Posted in

El aire se llenó de tensión cuando los frenos chirriaron. Girasol, con el corazón en un hilo, gritó con desesperación:

El aire se llenó de tensión cuando los frenos chirriaron. Girasol, con el corazón en un hilo, gritó con desesperación:

—¡No, no! ¡Ay, no, no, no, no! ¿Qué te pasa? Casi me atropellas.

Carlos, bajando de su camioneta con la arrogancia que da el dinero y el alcohol, respondió sin pizca de remordimiento:

—¿Casi te atropello? ¿Y mi camioneta qué? Seguramente se le madriaron los frenos por tus jarrones esos.

—Si me estás escuchando, te estás haciendo tonto —replicó ella, indignada—. Casi me atropellas y aparte estás borracho.

—Borracho… —se burló él—. A ver, alguien se va a tener que hacer cargo de mi camioneta y con las fachas que tienes, yo creo que no te alcanza ni para un cambio mío.

En ese momento, el padre de Girasol apareció en escena.

—Hija, igualito ya te sirven los frenos. ¿Qué tienes?

—Este tipo casi me atropella y aparte viene borracho —se quejó Girasol—, el animal está tomado.

El padre, vestido de oficial, se cuadró frente al joven:

—¿Cómo que casi atropellas a mi hija? A ver, tu licencia y tu registro.

Carlos soltó una carcajada cínica:

—[Risas] A ver… No, no, no. Trajiste a tu papá vestido de policía.

—Ni te burles. Vas a pagar por lo que hiciste —sentenció la joven.

—No lo vuelvo a repetir: tu licencia y tu registro —ordenó el oficial con voz de acero.

—Sí, sí. Oh, sí, sí. Mira, aquí está mi licencia —dijo Carlos entregando los papeles de mala gana—. No confundo mi paciencia… aquí está mi registro.

El oficial lo interrumpió con una advertencia final:

—No confundas mi paciencia con lo que te puede pasar. Okay. Es mi hija de la que estamos hablando y si le vuelves a faltar al respeto, voy a romper algo más que mi cordura. Es más, ¿sabes qué? Tú te vienes con…

Read More