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¡HARFUCH ARRESTA a 2 FUNCIONARIOS que ROBARON 300 MILLONES al ERARIO PUBLICO en CAMPECHE!

300 millones de pesos. No desaparecidos en una guerra, no perdidos en un desastre natural, no gastados en una obra pública, con sobreprecios que al menos dejara una calle pavimentada. 300 millones de pesos del herario municipal de Campeche canalizados a través de una empresa de alquiler de artículos para el hogar con sede en Ciudad del Carmen.

Una razón social que en papel rentaba ollas, aspiradoras y colchones, pero que [música] en la práctica era el agujero negro por donde desapareció el dinero de los ciudadanos de Campeche durante meses. Y en la madrugada del jueves 7 de mayo de 2026, Omar García Harfuch decidió que ese agujero negro se cerraba.

esa noche dos ciudades, dos casas, dos funcionarios públicos durmiendo con la seguridad de quien cree que tiene todo bajo control. Y a las 5:27 de la mañana, exactamente al mismo segundo en ambas entidades, 37 elementos de la Unidad de Investigación Financiera de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, coordinados directamente desde el puesto de mando de Harfuch, reventaron las puertas principales de esas dos propiedades con la misma determinación y con el mismo mensaje.

Dinero del pueblo mexicano no se toca impunemente y ningún cargo en un gobierno municipal gobernado por el PRI es un escudo suficiente para escapar de lo que viene. Lo que vas a leer en los próximos minutos no es un operativo de seguridad ordinario. No hay sicarios, no hay cargamentos de droga, no hay enfrentamientos en la sierra.

Pero lo que pasó esta madrugada en Querétaro y en la Ciudad de México es en muchos sentidos más revelador que cualquier decomiso de armas o cualquier captura de capo. Porque lo que cayó esta noche no es un narcotraficante que todos ya sabíamos que existía. Lo que cayó esta noche es la demostración de que la corrupción institucional dentro de los gobiernos municipales del viejo régimen tiene los días contados.

Y te voy a contar con todos los detalles que la investigación reveló cómo llegó el Estado mexicano hasta esas dos puertas y qué encontró cuando las abrió. Para entender lo que pasó esta madrugada, hay que entender primero dónde estaba el dinero, de dónde venía y por qué. Durante tanto tiempo, nadie dentro del gobierno municipal de Campeche levantó la mano para decir que algo no estaba bien.

Porque esa pregunta, la pregunta de por qué nadie dijo nada, es quizás la más importante de todas las que esta investigación va a generar en las próximas semanas. El municipio de Campeche recibe transferencias federales como parte del sistema de participaciones y aportaciones que el gobierno federal distribuye entre los estados y municipios del país.

dinero que viene del gasto público nacional que se asigna con criterios poblacionales, territoriales y de capacidad institucional y que los gobiernos municipales tienen la obligación legal de ejercer [música] en gasto de inversión en servicios públicos, en infraestructura, en programas sociales. Es el dinero de los ciudadanos.

es el dinero que paga el alumbrado público, el bacheo de las calles, los centros de salud comunitarios, los programas de apoyo a familias vulnerables. Es el dinero que la gente de Campeche paga en impuestos y que el sistema devuelve en forma de gobierno. Lo que los investigadores de la Unidad de Inteligencia Financiera de la SSPC encontraron al iniciar la auditoría de cuentas del municipio fue una estructura de desvío que no era improvisada ni era reciente.

un mecanismo construido con paciencia, con conocimiento técnico del sistema bancario y con la complicidad de al menos nueve empresas factureras que actuaban como intermediarias entre el erario público y las cuentas privadas de los responsables. El esquema funcionaba así. El municipio emitía órdenes de pago a proveedores, proveedores reales con razones sociales registradas ante el SAT, con RFC activo, con representantes legales que firmaban facturas.

Lo que el sistema de auditoría ordinaria no detectaba era que esos proveedores no estaban prestando ningún servicio real al municipio. Las facturas eran documentos que existían en papel y en el sistema electrónico de la Secretaría de Hacienda, pero detrás de cada una de ellas no había obra, no había servicio, no había entrega de material, había papel y había transferencia bancaria.

Nueve empresas factureras en total, nueve razones sociales distintas con domicilios en diferentes estados del país, con giros comerciales que iban desde la consultoría en tecnologías de la información hasta la asesoría en recursos humanos, pasando por servicios de limpieza y mantenimiento de espacios, todas registradas, todas con documentación en regla ante las autoridades fiscales y todas sin excepción, girando los recursos recibidos hacia cuentas de terceros en un patrón que los analistas de la Unidad de Inteligencia Financiera tardaron

semanas en descifrar porque estaba diseñado exactamente para confundirlos. El eslabón final de esa cadena era una empresa en Ciudad del Carmen, Campeche, la empresa que los medios de comunicación ya mencionaron esta mañana con su razón social completa, suministros de limpieza, naranjos y frutas SADCB, una empresa que según su registro mercantil se dedicaba al alquiler de artículos para el hogar y personales, escobas, trapeadores, sillas plegables.

Eso era lo que decían los documentos. Eso era lo que el sistema veía cuando buscaba esa razón social en el padrón de proveedores. Lo que los investigadores vieron cuando empezaron a revisar los estados de cuenta de esa empresa fue algo completamente diferente. Movimientos de dinero que no correspondían con ningún volumen de operaciones comerciales reales.

transferencias recibidas de las nueve empresas factureras por montos que se sumaban a lo largo de meses a una cantidad que los analistas fueron refinando en sus estimaciones hasta llegar a la cifra que esta mañana la SSPC confirmó públicamente, 300 millones de pesos. Quiero que visualices lo que eso significa en términos concretos.

300 millones de pesos equivalen a más de la mitad del presupuesto de inversión anual de un municipio mediano en México. Son 14,000 techados de viviendas en zonas rurales al precio que maneja el programa federal de mejoramiento urbano. Son 15 años de operación del sistema de agua potable de una ciudad de 60,000 habitantes.

Son 42 km de carretera rural pavimentada en los municipios más alejados del estado. Todo eso desapareció, no en un año, no como resultado de una decisión repentina. Desapareció en operaciones pequeñas distribuidas en el tiempo, disfrazadas de pagos legítimos, a proveedores de servicios, diseñadas para pasar desapercibidas en los estados financieros, que los funcionarios municipales revisan cada trimestre.

Y aquí viene la pregunta que nadie dentro del gobierno municipal de Campeche ha podido responder con claridad. ¿Cómo es posible que 300,0000000 de pesos desaparezcan de las arcas de un municipio sin que ningún sistema de control interno genere una alerta? La respuesta a esa pregunta es a la vez simple y demoledora.

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