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La sucia TRAMPA de Puerto Rico que este Guerrero Azteca destruyó a puros GOLPES

Sensational action. Those shots are not. Un mexicano de pueblo sin dinero, sin apoyo, con apenas 38 peleas amateur. Viajó solo hasta la isla de Puerto Rico para enfrentar al hombre que nadie había podido vencer en 9 años. Lo mandaron al matadero. Le pusieron un ring del tamaño de una cancha de basketbol para que no pudiera atrapar a su rival.

Le asignaron un referriqueño, un juez puertorriqueño y un público entero que le escupa odio desde las gradas del coliseo de Guainabo. Y cuando lo tumbó con un golpe al cuerpo que hizo temblar la lona, el árbitro miró hacia otro lado y dijo que había sido un resbalón. Así de lejos estaban dispuestos a llegar para proteger a su ídolo invicto.

Pero lo que no sabían, lo que nadie en esa arena podía imaginar, es que Giovanni Segura no había viajado a Puerto Rico para pelear 12 rounds. Había viajado para destruir una leyenda. Y lo que pasó esa noche del 28 de agosto de 2010 cambió para siempre la historia de las divisiones pequeñas del boxeo mundial. Si crees que las peleas de peso mosca son aburridas.

Si crees que los pequeños no pegan. Si crees que México no tiene corazón cuando pelea fuera de casa, quédate hasta el final de este video porque lo que vas a ver te va a demostrar que estabas equivocado en todo. Esta es la historia completa de Iván Calderón contra Giovanni Segura, la noche en que un guerrero azteca silenció a toda una isla.

Para entender lo que pasó esa noche, primero hay que entender quién era Iván Calderón, porque este hombre no era cualquier campeón, era, según muchos expertos, el mejor boxeador defensivo que había producido Puerto Rico en las divisiones pequeñas desde que existe el boxeo profesional. Le decían Iron Boy, el niño de hierro.

Y el apodo no era exageración, medía apenas 1,52 cm. Pesaba 49 kg con los bolsillos llenos, pero dentro de un ring de boxeo, ese hombre diminuto se convertía en un fantasma. No lo podías tocar, no lo podías atrapar, no lo podías golpear limpio, ni aunque te diera tres rounds de ventaja, Calderón había sido olímpico en los Juegos de Sydney 2000.

En el amateur le ganó a Miguel Coto. Sí, al mismo Coto que después se convirtió en leyenda del boxeo mundial. Le ganó también a Brian Viloria. tenía un pedigría amateur que muy pocos peleadores de su peso podían presumir. Cuando saltó al profesionalismo hizo lo que todo mundo esperaba. Dominó, ganó el título mundial minimum weight de la Organización Mundial de Boxeo y lo defendió 11 veces consecutivas sin que nadie le pudiera hacer cosquillas.

Después subió al peso mosca ligero, ganó otro título mundial de la OMB y lo defendió seis veces más para agosto de 2010. Su récord profesional era de 34 victorias, cero derrotas y un empate, 17 defensas mundiales consecutivas entre dos divisiones. La revista Ring Magazine lo tenía en el puesto número nueve de su lista Libra por libra, codeándose con los mejores peleadores del planeta sin importar el peso.

Los que lo habían visto pelear lo comparaban con Willy Pep, el legendario peso pluma de los años 40, que supuestamente ganó un round sin tirar un solo golpe. Calderón hacía algo parecido. Se movía con una elegancia que parecía irreal para alguien de su tamaño. Su juego de piernas era impecable, su movimiento de cabeza imperceptible hasta que te dabas cuenta de que tu golpe había pasado a 2 cm de su mentón y cuando contraatacaba lo hacía con una precisión quirúrgica que te hacía sentir estúpido por haber intentado golpearlo en primer lugar.

Puerto Rico lo adoraba. Era su héroe nacional en las divisiones pequeñas y la isla entera se preparaba para verlo añadir otro capítulo a su leyenda en casa. en su propio coliseo frente a su propia gente. El problema era que el hombre que venía a enfrentarlo no había leído el guion. Giovanni Segura nació en Ciudad Altamirano, un municipio del estado de Guerrero, en el sur de México.

Si conoces Guerrero, sabes que no es exactamente un lugar donde la vida te regala oportunidades. Es tierra de sierra, de pobreza, de gente que tiene que pelear por todo desde que nace. Y segura no fue la excepción. creció con poco, se hizo boxeador, no porque alguien le dijera que tenía talento, sino porque pelear era lo único que sabía hacer bien.

A diferencia de Calderón, Segura no tuvo una carrera amateur larga ni prestigiosa. Apenas 38 peleas amater, nada de Juegos Olímpicos, nada de medallas internacionales, nada de reflectores. saltó al profesionalismo casi en bruto, sin pulir, sin la técnica refinada que dan años de competencia a Mateur, lo que sí tenía y esto lo sabía cualquiera que lo hubiera visto pelear, era algo que no se puede enseñar en ningún gimnasio del mundo.

Poder, un poder brutal, desproporcionado, casi obseno para un hombre que pesaba 108 libras. Su récord al momento de la pelea con Calderón era de 24 victorias, una derrota y un empate. De esas 24 victorias, 20 habían sido por knockout. 80% de efectividad en detener a sus rivales antes de la campana final en las divisiones pequeñas del boxeo, donde los peleadores suelen ser rápidos y técnicos, pero rara vez tienen poder de knockout real.

Esos números eran una anomalía. Segura no boxeaba, Segura cazaba. Se te echaba encima como un animal herido, te acorralaba contra las cuerdas y te destruía el cuerpo con ganchos que sonaban como si alguien estuviera golpeando un costal de carne cruda. Medía 1,63, 11 cm más alto que Calderón. Su alcance era de 69 pulgadas contra la 63 del boricua, 6 pulgadas de diferencia en un deporte donde una pulgada puede ser la diferencia entre conectar y fallar.

En papel, la pelea parecía un choque clásico entre el boxeador y el pegador, el artista contra el destructor, la espada contra el mazo. Segura había ganado el título mundial súper de la Asociación Mundial de Boxeo en el peso Mosca Ligero, lo que significaba que esta pelea iba a ser una unificación. El mejor boxeador defensivo contra el pegador más devastador.

Puerto Rico contra México, todo en juego. Y aquí es donde la historia empieza a ponerse turbia. La pelea se programó para el 28 de agosto de 2010 en el Coliseo Mario Quijote Morales de Guainabo, Puerto Rico. La casa de Calderón, su territorio, su fortaleza. Y desde el primer momento, el equipo de Segura sabía que estaba caminando hacia una trampa. Primero el ring.

Cuando el equipo mexicano llegó al coliseo y vio el cuadrilátero, no podían creerlo. Era enorme. Los comentaristas en español lo describieron como del tamaño de una cancha de basquetbol. Exageraban, claro, pero el mensaje era claro. Un ring más grande le daba ventaja al boxeador que necesita espacio para moverse, para circular.

para mantenerse lejos del peligro. Y ese boxeador era Calderón. En un ring pequeño, Segura podía acorralarlo en menos pasos, cortarle el escape, obligarlo a intercambiar golpes en distancias donde su poder era letal. Pero en un ring gigante, Calderón tenía todo el espacio del mundo para bailar, para entrar y salir, para hacer lo que mejor sabía hacer, convertirse en un blanco imposible. Después los oficiales.

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