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¡DOS MILLONES DE DÓLARES, UNA BODA APRESURADA Y UN FEMINICIDIO! | TODA LA LÍNEA DEL TIEMPO

Hay una frase que los investigadores han repetido desde el primer día de este caso, follow the money, síguele el rastro al dinero. Y cuando la familia de Carolina Flores Gómez empezó a hacer exactamente eso, lo que encontraron cambió por completo la narrativa de este crimen. Ya no estamos hablando solo de celos ni de una suegra perturbada que cruzó la línea.

Estamos hablando, según sus propios familiares, de un plan calculado, de una herencia millonaria, de una boda que llegó demasiado rápido después del dinero y de una dinámica familiar tan enferma que los psicólogos tienen un nombre clínico para ella. Lo que vamos a analizar hoy no es solo un feminicidio, es la historia de como una joven exitosa, independiente y con recursos propios pudo haber sido vista por quienes decían amarla como un obstáculo que eliminar.

Para entender el dinero, primero hay que entender la tragedia que lo originó. En enero de 2022, Jorge Flores, padre de Carolina, perdió la vida en un casino en Chulavista, San Diego, California. No fue una muerte por enfermedad ni un accidente común. Según los testigos presenciales y familiares que posteriormente contaron lo sucedido, tres guardias de seguridad del establecimiento lo sometieron en el suelo.

Mientras Jorge repetía que no podía respirar, los guardias no se dieron. Un testigo describió la escena como el caso de George Floyd de ese casino. Jorge Flores murió asfixiado. Tenía 46 años. Para la familia de los Flores, lo que siguió fue otra herida encima de la primera. No hubo cargos criminales contra los guardias. El caso penal nunca prosperó.

La familia en México no recibió acceso al expediente. Años después, los tíos de Carolina todavía expresaban su frustración. No nos dieron nada de información del caso, no se levantaron cargos criminales, no sé por qué razón, siendo en Estados Unidos el caso civil se cerró, pero en el caso criminal tampoco se levantaron cargos.

Esa injusticia quedó enquistada en la familia como una llaga que nunca sanó del todo. La única persona que tenía acceso directo al proceso legal era Carolina por una razón muy concreta. Ella había nacido en Estados Unidos y contaba con ciudadanía americana. Fue ella quien tomó el caso, quien contrató abogados, quien empujó el proceso legal durante más de 2 años.

Una joven en sus 20 años cargando sola el peso legal de la muerte de su padre en un país extranjero sin que su familia en México pudiera acompañarla realmente en esa batalla. En 2024, el caso llegó a su conclusión. El casino llegó a un acuerdo civil con Carolina Flores Gómez. Los familiares no saben el monto exacto, nunca se les informó, pero Javier, tío paterno de Carolina, fue contundente al respecto en entrevista con el canal de YouTube Mafian.

No sabemos qué cantidad, no sabemos millones, pero imagínate para un asesinato en Estados Unidos. Para encubrir eso, sé que fue una buena cantidad. Algunos medios han manejado una cifra estimada de aproximada de $,00000. Oficialmente el monto sigue sin confirmarse. Lo que sí se confirmó y es el punto que la familia señala como el más revelador de todo este caso, es quien estuvo junto a Carolina el día que fue a firmar los documentos de la indemnización.

No fue su madre, no fue una amiga de confianza, no fue un abogado contratado por ella independientemente, fue Erika María Guadalupe Herrera Coriand. Su suegra, Cynfia, tía de Carolina, lo dijo sin rodeos. Tengo entendido que fue la señora Erika quien estuvo con ella cuando fue a firmar los papeles. Ella sabe cuánto dinero recibió Carolina.

De toda la gente que rodeaba a la joven modelo, la única persona, además de ella misma que conocía el monto real de la compensación era precisamente la mujer que dos años después le dispararía en la cocina de su propio departamento. Esa presencia de Erika Herrera en la firma de los documentos no es un detalle menor.

Es la pieza que para los familiares de Carolina conecta todo lo que vino después. la boda, el traslado a Ciudad de México y finalmente el crimen. Una mujer que ya sabía exactamente cuánto valía su nuera en términos económicos y que a partir de ese momento empezó a calcular qué hacer con esa información. El dinero explica muchas cosas, pero para los familiares de Carolina hay otra pieza del rompecabezas que resulta igual de inquietante, la cronología de la relación entre la exreina y su esposo, Alejandro Sánchez Herrera. Según testimonios de la

familia, la relación entre Carolina y Alejandro antes de 2024 había sido conflictiva. No era una historia de amor lineal ni estable. Había tensiones, idas y vueltas, fricciones. Pero entonces llegó la indemnización y con ella, según los tíos de Carolina, algo cambió de manera abrupta.

De repente, mucho amor y boda exprés casi, relató Javier. La boda se celebró en 2024, el mismo año en que se cerró el acuerdo económico con el casino. Para la familia esa cronología no es coincidencia, es evidencia. Para mí esto es plan con maña de ambas partes, de este Alejandro y de su mamá para quedarse con eso, afirmó el tío con claridad y añadió algo más que resulta difícil de ignorar.

Según su perspectiva, Carolina no era una mujer dependiente económicamente de su marido. Era ella quien tenía los recursos. Era ella quien tenía el patrimonio. Era ella quien había batallado 2 años en tribunales estadounidenses para obtener justicia por la muerte de su padre y con ello una compensación millonaria.

¿Por qué querría alguien casarse de manera apresurada con una mujer que acababa de recibir una indemnización multimillonaria cuando la relación había sido inestable hasta ese momento? Los familiares de Carolina tienen una respuesta. Las autoridades aún no han confirmado esta hipótesis como móvil oficial, pero la pregunta quedó planteada públicamente y no ha sido descartada por la investigación.

Alejandro Sánchez Herrera es descrito por fuentes cercanas al caso como empresario en Baja California. Su nombre y el de su madre, Erika Herrera, provienen del mismo entorno, Enenada, la misma ciudad de donde era originaria Carolina, un ecosistema familiar cerrado donde todos se conocían, donde los límites entre las familias eran porosos y donde, según se desprende de los hechos posteriores, la madre de Alejandro nunca dejó de ver a su hijo como algo que le pertenecía.

Aquí es donde este caso adquiere una dimensión que los psicólogos especializados en dinámicas familiares reconocen de inmediato. Investigadores y analistas que han revisado el caso han introducido un término clínico para describir lo que al parecer existía entre Erika Herrera y su hijo Alejandro. Enmeshment o en español entrelazamiento emocional patológico.

El emo de dinámica donde los límites individuales dentro de una familia desaparecen por completo. No hay separación sana entre madre e hijo. El hijo no tiene una identidad propia independiente de su madre. Las decisiones, las relaciones, incluso las emociones del hijo son vividas por la madre como si fueran suyas. Cuando ese hijo forma una pareja, la madre no lo percibe como un ser que se está construyendo su propia vida, lo percibe como algo que le están robando.

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