Hay algo que no cuadra cuando uno empieza a investigar la vida de Marco Antonio Solís fuera de los escenarios. Un hombre con un patrimonio estimado en ,000. Un artista que cobra 40000 por presentación privada, más de 8 millones de pesos por una sola noche de trabajo. El dueño de un hotel boutique en Morelia que la gente llama el Buckingham Palace mexicano, el creador de una marca de tequila de café gourmet certificado por Rainforest Alliance de una salsa artesanal que viene en botella con forma de guitarra. El hombre que
llenó el estadio más grande de Los Ángeles en dos noches consecutivas con entradas agotadas meses antes. Ese hombre, cuando nadie lo está filmando para las redes sociales y cuando la gira termina y el avión privado lo regresa a México, elige irse al campo, no a una mansión en las lomas, no a un penthouse en Polanco, al campo, con tierra bajo los pies, con animales que no saben que él es famoso, con el silencio específico de los ranchos del occidente de México, donde lo único que interrumpe la quietud son los pájaros del amanecer y los
perros que ladran cuando alguien llega. ¿Por qué un hombre que podría vivir en cualquier lugar del mundo elige vivir como granjero? Esa es la pregunta que sus fans nunca terminaron de hacerse porque los medios siempre estaban más interesados en el hotel y en el tequila y en las acusaciones de su exesposa, Beatriz Adriana, y en la controversia de Jaceln González de la academia.
Siempre había algo más ruidoso que la pregunta simple y profunda sobre por qué el buki prefiere el rancho. Hoy vamos a responder esa pregunta con los detalles del rancho que nadie describió completo, con los animales, los cultivos, la rutina diaria, con la fortuna que ese rancho representa como inversión y como estilo de vida.
y con los conflictos que rodearon a Marco Antonio Solís en los años recientes y que hacen que entender su retiro al campo no sea solo una decisión de estilo, sino algo más profundo y más urgente. Antes de terminar este video, vas a entender por qué el hombre que escribió tu cárcel y si no te hubiera conocido, eligió el gallinero sobre el pentouse. Comencemos.
El 29 de diciembre de 1959, en áreo de Rosales, Michoacán, nació Marco Antonio Solís, un municipio del occidente de México, donde la sierra y el campo definen el paisaje con la contundencia de los lugares que no tienen intención de impresionar a nadie, sino simplemente de ser lo que son. Sus padres eran de familias trabajadoras del campo michoacano.
Marco creció en ese entorno con la experiencia específica de los niños del campo mexicano, que en los años 60 significaba madrugar, trabajar, estar al tanto de los animales y las cosechas y entender desde muy temprano que la Tierra es el fundamento de todo lo demás. A los 6 años ya tocaba música con sus hermanos como parte de los hermanitos Solís.
No porque fuera un niño prodigio en el sentido de los que aparecen en los programas de televisión, sino porque en Michoacán, en esa época la música era parte del tejido cotidiano de las familias, como lo era la comida y el trabajo. El salto de Ario de Rosales a la fama nacional e internacional fue gradual, pero inexorable.
A mediados de los años 70 cofundó los bookies con familiares y amigos del mismo entorno michoacano, un grupo que durante casi dos décadas definió lo que la música romántica popular mexicana podía ser canciones de amor escritas con una precisión emocional que hacía que millones de personas sintieran que alguien había puesto en palabras exactamente lo que ellas sentían, pero no habían podido decir.
Marco Antonio Solís era el arquitecto de ese universo musical, no solo como vocalista, como compositor, como productor, como la mente que entendía intuitivamente lo que el público necesitaba escuchar en el momento en que lo necesitaba. Tu cárcel, qué difícil es. Sí, me recuerdas más que tu amigo.
