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La Casa de Marco Antonio Solis : la vida sencilla que eligió en lugar de gastar millones

Hay algo que no cuadra cuando uno empieza a investigar la vida de Marco Antonio Solís fuera de los escenarios. Un hombre con un patrimonio estimado en ,000. Un artista que cobra 40000 por presentación privada, más de 8 millones de pesos por una sola noche de trabajo. El dueño de un hotel boutique en Morelia que la gente llama el Buckingham Palace mexicano, el creador de una marca de tequila de café gourmet certificado por Rainforest Alliance de una salsa artesanal que viene en botella con forma de guitarra. El hombre que

llenó el estadio más grande de Los Ángeles en dos noches consecutivas con entradas agotadas meses antes. Ese hombre, cuando nadie lo está filmando para las redes sociales y cuando la gira termina y el avión privado lo regresa a México, elige irse al campo, no a una mansión en las lomas, no a un penthouse en Polanco, al campo, con tierra bajo los pies, con animales que no saben que él es famoso, con el silencio específico de los ranchos del occidente de México, donde lo único que interrumpe la quietud son los pájaros del amanecer y los

perros que ladran cuando alguien llega. ¿Por qué un hombre que podría vivir en cualquier lugar del mundo elige vivir como granjero? Esa es la pregunta que sus fans nunca terminaron de hacerse porque los medios siempre estaban más interesados en el hotel y en el tequila y en las acusaciones de su exesposa, Beatriz Adriana, y en la controversia de Jaceln González de la academia.

Siempre había algo más ruidoso que la pregunta simple y profunda sobre por qué el buki prefiere el rancho. Hoy vamos a responder esa pregunta con los detalles del rancho que nadie describió completo, con los animales, los cultivos, la rutina diaria, con la fortuna que ese rancho representa como inversión y como estilo de vida.

y con los conflictos que rodearon a Marco Antonio Solís en los años recientes y que hacen que entender su retiro al campo no sea solo una decisión de estilo, sino algo más profundo y más urgente. Antes de terminar este video, vas a entender por qué el hombre que escribió tu cárcel y si no te hubiera conocido, eligió el gallinero sobre el pentouse. Comencemos.

El 29 de diciembre de 1959, en áreo de Rosales, Michoacán, nació Marco Antonio Solís, un municipio del occidente de México, donde la sierra y el campo definen el paisaje con la contundencia de los lugares que no tienen intención de impresionar a nadie, sino simplemente de ser lo que son. Sus padres eran de familias trabajadoras del campo michoacano.

Marco creció en ese entorno con la experiencia específica de los niños del campo mexicano, que en los años 60 significaba madrugar, trabajar, estar al tanto de los animales y las cosechas y entender desde muy temprano que la Tierra es el fundamento de todo lo demás. A los 6 años ya tocaba música con sus hermanos como parte de los hermanitos Solís.

No porque fuera un niño prodigio en el sentido de los que aparecen en los programas de televisión, sino porque en Michoacán, en esa época la música era parte del tejido cotidiano de las familias, como lo era la comida y el trabajo. El salto de Ario de Rosales a la fama nacional e internacional fue gradual, pero inexorable.

A mediados de los años 70 cofundó los bookies con familiares y amigos del mismo entorno michoacano, un grupo que durante casi dos décadas definió lo que la música romántica popular mexicana podía ser canciones de amor escritas con una precisión emocional que hacía que millones de personas sintieran que alguien había puesto en palabras exactamente lo que ellas sentían, pero no habían podido decir.

Marco Antonio Solís era el arquitecto de ese universo musical, no solo como vocalista, como compositor, como productor, como la mente que entendía intuitivamente lo que el público necesitaba escuchar en el momento en que lo necesitaba. Tu cárcel, qué difícil es. Sí, me recuerdas más que tu amigo.

Canciones que no envejecen porque describen emociones que tampoco envejecen. En 1996 inició su carrera en solitario. Y si alguien pensaba que sin los bookies la magia podría diluirse, el mercado respondió con una claridad que no dejó espacio para la duda. Más de 30 canciones en la lista Hot Latin Tracks de Billboard.

múltiples grami latinos, una estrella en el paseo de la fama de Hollywood en 2010 y una capacidad de llenar estadios que dos décadas después de su debut en solitario seguía sin señales de agotamiento. El Booky World Tour de 2023 fue uno de los eventos musicales más exitosos del año. Entradas agotadas en Ciudad de México, Los Ángeles, Houston, Chicago, Nueva York.

El Madison Square Garden vendido en horas, el Estadio Azteca con más de 80,000 personas, una gira que generó ingresos de más de 50 millones de dólares según estimaciones de la industria. Eso es lo que el mundo veía. Lo que el mundo no veía es que cuando la gira terminaba y el avión privado aterrizaba, Marco Antonio Solís no iba a una mansión urbana a descansar, iba al rancho.

El rancho de Marco Antonio Solís está en las afueras de Morelia, Michoacán, no en los suburbios con fraccionamiento y casas con jardín de 100 m². En el campo de verdad, con los accesos de terracería y los cercos de piedra y los ahuegüetes, que en Michoacán crecen como centinelas del tiempo, con sus troncos gruesos y sus ramas que crean sombra permanente.

La propiedad tiene aproximadamente 30 haáreas. Para tener una referencia, son 30 campos de fútbol puestos uno junto al otro. Suficiente tierra para que los animales tengan espacio real, para que haya zonas de cultivo, para que la construcción principal quede en el centro de la propiedad, sin que los límites del rancho sean visibles desde ninguna ventana de la casa.

Pero antes de hablar de lo que hay adentro, hay que hablar de lo que hace Marco Antonio Solís en ese rancho cuando nadie lo filma, porque eso es lo más revelador. Marco Antonio Solís se levanta entre las 5:30 y las 6 de la mañana cuando está en el rancho, no porque tenga que hacerlo a los 65 años y con lo que ha construido podría quedarse en cama hasta las 9 y el mundo no se caería.

se levanta porque los ranchos de Michoacán funcionan con los ritmos del sol y de los animales y no con los ritmos del artista que regresó de una gira y necesita recuperarse. Supervisa los animales personalmente. No delega esa tarea del todo, aunque tiene empleados de planta que se encargan del cuidado cotidiano. Pero Marco hace su propia ronda matinal. Ve el ganado.

Revisa los caballos. Observa las aves de corral con la atención de alguien que no está fingiendo interés, sino que genuinamente necesita saber que todo está bien. Esa rutina el hombre más famoso de la música romántica latina, supervisando personalmente el estado de sus animales en un rancho de Michoacán a las 6 de la mañana es la respuesta más honesta a la pregunta de por qué elige vivir así.

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