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ANTONIO DE NIGRIS : TODO ERA MENTIRA (La Verdad Salió A La Luz)

Ídolo de Rayados, el que le clavó un golazo a Brasil en el Jalisco, 37 goles con la pandilla. Cuando Monterrey levantó el título en 2009, ya estaba en una urna, 31 años. muerto en una cama rentada en Grecia y su muerte fue culpa de una firma en Monterrey. Vas a saber quién firmó, vas a saber cuánto cobró y vas a saber por qué su madre 15 años después todavía no perdona.

Pero antes de llegar a esa cama en Grecia, hay algo que tienes que entender, porque esa firma en Monterrey no fue el principio de la tragedia. fue el último eslabón de una cadena que empezó 30 años antes en un patio polvoso del norte de México con un niño que ya tenía el corazón mal hecho y no quería [música] que nadie se diera cuenta. Antonio de Nigris Guajardo nació el primero de abril de 1978 en Monterrey, Nuevo León. Casa modesta.

Padres trabajadores. Don Jesús Alfonso de Nigris al frente. Doña Leticia Guajardo cuidando a cuatro hijos. la hermana Leticia y tres varones, Poncho, Antonio y Aldo. Cualquiera que conociera a esa familia lo contaba igual. Tres muchachos en una casa eran tres tormentas que se peleaban como animales, se reconciliaban como hermanos y a la mañana siguiente otra vez agarraban la pelota.

Antonio traía algo distinto desde chamaco. Lo veías correr en una cancha de tierra y entendías que ahí adentro había un motor que los demás muchachos no cargaban. Le decían carácter, le decían personalidad. La palabra real era coraje. En las canchas de barrio de Nuevo León, donde el polvo se metía en los ojos y los zapatos no aguantaban dos meses.

El tano salía expulsado casi cada domingo. Se peleaba con los árbitros, se peleaba con los rivales, se peleaba con sus propios compañeros y no corrían lo que él corría. [música] Aldo, el hermano menor, lo seguía a todas partes, le hacía la maleta, le acomodaba las vendas, lo miraba desde fuera de la cancha como quien mira a un héroe.

Años después, con la voz quebrada en una entrevista para ESPN, Aldo lo diría sin disimulo. Para él, Antonio fue siempre un héroe. Hay una escena del barrio que la familia recuerda con detalle. Una tarde de domingo en la cancha de tierra que estaba a unas calles de la casa, Antonio, con 14 o 15 años se peleó con un muchacho 2 años mayor que le había metido la pierna fuerte.

El otro era más alto, más ancho. La gente del barrio se acercó a separarlos. Don Jesús, el papá, llegó cuando ya los tenían tomados de la camiseta. le preguntó al tano qué había [música] pasado. El Tano, con la nariz sangrando, le contestó una sola frase. Le dijo, “Nadie me toca cuando yo tengo la pelota.

” Don Jesús lo agarró del brazo y se lo llevó a la casa. En el camino, según lo que [música] doña Letti contaría décadas después, su esposo le dijo a Antonio una frase que se quedó grabada en el muchacho. Le dijo que el coraje sirve para ganar partidos, pero que el coraje sin cabeza es lo que mata a los hombres jóvenes. El tano no respondió, pero esa frase, según la madre, la cargó toda la vida.

Lo que ese niño con coraje no sabía, lo que su mamá apenas empezaba a sospechar y lo que un médico le confirmaría años más tarde casi en un susurro, es que Antonio de Nigris ya cargaba en el pecho una sentencia escrita desde la cuna. Lo que la familia recuerda con una incomodidad que [música] nunca se ha borrado es que al Antonio le hicieron exámenes médicos cuando era muy joven, estudios de rutina, papeles de seguros, trámites de fichaje.

Y en uno de esos exámenes, un doctor de Monterrey movió la cabeza y le dijo a la familia que el corazón del muchacho no estaba como debería estar, que el músculo cardíaco era más grueso de lo normal, que había que vigilarlo de cerca. A esa altura, Antonio ya estaba metido en las divisiones inferiores. Tenía 15, 16 años.

Era un delantero alto, rápido, con la cabellera larga al viento, con el remate aéreo aprendido a punta de cabezazos en cancha de tierra. Nadie le iba a decir que se bajara del tren. Doña Leticia se fue a su casa con el papel del médico apretado contra el pecho. Se lo guardó. No lo tiró, pero su hijo siguió jugando. Ese papel, el primero de varios que la familia iba a ir guardando en cajones a lo largo de los años, todavía existe.

Y antes de que termine este video, vas a saber lo que decía el último de esos papeles. Vas a saber quién lo firmó y vas a entender por qué doña Leticia 15 años después todavía no puede pronunciar ese nombre sin que se le quiebre la voz. El 6 de febrero del año 2000, en el viejo estadio tecnológico de Monterrey, Antonio de Nigris saltó al césped con la camiseta del primer equipo de los Rayados. Tenía 21 años recién cumplidos.

El técnico era el español Benito Floro, hombre serio, ojo entrenado, que lo había mirado en la pretemporada y había dicho dos palabras. Este sí. Lo que pasó en los siguientes 24 meses se cuenta en una sola cifra, 37 goles, 65 partidos con la [música] pandilla. Una proporción que en el fútbol mexicano, donde los delanteros completos se cuentan con los dedos de una mano, no se veía desde hacía años.

Premio al mejor novato de la temporada del año 2000. Camiseta número nueve. ídolo instantáneo. [música] La afición lo adoptó con una velocidad que hasta él se sorprendía. La forma de pelearse con los zagueros, de empujar, [música] de gritar, de reclamarle al árbitro hasta que el árbitro le sacaba la amarilla.

El tano peleaba la pelota como si esa pelota fuera la única cosa que le quedaba en [música] el mundo. En las gradas del tech, los señores que llevaban a sus hijos al estadio señalaban hacia abajo y decían siempre la misma frase: “Ese muchacho [música] juega con todo el corazón.” Lo que esos señores no podían imaginar, lo que el propio Tano se negaba a aceptar y lo que doña Leticia ya empezaba a sospechar cuando lo veía respirar fuerte después de [música] los partidos.

Es que esa frase repetida Domingo tras domingo en el norte de [música] México iba a convertirse 9 años después en la peor ironía posible, porque el corazón con el que el tano jugaba [música] era exactamente el corazón que lo iba a matar. Antes de hablar de la salida de Rayados, hay una fecha del año 2001 que el público mexicano de cierta edad todavía recuerda con claridad.

7 de marzo del 2001, Estadio Jalisco de Guadalajara. Partido amistoso de la selección mexicana contra Brasil. La selección de los Cafú, los Roberto Carlos, los Rivaldo. La selección que un año después ganaría el mundial de Corea y Japón. El técnico Enrique Mesa convocó [música] al Tano por primera vez, 22 años, cabellera larga al viento, [música] la camiseta del tricolor sobre los hombros.

A los pocos minutos del primer tiempo, [música] en una jugada que después se vería 100 veces en la televisión mexicana, llegó un rechace [música] dentro del área brasileña. El tano enganchó la pelota de zurda, la acomodó, la mandó al fondo. Estadio Jalisco de pie. Comentaristas mexicanos eufóricos. El Tano corriendo hacia la banda con los brazos abiertos gritándole al cielo.

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