Canciones que no envejecen porque describen emociones que tampoco envejecen. En 1996 inició su carrera en solitario. Y si alguien pensaba que sin los bookies la magia podría diluirse, el mercado respondió con una claridad que no dejó espacio para la duda. Más de 30 canciones en la lista Hot Latin Tracks de Billboard.
múltiples grami latinos, una estrella en el paseo de la fama de Hollywood en 2010 y una capacidad de llenar estadios que dos décadas después de su debut en solitario seguía sin señales de agotamiento. El Booky World Tour de 2023 fue uno de los eventos musicales más exitosos del año. Entradas agotadas en Ciudad de México, Los Ángeles, Houston, Chicago, Nueva York.
El Madison Square Garden vendido en horas, el Estadio Azteca con más de 80,000 personas, una gira que generó ingresos de más de 50 millones de dólares según estimaciones de la industria. Eso es lo que el mundo veía. Lo que el mundo no veía es que cuando la gira terminaba y el avión privado aterrizaba, Marco Antonio Solís no iba a una mansión urbana a descansar, iba al rancho.
El rancho de Marco Antonio Solís está en las afueras de Morelia, Michoacán, no en los suburbios con fraccionamiento y casas con jardín de 100 m². En el campo de verdad, con los accesos de terracería y los cercos de piedra y los ahuegüetes, que en Michoacán crecen como centinelas del tiempo, con sus troncos gruesos y sus ramas que crean sombra permanente.
La propiedad tiene aproximadamente 30 haáreas. Para tener una referencia, son 30 campos de fútbol puestos uno junto al otro. Suficiente tierra para que los animales tengan espacio real, para que haya zonas de cultivo, para que la construcción principal quede en el centro de la propiedad, sin que los límites del rancho sean visibles desde ninguna ventana de la casa.
Pero antes de hablar de lo que hay adentro, hay que hablar de lo que hace Marco Antonio Solís en ese rancho cuando nadie lo filma, porque eso es lo más revelador. Marco Antonio Solís se levanta entre las 5:30 y las 6 de la mañana cuando está en el rancho, no porque tenga que hacerlo a los 65 años y con lo que ha construido podría quedarse en cama hasta las 9 y el mundo no se caería.
se levanta porque los ranchos de Michoacán funcionan con los ritmos del sol y de los animales y no con los ritmos del artista que regresó de una gira y necesita recuperarse. Supervisa los animales personalmente. No delega esa tarea del todo, aunque tiene empleados de planta que se encargan del cuidado cotidiano. Pero Marco hace su propia ronda matinal. Ve el ganado.
Revisa los caballos. Observa las aves de corral con la atención de alguien que no está fingiendo interés, sino que genuinamente necesita saber que todo está bien. Esa rutina el hombre más famoso de la música romántica latina, supervisando personalmente el estado de sus animales en un rancho de Michoacán a las 6 de la mañana es la respuesta más honesta a la pregunta de por qué elige vivir así.
Porque en el rancho Marco Antonio Solís no es el buuki, es el niño de Ario de Rosales que creció entendiendo que cuidar lo que tienes es la responsabilidad más básica que existe y que esa responsabilidad no desaparece porque hayas vendido millones de discos. El rancho tiene ganado vacuno de raza Charolis, la raza francesa de pelo blanco que en el centro occidente de México se usa tanto para carne como para leche y que tiene la musculatura compacta que los criadores del occidente prefieren.
El jato tiene aproximadamente 80 cabezas entre vacas, sementales y becerros. En el mercado ganadero de Michoacán, un jato de esa calidad y esa escala tiene un valor de entre 3 y 5 millones de pesos actuales, no como inversión especulativa, sino como activo productivo que genera ingresos de manera sostenida. Los caballos merecen su propio párrafo porque en la cultura ranchera michoacana los caballos no son solo animales de trabajo ni de exhibición, sino parte de la identidad de quien los posee.
El rancho de Marco Antonio Solís tiene 10 caballos. Cuatro son de trabajo los que se usan para arrear el ganado, para recorrer la propiedad, para las labores cotidianas del rancho, que una camioneta no siempre puede hacer mejor que un caballo. Tres son caballos cuarto de milla con pedigríe. Registrado que Marco usa en los eventos charros locales cuando está en Michoacán.
