Posted in

Se creían Dios: 7 Falsos Mesías y sus finales estremecedores

A lo largo de los siglos han surgido diversas personas que alegaron ser la encarnación de Cristo o incluso Dios mismo. En el video de hoy abordaremos la trayectoria de 10 personas que afirmaron ser el Mesías y verás como  algunas de ellas tuvieron finales impactantes. Quédate hasta el final porque el último caso no solo te va a sorprender, te recordará que ninguna autoridad, por más grande que parezca, está por encima de la justicia del Altísimo.

David Corish, el falso Mesías. En lo profundo de Texas, en medio de extensas y solitarias llanuras, un hombre decidió que no era suficiente enseñar la Biblia. Quería formar parte activa de sus páginas. Bernon Howell,  quien creció enfrentando adversidades y desilusiones, abandonó su identidad anterior y adoptó un nuevo nombre, David Cor.

 Ese cambio de nombre no fue casual. David lo conectaba con el legendario rey de Israel y Coresh era una referencia al rey Siro de Persia, una figura también significativa en la Biblia, pero su ambición trascendía un simple nombre. Afirmaba ser el cordero de Dios. mencionado en el libro del Apocalipsis, el único con el poder de abrir los siete sellos y desencadenar el fin del mundo. Y muchos lo creyeron.

Personas de distintos lugares del mundo viajaron hasta su comunidad conocida como Monte Carmelo. Allí, Corhía religioso, sino como un portavoz divino. Con un conocimiento profundo de las Escrituras  y una forma de hablar convincente, interpretaba los textos sagrados situándose él mismo como figura central.

CONOZCA LOS FALSOS CRISTOS MÁS FAMOSOS DE LA HISTORIA – Impacto Evangelístico

Según su doctrina, la salvación exigía una obediencia absoluta a su liderazgo. Coresh aseguraba que el Apocalipsis estaba cerca. Sostenía, además, que el gobierno estadounidense era la Babilonia moderna, la entidad maligna anticipada por la Biblia. Con el tiempo, este mensaje espiritual comenzó a confundirse con una preparación para la confrontación.

 El monte Carmelo ya no era solo un refugio de fe, sino un bastión armado. Los seguidores acumulaban armamento y recibían entrenamiento. Coresh controlaba todos los aspectos de la vida dentro del recinto, desde la rutina diaria hasta las relaciones personales. Las parejas eran separadas y la estructura familiar tradicional fue desmantelada.

 Todo giraba en torno a él. En febrero de 1993, las tensiones llegaron a su punto máximo. Una redada federal con el objetivo de investigar al grupo terminó en un intercambio de disparos, lo que dio inicio a un prolongado cerco de 51 días que capturó la atención del mundo entero. De un lado, las fuerzas federales con tanques y armas.

 Del otro, David Koresh y sus seguidores atrincherados dentro del complejo. Durante ese tiempo él seguía predicando, asegurando que estaban viviendo el cumplimiento profético. Prometía revelar los secretos de los siete sellos y decía estar escribiendo su interpretación final. Pero el clímax llegó el 19 de abril de 1993.

Cuando las autoridades lanzaron el asalto final utilizando gas lacrimógeno para expulsar a quienes estaban dentro, se desataron incendios en varios puntos del edificio. La estructura hecha principalmente de madera fue rápidamente devorada por las llamas avivadas por los intensos vientos de la región.

 El fuego se extendió sin control. Aquel hombre que afirmaba tener poder divino no realizó ningún milagro, no sobrevivió a las llamas, no hubo manifestaciones sobrenaturales. David Coresh murió entre los  restos carbonizados del recinto. La tragedia dejó más de 70 muertos. Algunos creyeron hasta el final que su líder los salvaría.

 Otros simplemente no pudieron escapar. Lo que quedó no fue una nueva era espiritual,  sino cenizas, devastación y uno de los acontecimientos más estremecedores de la historia contemporánea de Estados Unidos.  La historia de un hombre que se proclamó enviado de Dios, pero cuyo final fue tan humano  como trágico.

 El siguiente personaje de esta lista dejó su huella marcando a sus seguidores con el símbolo de la bestia. José Luis de Jesús Miranda, marcado por la bestia. A lo largo de la historia muchos han afirmado ser enviados por Dios o tener un llamado divino. Sin embargo, José Luis de Jesús Miranda fue más allá que cualquier otro.

 Nacido en Puerto Rico y afincado en Miami, construyó un movimiento religioso que generó controversia en diversos países. Fundó el ministerio llamado Creciendo en Gracia. Al principio se presentaba como la reencarnación del apóstol Pablo, pero no se detuvo allí. Pronto se proclamó como una encarnación viva de Jesucristo, hombre.

 Y luego vino una afirmación aún más impactante. Miranda también comenzó a identificarse como el anticristo, mientras que este término es para la mayoría de los cristianos símbolo del último gran oponente de Dios. Él sostenía que esa interpretación era errónea. Según su visión, el anticristo no era un ser malvado, sino un reformador divino destinado a corregir las distorsiones causadas por las enseñanzas tradicionales sobre Jesús.

Aseguraba que su rol era reemplazar las viejas estructuras religiosas por una nueva era espiritual. Bajo esa premisa, estableció lo que denominaba el gobierno de Dios en la tierra. Su mensaje era simple, aunque peligroso. Declaraba que el pecado había dejado de existir, que el  ya había sido derrotado y que el arrepentimiento ya no era necesario.

Enseñaba que las normas morales convencionales eran obsoletas. Sus adeptos se llamaban entre ellos los predestinados. Este discurso atrajo a miles, especialmente en América Latina, al prometer una vida sin culpa ni juicio. El símbolo más llamativo de su movimiento fue el número 666. Mientras que el Apocalipsis lo describe como marca de perdición, Miranda lo reinterpretó como señal de sabiduría y abundancia.

 Animó a sus seguidores a tatuarse el número en alguna parte del cuerpo como prueba de fidelidad. Muchos lo hicieron, llevando sobre su piel un símbolo que había sido temido por generaciones de creyentes. No solo eso, prometía aún más, aseguraba que jamás iba a morir. Decía que su cuerpo sería transformado visiblemente, volviéndose inmortal y que gobernaría a las naciones con total autoridad.

 Pero los hechos no siguieron sus profecías. En 2013, Miranda comenzó a alejarse de la vida pública. Circularon rumores sobre su estado de salud. Finalmente, la verdad salió a la luz. Padecía una grave enfermedad. En agosto de ese mismo año se confirmó su fallecimiento consecuencia de complicaciones por una cirrosis hepática.

Read More