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¡ATACAN a LOS HARFUCHS! ¡GUERRA en CULIACÁN y HARFUCH REVIENTA CONVOY de MALANDROS!

Omar García Harfush informó la muerte de dos presuntos agresores tras un enfrentamiento con fuerzas federales en Culiacán. Atención, noticia urgente. Un grupo de sicarios emboscan a elementos de los Harfuxs, el grupo de élite que el mismo Omar García Harfuch, creo, se armó un brutal toponazo donde el saldo fue de cinco armas largas, una granada de fragmentación, una camioneta con las iniciales del jefe Mayito Flaco pintadas en la puerta como si la impunidad fuera un uniforme.

Eso fue lo que Omar García Harfuch recuperó este viernes en las afueras de Culiacán después de que su gente caminara directo hacia una trampa que el mallito flaco llevaba días preparando. Pero aquí está lo que ningún noticiero te explicó. Los agentes federales no fueron esa mañana a buscar sicarios, fueron a investigar un secuestro.

un grupo de víctimas que la célula del mallito flaco había retenido y soltado días antes. Y alguien, alguien con acceso a los itinerarios operativos de la SSPC le avisó a esa célula exactamente a qué hora llegaban los federales y por qué brecha iban a entrar. Esa pregunta, ¿quién dio el aviso? ¿Quién vendió el movimiento? ¿Quién mandó a esos agentes a una emboscada? Con información privilegiada.

tiene nombre en los archivos de Harfush, pero ese nombre todavía no está en ningún reporte público. Hoy te cuento lo que sí pasó, segundo a segundo, bala a bala, y al final de este video vas a entender por qué el operativo de la limita de Itaje no termina con los dos sicarios que cayeron ese viernes. Pero hay algo que los noticieros no te van a contar.

Para entender lo que pasó en la límita de Itajee, necesitas entender quién es Ismael Zambadas y Cairos. El mayito flaco no heredó el apellido Zambada como decoración, lo heredó como mandato. Hijo de Ismael el mayo Zambada Tomo, el fundador, el arquitecto, el hombre que construyó el cártel de Sinaloa mientras los demás se mataban entre sí.

El mallito flaco opera la facción conocida como la misa con una lógica simple. El territorio no se negocia, se defiende con sangre y cualquier presencia federal en su zona es una declaración de guerra. Desde septiembre de 2024, Culiacán dejó de ser una ciudad y se convirtió en un tablero. La guerra interna del cártel de Sinalo a los Tapcomipa Inima Sinela, a los chapitos contra los mayos.

fracturó estructuras que llevaban décadas funcionando. La limita de Itaje, una comunidad rural a las afueras de la capital sinaloense, se convirtió en uno de esos territorios grises donde el Estado mexicano entra con cautela y el crimen organizado opera con la confianza de quien conoce cada brecha, cada camino de tierra, cada hora en que los vecinos cierran las ventanas.

La célula que operaba ahí no era improvisada, tenía vehículos, tenía armamento, tenía comunicaciones y tenía algo más peligroso que todo eso. Tenía información. La temperatura esa mañana en la zona rural de Culiacán rondaba los 28ºC antes de las 7. El polvo de los caminos de terracería se levantaba con cualquier vehículo que pasara.

Los pájaros todavía cantaban. Nadie en esa comunidad sabía que en menos de 2 horas esos caminos iban a oler a pólvora. Y entonces llegó el dato que lo cambió todo. La célula delito flaco no cayó ese viernes porque Harfera más inteligente. Cayó porque cometió tres errores en tres semanas.

Tres decisiones que en su momento parecieron correctas. Tres decisiones que en retrospectiva construyeron ladrillo por ladrillo su propia tumba. El primero lo cometieron tres semanas antes. La célula tenía retenidas a varias personas en la zona rural entre la limita de Itaje y Ayuné. En algún momento, ya sea por negociación, por presión territorial o porque las víctimas dejaron de tener valor de cambio, tomaron la decisión de soltarlas. Pareció inteligente.

Cuerpos generan investigaciones, rehenes liberados generan silencio. Las víctimas iban a volver a sus casas con miedo suficiente para no hablar. Lo que la célula no sabía era que esas víctimas hablaron, dieron nombres, dieron rutas, dieron descripciones de los vehículos que usaban sus captores. Y cada palabra que dijeron fue directo a los archivos de la SSPC, construyendo el mapa que Harf necesitaba para enviar a sus agentes exactamente a esa zona.

El segundo error lo cometieron 5 días antes del operativo. Con las víctimas ya liberadas, el jefe de la célula tomó una decisión que cualquier operador experimentado habría tomado, no mover la base. Cambiar de posición después de soltar rehenes habría generado movimiento y el movimiento genera atención.

La normalidad era el mejor camuflaje. Siguieron usando los mismos caminos, la misma camioneta, las mismas frecuencias de radio. Lo que no calcularon fue que un dron de reconocimiento de la SSPC ya llevaba días mapeando patrones de movimiento en esa zona. La frecuencia 462,550 MHz que usaba la célula para sus comunicaciones internas fue interceptada el martes previo al operativo.

Para el jueves en la noche, los analistas de inteligencia ya tenían identificadas las coordenadas exactas donde operaba la célula. 24º 38 minutos 42 segundos. Norte 107º 21 minutos 18 segundos. oeste, un punto en el mapa que la célula creía invisible. El tercer error lo cometieron esa misma mañana. Cuando los vigías detectaron movimiento de vehículos federales aproximándose por la brecha principal, el jefe tomó la decisión que le pareció más lógica, no huir, sino emboscar.

Tenían posición elevada, conocían el terreno y calcularon que podían neutralizar el reconocimiento antes de que reportara su ubicación exacta. Era una ventaja táctica real. En cualquier otro escenario habría funcionado. Lo que no sabían era que el dron llevaba 47 minutos sobrevolando la zona en modo silencioso, a 400 m de altitud, transmitiendo imagen térmica en tiempo real al centro de mando de la SSPC.

Los vehículos federales que vieron acercarse por la brecha no eran el operativo, eran el ceñuelo. El cerco real estaba cerrado antes de que decidieran disparar. Ese tercer error fue lo último que calcularon mal, porque esa madrugada Harfush ya tenía todo lo que necesitaba. A las 5:14 horas del viernes, los primeros elementos de la SSPC comenzaron a moverse hacia la limita de Itaje, sin sirenas, sin luces, sin el ruido que anuncia, quién sabe escuchar que algo viene.

La columna se dividió en tres grupos de penetración antes de entrar a la zona rural. El primer grupo tomó la brecha principal, el camino que los vigías de la célula podían ver y el camino que la célula esperaba. El segundo grupo rodeó la zona por el flanco oeste, moviéndose a pie por terreno de maleza durante 22 minutos, sin comunicación de voz, solo señales táctiles.

El tercer grupo mantuvo posición en los accesos de salida, las brechas por donde la célula habría huído si hubiera decidido correr en lugar de pelear. Nadie corría, nadie hablaba. El único sonido era el crujido de las botas sobre Tierra Seca y el zumbido casi inaudible del dron a 400 m de altura, transmitiendo imagen térmica en tiempo real.

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