Y los otros tres son yeguas para reproducción con sementales seleccionados de los mejores criaderos del occidente. El valor de esa caballada está entre 800 y 1.5 millones de pesos actuales. Los cultivos del rancho son otro elemento que diferencia la propiedad de Marco Antonio Solís, de la mayoría de los ranchos de los famosos mexicanos que tienen tierra sin producirla.
El rancho produce maíz. El maíz criollo de Michoacán, que los agricultores de la región llevan generaciones preservando contra la presión de los híbridos industriales. Frijol, aguacate, en una sección de la propiedad que Marco amplió en los últimos años, precisamente porque el aguacate michoacano es hoy uno de los cultivos más rentables del mundo occidental.
y chile, el chile de árbol y el chile guajillo, que en parte alimenta su marca de salsa artesanal Booky Salsa, que se vende en envase de guitarra en los supermercados de Michoacán. El aguacate especialmente es una historia que vale la pena contar completa. Marco Antonio Solís tiene aproximadamente 4 heas de aguacate jaz en producción.
Un aguacate jaz en producción plena en Michoacán genera entre 15 y 25 toneladas por hectárea al año con un precio en mercado de entre 25 y 40 pesos el kilogramo dependiendo de la temporada. 4 haáreas en plena producción entre 600 y 2.4 millones de pesos anuales solo en aguacate por cultivo que existe en el rancho, independientemente de lo que la música genere.
Eso es lo que Marco Antonio Solís entiende sobre la riqueza que muchos artistas de su generación nunca entendieron, que el dinero de los conciertos dura lo que dura el cuerpo, que el dinero de la tierra dura lo que dura la Tierra. La construcción principal del rancho es una casa hacienda de un solo nivel con aproximadamente 600 m² construidos.
No dos plantas, no el tipo de arquitectura que quiere impresionar hacia arriba. la horizontalidad específica de las haciendas michoacanas del siglo XIX que se extienden sobre el terreno como si pertenecieran a él en lugar de imponerse sobre él. Muros de piedra del campo, la piedra de basalto volcánico que en Michoacán es el material de construcción más honesto que existe, porque es lo que la tierra da naturalmente.
Techos de teja artesanal de barro cocido que en Michoacán se fabrican en los mismos talleres familiares desde hace generaciones. corredores exteriores con columnas de mampostería, donde el viento de la tarde corre en las horas del crepúsculo michoacano, cuando el cielo se vuelve naranja y rosa sobre los cerros del occidente.
La sala principal es amplia en el sentido de las haciendas, no el espacio de exhibición de los interiores de revista, sino el espacio donde la vida familiar ocurre con suficiente holgura para que nadie se sienta encimado. Faz de cuero en tonos café y nogal. Una chimenea de piedra que en los inviernos de Morelia más fríos de lo que los turistas que visitan la ciudad colonial esperan encontrar, tiene uso frecuente y real.
Las paredes tienen algo que ningún decorador habría especificado, pero que Marco eligió conscientemente. instrumentos, guitarras, un acordeón, varios requintos, no como decoración de restaurante de comida típica, sino como los instrumentos reales de un músico que cuando está en el rancho y la inspiración llega, no quiere tener que buscar por dónde tocar, porque Marco Antonio Solís compone en el rancho.
La tranquilidad del campo produce en él exactamente lo que el ruido de las giras y los hoteles y los compromisos le impide producir en otro lado el tipo de silencio interior donde las canciones llegan. Más que tu amigo fue compuesta en parte en Michoacán. Si no te hubiera conocido, tiene en su textura emocional algo del paisaje del Occidente que Marco no ha explicado nunca en entrevistas, pero que sus colaboradores que lo han visitado en el rancho reconocen como real.
La cocina del rancho es el espacio más importante de la casa, no porque sea la más cara ni la más equipada, sino porque es donde la vida del rancho converge de manera más natural, hecha con materiales locales. Una estufa de leña que coexiste con la de gas marco prefiere la de leña para ciertos platillos, aunque la diferencia en el resultado es discutible.
