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Angélica Vale: La Mansión, El Divorcio, Los Secretos y Todo Lo Que No Te Han Contado

una mansión de más de $3,000000es en uno de los vecindarios más exclusivos de Los Ángeles, California. Una sola planta, cinco [música] habitaciones, cinco baños, piscina, casa de huéspedes, un terreno de más de 20,000 m², paredes decoradas con obras de arte, una sala con chimenea, sofás amplios y un televisor enorme, una cocina que parece salida de una revista de diseño y afuera un jardín donde dos niños juegan mientras su madre revisa el guion de su próximo proyecto entre llamadas telefónicas, ensayos de radio y

videollamadas con su abogado de divorcio. Esa mansión pertenece a Angélica Vale, la mujer que hizo reír y llorar a más de 30 millones de personas con la fea más bella, la hija de la novia de México, la nieta de una de las guionistas más importantes del cine de oro mexicano, la actriz que apareció en televisión por primera vez a los dos meses de edad, la comediante que tiene una estrella en el paseo de la fama de Hollywood, la imitadora que puede convertirse en Talia, Gloria Trevi, Paulina Rubio o Verónica Castro en menos

de 10 segundos. La mujer que a los 14 años escapó de una cosa de un productor musical. La mujer que a los 6 años fue sacada de Televisa con policías. La mujer que dejó de hablarle a su padre durante 2 años y que hoy dice que ese fue el peor error de su vida. La mujer que acaba de enfrentar un divorcio que sacudió al mundo del espectáculo después de 14 años de matrimonio.

Y esta no es la historia que te cuentan en las revistas de chismes. Esta es la historia completa, la que empieza tres generaciones antes de que Angélica Vale naciera, la que incluye una abuela que fue la verdadera arquitecta de una dinastía, un padre mujeriego que destruyó un matrimonio y murió de cáncer dejando solo deudas. Una madre que padeció cáncer de mama y sobrevivió.

Una infancia entre foros de televisión, aplausos ajenos y la presión constante de ser la hija de que hay detrás del divorcio con otro padrón, los rumores de infidelidad, el acuerdo prenupsial y la mansión de 3 millones de dólares, que ahora es el escenario de una nueva etapa en su vida. Pero para entender a Angélica Vale, no puedes empezar por ella.

Tienes que empezar por la mujer que inventó todo, la mujer que muy pocas personas conocen. La mujer sin la cual no habría ni novia de México ni fea más bella. Tienes que empezar por la abuela Angélica Ortiz Sandoval. Si buscas su nombre en internet, encontrarás poco. Si preguntas en la calle casi nadie la conoce. Pero si le preguntas a Angélica, ¿vale quién fue la persona más importante de su vida? La respuesta es inmediata. Sin tituar.

Soy absolutamente todo lo que soy gracias a mi abuela. Esa frase dicha en la ceremonia del paseo de la fama de Hollywood no es un homenaje vacío. Es la verdad literal, porque Angélica Ortiz fue guionista, cineasta, directora teatral y productora en una época en que las mujeres no hacían ninguna de esas cosas.

Trabajó en el cine de oro mexicano, escribió guiones, montó obras de teatro y sobre todo [música] construyó las carreras de su hija y de su nieta con una visión estratégica que ningún manager profesional habría podido superar. Fue Angélica Ortiz quien descubrió que su hija, Angélica María, podía ser una [música] estrella. O más exactamente, fue la hermana de Ortiz Yolanda, quien llevó a la pequeña Angélica María a una fiesta donde estaba el productor Gregorio Berstein, el llamado sar del cine mexicano.

Bayerstein buscaba un niño para protagonizar su próxima película, Pecado. Yolanda tuvo una idea. Vistió a su sobrinita de 5 años como varoncito, le recogió el cabello y la presentó como candidato. Bayernstein quedó impresionado por la tenacidad de la niña y le dio el papel. Así nació artísticamente Angélica María y así empezó la dinastía.

Desde ese momento, Angélica Ortiz se convirtió en la directora de orquesta de la familia. Manejó la carrera de su hija desde la infancia hasta la adultez. La guió, la protegió, la moldeó y cuando nació la nieta hizo exactamente lo mismo. Angélica Vale nació el 11 de noviembre de 1975 en la Ciudad de México. Su madre era Angélica María, la novia de México, una de las actrices y cantantes más queridas del país.

Su padre era Raúl Vale Castilla, un artista venezolano nacido en Maracaibo el 20 de abril de 1944, que había llegado a México siendo muy joven y se había convertido en comediante, cantante, compositor y conductor de televisión. Lo llamaban el hombre del espectáculo porque podía hacer de todo. Tocar piano, arpa, mandolina, guitarra, bajo, armónica, órgano. Compuso más de 700 canciones.

Grabó 42 discos. hizo más de 15,000 presentaciones en vivo. Era una fuerza de la naturaleza. Angélica María y Raúl Vales se casaron en 1975. Parecían la pareja perfecta del espectáculo mexicano. Ella era la novia del país. Él era el hombre que hacía reír a todos. Juntos eran brillo puro. Y cuando nació Angélica Vale, el círculo parecía cerrarse con perfección.

La dinastía ahora tenía tres generaciones. Pero guarda esto en tu memoria. Porque detrás de esa imagen perfecta, las grietas ya estaban apareciendo y esas grietas, alimentadas por el ego, la fama y los secretos terminarían destruyendo el matrimonio y dejando cicatrices que Angélica vale carga hasta el día de hoy.

La primera señal de que algo no estaba bien fue invisible para el público, pero visible para la niña que crecía entre bastidores. Angélica Vale apareció por primera vez en televisión a los dos meses de edad en la telenovela El milagro de vivir, protagonizada por su madre. A los 3 años ya participaba en telenovelas y películas.

A los cinco estaba en la comedia musical Soy las sonrisas. A los siete le propuso a su abuela crear un espectáculo infantil y nació el club de la amistad que duró 3 años en cartelera. A los 9 debutó en el mago de OS. A los 13 interpretó a Sandy en vaselina, convocada por la productora Julisa.

A los 14 [música] actuó en los tenis rojos y en Mamá ama el rock al lado de Ricky Martín. Esa infancia no fue normal. No fue la infancia de una niña que juega en el parque, que va a fiestas de cumpleaños, que descubre el mundo a su propio ritmo. Fue la infancia de una profesional en miniatura, de una niña que a los 7 años ya sabía leer un libreto, memorizar diálogos, pararse en un escenario y sostener la mirada de un público de adultos, de una niña que creció entre camerinos, ensayos, luces calientes y la sensación constante de que el aplauso era la única forma válida

de existir. Y todo eso lo administraba la abuela. Angélica Ortiz era quien la llevaba a las audiciones, quien negociaba los contratos, quien la acompañaba a los ensayos, quien la protegía de una industria que no estaba diseñada para cuidar a las niñas. Era la guardiana, el escudo, la mujer que se interponía entre su nieta y un mundo que podía devorarla.

Y esa protección fue real porque la industria del entretenimiento mexicana de los años 80 era un territorio peligroso para una adolescente y Angélica Vale lo descubrió de la peor manera posible. Tenía 14 años cuando un productor musical la llamó a su casa. Le dijo que fuera a su [música] estudio, pero puso una condición que no llevara a su abuela. Piensa en eso.

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