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HARFUCH EXPONE los CRÍMENES SECRETOS de ERNESTO ZEDILLO: DESTAPA sus NEXOS con el CARTEL de COLIMA

Esta mañana, 3 de mayo de 2026, a las 11 de la mañana, Omar García Harfuch se paró frente a los micrófonos con una carpeta en la mano y dijo algo que en este país muy pocos se habían atrevido a decir en voz alta y con nombre, apellido, que Ernesto Cedillo Ponce de León no fue solo el presidente que heredó una crisis y sobrevivió a ella.

fue el presidente que usó esa crisis para algo mucho más oscuro y que hay documentos, grabaciones y evidencias concretas que lo demuestran. Lo que vas a ver aquí no es especulación, no es una teoría de conspiración armada juntando titulares viejos de periódico. Es lo que Harfuch expuso esta mañana ante cámaras con pruebas sobre la mesa, con la contundencia de alguien que lleva tiempo construyendo ese expediente y no lo soltó hasta tener todo en orden.

Y cuando termines de leer esto, vas a entender por qué esta conferencia no es un evento político. Más es el inicio de algo que muchos mexicanos llevaban décadas esperando. Vamos desde el principio, porque para entender lo de hoy necesita saber cómo llegó Cedillo al poder y bajo qué condiciones gobernó. No llegó porque México lo eligiera con entusiasmo genuino.

No era el candidato que encendía plazas ni el político que hacía llorar a las masas. llegó porque el sistema lo necesitaba de emergencia y esa diferencia importa más de lo que parece. El 23 de marzo de 1994, Luis Donaldo Colosio fue asesinado en Tijuana. Era el candidato del PRI, era el heredero designado, el hombre que Carlos Salinas había señalado con el viejo gesto imperial del partido para que fuera el siguiente en ocupar Los Pinos.

Y de un segundo para otro, el sistema que llevaba décadas sin soltar el poder se quedó sin candidato a pocas semanas de las elecciones generales. Ahí apareció Cedillo, no porque encendiera algo en la gente, no porque representara una ruptura con el pasado, ni una esperanza distinta. apareció porque era el técnico disponible, el coordinador de campaña que había trabajado detrás de Colosio sin estar nunca en el primer plano.

El economista serio, sin carisma visible, sin historia política propia, que no generaba emociones, pero tampoco generaba problemas visibles. El sistema necesitaba a alguien que pareciera confiable, manejable, difícil de acusar de ambiciones personales desmedidas. Cedillo cumplía ese perfil con exactitud. ganó las elecciones en agosto de ese año.

Tomó posesión el primero de diciembre y en cuestión de días México entró en una de las peores crisis económicas de su historia moderna. El peso se desplomó de una manera que destruyó los ahorros de millones de familias en cuestión de semanas. Los créditos que antes parecían pagables se volvieron una soga que se apretaba más cada mes.

Las deudas crecieron como si tuvieran vida propia. Los negocios pequeños empezaron a cerrar uno a uno. Las hipotecas se convirtieron en pesadillas cotidianas para familias que habían creído en la promesa del México moderno. Y a todo ese desastre le pusieron un nombre muy tranquilo para lo que realmente representó, El error de diciembre.

Un hombre limpio, casi técnico, como si lo que destruyó la economía de millones de personas fuera simplemente un cálculo mal hecho y no algo que tenía capas mucho más complicadas de las que el gobierno quería mostrar. Eso es lo que viene primero. Pero antes de entrar al fondo, es importante que entiendas que Cedillo no era un político con base propia ni con lealtades sólidas construidas en años de trabajo político.

Era un funcionario que llegó donde llegó por una cadena de circunstancias que empezó con un asesinato. Eso no lo absuelve de nada, pero sí explica la fragilidad de su posición y la lógica de los acuerdos que buscó para sostenerse. Porque cuando un hombre llega al poder sin haber construido su propio camino hacia él, cuando lo que lo sostiene es la urgencia del sistema y no la convicción de millones de personas, ese hombre necesita alianzas rápidas.

Necesita estructuras que lo protejan mientras aprende a gobernar. Necesita redes que funcionen más rápido que las institucionales, que respondan antes de que los procesos formales terminen de moverse. Y en México de los años 90, esas redes rápidas tenían nombres que no aparecían en los organigramas oficiales.

La crisis de diciembre de 1994 no solo destruyó los ahorros de millones de familias, también le demostró a Cedillo que gobernar sin alianzas sólidas era una posición insostenible. Salinas, el mismo hombre que lo había impulsado al poder, empezó a señalarlo desde afuera. La ruptura entre los dos no fue solo política, fue una pelea por la memoria, por la culpa, por quién cargaría con el cadáver económico de México.

Y en medio de esa pelea, Cedillo buscó apoyos donde pudo encontrarlos. Y aquí es donde empieza la primera capa central de lo que Harfuch expuso hoy. Después del colapso, el gobierno de Cedillo tomó una decisión que marcó a este país por generaciones enteras. En lugar de obligar a los bancos y a los grandes deudores a pagar el precio de sus propias apuestas, decidió rescatarlos con dinero público.

A esa operación le pusieron un nombre burocrático, frío, casi invisible. El Fobaproa, Fondo Bancario de Protección al Ahorro. Un nombre que sonaba a trámite administrativo, a oficina de gobierno, a algo que nadie tenía por qué entender a fondo. Pero detrás de ese nombre había una operación cuya magnitud todavía se siente en los impuestos que se pagan hoy.

Lo que hizo el FOBAPROA, explicado sin tecnicismos, fue esto. Los bancos y grupos empresariales que habían acumulado deudas impagables, que habían tomado riesgos que no podían sostener, dejaron de cargar con ese peso. Ese peso pasó al Estado y el Estado somos todos. Así que millones de personas que nunca habían firmado un solo crédito bancario de esos, que nunca habían participado en esas operaciones, que ni siquiera sabían que existían, despertaron siendo parte de una deuda que no habían generado.

Se habló de 54 grandes grupos beneficiados, se habló de 9.7,000 millones dó en garantías. Se habló de porcentajes que dejaban muy claro que los que más recibieron no eran los ciudadanos que perdieron sus casas o sus negocios. Era la élite financiera y empresarial que había apostado fuerte y perdido y que encontró en el gobierno la ventanilla perfecta para que alguien más pagara la diferencia.

Eso ya de por sí es una herida enorme, pero lo que Harf mostró esta mañana va mucho más lejos de lo que se sabía hasta hoy. Según los documentos presentados en la conferencia, el FOBAProa no fue solo un rescate bancario mal diseñado o producto de decisiones tomadas con desesperación en medio de la crisis.

fue un mecanismo deliberado para transferir miles de millones de dólares hacia grupos con vínculos directos con el crimen organizado, específicamente hacia el cártel de Colima. Las evidencias incluyen registros de operaciones financieras, documentos de transferencias con nombres y montos concretos y grabaciones en las que se hace referencia explícita a acuerdos entre funcionarios del gobierno de Cedillo y estructuras ligadas al narcotráfico en esa región del país.

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