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El Gran Traidor: El General que Vendió a sus Propios Policías y Ahora Hace Temblar a la Élite Política desde Nueva York

Cien mil dólares al mes en efectivo. Esa es la asombrosa y escalofriante cifra que la justicia internacional acusa que recibía de manera sistemática Gerardo Mérida Sánchez, general retirado del Ejército Mexicano y quien ocupara el vital cargo de Secretario de Seguridad Pública en el estado de Sinaloa. Cien mil dólares cada treinta días, lo que al tipo de cambio actual se traduce en más de dos millones de pesos entregados de manera mensual. Todo en mano, sin facturas, sin recibos y sin dejar absolutamente ningún rastro financiero directo. Era una fortuna silenciosa que compraba la lealtad de uno de los hombres de mayor peso para la seguridad pública de una de las regiones más complejas y observadas de todo México. Y la pregunta que surge inevitablemente es: ¿a cambio de qué? De una sola y mortal función: dar el aviso anticipado, la alerta oportuna, de cuándo y dónde iban a caer las redadas y los operativos militares.

Con esta valiosísima información privilegiada, los grupos que operan al margen de la ley obtenían el margen de tiempo exacto y suficiente para retirar a su personal de los puntos clave, desmantelar laboratorios clandestinos y asegurar su material ilegal mucho antes de que las fuerzas de seguridad estatales o federales llegaran al lugar de los hechos. Es decir, desaparecían horas antes de que hiciera presencia la misma fuerza policial que Mérida comandaba desde su despacho de secretario. Durante un largo periodo de tiempo, este esquema oscuro funcionó perfectamente en las sombras, dejando investigaciones truncadas y resultados nulos. Pero esta misma semana, el general retirado tomó una decisión que absolutamente nadie en el tablero político o criminal preveía y que ha sacudido fuertemente los cimientos institucionales de la nación entera. Decidió conducir su propio vehículo desde la ciudad de Hermosillo, en el estado de Sonora, hasta llegar a la garita

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