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BRUJO MAYOR DE CATEMACO REVELA que JULIÁN FIGUEROA fue ofrecido a UN DEMONIO

tres hijos muertos, tres hijos de sangre de carne del mismo hombre y dos de ellos con exactamente 27 años. La misma edad que tenía su padre cuando hay quienes dicen, hizo algo en las sombras que ningún ser humano debería hacer jamás. Hay historias que uno no quiere creer. Historias que duelen porque no vienen de la nada, porque tienen nombres, tienen fechas, tienen caras.

Y esta esta tiene todo eso. Tiene la cara de un hijo que se fue sin enfermedad. tiene la fecha exacta de su muerte y tiene la voz de un hombre joven, un hombre que creció entre altares y humo de copal en el pueblo más misterioso de México, que un día se sentó frente a una cámara y dijo algo que heló la sangre a todos los que lo escucharon.

Ese hombre es el unicornio negro, el brujo mayor más joven que ha tenido Catemaco en toda su historia. Y lo que él reveló sobre Julián Figueroa, sobre Joan Sebastian, sobre un pacto que se hizo hace décadas en la oscuridad, es algo que no va a poder quitarse de la cabeza en mucho tiempo. Quédese, porque esto apenas está comenzando.

Para entender lo que el brujo mayor reveló, primero hay que conocerlo a él, porque no es cualquier persona. No es un hombre que aprendió unos rezos en internet o que se puso un manto negro para hacerse el interesante. Este muchacho nació para esto. Literalmente nació para esto. Catemaco es un lugar que no se parece a ningún otro en México.

Está en Veracruz, a la orilla de una laguna que los antiguos llamaban sagrada. Ahí el aire huele diferente, la selva se mete entre las casas y desde tiempos que nadie recuerda bien, los brujos de ese lugar han sido consultados por presidentes, por narcos, por artistas, por gente desesperada que ya no encontraba respuesta en ningún otro lado.

Catemaco es, como dicen los que saben, la puerta. la puerta a lo que no se ve. Y en ese pueblo nació el unicornio negro, hijo de ángel blanco, que también fue brujo mayor antes que él, nieto de una línea de hombres que cargaron ese don desde antes de que él pudiera entender lo que significaba. Desde que era muy pequeño, con cinco añitos apenas, el niño no quería salir a jugar con los demás.

se quedaba adentro en los recintos que su padre tenía en la casa, esos altares llenos de velas, de imágenes, de cosas que la mayoría de la gente ni se atreve a mirar de frente. Y él ahí tranquilo, como si estuviera en su lugar más seguro del mundo. Su padre cuenta que una vez le pidió que saliera, que fuera a jugar, que hiciera lo que hacen los niños.

Y el muchacho lo miró con esos ojos que tenía y le dijo que no quería, que él se sentía bien ahí, que esas energías lo cuidaban. 5 años y ya sabía que su destino era otro. A los 20 años, el unicornio negro decidió entrar al consenso de brujos de Catemaco. Un grupo de 32 hombres, la mayoría con 40, 50, hasta 60 años de experiencia, que son los que deciden quién merece cargar ese título.

entrar ahí siendo casi un muchacho fue algo que nunca había pasado, pero la energía que él cargaba era tan fuerte, tan distinta, que los ancianos no pudieron ignorarla. Y a los 22 años, lo que normalmente se le da a un hombre de 40 o 50, él ya lo tenía. El título de brujo mayor de Catemaco, el más joven en toda la historia del lugar.

Con 27 años cuando su nombre empezó a correr de boca en boca por todo México, 27 años, la misma edad, hay que decirlo, que tenían dos de los hijos de Joan Sebastián cuando murieron. El unicornio negro no se hizo famoso por andar en la televisión de siempre, se hizo famoso en los podcast de YouTube, en esos programas nocturnos donde se habla de cosas que nadie más se atreve a tocar.

llegaba con su energía, con su historia, con esa forma de hablar que tiene directa y a la vez envolvente y contaba cosas, cosas que hacían que la gente dejara de respirar por un momento. Habló de trabajos que hizo para personajes muy poderosos de México. habló de pactos, de cómo funcionan, de lo que cuestan y dijo algo que se quedó grabado en la mente de muchos, que había sido testigo de los pactos más oscuros que una persona puede imaginar.

Pactos que no se cierran con dinero, pactos que se cierran con algo que no tiene precio. Y fue en ese contexto donde el nombre de Joan Sebastian salió y donde todo lo que se sabía de esa familia empezó a verse con otros ojos. Para entender lo que el unicornio negro dijo, “Hay que ir al principio. Hay que ir a los 27 años de Joan Sebastian.

A ese momento de su vida en que era un muchacho sin dinero, sin fama, sin nada, que quería comerse el mundo y no encontraba la puerta. Joan Sebastián en aquellos años era José Manuel Figueroa, un joven de la sierra de Guerrero que había venido a la ciudad con una guitarra y un sueño que lo quemaba por dentro.

Había tocado puertas, había sido rechazado, había trabajado de lo que fuera, vendiendo autos, haciendo comerciales de radio, cantando en cantinas por unos cuantos pesos. La vida no le abría el camino y él lo necesitaba con una desesperación que la gente de su entorno podía ver en sus ojos. Y él no era un hombre ignorante.

Había estado en el seminario. Había rezado, ayunado, estudiado las escrituras. Había estado más cerca de lo sagrado que la mayoría de la gente que alguna vez oyó una misa. Y los que están cerca de lo sagrado saben también dónde está lo contrario. Lo saben exactamente, porque para distinguir la luz hay que saber cómo luce la oscuridad.

Y Joan Sebastian sabía. Hay quienes dicen que en ese tiempo conoció a un hombre que venía de las sombras, un hombre que le habló de un camino que no era el de los contratos, ni los productores, ni las audiciones. Un camino que no se recorre de día. Lo que pasó en esa oscuridad nadie lo vio, pero lo que vino después todos lo conocemos.

Joan Sebastián pasó de ser un desconocido a convertirse en uno de los compositores más importantes de México. Las canciones le salían como agua. Las puertas que antes se cerraban ahora se abrían solas. La fama llegó, el dinero llegó, los premios llegaron, los ranchos y los caballos llegaron. Todo llegó con una velocidad y una abundancia que muchos de sus colegas, cantantes con más años y más preparación nunca alcanzaron.

Y hay quienes se preguntaron en voz baja de dónde venía todo eso. Pero la vida de Joan Sebastian no fue solo brillo, fue también sombra. Una sombra que se fue haciendo más grande con los años y que cayó de la manera más cruel que puede caerle a un padre. Cayó sobre sus hijos. El 27 de agosto de 2006, Joan Sebastian estaba en Texas.

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