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¿Qué soledad consumió realmente a Juan Gabriel – el artista más grande de México?

Yo los quería juntar a mis hermanos y quería decirles que yo me sentía mal, que me pasa algo, me pasa, me falta el aire. Y entonces los junté y vinieron. Y entonces yo les empecé a decir, pues quiero decirles que yo siento como que antes de que acabe el año alguien va a morir. Esas fueron las palabras que Juan Gabriel dijo en una de sus últimas entrevistas con el programa al rojo vivo de Telemundo.

En aquel momento, muy pocas personas entendieron por qué hablaba de una manera tan extraña. Sin embargo, apenas un día después, la madre de Juan Gabriel falleció. Y algunos meses más tarde, en la mañana del 28 de agosto de 2016, el propio Juan Gabriel también partió de este mundo en su casa de Santa Mónica, California. Según confirmó el reporte oficial del County Coroner, ya no había piano, ya no había mariachis, solo quedaba un silencio extraño cubriendo la casa del hombre que durante décadas hizo cantar a todo México con sus canciones.

Lo más impactante es que casi 10 años después, muchos mexicanos todavía se niegan a aceptar la muerte de Juan Gabriel, porque para ellos nunca fue solamente un cantante, sino una voz que acompañó bodas, despedidas, familias y los momentos más difíciles de toda una generación. Para entender por qué Juan Gabriel cargó un vacío tan profundo durante toda su vida, primero tenemos que regresar a Ciudad Juárez.

donde alguna vez existió un niño pobre al que casi nadie prestaba atención. Antes de convertirse en la leyenda más grande de la música mexicana, Alberto Aguilera Baladés era solamente un niño pobre que creció entre las dificultades de Ciudad Juárez. Nació en 1950 en Parácuaro, Michoacán, dentro de una familia campesina de 10 hijos y fue el menor de todos.

La situación económica era tan complicada que la familia tuvo que mudarse al norte de México cuando Alberto todavía era muy pequeño y desde entonces se acostumbró a sobrevivir haciendo pequeños trabajos en las calles. Nadie en aquella época podía imaginar que aquel muchacho delgado y silencioso terminaría convirtiéndose en el artista mexicano más famoso de todos los tiempos.

Pero la música apareció justo en el momento indicado. Alberto comenzó cantando en pequeños bares, escribiendo canciones en silencio y cargando una obsesión que parecía acompañarlo todo el tiempo. Quería que el mundo entero lo escuchara Jocha una sola vez. Años después, el productor Eduardo Magallanes recordó la primera vez que conoció a Juan Gabriel en 1968, cuando Enrique Ocamura de RC a Víctor le pidió audicionar a un joven cantante desconocido.

Magallanes contó, “Lo conocí en 1968. era muy delgado, muy callado, muy observador y sus ojos brillaban con una enorme necesidad de ser escuchado. Y entonces, en 1971, todo comenzó a cambiar. Con apenas 21 años, Alberto firmó con RCA Records y lanzó su primer álbum, El alma joven. Billboard recordaría más tarde que en muy poco tiempo No tengo dinero comenzó a sonar por todo México y convirtió a Juan Gabriel en un nombre que se escuchaba en radios, bares y escenarios de todo el país.

Sin embargo, lo que hizo de Juan Gabriel un fenómeno nunca fueron solamente los éxitos musicales. En una época donde la música mexicana todavía era bastante conservadora, él apareció con un estilo completamente distinto. Subía al escenario con movimientos llenos de emoción, gestos intensos, momentos de humor y otros de profundo dolor, llegando incluso a hacer llorar a un teatro entero con una sola frase.

Juan Gabriel no cantaba como una estrella frente al público, cantaba como alguien que estaba confesando su propia vida. Por eso, en apenas unos años, Juan Gabriel dejó de ser simplemente un cantante famoso y se convirtió en parte de la vida emocional de México. Sus canciones sonaban en bodas, reuniones familiares, despedidas y también en algunas de las noches más solitarias de millones de personas.

Había canciones que los mexicanos no necesitaban escuchar completas porque ya las sabían de memoria. Bastaban los primeros acordes para que multitudes enteras comenzaran a cantar automáticamente. En México hay personas que no recuerdan el nombre de algunos presidentes, pero sí pueden cantar palabra por palabra las canciones de Juan Gabriel.

Durante más de cuatro décadas de carrera, Juan Gabriel logró ocho canciones número uno en la lista Hot Latin Songs de Billboard. Universal Music también confirmó que vendió más de 150 millones de discos en todo el mundo, convirtiéndose en el artista mexicano más vendido. Artistas más importantes de América Latina también terminaron entrando al universo de Juan Gabriel.

Rocío Durcal colaboró con él durante muchos años y grabó siete álbum completos junto a Juan Gabriel. Con el tiempo, aquella relación artística terminó siendo considerada una de las colaboraciones más importantes de la música latina, llevando las canciones de Juan Gabriel por toda América Latina. Después vendrían José José, Luis Miguel, Isabel Pantoja y muchos otros artistas que también grabaron canciones escritas por él.

El cantante colombiano Juanes describió alguna vez la dimensión de Juan Gabriel con una frase que se volvió muy famosa. Juan Gabriel es nuestro Elvis. La estrella puertorriqueña de salsa, India también dijo una vez, él era un visionario. Y luego llegó 1990, el año en que Juan Gabriel hizo algo que parecía imposible.

se convirtió en el primer artista de música popular en presentarse en el Palacio de Bellas Artes, el recinto cultural más prestigioso de México, reservado durante décadas para la música clásica y las artes consideradas elevadas. Muchos críticos mexicanos llamaron aquella noche apoteosis, una especie de consagración definitiva para el artista popular más grande del país.

Desde ese momento, Juan Gabriel dejó de pertenecer solamente a la industria musical. Se convirtió en parte de la identidad emocional de México. Pero detrás de los estadios llenos y las luces del escenario, Juan Gabriel llevaba una vida muy distinta. Pasaba noches enteras escribiendo canciones, podía componer con enorme rapidez cuando la inspiración aparecía y después de los conciertos más grandes solía quedarse callado y distante durante horas.

Con el paso del tiempo, el público comenzó a amar cada vez más a Juan Gabriel, mientras Alberto Aguilera Baladés desaparecía lentamente detrás de aquel personaje gigantesco. Pero antes de convertirse en el ídolo de millones de personas, Juan Gabriel vivió una infancia de la que casi nunca quiso hablar demasiado.

Hay heridas que acompañan silenciosamente a una persona durante toda la vida. Y en el caso de Juan Gabriel, todo parece haber comenzado desde muy temprano. Su padre, Gabriel Aguilera, sufrió graves problemas mentales después de una tragedia familiar y murió cuando Alberto todavía era un bebé tras un incendio en el hospital psiquiátrico donde estaba internado.

Años después, The New Yorker describió la infancia de Juan Gabriel como una cadena de pérdidas que comenzaron cuando él todavía era demasiado pequeño para entender lo que ocurría a su alrededor. Sin poder mantener sola a 10 hijos, su madre, Victoria Balad decidió mudarse con toda la familia a Ciudad Juárez para intentar sobrevivir.

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