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¡HARFUCH CAPTURA a LÍDER SINDICAL que ROBÓ 419 MILLONES de PESOS y AT4CÓ a SU MUJER!

Atención, atención. 419 millones de pesos. No en un operativo de cártel, no en una red de tráfico de droga, no en una organización criminal con sicarios y fusiles, en un sindicato de trabajadores, en la estructura gremial de la propia Fiscalía General de la República, la institución que supuestamente persigue el delito en este país y el hombre que los robó, el hombre que durante 21 años convirtió ese sindicato en una maquinaria de saqueo personal, no cayó por una investigación de largo aliento, no cayó por un

expediente construido pacientemente durante años. Aunque ese expediente ya existía. Cayó la noche del jueves 7 de mayo de 2026 porque golpeó a su esposa en Coyoacán, porque los agentes de la Secretaría de Seguridad Ciudadana llegaron antes de que él pudiera calcular las consecuencias. Y porque cuando la Fiscalía de la Ciudad de México lo tuvo esposado frente a un escritorio, la magnitud de lo que venía detrás de ese golpe comenzó a desplegarse con una velocidad que nadie en esa sala esperaba.

Su nombre es Humberto Navagena, secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Fiscalía General de la República desde el año 2004. operador del viejo PRI, miembro de uno de los sindicatos más estratégicos del sistema judicial mexicano y esta mañana tras las rejas. Lo que vas a leer en los próximos minutos no es un caso de corrupción ordinario, es la historia de cómo el sistema de impunidad del viejo régimen operó durante más de dos décadas dentro de la misma institución encargada de perseguirlo. Te voy a contar cuatro

cosas concretas. ¿Cómo cayó Nava Genera esa noche? ¿Qué encontraron cuando empezaron a revisar sus 21 años en el cargo? ¿Cómo construyó una red de saqueo que sus propios compañeros de sindicato finalmente denunciaron? ¿Y por qué este caso conecta directamente con el patrón de corrupción sindical priista? Que la cuarta transformación lleva años intentando desmantelar.

Quédate hasta el final porque cada parte de esta historia tiene algo que no se ha contado antes. Primero necesitas entender que es el Sindicato Nacional de Trabajadores de la FGR. Porque si no entiendes qué es ese sindicato, no puedes entender la magnitud de lo que estaba pasando ahí adentro. La Fiscalía General de la República es la institución encargada de perseguir los delitos federales en México.

Narcotráfico, crimen organizado, lavado de dinero, corrupción de funcionarios, delitos electorales. Todo pasa por ahí. Y como cualquier dependencia del Estado mexicano tiene trabajadores, miles de trabajadores, peritos, técnicos, analistas, personal administrativo, elementos de apoyo operativo, esos trabajadores tienen un sindicato, el SNTFGR, un sindicato que, como todos los sindicatos de trabajadores al servicio del Estado, pertenece a la Federación de Sindicatos de Trabajadores al servicio del Estado, la FSTS, que agrupa hasta más de 90 organizaciones gremiales en todo el

país. Lo que eso significa en términos prácticos es que el secretario general de ese sindicato tiene acceso a partidas presupuestales del Estado, tiene capacidad de asignar contratos, tiene poder sobre quién recibe licencias sindicales y quién no. tiene influencia sobre condiciones laborales, prestaciones, apoyos institucionales y lo que descubrieron los propios trabajadores del sindicato, lo que documentaron en quejas formales que pueden verificarse en la plataforma del INAI, es que durante 21 años ese poder

fue usado sistemáticamente para enriquecer a una sola persona y a su red de incondicionales para construir un patrimonio personal financiado con dinero que pertenecía a los trabajadores. Humberto Navagenera llegó a la Secretaría General del SNTFGR en el año 2004. Llegó ahí con el respaldo del aparato priista, no como resultado de un proceso democrático limpio, ni como representante de una base trabajadora que lo eligió porque confiaba en él.