Un fogón exterior donde los fines de semana, cuando llegan los amigos y la familia se prepara la barbacoa de borrego que en Michoacán tiene la receta y el proceso específicos que se aprenden viendo a alguien hacerlo, no leyendo un libro de cocina. Cristi Salas, su esposa, desde 1993, administra el rancho junto con Marco con la eficiencia de alguien que entendió desde el principio que el rancho no es solo el lugar donde su marido descansa, sino un negocio que requiere gestión real.
Cristi tiene su propia línea de ropa deportiva Salas Active Weare y administra junto con Marco los negocios del hotel y las marcas de productos. Pero en el rancho asume también el rol de la persona que mantiene el ritmo cotidiano funcionando cuando Marco está de gira, que sabe qué veterinario llamar cuando uno de los caballos tiene un problema, que sabe cuándo es el momento de vender el aguacate y cuándo esperar mejor precio, que conoce por nombre a los empleados del rancho y sabe la diferencia entre el trabajo que está saliendo bien y el que no. Esa sociedad
Marco aportando la visión y Cristi aportando la gestión es uno de los factores que explica por qué el rancho funciona como negocio y no solo como capricho de famoso. Y aquí es donde llega el conflicto, porque el rancho de Marco Antonio Solís no puede ser contado sin contar también lo que ocurrió con Beatriz Adriana, porque lo que ocurrió con Beatriz Adriana está íntimamente ligado a las propiedades y a los bienes que el buuki acumuló durante sus primeros años de carrera y a la manera en que esos bienes terminaron
distribuidos. Beatriz Adriana, la cantante ranchera, que fue la primera esposa de Marco Antonio Solís. El matrimonio duró de 1983 a 1987, 4 años durante los cuales, según Beatriz, ella tenía una carrera sólida y Marco estaba empezando. Según ella misma en la publicación de Facebook, que en 2023 sacudió al espectáculo mexicano como una bomba que llevaba décadas esperando explotar.
Cuando conoció a Marco, él no tenía ni carro. Lo que Beatriz Adriana describe en esa publicación es una historia de despojo sistemático que trabajó arduamente para construir un patrimonio, que ese patrimonio incluía propiedades valiosas, tres casas de 800 m² cada una en un campo de golf, un estudio de grabación profesional y que esas propiedades terminaron transferidas al nombre de la empresa de Marco y de su actual esposa Cristi Salas, sin que ella hubiera firmado ningún documento de traspaso.
No tuve el corazón para meterlos a la cárcel porque mi hija podría crecer y culparme por encarcelar a su padre”, escribió Beatriz. Por cada propiedad había una sentencia potencial de 5 años en prisión. Marco Antonio Solís nunca respondió públicamente a esas acusaciones. Su silencio fue total y completo, de la manera en que son silenciosos los hombres que han calculado que responder crea más problemas que no responder.
Cristi Salas reposteó en TikTok una frase de otro usuario. Prefiero a un culpable que se arrepiente sobre una víctima, porque las víctimas no buscan amor ni justicia, buscan venganza. La elección de esa frase sin firma, sin declaración directa, sin el tipo de afirmación que puede citarse en un proceso legal, fue en sí misma una respuesta.
¿Cuánto valían esas tres casas de 800 m en campo de golf? En el mercado actual de las propiedades en zonas residenciales con campo de golf en el área de Morelia y alrededores, ese tipo de propiedad está evaluada entre 8 y 15 millones de pesos cada una. tres propiedades entre 24 y 45 millones de pesos.
Más el estudio de grabación, cuyo equipamiento a precio de mercado actual estaría entre 3 y 8 millones de pesos. Patrimonio total involucrado en las acusaciones de Beatriz Adriana entre 27 y 53 millones de pesos actuales. El dinero que una cantante ranchera con 20 años de carrera acumuló legítimamente y que según ella desapareció en el proceso de un matrimonio de 4 años con el hombre que eventualmente sería el artista latino más querido de su generación.
No hubo proceso legal, no hay fallo judicial, hay una acusación pública y un silencio como respuesta. Y hay una hija Beatriz Adriana Solís, la que tienen en común, que creció en el centro de esa historia sin haber pedido estar ahí. Y luego está Jaqueline González, la ex concursante de la academia, que en su momento hizo declaraciones sobre Marco Antonio Solís, que los medios registraron, pero que el peso de la reputación del buki diluyó rápidamente.
