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El pacto secreto bajo la mesa: Por qué Trump no asesta el golpe final y La Habana prepara su gran mutación mafiosa

El reloj marcó el final del famoso plazo de dos semanas que Washington le otorgó a La Habana y, para sorpresa de muchos, el apocalipsis no llegó. No hubo sirenas antiaéreas, no hubo desembarcos espectaculares en el icónico Malecón habanero, ni vimos a las figuras más prominentes del régimen huyendo despavoridas en medio de la madrugada hacia algún exilio dorado. A simple vista, el espectador casual podría pensar que estamos ante otro farol diplomático, otro capítulo vacío en el interminable tira y afloja entre Estados Unidos y Cuba. Sin embargo, detrás de esta aparente calma chicha, se está gestando una de las operaciones políticas y militares más silenciosas y trascendentales de las últimas décadas.

El Pentágono ha iniciado un nuevo e inusual despliegue militar en el Caribe, los ejercicios en Cayo Hueso se intensifican y el tablero geopolítico se mueve a una velocidad vertiginosa. Llevamos ya casi cuatro meses inmersos en esta montaña rusa de emociones, donde la euforia del “ahora sí” choca brutalmente contra la pared de la paciencia estratégica. Pero hay un problema fundamental en la manera en que el exilio y la opinión pública están leyendo estos eventos: nos hemos acostumbrado a consumir la política internacional como si fuera una película de ciencia ficción o un éxito de taquilla de Hollywood. Soñamos con resoluciones heroicas e inmediatas, con finales felices donde todos comen perdices. L

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