Posted in

Así fue la vida de Blanca Estela Pavón y Su Casa | Amores, Secretos y el día que murió

En el corazón de la ciudad de México, entre columnas antiguas y balcones de otra época, sobrevive un rincón lleno de historia, de cine y de nostalgia. Una casa que la mayoría de los mexicanos no sabe que existe. Una casa que no tiene placa conmemorativa, que no aparece en las guías turísticas, que no recibe visitas de fans ni ofrendas de admiradores, pero que sigue ahí de pie, con las mismas paredes que un día vieron crecer a una niña que montaba teatritos con sábanas para entretener a sus hermanos. Con los mismos balcones que un

día vieron pasar a una joven promesa del cine mexicano que se convertiría en leyenda antes de cumplir 24 años. Según quienes la conocieron, la construcción ha tenido modificaciones con el paso de las décadas, pero conserva su esencia original. El mismo color, las mismas columnas, la misma estructura que la familia Pavón Vasconcelos levantó cuando llegó desde Veracruz buscando una vida mejor en la capital.

Ahí en la alcaldía Miguel Hidalgo, en una colonia que nació de los terrenos fraccionados de una antigua hacienda, creció Blanca Estela Pavón, la menor de cuatro hermanos. La niña que a los 9 años ya trabajaba en la radio. La adolescente que le prestó su voz a Ingrid Bergman para Hollywood. La mujer que todo México conoció como La Chorreada, la que hizo llorar a millones al lado de Pedro Infante, la que vivió en esa casa hasta el día en que se subió a un avión que nunca llegó a su destino.

26 de septiembre de 1949. Un avión Douglas DC3 de la Compañía Mexicana de Aviación despega del aeropuerto de Oaxaca a las 12:40 de la tarde. Adentro viajan varias personas, entre ellas una mujer de 23 años y su padre. Ella lleva el pelo recogido, una sonrisa que no se le borra ni cuando duerme y un hombre que todo México repite desde hace apenas un año.

Es la mujer más querida del cine mexicano. Es la que hizo llorar a millones interpretando a la novia de Pepe el Toro. Es la que con su voz y su gracia natural le dio vida al personaje más entrañable de nosotros los pobres. Es la chorreada. Ella no debería estar en ese avión. Ni ella ni su padre. Los dos asientos que ocupan no eran suyos.

eran de un matrimonio al que ella convenció de cederle los lugares porque tenía un compromiso urgente en la ciudad de México. El avión original en que debían viajar había sufrido una avería y se quedó en tierra. Y la prisa, esa prisa que tienen las estrellas jóvenes cuando sienten que el mundo no puede esperar, la empujó a buscar otro vuelo, a pedir, a insistir, a conseguir esos dos asientos que no le correspondían.

Y al hacer eso, sin saberlo, le salvó la vida a otro hombre. Un cómico joven llamado Marco Antonio Campos, al que todos conocían como Viruta. Él iba a volar en ese avión. Esos eran sus lugares, pero Blanca Estela lo convenció de que se lo cediera. Viruta aceptó, se quedó en tierra y vivió 60 años más. Blanca Estela Pavón no vivió ni uno más.

A la 1 de la tarde, cuando el avión se acercaba a la Ciudad de México, el piloto Alfonso Rebou Las Casies estableció contacto con la torre de control. Su voz sonaba alterada, nerviosa, al borde del pánico. Dijo, “Estamos volando por contacto. Acabamos de pasar por Puebla. Se puede ver el volcán Popocatepet bajo nosotros.

Tenemos graves problemas de visibilidad y turbulencias severas.” Y después gritó una última frase que fue interrumpida por la estática: “Volamos a 13 pies.” Y luego silencio. El avión se estrelló contra el pico del fraile, una zona del volcán Popocatepet. En el municipio de Atlautla, Estado de México.

El impacto fue brutal. No hubo sobrevivientes. Todos los pasajeros murieron en el acto. Algunos cuerpos quedaron cal otros fueron encontrados destrozados entre los restos del fuselaje. El cuerpo de Blanca Estela fue encontrado cerca del de su padre. Tenía múltiples fracturas. La más grave, la del cráneo.

Un hombre llamado Ignacio Beltrán levantó su cuerpo, lo envolvió en un petate y lo colocó sobre una mula para bajarlo de la montaña. Así descendió del Popocatep la actriz más prometedora del cine mexicano con 23 años. Y esta no es solo la historia de cómo murió Blanca Estela Pavón. Esta es la historia de cómo vivió, de como una niña nacida en la pobreza de Minatit Lan, Veracruz, la menor de cuatro hermanos, que a los 9 años ya trabajaba en la radio, que venció una neumonía infantil que casi la mata antes de que pudiera empezar a vivir, se convirtió en

la pareja cinematográfica de Pedro Infante, en la mujer que dobló la voz de Ingrid Bergman para Hollywood, en la actriz que ganó un Ariel de Plata antes de cumplir 22 años y en el rostro que México adoptó como símbolo de la belleza humilde de la dignidad. en la pobreza, del amor que sobrevive a todo menos a la muerte.

Pero para entender la magnitud de lo que México perdió ese 26 de septiembre de 1949, primero hay que volver al principio, a una casa pobre en Veracruz, donde una niña cantaba antes de saber que cantar podía salvarle la vida. Minatitlan, Veracruz, 21 de febrero de 1926. En una familia humilde nace la cuarta hija de Francisco Pavón y Josefa Vasconcelos. La llaman Blanca Estela.

Es la menor, la más chiquita, la que llega cuando los recursos ya están repartidos entre los tres hermanos mayores y lo que queda apenas alcanza para sobrevivir. La infancia de Blanca Estela estuvo marcada por dos cosas, la inestabilidad y el arte. La inestabilidad venía del trabajo de su padre.

Francisco Pavón buscaba constantemente una mejor situación económica, lo que obligaba a la familia a mudarse de un lugar a otro. Vivieron en Minatitlan Llan. Después en Orizaba, Veracruz y finalmente se trasladaron a la Ciudad de México. Cada mudanza era un arranque de raíz, un empezar de nuevo, una casa nueva donde acomodarse con lo poco que tenían.

Pero el arte estaba ahí desde el principio, desde antes de que nadie le enseñara nada. Blanca Estela improvisaba pequeños escenarios teatrales en su casa para entretener a sus hermanos. Montaba obras con lo que encontraba. Sábanas como telones, sillas como escenografía. muñecas como público era su juego favorito. No sabía que estaba ensayando para una carrera que la convertiría en leyenda.

Y hubo algo más que marcó su infancia temprana, algo que casi nadie menciona cuando hablan de ella, pero que es fundamental para entender su historia. Blanca Estela venció una neumonía infantil, una enfermedad que en los años 30 en un pueblo pobre de Veracruz con acceso limitado a medicina podía matar a un niño en cuestión de días.

Blanca Estela sobrevivió. Su cuerpo pequeño luchó contra la infección y ganó. Y esa victoria temprana contra la muerte resulta casi cruel cuando se mira desde el final de la historia, porque la muerte no la olvidó, solo la esperó, le dio 23 años de plazo y después vino a cobrar. A los 9 años, ya instalada con su familia en otra ciudad, Blanca Estela se integró al elenco de una radiodifusora local, 9 años.

Read More