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Lupe Esparza: Le Prohibieron Decir Que Estaba Casado, Su Compadre Lo Acusó de Traición y Su Rancho

Un rancho en las afueras de Apodaca. Nuevo León. Caballos en el corral. Un hombre de 71 años con sombrero, botas y una cara que todo México reconoce, pero que el mismo durante décadas consideró fea. A su lado, una mujer que el mundo no conoce, una mujer a la que su representante le prohibió existir. Una mujer que durante años fue borrada de las entrevistas, negada en las ruedas de prensa, escondida como si fuera un defecto que pudiera arruinar la imagen de la estrella más grande de la música grupera. Esa mujer se llama Marta

Benavides y el hombre que la esconde y la ama al mismo tiempo se llama José Guadalupe Esparza Jiménez. Lupe Esparza, el líder, fundador, compositor, vocalista y bajista del Grupo Bronco, el hombre que vendió más de 54 millones de discos, el que llenó el Estadio Azteca, el que compuso que no quede huella. Sergio el bailador.

Adoro si te vuelves a enamorar. Dos mujeres, un camino nunca voy a olvidarte y cientos de canciones más que se convirtieron en la banda sonora de una generación entera de mexicanos. El indígena Odam, que llegó a Monterrey sin zapatos. El obrero que cargaba costales en una fábrica antes de cargar un bajo en un escenario. El hombre que dijo, “Éramos un grupo de feos luchando por sus sueños y que convirtió esa frase en la verdad más inspiradora del espectáculo mexicano.

Y esta no es solo la historia de Bronco, esta es la historia de lo que nadie ve cuando suenan los éxitos. del manager que le exigió negar a su esposa para que las fans creyeran que estaba soltero, del compañero que lo acusó de traición, maltrato y robo después de 40 años de amistad, de la muerte del Choche, que no murió por el alcohol, sino por una transfusión de sangre que le metió una bacteria al cuerpo.

de la primera separación del grupo en 1998 que dejó a Lupe solo, sin banda, sin rumbo, manejando Uber para sobrevivir según algunos reportes de la bioserie que contó su historia, pero que dejó fuera [música] el conflicto más doloroso de todos, y de un hombre de 71 años que sigue subiendo a los escenarios porque no sabe hacer otra cosa y porque el día que se baje, según sus propias palabras, quiere que sea antes de causar penas y lástimas.

Pero para entender como un grupo ODA terminó vendiendo 54 millones de discos, [música] primero hay que volver al lugar donde todo empezó. Un pueblo tan pequeño que ni siquiera aparece en la mayoría de los mapas. Hermenejildo Galeana, Durango. 12 de octubre de 1954. En una comunidad indígena Odam, conocida también como Tepeuan del Sur, nace el primero de 12 hijos.

[música] Su padre se llama Calisto Esparsavs. Su madre ausencia Jiménez Ramírez. Guarda ese nombre. Ausencia. La madre de Lupe Esparsa se llama Ausencia. Como si el destino le hubiera puesto nombre a lo que esa mujer iba a representar en la vida de su hijo. La presencia silenciosa que sostiene todo sin que nadie la vea.

La pobreza en Hermenejildo Galeana no era como la pobreza de la ciudad. No era la pobreza de quien tiene poco. Era la pobreza de quien no tiene nada. una comunidad indígena en la sierra de Durango, donde la tierra da lo justo para sobrevivir y donde los niños aprenden a trabajar antes de aprender a leer.

Lupe creció ahí, en ese mundo sin electricidad, sin pavimento, sin las cosas que la gente de la ciudad da por sentadas y creció con algo más, con el estigma de ser indígena en un México que durante siglos ha tratado a sus pueblos originarios como ciudadanos de segunda. años después, ya siendo la estrella más grande de la música grupera, Lupe diría con una firmeza que no admitía réplica, “Soy un indígena mexicano, a mucho orgullo.

” [música] Esa frase dicha en Despierta América en 2017 no era solo una declaración de identidad, era un acto de resistencia. Porque en la industria del entretenimiento mexicano, ser moreno ya es difícil. Ser indígena es casi imposible. Y Lupe lo logró sin esconder de dónde venía, sin blanquearse, sin inventarse un origen más aceptable para el mercado.

Pero la sierra de Durango no ofrecía futuro. Y en 1962, cuando Lupe tenía 8 años, la familia Esparsa tomó la decisión que tomarían millones de familias mexicanas a lo largo del siglo XX. Se fueron al norte, se mudaron a Apodaca, Nuevo León, un municipio que en aquella época era poco más que un pueblo polvoriento en las afueras de Monterrey.

No se fueron buscando fama, se fueron buscando comida. Lupe estudió hasta la preparatoria, no terminó una carrera universitaria, no tenía dinero para eso. Lo que tenía era necesidad de trabajar y trabajó muy joven. Se abrió paso como obrero, cargando costales, haciendo turnos en fábricas, ganando lo mínimo para sobrevivir.

Las manos que después tocarían el bajo frente a 100,000 personas en el estadio Azteca primero se curtieron cargando bultos en una bodega de apodaca. Pero en esas mismas manos había algo más. Había ritmo, había música, había una inquietud que no se apagaba con el cansancio ni con los turnos dobles. Lupe siempre tuvo la música adentro.

Desde niño en [música] Durango ya cantaba, ya inventaba melodías, ya soñaba con algo que en su entorno parecía imposible vivir de la música. Y en Apodaca encontró a los compañeros que convertirían ese sueño en realidad. En la secundaria conoció a los muchachos con los que daría los primeros pasos.

Eran jóvenes como él, pobres como él, sin conexiones como él, pero con la misma hambre de hacer algo más que cargar costales el resto de sus vidas. [música] En 1979, Lupe formó el grupo musical Los Broncos de Apodaca junto a Eric Garza, José Luis Villarreal, conocido como El Choche y Javier Villarreal, hermano de José Luis. Al principio no eran más que un puñado de muchachos tocando en bailes de pueblo, sin equipo profesional, sin disquera, sin manager, sin nada que se pareciera a una carrera musical real.

Al principio interpretaban música chicana, un estilo muy popular en esa época que usaba órgano en lugar de acordeón y que mezclaba influencias norteñas con ritmos en inglés. También tocaban cumbias y baladas, lo que fuera, lo que el público del baile pidiera. No eran artistas selectivos, eran músicos hambrientos que tocaban lo que les diera de comer.

Su primera presentación profesional fue en Agua Fría, un pequeño poblado cerca de Apodaca. No había escenario grande, no había luces, no había prensa. Había un grupo de feos, como Lupe los describió, tocando en un salón de pueblo para un puñado de personas que probablemente no recordarían sus nombres al día siguiente, [música] pero Lupe sí lo recordaría porque ese día empezó todo.

En 1980, Lupe escribió su primera canción. Quiero decirte, no era una obra maestra, era un primer intento, pero era suya, escrita con sus manos, con su cabeza, con su corazón. Y esa capacidad de componer, de crear material propio, sería la diferencia entre Bronco y los cientos de grupos que nacían y morían cada año en el noreste de México sin dejar huella.

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