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La Escandalosa Mansión de Angélica Rivera y Peña Nieto: La Verdad Que Intentó Ocultar

Lomas de Chapultepec, la colonia más exclusiva de Ciudad de México. Detrás de muros blancos impecables y vegetación recortada al milímetro, hay una mansión de más de 100 m², siete recámaras, gimnasio privado, jacuzzi, spa, un elevador que sube tres pisos, estacionamiento subterráneo con capacidad para una docena de autos de lujo, [música] diseñada a la medida por Miguel Ángel Aragonés, uno de los arquitectos más cotizados del mundo, quien la bautizó como la palma.

La prensa mexicana la bautizó de otra manera. La Casa Blanca. Valor estimado en el momento en que se destapó el escándalo. 86 millones de pesos. [música] 7 millones de dólares. Y aquí empieza lo extraño. El nombre que aparecía en las escrituras no era el del presidente de México, tampoco el de su esposa.

La dueña legal era una empresa llamada Ingeniería Inmobiliaria del Centro. Esa empresa pertenecía a Grupo Iga. Grupo IGA era propiedad de un empresario llamado Juan Armando Inojosa Cantú y ese empresario había recibido contratos por miles de millones de pesos del gobierno de Enrique Peña Nieto, primero cuando fue gobernador del Estado de México y después cuando llegó a la presidencia de la República.

Contratos de obra pública, carreteras, hospitales, infraestructura, miles de millones. Y a cambio, la empresa de ese mismo hombre le construyó una mansión a la familia presidencial en la zona más cara del país. La mujer que vivía en esa casa, la que posó sonriendo para la revista Hola en mayo de 2013, mostrando cada rincón como si fuera su hogar legítimo, era Angélica Rivera, la gaviota, la primera dama de México.

Y cuando un equipo de periodistas liderado por Carmen Aristegui destapó la verdad el 9 de noviembre de 2014, el gobierno hizo algo que nadie esperaba. En lugar de que el presidente diera la cara, mandaron a su esposa. Angélica Rivera grabó un video que se volvió viral por las razones equivocadas. Se sentó frente a la cámara con un tono que millones de mexicanos interpretaron como un regaño y dijo que ella había comprado esa casa con el sudor de su frente, con más de 25 años de trabajo como actriz.

Pero los números no cuadraban, las fechas no coincidían. Las empresas involucradas tenían vínculos directos con el poder [música] y esa mentira frente a las cámaras le costó todo. Pero esta no es solo la historia de una mansión, esta es la historia de como una adolescente de Ciudad de México que soñaba con ser actriz terminó convertida en la primera dama más cuestionada del país, de como la farándula y la política se fusionaron en un matrimonio que parecía sacado de una telenovela y terminó siendo exactamente eso, una ficción. Hoy vas a

conocer cuatro cosas. Primero, como Angélica Rivera pasó de ganar un concurso de belleza a los 17 años a convertirse en la actriz más poderosa de Televisa y lo que tuvo que sacrificar para lograrlo. Segundo, [música] la historia completa de su relación con Peña Nieto, quien nos presentó que dijo ella la primera vez que lo vio y una coincidencia de fechas que te va a erizar la piel.

Tercero, ¿qué dijo exactamente en ese video? y porque el propio Peña Nieto confesó años después que fue el peor error de su sexenio. Y cuarto, ¿qué pasó con el expediente de la investigación? Porque desapareció de los archivos del gobierno y dónde está hoy cada protagonista de esta historia. Te voy a avisar cuando llegue cada revelación, pero primero necesitas conocer a la mujer antes del escándalo, porque todo empieza en un lugar que no tiene nada que ver con mansiones ni con presidentes.

Angélica Rivera Hurtado nació el 2 de agosto de 1969 en Ciudad de México. Su padre se llamaba Manuel Rivera Ruiz. Su madre, María Eugenia Hurtado Escalante, familia de clase media trabajadora, sin lujos sostentosos, pero sin miseria, una casa modesta, comida en la mesa, escuela para los hijos. Angélica creció rodeada de hermanas, seis hijos que compartían cuartos, ropa y la televisión de [música] la sala.

Esa televisión sería clave porque mientras sus hermanas jugaban afuera, Angélica se quedaba pegada a la pantalla viendo telenovelas. No las veía como entretenimiento, las estudiaba. Observaba como las actrices movían las manos, como lloraban, como miraban al galán cuando decían “Te amo” y después se paraba frente al espejo del baño y lo repetía.

[música] Ensayaba diálogos que inventaba sola. Se imaginaba cámaras que no existían, público que todavía no la conocía. La actuación no era un pasatiempo para ella, era una obsesión. Maritza, su hermana mayor, fue la primera que le creyó. Mientras el resto de la familia veía esos ensayos frente al espejo como juegos de niña, Maritza veía algo más.

Años después se convertiría en su representante, su confidente, su sombra permanente. Pero eso viene más adelante. En 1987, cuando Angélica tenía 17 años y le faltaban meses para cumplir la mayoría de edad, vio un anuncio en el periódico que le cambió la vida. El Heraldo de México, uno de los diarios más importantes del país, organizaba un concurso llamado El rostro del Heraldo.

Buscaban caras nuevas, fotogenia, [música] presencia, ese algo indefinible que hace que no puedas dejar de mirar a alguien. Angélica se inscribió sin consultarlo con nadie. Se presentó con la seguridad de quien lleva años preparándose para un momento exacto y ganó. Su fotografía apareció publicada en el periódico Un rostro joven, ojos grandes, una sonrisa que prometía más de lo que mostraba.

Para una adolescente sin contactos en el mundo del espectáculo, ganar ese concurso era como encontrar una llave que abría una puerta que llevaba cerrada toda su vida. Lo primero que llegó habría sido impensable semanas antes. La llamaron para aparecer en el videoclip de Ahora Te puedes marchar de Luis Miguel, el cantante más famoso de México, El Sol, el ídolo absoluto de toda una generación.

Angélica apareció como una cara más entre las extras. Un destello de segundos que nadie recuerda, pero ella sí lo recuerda, porque fue la primera vez que pisó un set de grabación profesional, la primera vez que vio cómo funcionaba la maquinaria del espectáculo desde adentro y supo que ahí quería estar.

Después vinieron trabajos menores, comerciales de televisión, un programa de videos musicales llamado TNT que condujo junto a Marta Aguayo. Nada espectacular, nada que la acercara al sueño de actuar en telenovelas, pero cada trabajo era un peldaño, cada sed era una ola, cada día frente a una cámara era un ensayo para lo que vendría y en 1989 lo que vendría tocó a su puerta.

Televisa, la empresa de medios más poderosa de América Latina, la fábrica de sueños y pesadillas del entretenimiento hispano, le dio su primera oportunidad. Debutó como actriz en la telenovela Dulce Desafío junto a Adela Noriega y Eduardo Yáñez. Tenía 19 años. Su papel no era el protagónico, era un personaje secundario de esos que aparecen en algunas escenas y desaparecen sin que el público los extrañe.

Pero lo importante no era el tamaño del papel, lo importante era estar dentro, haber cruzado la puerta de los estudios de San Ángel, haber pisado los foros donde se grababan las historias que veían 100 millones de personas cada noche. Ese mismo año apareció en Simplemente María. [música] Dos telenovelas en un año para una actriz debutante.

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