiría adelante. Y durante 8 años lo logro hasta aquella noche en Stanford Bridge. Suscríbete y deja un comentario porque lo que viene ahora es el momento que cambio todo. Minuto 89.

Barcelona ganaba 1 a0. Ronaldinho vio a Gabriel en la tribuna de honor. No podía ser coincidencia. Gabriel estaba ahí por una razón y esa razón no podía ser buena. El silvato final sono. Barcelona había ganado. Estaban en la final de la Champions League. Sus compañeros celebraban. El estadio rugía, pero Ronaldinho no se movía, solo miraba a Gabriel.

 Y Gabriel lo miraba a él con una sonrisa que Ronaldinho conocía demasiado bien. La sonrisa de un depredador que ha encontrado a su presa. Después del partido, Ronaldinho buscó a Gabriel en la zona VIP. Lo encontró bebiendo champan como si fuera el dueño del lugar. ¿Qué haces aquí? Gabriel sonrió. Vine a felicitarte y a darte una noticia.

 ¿Qué noticia? Gabriel sacó un documento de su bolsillo. Lo desdoblo lentamente, teatralmente. ¿Recuerdas el contrato que firmaste hace 10 años? El que pagaste millones para cancelar. Ronaldinho sentía la rabia crecer dentro de él. Ese contrato ya no existe. Pague para terminarlo. Gabriel negó con la cabeza. Pagaste para terminar un contrato.

Pero resulta que había otro contrato, uno que firmaste el mismo día, pero que nunca viste. Un contrato que yo guarde todos estos años esperando el momento perfecto. Ronaldinho sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. ¿De qué hablas, Gabriel? Le mostro el documento. Aquella noche en Porto Alegre, cuando tenías 18 años, firmaste dos contratos.

El primero era el que conocías, el de representación. El segundo era diferente. Era un contrato de sesión de derechos de imagen, exclusivo, perpetuo, irrevocable. Ronaldinho no entendía qué significa eso. Gabriel Río significa que soy dueño de tu imagen, de tu nombre, de tu rostro, cada foto tuya que se vende, cada comercial que protagonizas, cada producto con tu cara.

 El 20% me pertenece legalmente. Ronaldinho sentía que iba a vomitar. Eso es imposible. Nunca firme algo así. Gabriel le mostró la firma al final del documento. Esta es tu firma. La reconocerías en cualquier lugar. Y tengo testigos que vieron como firmabas. testigos que declararan bajo juramento. Ronaldin entendió lo que estaba pasando.

Gabriel lo había engañado doblemente. Había escondido el segundo contrato durante todos estos años. Había esperado a que Ronaldinho se convirtiera en la estrella más grande del mundo. Había esperado a que su imagen valiera millones y ahora venía a cobrar. ¿Por qué ahora? ¿Por qué esperar 8 años? Gabriel, guarda el documento porque ahora tu imagen vale más que nunca.

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