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Teófilo Gutiérrez: El Capo Que Eligió Ser Futbolista!

13 de enero de 2015, arranca el año y el prestigioso diario El País de Uruguay está a punto de anunciar el galardón individual más importante del continente, premiando al mejor jugador de la temporada pasada, el premio al rey de América. En la lista de candidatos hay monstruos que la están rompiendo en Brasil y en Argentina, pero cuando se abre el sobre, el ganador absoluto es un colombiano, un delantero de Riverplate que no solo hace goles, sino que juega de traje con una elegancia que humilla a los rivales y un ego que no cabe en

ningún estadio. Teófilo parecía el villano de una película de gangsters, un auténtico capo de la mafia que por azares del destino eligió ganarse la vida pateando una pelota. Bienvenidos a Fútbol relativo. Hoy te traigo la historia del último gran rebelde del fútbol sudamericano. Hoy analizamos Teófilo Gutiérrez, el capo que eligió ser futbolista y te aviso, repasar sus escándalos mundiales, sus lujos y su extravagante carrera te hará entender por qué a pesar de volver loco a medio mundo, este tipo es una leyenda

inolvidable. Empecemos. Para entender la siquis indescifrable de Teo, tenés que viajar a donde todo empezó, el barrio La Chinita en Barranquilla. Esta es una de las zonas más bravas, humildes y peligrosas de toda Colombia. Ahí o te haces fuerte o te comen vivo. En esas calles de tierra, rodeado de pobreza y violencia, Teo forjó su personalidad.

tenía la picardía del barrio, la sangre fría de un pandillero, pero en lugar de elegir el camino de la calle o la delincuencia, canalizó toda esa rebeldía y extravagancia directamente en sus botines. Debutó en el Barranquilla FC y luego pasó al equipo de sus amores, el Junior, donde empezó a inflares con una facilidad asombrosa.

Su nivel era tan alto que en 2010 cruzó el charco por primera vez para jugar en el Trapson Sport de Turquía. En Europa del Este, Teo demostró de inmediato de qué estaba hecho. En la final de la Supercopa de Turquía contra el Bursa Sport. Se despachó con un hattrick espectacular, dándole el título a su equipo y convirtiéndose en el héroe de la noche.

Parecía que iba a conquistar Europa, pero la cabeza de Teo funciona a otro ritmo. La barrera del idioma, el frío y la lejanía lo ahogaron. Fiel a su estilo incontrolable, abandonó el club abruptamente. Se subió a un avión de regreso a Colombia sin el permiso de los dirigentes, alegando problemas de salud, y cerró la puerta de Turquía en medio de un escándalo contractual.

Ahí es cuando el fútbol argentino, ese ecosistema donde la pasión Rosa la locura, puso sus ojos en él. En 2011, Racing Club lo trajo a la Argentina y su impacto fue un tsunami absoluto. Teo no necesitó ni medio partido de adaptación. En su primer torneo se coronó como el máximo goleador del campeonato con 11 tantos. Sus estadísticas eran brutales, pero lo que enamoraba era su forma de jugar.

la pisaba, daba pase sin mirar, definía picándosela al arquero. Era el dueño absoluto de la academia, pero así como era un genio con la pelota, su cabeza era una bomba de tiempo. Su paso por Argentina estuvo marcado por escándalos surrealistas. Se hacía expulsar por provocar a los árbitros, se peleaba con los rivales y todo culminó en el recordado clásico de Avellaneda contra Independiente en 2012.

Tras ser expulsado tontamente y dejar a su equipo con 10 en medio de una goleada en contra, el vestuario de Racing fue un infierno. El capitán Sebastián Saja lo fue a buscar para agarrarse a trompadas y en medio del caos, Teo con la cara ensangrentada sacó un arma de aire comprimido de su mochila y le apuntó directamente al pecho a sus compañeros.

Esa imagen saliendo del estadio solo, subiéndose a un taxi en la calle con el bolso al hombro es la viva estampa de un capo al que no le importaban las reglas. Cualquier otro jugador hubiera terminado preso o exiliado del fútbol, pero el talento de Teo era demasiado grande para ser ignorado.

Después de un paso fugaz por la Nús, empacó las valijas y se fue a México en 2013 para ponerse la camiseta del Cruz Azul. En la máquina cementera demostró rápidamente que su calidad técnica estaba muy por encima de la media de la Liga MX. Fue una pieza clave para romper una sequía de títulos del club.

coronándose campeón de la Copa MX y anotando un gol decisivo en la final contra el Atlante. Sin embargo, Teo se aburre rápido. A los pocos meses forzó públicamente su salida de México peleándose con la directiva porque su único deseo era volver a Argentina para jugar en el club de sus sueños. Ese club era Riverplate.

Llegó a Núñez a mediados de 2013 y bajo el mando de Ramón Díaz y luego de Marcelo Gallardo, Teo se transformó en una deidad. En River disputó 70 partidos, marcó 28 goles y repartió ocho asistencias, pero sus números no explican lo que significaba en la cancha. Él era el director de orquesta. Llevó a River a salir campeón del torneo local tras años de sequía.

Fue la figura absoluta en la obtención de la Copa Sudamericana 2014 y fue clave en el inicio de la gloriosa Copa Libertadores 2015. Teo destrozaba a los rivales ta psicológica y futbolísticamente. Su extravagancia llegó a tal punto que jugaba con los botines desatados solo para demostrar que le sobraba técnica.

Fue precisamente esta etapa mágica la que lo llevó a ser coronado como el rey de América aquel enero de 2015. Sin embargo, como buen espíritu indomable, abandonó el barco de un día para otro. Justo antes de las semifinales de la Libertadores con River, forzó su venta al Sporting de Lisboa en Portugal. En Europa volvió a dejar su marca registrada, la genialidad y el delirio.

Ganó la Supercopa de Portugal marcando el gol del título contra el Benfica, pero el momento que le dio la vuelta al mundo no fue un gol. Durante un partido, al celebrar una anotación, Teo le arrebató el aerosol de espuma evanescente al árbitro principal, se agachó y empezó a dibujar rayas en el pasto, ganándose una tarjeta amarilla insólita, un loco suelto divirtiéndose en el ordenado y aburrido fútbol europeo, pero él necesitaba el barro de Sudamérica y vaya si lo dejó claro en su regreso a la Argentina en 2016, esta vez

para jugar en Rosario Central. ese año nos regaló la provocación máxima de su carrera. Jugando de visitante en la Bombonera contra Boca Juniors, Teo recibe en el área y marca un golazo. ¿Cómo lo festeja? Enfrente de 50,000 hinchas de Boca que hervían de furia, Teo se dibuja con las manos la banda cruzada de Riverplate en el pecho.

La bombonera casi se viene abajo. Los jugadores de Boca se le tiraron encima. Se armó una batalla campal. El partido estuvo detenido y por supuesto lo expulsaron. Mientras salía de la cancha rodeado de policías, Teo miraba a la tribuna, sonreía, se tapaba la nariz y le hacía gestos a la hinchada rival. Una locura total.

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