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Operación Silenciosa en Sinaloa: El cerco de Harfuch y el plan del cártel tras la quema de negocios vinculados al gobernador Rocha Moya

La madrugada del miércoles 27 de mayo quedará marcada en la historia reciente de Culiacán, Sinaloa, como el día en que las estructuras del poder formal y el poder fáctico chocaron de manera definitiva. En un lapso de menos de veinticuatro horas, una serie de ataques perfectamente coordinados redujo a cenizas cuatro locales comerciales vinculados directamente a los hijos del gobernador del estado, Rubén Rocha Moya. Lo que los principales espacios informativos presentaron inicialmente como una oleada de violencia espontánea o vandalismo derivado de las pugnas internas del crimen organizado, esconde en realidad una sofisticada trama de inteligencia militar, traición política y un expediente judicial en la Corte de Distrito de Nueva York que amenaza con sacudir los cimientos del gobierno sinaloense.

Para dimensionar la magnitud de los acontecimientos, es necesario comprender el contexto operativo en la región. Desde septiembre de 2024, Culiacán y sus alrededores se han convertido en el escenario de una cruenta guerra de sucesión interna entre las facciones de “Los Chapitos” y “Los Mayos”. Este conflicto fratricida ha dejado un saldo devastador que supera los 3,000 homicidios en un periodo de ocho meses. Durante este tiempo, la estrategia del gobernador Rubén Rocha Moya consistió en mantener un hermético silencio político, apostando a que la neutralidad institucional evitaría que su gobierno se convirtiera en un blanco directo. Sin embargo, los analistas de inteligencia federal y las agencias estadounidenses, como la DEA, interpretaron esta inacción no como prudencia, sino como una firma implícita de connivencia.

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