En un evento que marca un punto de inflexión en la actual contienda electoral, el senador y candidato presidencial Iván Cepeda pronunció un discurso cargado de emotividad, memoria histórica y compromisos radicales en Magangué, Bolívar. Ante una multitud congregada en lo que describió como un estadio vibrante de esperanza, Cepeda no solo delineó su visión para un eventual segundo gobierno progresista, sino que lanzó críticas demoledoras contra el uribismo y sus figuras más visibles, como la candidata Paloma Valencia y el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Con el río Magdalena como testigo silencioso y símbolo de resistencia, el mensaje fue claro: la era de la “contrarreforma agraria” ha terminado para dar paso a una revolución que devuelva la dignidad a quienes trabajan la tierra.
El discurso comenzó con un homenaje a las madres de la región, reconociendo sus luchas en el marco de la celebración del D
ía de la Madre. Sin embargo, el tono cambió rápidamente hacia la política de alto nivel cuando Cepeda reafirmó su convicción de ganar las elecciones en primera vuelta el próximo 31 de mayo. Para el candidato, esta victoria no es solo un objetivo electoral, sino un imperativo social para continuar la obra iniciada por el presidente Gustavo Petro. Al mencionar al actual mandatario, la plaza estalló en aplausos, consolidando la idea de que el “Pacto Histórico” busca una transición fluida hacia un liderazgo que profundice los cambios estructurales en el país.

Uno de los puntos más álgidos de la intervención fue la denuncia directa sobre la tenencia de tierras en la región. Cepeda contrastó los logros del gobierno actual con lo que llamó los “cuentos electorales” del uribismo. Citó específicamente el caso de la hacienda Buenavista, un predio de más de 6.000 hectáreas que, según afirmó, fue recuperado por la Agencia Nacional de Tierras tras ser explotado durante más de una década por un familiar de Paloma Valencia. “Esos no son cuentos, son hechos”, sentenció Cepeda, subrayando que mientras el gobierno de Iván Duque solo entregó 17.000 hectáreas en cuatro años, la administración actual ya ha entregado cifras significativamente superiores en departamentos como Cesar y Magdalena. La promesa de “no más tierras para los narcotraficantes” resonó como un mantra de justicia para las víctimas del despojo paramilitar que ha desangrado al Caribe por décadas.
La visión de Cepeda para el Caribe no se limita a la reforma agraria. El candidato propuso una transformación energética ambiciosa que convertiría a la costa en el epicentro de la energía eólica y solar de Colombia. Esta propuesta busca atacar directamente uno de los problemas que más asfixia a las familias caribeñas: las altas tarifas de energía eléctrica. Mediante la creación de “comunidades energéticas”, Cepeda prometió una reducción real en los costos de los servicios públicos, permitiendo que la riqueza natural de la región se traduzca en alivio económico para sus habitantes. “Vengo a comprometerme a que Magangué tenga por fin un acueducto moderno”, añadió, señalando la precaria situación de un municipio donde solo el 20% cuenta con alcantarillado, una cifra que calificó como una vergüenza nacional que debe ser erradicada mediante una lucha frontal contra la corrupción.

En materia de educación y bienestar social, el plan de gobierno presentado es igualmente ambicioso. Cepeda habló de la construcción de 107 universidades en territorios rurales y periferias urbanas, permitiendo que los jóvenes no tengan que abandonar sus raíces para acceder a la educación superior. Asimismo, anunció la expansión de programas como “Colombia Mayor”, buscando aumentar la cobertura de 3 a 5 millones de beneficiarios, y el fortalecimiento de la “Renta Joven” y “Renta Ciudadana”. Estos pilares buscan crear un colchón de seguridad social que proteja a los más vulnerables y dinamice la economía desde la base, alejándose del modelo de acumulación de privilegios que, según el candidato, ha caracterizado a los gobiernos de derecha.
El cierre del discurso fue una llamada a la acción masiva. Cepeda instó a sus seguidores a realizar un trabajo “casa por casa, vereda por vereda” en los 21 días restantes antes de los comicios. Con una retórica que apeló a la unidad y a la movilización sin odio, el candidato se presentó como el sucesor natural de un proyecto que busca poner a las regiones olvidadas en el centro del destino nacional. “A Uribe y a sus candidatos les decimos: el 31 de mayo nos vemos en las urnas”, concluyó, dejando un ambiente de determinación en Magangué. La batalla por la presidencia parece haber encontrado en el Caribe su campo de batalla más simbólico, donde la memoria de las luchas campesinas de los años 60 y 70 hoy se viste de propuestas de alta tecnología y justicia social para el siglo XXI.