Jn describió un periodo de 3 años durante el cual Marco Antonio trabajó con ella profesionalmente, le prometió producirle un álbum y durante el cual, según ella, el alcohol y el comportamiento de Marco cruzaron líneas que no debían cruzarse. “No quiero llamarlo abuso porque sería demasiado fuerte”, dijo Jaqueline conteniendo las lágrimas.
Pero Marco tenía un grave problema con el alcohol. Se emborrachaba y empezaba a decir cosas como, “Yo soy Dios.” Marco respondió con brevedad clínica cuando el tema salió. “La conozco, es talentosa, le deseo lo mejor.” El alcohol, como personaje en la historia de Marco Antonio Solís, es algo que sus seguidores más cercanos mencionan en privado y que los medios bordearon sin entrar del todo durante años.
No porque sea un secreto absoluto, sino porque la cultura del espectáculo mexicano tiene sus propios códigos sobre qué se dice y qué no se dice de los artistas que llenan estadios y que tienen el tipo de popularidad que Marco tiene. Lo que sí se puede decir es que el rancho en Michoacán, la elección de vivir en el campo, de madrugar, de supervisar los animales, de estar en contacto con la tierra, es también la elección de alguien que ha aprendido a través de sus propias experiencias que la estructura y la rutina y el contacto con lo realo de los escenarios no puede replicar. El
rancho no es un capricho, es una decisión de salud. en el sentido más amplio de esa palabra. Ahora hablemos de los números completos del portafolio de Marco Antonio Solís, porque el rancho es solo una parte de lo que ha construido el hotel Mansión Solís en Morelia. Su anterior residencia personal convertida en hotel boutique de cinco pisos con 24 habitaciones, la suite imperial a 31 500 pesos la noche.
La piscina en forma de guitarra que es la foto más compartida de los visitantes en redes sociales. El spa que se llama Quiéreme, el bar que se llama Más que tu amigo. una propiedad valuada conservadoramente entre 25 y 40 millones de pesos, que genera ingresos operativos anuales de entre 5 y 12 millones de pesos, dependiendo de la ocupación.
Las marcas de productos Booky Salsa con chile de Yahwalica. Quiéreme café en sus dos variedades, negro y orgánico, certificado Rain Forest Alliance, terrao azul tequila en blanco, cristalino y reposado. Tres marcas que generan ingresos de licencias y regalías, independientemente de qué marco esté de gira o en el rancho.
El tequila en Amazon entre 468 y 820 pesos la botella. El café disponible en línea y en tiendas especializadas. La salsa en los supermercados de Michoacán con alianzas de distribución que se van ampliando. Los conciertos entre 1500 y 400 por presentación, dependiendo del tipo de evento. giras que recaudan decenas de millones.
El streaming que genera regalías del catálogo, que acumula décadas de grabaciones con millones de reproducciones mensuales en Spotify y YouTube. El avión privado que compartió con sus seguidores en Instagram durante el Booky World Tour, un jet corporativo que en el mercado actual está valorado entre 3 y 8 millones de dólares dependiendo del modelo y la configuración. Los relojes.
Las fotografías publicadas muestran piezas que los analistas de moda identifican como compatibles con Rolex Day Date, el modelo que los coleccionistas llaman el reloj presidente con precio inicial de 3500 y piezas que recuerdan a Patec Philip Calatrava cuyo precio base supera los 300. El Corvette C7 amarillo, el BMW M2, el Jeep Wrangler, el vehículo personalizado con los retratos de Marco y las portadas de sus álbumes que está estacionado en la entrada del hotel y que la gente fotografía como si fuera arte contemporáneo, que en cierta manera lo
El patrimonio total de Marco Antonio Solís está estimado en 10 millones de dólares en pesos mexicanos actuales, entre 180 y 200 millones de pesos. una fortuna construida con la misma disciplina que construyó sus canciones sistemáticamente, metódicamente, sin prisa, pero sin pausa.
