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Rosa María Vázquez: Brilló en el Cine de Oro y a los 80 Años Vive en la Pobreza

Imagínate a una niña de 6 años vestida con un traje pequeñito parada en un set de cine de Hollywood. Imagínatela mirando hacia arriba a Pedro Armendaris, el galán más grande del cine mexicano. Imagínatela hablando en inglés con Paulette Godart, una de las estrellas más famosas de los Estados Unidos. Imagínatela debutando en una película dirigida por Emilio el Indio Fernández a los 6 años.

 Imagínatela con todo el cine del mundo enfrente y ahora, imagínatela 80 años después vendiendo sus pertenencias para sobrevivir, pidiéndole ayuda a viejos amigos, sin recursos, sin contratos, sin la fortuna que tendría que haberle quedado de toda una vida en la pantalla. Su nombre es Rosa María Vázquez Bustamante. Nació en Tulancingo, Hidalgo, en 1943.

Es una de las últimas actrices vivas de la época de oro del cine mexicano y a punto de cumplir los 82 años, vive una realidad que nadie habría imaginado para ella. Una mujer que protagonizó al lado de Cantinflas, que actuó con Javier Solís, que compartió set con Dolores del Río, que se casó con un general que fue gobernador de Campeche, que llegó a vivir entre lujos en Tampico y en la Ciudad de México y que hoy, según testimonios recientes, lucha contra la pobreza en silencio.

 Pero la historia es todavía más complicada que eso, porque Rosa María Vázquez no cayó en la pobreza por descuido. Cayó por decisiones que en su momento parecían las correctas, porque dejó la actuación cuando estaba en la cima, porque eligió el amor sobre la fama. Porque renunció al cine para ser esposa de un hombre poderoso y porque cuando ese hombre murió en 2002, todo lo que parecía estable empezó a temblar.

 Quédate conmigo porque la historia de cómo una niña que empezó en Hollywood terminó luchando contra el olvido a los 80 años y todo lo que pasó entre medias es una de las más conmovedoras que hemos contado en este canal. Si te interesan estas historias de las grandes mujeres del cine mexicano que terminaron desapareciendo de la memoria pública, suscríbete y activa la campana.

 Aquí cada semana rescatamos del olvido a las actrices que tu mamá, tu abuela, tu tía vieron en pantallas grandes y blancas hace 50 o 60 años. Las que la industria prefiere que se queden enterradas. Las que merecen que alguien todavía cuente quiénes fueron de verdad. Para entender la historia de Rosa María Vázquez, hay que volver a Tulancingo, a ese pueblo del estado de Hidalgo.

 5 de agosto de 1943. en plena Segunda Guerra Mundial, en un México que apenas empezaba a vivir su revolución cultural y donde una niña de cuna humilde nacía con un destino que pocos en su región habrían imaginado posible. Su lugar de nacimiento es discutido hasta hoy. Algunos dicen Tulancingo, otros dicen tula, otros incluso dicen Pachuca.

 La realidad es que las raíces de Rosa María se pierden un poco en esos cruces de pueblos hidalgenses donde la vida era dura, donde las familias trabajaban de sol a sol y donde ser actriz era algo que ni siquiera entraba en la imaginación de la mayoría de las niñas. Pero ella tenía algo, una belleza precoz, una mirada distinta, una presencia que no se aprende y eso en el México de los años 40 era oro.

 A los 6 años, sin que nadie supiera cómo iba a marcar su vida, Rosa María recibió la oportunidad más grande que un niño mexicano podía soñar. La metieron en una película de Hollywood. Sí, de Hollywood, una producción internacional dirigida por Emilio el Indio Fernández, ese mismo indio Fernández que era ya leyenda. Y como protagonistas, dos figuras gigantescas.

Pedro Armendaris, el galán moreno más famoso del cine mexicano, y Paulet Godart, la actriz estadounidense que había sido pareja de Charlie Chaplin, una de las divas más reconocibles del Hollywood clásico. La película se llamaba Del odio nace el amor, también conocida como The Torch, y se rodó en 1950. Imagínate la escena.

 Una niña de 6 años en un set bilingüe, cámaras enormes, vestuario de época, un equipo internacional y ella en medio de todo recordando sus líneas con la naturalidad de quien parece haber nacido para hacer eso. La crónica del rodaje cuenta que Rosa María sorprendió a todos por su soltura, por su falta de miedo, por la facilidad con que entraba y salía de las escenas.

Rosa María Vázquez y Mauricio Garcés en "Cuernavaca en primavera" - Othón Argumedo — Google Arts & Culture

 Y eso en una niña de su edad era casi un milagro, una premonición. Para entender lo que significaba estar en un set como ese a los 6 años, hay que hacer una pausa y pensar en el contexto histórico. 1950 era un mundo distinto. La televisión apenas empezaba a entrar en los hogares mexicanos. El cine era el espectáculo dominante.

 Las salas estaban llenas todos los fines de semana y los niños actores eran una rareza absoluta. Casi no existían. Cuando aparecía alguno en una película, las revistas le dedicaban portadas enteras. Los periódicos enviaban reporteros a sus casas, los productores se peleaban por contratarlos y Rosa María, sin saberlo, entraba a ese pequeño y exclusivo grupo desde una posición privilegiada.

 Su debut no era en una película cualquiera, era en una superproducción con un director legendario, con un elenco internacional y con un presupuesto que la mayoría de las películas mexicanas del momento ni se acercaba a tener. Sus padres entendieron muy rápido lo que había pasado. Y aquí hay un detalle que casi nunca se cuenta.

 La familia de Rosa María tomó decisiones difíciles para acompañar la carrera de la niña. tuvieron que mudarse temporalmente a la ciudad de México para que ella pudiera asistir a clases, a audiciones, a sets de filmación. Tuvieron que buscar tutores que fueran compatibles con sus horarios de trabajo. Tuvieron que aprender el lenguaje del cine sin tener ninguna formación previa en la industria.

 Era una familia humilde de Hidalgo enfrentándose de pronto, al mundo de los productores, agentes, directores y publicistas. y lo manejaron con la dignidad de los que vienen del campo y saben que el trabajo duro vale más que cualquier diploma. A partir de ahí, todo en su vida iba a girar alrededor del cine. Sus padres entendieron que tenían en casa algo extraordinario y decidieron apostar por su carrera.

 La inscribieron en la Academia Cinematográfica de Radio y Televisión de la Anda, la Asociación Nacional de Actores. 3 años de formación profesional, 3 años aprendiendo dicción, expresión corporal, técnica frente a cámara, historia del cine. Mientras otras niñas de su edad jugaban con muñecas. Rosa María estudiaba con maestros del oficio y eso le dio una ventaja enorme cuando llegó el momento de dar el salto.

 Y aquí viene algo que muy poca gente sabe. El cine mexicano de los años 50 y 60 era extremadamente competitivo. Cada año se rodaban decenas de películas. Cada producción tenía cientos de aspirantes y conseguir un papel protagónico, sobre todo siendo mujer y siendo joven, era casi imposible. Las grandes figuras eran intocables.

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