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México da un golpe sobre la mesa: Expulsión masiva de agentes de inteligencia de Estados Unidos en defensa de su soberanía

Imagínese pasear por un barrio tranquilo, quizás la colonia Las Fuentes en el Estado de México, y descubrir que su vecino no es un oficinista común, sino un operativo encubierto equipado con un arsenal propio de una zona de guerra. Este escenario de película de espionaje se ha convertido en una cruda realidad y en el epicentro de un terremoto diplomático sin precedentes entre México y Estados Unidos. La detención de un individuo, que se identificó como presunto agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), ha destapado una red de operaciones clandestinas que ha llevado al gobierno mexicano a tomar una decisión histórica: la expulsión inmediata de decenas de funcionarios estadounidenses.

El arsenal incautado a este supuesto agente es, cuanto menos, escalofriante. Hablamos de rifles de francotirador con mira telescópica, armamento largo y corto, más de un centenar de cartuchos útiles, chalecos antibalas y cascos tácticos de Kevlar. Un equipamiento que plantea una pregunta inevitable e inquietante: ¿Qué propósito real tiene un despliegue bélico de esta magnitud en manos de un agente extranjero operando en solitario y en secreto dentro de un país aliado? El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum no ha tardado en dar una respuesta, y esta ha sido tajante: la paciencia se ha agotado por completo.

El detonante de esta purga diplomática y de seguridad no fue únicamente esta detención aislada. La caja de los truenos se abrió tras un trágico accidente en el que perdieron la vida dos agentes de la C

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