Llegó porque el PRI tenía el control estructural de ese sindicato, como tenía el control estructural de prácticamente todos los sindicatos de trabajadores al servicio del Estado durante décadas. Esa es la herencia del corporativismo mexicano. Los sindicatos no eran representaciones de los trabajadores, eran correas de transmisión del poder político y Nava Genera fue desde el primer día un producto de ese sistema.

Lo que nadie esperaba o quizás lo que nadie quería ver era que ese mismo sistema siguiera operando en pleno siglo XXI, en plena transición política, con un gobierno de la cuarta transformación en el poder y con una agenda de combate a la corrupción como bandera central. Navagenera sobrevivió porque sabía cómo sobrevivir.

Sabía mantener la cabeza baja en los momentos de visibilidad pública. Sabía reelegirse cuando podía y ampliar su cargo cuando no podía. sabía a quién darle licencias sindicales para comprar lealtades y a quién silenciar con la amenaza de quitarle esas mismas licencias. Construyó durante 21 años una pequeña fortaleza burocrática dentro de la FGR y desde esa fortaleza desvió 419 millones de pesos.

¿Cómo funciona un esquema de ese tamaño dentro de un sindicato? Lo que los documentos presentados ante el órgano interno de control de la FGR revelan es que Nava Genera operó con al menos tres mecanismos distintos que funcionaron en paralelo durante más de dos décadas. El primero y quizás el más descarado de todos, los festejos fantasma.

Cada año Navagenera solicitaba formalmente a la Dirección General de Recursos Humanos de la institución partidas presupuestales para eventos que estaban completamente justificados en el papel: la madre, día del trabajador, fiesta de fin de año, torneos deportivos, excursiones, cursos de verano, congresos sindicales, todo eso existe en cualquier sindicato activo.

Todo eso tiene una base presupuestal legítima. Y Navagenera aprendió desde muy temprano que nadie verificaba con suficiente rigor si esos eventos realmente ocurrían o no. Lo que los miembros del sindicato documentaron en sus denuncias es que durante los ejercicios fiscales 2020, 2021 y 2022, Navagenera solicitó y recibió las partidas presupuestales completas para todos esos eventos.

El problema, el problema que ahora tiene evidencia documental y puede verificarse en el INAI es que en esos años el mundo estaba atravesando una pandemia global, las oficinas estaban cerradas, los trabajadores estaban en resguardo, los congresos sindicales estaban suspendidos por decreto sanitario, los torneos deportivos no existían, las excursiones no se realizaron, los cursos de verano no tuvieron lugar y sin embargo el dinero salió, las partidas se ejecutaron, Los recursos fluyeron hacia algún destino que no eran los eventos

cancelados. Eso por sí solo ya es un delito, pero era solo la primera capa de un esquema bastante más elaborado. El segundo mecanismo era la asignación directa de proveedores en cualquier dependencia pública. Cuando se realizan compras que superan ciertos montos, la ley exige un proceso de licitación. Deben concursar al menos tres proveedores distintos.

Se evalúan las propuestas y se elige la más conveniente para el Estado. Ese proceso existe precisamente para evitar que el funcionario de turno simplemente le asigne el contrato a quien le conviene personalmente. Lo que Navagen hacía, de acuerdo con las quejas formales presentadas por sus propios compañeros sindicales, era utilizar sistemáticamente al mismo proveedor para absolutamente todas las compras de regalos institucionales.

Los regalos del día de la madre, los del día del trabajador, los de fin de año, los de secretarias, año tras año, desde ejercicios que los denunciantes rastrearon hasta antes de 2020 un solo proveedor, siempre el mismo, sin licitación, sin competencia, sin justificación pública. Y la razón por la que ese proveedor siempre ganaba, la razón que los trabajadores documentaron era que ese proveedor tenía un vínculo que no estaba en ningún contrato oficial, era parte de la red de Navagenera. El tercer mecanismo era el

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