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URGENTE: CUBA SE DESPLOMA EN MEDIO DE CRISIS Y DICTADURA DICE QUE ESTÁ LISTA PARA CARGA AL MACHETE

URGENTE: Cuba en el Abismo. Entre el Colapso Nacional y la Retórica de la “Carga al Machete”

La Habana se sume en la penumbra, no solo por la falta de electricidad que castiga a la isla día tras día, sino por el peso sofocante de una crisis sistémica que parece no tener fondo. En medio de un colapso económico sin precedentes, una infraestructura en ruinas y un éxodo masivo que desangra a la nación de su juventud, la respuesta de la cúpula gobernante en Cuba ha provocado asombro y consternación. Ante la desesperación de un pueblo que exige soluciones básicas —luz, comida, medicinas y libertad—, el régimen ha desempolvado una retórica militarista del siglo XIX, advirtiendo que están listos para la “carga al machete”.

Este artículo profundiza en la anatomía de una crisis terminal, contrastando la cruda realidad que viven millones de cubanos en las calles con el discurso belicista de un gobierno que parece gobernar desde una realidad paralela.


La Anatomía de un Desplome: El Apagón Permanente

Para entender la magnitud del desplome cubano, primero hay que mirar hacia la oscuridad. El Sistema Eléctrico Nacional (SEN) de Cuba no está fallando; está, a todos los efectos prácticos, colapsado. Las centrales termoeléctricas del país, construidas en su mayoría durante la era soviética o con tecnología obsoleta, sufren de una falta crónica de mantenimiento, piezas de repuesto y, lo más crítico, combustible.

Los apagones, que el gobierno eufemísticamente llama “déficit de generación”, no son cortes de un par de horas. En provincias como Santiago de Cuba, Holguín o Pinar del Río, los ciudadanos han reportado jornadas de hasta 20 horas consecutivas sin servicio eléctrico. Esta carencia paraliza la vida por completo. Sin electricidad, el agua no puede ser bombeada a los hogares, los pocos alimentos que las familias logran conseguir se pudren en refrigeradores inútiles, y las noches tropicales se convierten en un infierno de calor y mosquitos, imposibilitando el descanso de los trabajadores y los niños.

El colapso energético es el síntoma más visible de una parálisis económica profunda. La dependencia histórica de Cuba del petróleo subsidiado —primero de la Unión Soviética y luego de la Venezuela de Hugo Chávez— ha dejado a la isla vulnerable ante el declive de sus benefactores. Hoy, con Caracas enfrentando sus propias crisis y Moscú enfrascado en una guerra, los envíos de crudo a la isla son insuficientes para mantener el país a flote.

Economía en Ruinas y la Inflación Galopante

Si la oscuridad es la banda sonora de la noche cubana, la inflación es el castigo del día. El intento del gobierno en 2021 de unificar sus monedas a través de la llamada “Tarea Ordenamiento” resultó en un desastre económico sin paliativos. En lugar de estabilizar las finanzas, desató una espiral inflacionaria que ha pulverizado el poder adquisitivo del ciudadano común.

El peso cubano (CUP) se ha devaluado a un ritmo vertiginoso en el mercado informal, la única vía realista por la cual los cubanos pueden acceder a divisas fuertes. Mientras el salario mínimo estatal o una pensión de jubilación apenas rozan el equivalente a unos pocos dólares mensuales al cambio real, un cartón de huevos, una botella de aceite o un paquete de pollo alcanzan precios astronómicos.

La libreta de abastecimiento, el histórico sistema de racionamiento que durante décadas garantizó un mínimo de subsistencia, hoy es prácticamente un documento vacío. Los productos llegan tarde, en cantidades reducidas, o simplemente desaparecen de la canasta básica durante meses. Para sobrevivir, los cubanos dependen de las remesas enviadas por sus familiares en el extranjero o de las nuevas Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (Mipymes), que venden productos importados a precios prohibitivos para la inmensa mayoría de la población que no recibe dólares.

La “Carga al Machete”: Retórica vs. Realidad

En este contexto de desesperanza y hambre, la cúpula del gobierno cubano ha optado por atrincherarse en el pasado. La reciente afirmación de las autoridades, utilizando la televisión y los medios de propaganda estatal, de que la Revolución está lista para dar una “carga al machete” contra sus enemigos, es un intento desesperado de apelar al nacionalismo histórico.

La “carga al machete” fue una táctica militar brutal y efectiva utilizada por los mambises —los guerrilleros independentistas cubanos del siglo XIX liderados por figuras como Máximo Gómez y Antonio Maceo— contra las tropas coloniales españolas. Invocar esta imagen hoy, en pleno siglo XXI, cuando el “enemigo” no es un ejército extranjero invasor sino la propia ineficacia del estado y el descontento popular, revela una peligrosa desconexión con la realidad.

¿Contra quién se blandirá ese machete? Esa es la pregunta que resuena en las calles de La Habana, Camagüey o Guantánamo. Cuando un régimen acorralado por sus propios fracasos económicos utiliza lenguaje de guerra, el mensaje subliminal está dirigido a su propia población. Es una advertencia apenas velada contra cualquier intento de disidencia civil. Es el recordatorio de que la maquinaria represiva del Estado sigue intacta y dispuesta a actuar con violencia extrema para preservar el poder, incluso cuando no puede garantizar un plato de comida en la mesa de sus ciudadanos.

El Trauma del 11 de Julio y la Criminalización de la Protesta

Las amenazas de violencia institucional no son retórica vacía. El pueblo cubano aún tiene cicatrices frescas de las protestas masivas del 11 de julio de 2021 (11J), el mayor estallido social en la historia de Cuba posterior a 1959. Aquel día, cientos de miles de cubanos salieron pacíficamente a las calles al grito de “Patria y Vida”, “Libertad” y “Tenemos Hambre”.

La respuesta del gobierno no fue la autocrítica ni la reforma, sino una represión brutal. El presidente Miguel Díaz-Canel apareció en la televisión nacional dando “la orden de combate”, una versión moderna de la carga al machete, incitando a los simpatizantes del gobierno y a las fuerzas de seguridad a aplastar las manifestaciones.

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