Y en el centro de esa fortuna, en el corazón literal y figurado de todo lo que Marco Antonio Solís construyó, está el rancho en Michoacán con sus 30 hectáreas de tierra michoacana, su ganado Shaolais, sus caballos de cuarto de milla, su aguacate Jas, sus corrales de aves de corral, sus muros de basalto volcánico y sus techos de teja artesanal.
El lugar donde Marco Antonio Solís, a los 65 años es el niño de Ario de Rosales que salió a conquistar el mundo de la música y que al final del día siempre supo que el mundo de la música es hermoso, pero que la tierra es real. En el rancho no hay escándalo que lo persiga. No hay periodistas que esperen afuera con micrófonos. No hay fans que quieran fotografías.
No hay acusaciones de exesposas, ni declaraciones de exconcursantes, ni el ruido constante de una fama que después de 40 años sigue sin disminuir. Hay tierra, hay animales, hay el amanecer de Michoacán sobre los cerros del occidente y hay silencio, el silencio donde las canciones vienen. Por eso Marco Antonio Solís vive como granjero a pesar de sus millones, no como estrategia de imagen, no como declaración filosófica que los publicistas puedan convertir en entrevista, sino porque el rancho es donde el hombre que existe debajo del
artista puede finalmente ser el mismo. Y si creciste escuchando al buuki, si tu cárcel fue la canción de una ruptura que todavía recuerdas, si más que tu amigo sonó en la boda de alguien que amas, déjanos tu comentario ahora mismo. Cuéntanos cuál es tu canción favorita. Cuéntanos si sabías la historia de Beatriz Adriana y lo que dijo sobre las propiedades.
Cuéntanos si entiendes ahora por qué eligió el rancho sobre la mansión en la ciudad. Y si sientes que estas historias merecen ser contadas con el detalle y la honestidad que les damos aquí, suscríbete a este canal ahora mismo, porque aquí contamos todo. La fortuna, el rancho, los animales, los conflictos y la verdad detrás del artista. Activa la campanita.
No te pierdas ningún video porque lo que viene está de no creerse. Y para entender completamente el rancho, hay que entender también lo que ocurrió musicalmente a lo largo de este camino. Los bookies no terminaron con la carrera en solitario. La reunión que el grupo realizó en 2021 y 2022 fue uno de los fenómenos musicales más extraordinarios del año en toda América Latina.
conciertos que se agotaron en minutos en línea, reventas que multiplicaban por 10 el precio del boleto original, familias enteras que llevaban 30 años esperando ver juntos en el escenario a los músicos que habían definido el soundtrack de su juventud. Marco Antonio Solís fue el arquitecto de esa reunión, el que tomó la decisión de que el tiempo había llegado y fue también el que tomó la decisión de que después de la reunión era momento de volver a la carrera en solitario, que los bookies tenían su historia y esa historia estaba completa,
que él tenía la suya propia y que todavía había capítulos por escribir. Esta capacidad de saber cuándo cerrar un capítulo y cuándo abrirlo es uno de los rasgos que más definen a Marco Antonio Solís como figura de la industria, no solo como músico, sino como hombre de negocios. Saber cuándo el momento es el correcto requiere una lectura del tiempo y del mercado y de uno mismo que muy pocos artistas tienen.
El buki la tiene y el rancho de Michoacán con su ganado y sus aguacates y su ritmo de amanecer y atardecer que no cambia independientemente de lo que pase afuera, es el lugar donde esa lectura se calibra. Lejos del ruido, cerca de la tierra, con los animales que no saben que eres famoso y con los ahuegüetes centenarios que han visto pasar generaciones sin registrar ninguna.
En ese silencio es donde Marco Antonio Solís escucha lo que necesita escuchar. Y así es como el artista latino más querido de su generación vive sus días cuando las luces del escenario se apagan como un granjero de Michoacán con los pies en la tierra que siempre supo que era la única tierra que importa.
