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Chalino sanchez: El Oscuro Secreto que Escondía detrás de los Narcorridos.

Esa noche, Chalino Sánchez firmó su sentencia de muerte sin saberlo. 15 de mayo del 92. En pleno escenario, alguien le entrega un papel doblado, lo lee, se queda serio y sigue cantando como si nada. Dos horas después aparece con dos tiros tirado en una brecha. Ese papel nunca se enseñó, pero quienes lo vieron dicen que tenía un nombre.

El nombre que nadie se ha atrevido a decir en voz alta hasta ahora. Quédate hasta el final porque en los próximos minutos vas a escuchar tres cosas que nadie en 34 años se ha atrevido a conectar. Una sola de ellas basta [música] para entender por qué lo mataron. Pero antes de llegar a esa brecha de tierra, hay algo que tienes que entender.

Porque lo que pasó esa madrugada cerca de los mochis no empezó esa noche, empezó 20 años antes, en un rancho escondido entre los cerros, donde una niña lloraba detrás de una puerta cerrada con candado. Y un hermano de 11 años descalso [música] escuchaba del otro lado de la pared. Rosalino Sánchez Félix nació el 30 de agosto de 1960 en las Flechas, un pedazo de tierra seca perdido en el municipio de Sinaloa de Leiva.

Polvo, gallinas, dos cuartos de adobe compartidos entre seis personas. Su padre, Santos Sánchez murió cuando Rosalino tenía 6 años. Salió una tarde a cortar leña y lo encontraron dos días después con un tiro en la espalda, a un costado de una vereda que nadie volvió a caminar. La familia nunca supo quién lo hizo. Así era el campo en el norte de Sinaloa en los 60.

La gente se moría y nadie preguntaba. Señorina Félix, la madre, quedó sola con cuatro hijos: Juana, la mayor, Armando, [música] Espiridión y Chalino, el más chico, a una mujer sola con cuatro niños en un rancho donde la autoridad más cercana estaba a 3 horas a caballo. Ahí aprendió Chalino la única ley que lo marcaría el resto de su vida.

A la gente de abajo no la protege nadie. Lo que no te arreglas tú no se arregla. Tenía 11 años cuando pasó, verano de 1971. A Juana, la hermana mayor, un hombre del rancho, la atacó. Entró a la casa aprovechando que la madre estaba fuera y la violó. Chalino estaba afuera cortando un limón para el agua.

Escuchó la puerta, escuchó los golpes, escuchó lo que vino después. Lo que Chalino escuchó esa tarde del otro lado de la pared no lo contó nunca en una entrevista. Lo que hizo con esa memoria, sin embargo, lo hizo ver todo el pueblo 4 años después. Juana no denunció. ¿A quién iba a denunciar? El hombre que la atacó, al que en el rancho conocían como Chapo Pérez, tenía dinero, amigos armados e influencia con la gente que mandaba en esa parte de la sierra.

La familia Sánchez no tenía nada. Juana se guardó el dolor, se metió en el cuarto y no volvió a salir igual. Señorina lloró en silencio. Los hermanos apretaron los dientes y Chalino, el más chico, se volvió callado de golpe. Guarda esta palabra en [música] tu mente. Callado. El silencio de un niño de 11 años en un rancho del norte de Sinaloa cuando nadie protege a su hermana.

Es una cuenta que alguien [música] algún día va a cobrar con intereses. El 17 de enero de 1975, durante una fiesta de pueblo en las afueras de las flechas, Chalino Sánchez, 15 años recién cumplidos, entró caminando al patio donde tocaba una banda. sacó una pistola calibre 22 que le había prestado un primo esa misma tarde y le vació el cargador a Chapo Pérez delante de todos.

Cuatro [música] tiros. Chapo cayó entre la gente que bailaba. Chalino salió corriendo al monte y no volvió a las flechas en 15 años. Esa misma noche se fue a caballo hasta la carretera. De la carretera tomó un camión a Culiacán. [música] De Culiacán otro a Tijuana. De Tijuana cruzó la frontera a pie porcha de la mano de un coyote que le cobró los pocos billetes que señorina le había metido en el bolsillo del pantalón.

Llegó a Los Ángeles, California, con lo puesto [música] y 15 años mal cumplidos, sin papeles, sin inglés. Solo tenía a un hermano Armando, que llevaba dos años trabajando de lavaplatos en Inglewood. Ahora escucha esto porque es la pregunta que atraviesa toda la historia. ¿Quién le prestó la calibre 22 a un niño de 15 años? ¿Y quién le enseñó el camino por el monte hasta la carretera? Esa mano adulta que se movió detrás del niño la noche del 17 de enero del 75 existió y va a volver antes del final del video.

[música] Guarda ese dato. Los Ángeles. En 1975 fue otra forma de rancho, pero sin cerros. Los mexicanos recién llegados vivían amontonados en cuartos de acho. Trabajaban en cocinas, en [música] tintorerías, en los campos de fresa de Oxnard. Ganaban en un día lo que en México ganaban en una semana, pero vivían con miedo constante, sin papeles, sin voz, sin nadie que los mirara como personas.

A Chalino le tocó todo eso. Primero lavó platos en un restaurante de Inglewood. Después cortó carne en una carnicería de la calle Olympic. Vendió autos usados en un lote de Huntington Park. Cada empleo le duraba poco porque llegaba sin papeles y lo despedían a la primera sospecha. Durante 9 años, entre 1975 y 1984, [música] Chalino Sánchez fue un indocumentado más entre miles.

Por esos años todavía no cantaba profesionalmente ni escribía corridos. Solo tenía una guitarra de segunda mano comprada en un bazar de Huntington Park y tocaba para sus amigos los fines de semana en fiestas de paisanos con un vaso de cerveza al lado. Cantaba desafinado, la voz rota, nasal, de rancho, de haber gritado demasiado temprano en la vida.

Cualquier maestra de música le habría dicho que eso no era una voz. Chalino lo sabía y le valía. 9 años trabajando como indocumentado en California, sin papeles, sin ley sin protección, y toda la rabia acumulada del rancho encerrada dentro de una guitarra de segunda mano que nadie había querido. Ese era el combustible.

Faltaba la chispa. En 1984 pasó lo segundo que iba a cambiarlo todo. A Armando, el hermano que lo había recibido en Los Ángeles, el único que le había abierto camino, fue asesinado. Lo mataron en un cuarto de un hotel barato en Tijuana. [música] Tres balazos. Nunca detuvieron a nadie. La familia nunca supo del todo qué andaba haciendo Armando ese día en Tijuana.

Todos en el barrio, sin embargo, sabían una cosa. Armando había empezado a nacer negocios con gente pesada y algo había salido mal. [música] La muerte de Armando le cayó a Chalino de otra manera. Los hermanos del campo se crían distinto. Armando había hecho por él lo que Santos ya no podía hacer. Le buscó colchón donde dormir cuando llegó a Los Ángeles.

Le enseñó a no dejarse. Le pagó la primera factura del dentista. Y ahora Chalino, a sus 24 años otra vez se quedaba sin el hombre que [música] lo cuidaba. Algo se le quebró adentro al algo que se iba a oír después en cada corrido. La primera canción que Chalino compuso fue para Armando. La escribió en una servilleta de un restaurante de la calle Alameda en el verano de 1984 llorando.

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