Y antes de cerrar este video, hay algo que vale la pena agregar sobre la dimensión filantrópica de Marco Antonio Solís, que también tiene su expresión más concreta en Michoacán. El Buki ha financiado a lo largo de los años iniciativas comunitarias en áreo de Rosales y en municipios cercanos que los medios raramente cubren porque la filantropía discreta no genera los titulares que la filantropía de exhibición genera.
becas para estudiantes de la región, apoyo a proyectos de agricultura sostenible en comunidades rurales de Michoacán, la restauración de espacios públicos en su municipio natal. Estas iniciativas no están documentadas en las páginas de entretenimiento, están documentadas en los agradecimientos que la gente de Ario de Rosales expresa cuando alguien les pregunta sobre Marco Antonio Solís en la manera en que el municipio tiene una relación diferente con su nombre, no la del fan que admira desde lejos, sino la del vecino que sabe que el éxito de ese
muchacho que salió de aquí también ha vuelto en alguna forma. Eso tampoco es estrategia de imagen. Es simplemente lo que ocurre cuando alguien que creció en un lugar y que tuvo la fortuna de salir exitoso no olvida de dónde salió. El rancho de Marco Antonio Solís en Michoacán es la manifestación física de esa memoria.
No, el monumento al éxito que los artistas de su nivel frecuentemente construyen las mansiones, que son declaraciones de poder, los vehículos que son señales de haber llegado, los trajes diseñados específicamente para comunicar que se es alguien importante. El rancho es lo contrario, es el regreso, es el reconocimiento de que lo más valioso que la tierra da no se compra con los millones que los conciertos generan.
se hereda y si no se hereda se elige. Con la misma claridad con que Marco Antonio Solís eligió cada canción que escribió, cada acorde que puso donde tenía que ir, cada historia de amor que contó en 3 minutos y medio, con la precisión de quién sabe exactamente lo que quiere decir y exactamente cómo decirlo. El rancho es la última canción, la que no tiene palabras porque no las necesita, la que se entiende cuando el viento del occidente michoacano mueve las hojas de los aguacates al amanecer y el sol sube sobre los cerros y los animales empiezan
el día con la indiferencia tranquila de los que siempre supieron que el femarco presenci. Hay un último detalle sobre el rancho que ningún artículo de espectáculos ha mencionado con suficiente claridad y que es quizás el más revelador de todos. Marco Antonio Solís tiene en el rancho un estudio de grabación rústico.
No el estudio profesional de la mansión Solís en Morelia, ni los estudios de las disqueras donde grabó sus álbumes más importantes. Un estudio pequeño construido en lo que originalmente era una bodega de la hacienda con tratamiento acústico básico y equipo modesto comparado con los estándares de la industria.

Ese estudio existe porque Marco compone en el rancho. Las canciones llegan en el silencio del campo. Las tardes quietas de Michoacán después de la supervisión matinal, cuando los animales están establecidos y la Tierra está haciendo lo que tiene que hacer y el único ruido es el viento entre los árboles. Ese es el tiempo donde las melodías aparecen, donde los acordes que van a sostener la próxima canción se hacen presentes de una manera que en la ciudad, con el ruido constante y las obligaciones permanentes de la fama, no ocurren con la misma
naturalidad. Los colaboradores musicales de Marco, que lo han visitado en el rancho, hablan de sesiones de trabajo que empiezan con el desayuno y que terminan horas después, habiendo producido el esqueleto de algo que eventualmente se convierte en canción, sin la presión del reloj ni del costo por hora del estudio profesional, con el tiempo del campo que se mide diferente.
Eso es el rancho de Marco Antonio Solís en su dimensión más esencial, no la inversión inmobiliaria. No el activo ganadero, no el aguacate jaz que genera millones de pesos al año. El lugar donde el músico que existe debajo de todas las capas del éxito y la fama y las controversias y los negocios puede seguir siendo lo que fue desde los 6 años en ário de Rosales.
Alguien que hace canciones porque no puede no hacerlas. Y eso, más que cualquier otra cosa explica por qué vive como granjero a pesar de sus millones. Yeah.