Obvio, Frankie tuvo que repartirles los instrumentos porque era el único cabrón que sí sabía tocar de verdad. A Pancho Durazo lo mandó a los tambores, a Arturo le dio la armónica y neta les enseñó desde cero. Sus ensayos te dejaban muerto de cansancio. Con él no existían las pinches medias tintas. ¿De dónde salió el nombrecito? Pues un locutor llamado Ricardo Rivas de la estación CF les tiró la brillante idea de usar las iniciales de su tierra.
Agua aprieta, sonora. Su mamá le agregó la palabra boys y pum, nacieron los Abson Boys. Su primera chamba en la vida fue tocar en unos 15 años y sí cobraron. Luego la cosa escaló dando shows en antros locales como el Silver Dollar y el Copacabana. Los vatos dijeron, “Va, nos la jugamos.” Y arrancaron para el Distrito Federal, soñando confirmar con una disquera.
Pero neta el viaje estuvo infernal, hasta terminaron perdidos por Ciudad Obregón. Anduvieron en puros camiones sin un quinto. Pasaron muchísima hambre tocando donde cayera no más para sobrevivir. Allá por Culiacán entró Leopoldo Polo Sánchez, un chamaco de 14 años que la neta cantaba como los dioses. Al final lograron llegar a la capital.
Firmaron con la disquera Peerless y ahí empezó el principio del fin por culpa de un nombrecito. Allá por 1967, con la banda rompiéndola en todos lados, a Frankie Game se le ocurrió la brillante idea de rebautizarlos como Frankie y los Abson. Para él tenía todo el sentido del mundo. Su lógica era bien narcisista.
Según él era la estrella absoluta y los demás vatos solo estaban ahí de adorno haciéndole segunda. Obviamente casi toda la banda lo mandó a volar en ese preciso instante. Una negativa rotunda. El único güey que le hizo segunda fue el bajista Raúl el cubano cota, absolutamente nadie más. Y ahí se rompió todo para siempre. Frankie y el cubano agarraron sus chivas y se abrieron.
Así de la nada, la agrupación perdió de un plumazo a su cantante requinto y bajista. Y por jugarle al divo, Frankie se quedó sin la banda que él mismito armó desde cero, a los que literal enseñó a tocar paso a paso. Sonaba un berrinche resoluble, pero tristemente esta soberbia marcó el inicio de su ruina total. Primer trancazo. Adiós nombre, adiós legado.
Al salirse, Frankie perdió muchísimo más de lo que calculaba, mientras sus excompañeros simplemente consiguieron otros cantantes y siguieron sacando discos. contrataron a varios güeyes no más para fusilarse el estilo de Frankie en las rolas que él mismo compuso. Tiempo después, el propio Frankie soltó esta dura reflexión al respecto.
A lo mejor cantaban chido, pero la regaron al obligarlos a hacer mi copia barata, quitándoles la chance de brillar con luz propia. Eso los mató y la neta ninguno de esos reemplazos alcanzó ni de broma la fama bestial que tenían cuando Frankie traía el micrófono. Aún así, la banda mantuvo su nombre intacto, rebajando a Frankie a un simple exmiembro.
¿Y saben qué es lo más gacho? Ni siquiera pudo conservar los temazos que él mismo reventó en la radio por puro papeleo. Esas joyas eran propiedad del grupo y de la disquera Peerless. No eran suyas. El negocio es cruel. Si se lanzaba de solista o armaba otro proyecto, ya no podía colgarse la medalla de haber cantado Popei o fue en un café como si nada.
La disquera simplemente no se lo permitía. Todos sus trancazos musicales estaban amarrados al nombre que él mismo desechó. Y neta, empezar desde abajo para pegar otros hits igual de masivos. Eso no le sale a cualquier hijo de vecino. Este doble knockout estuvo brutal. No solo lo sacaron de su propia banda, sino que todos los himnos que grabó quedaron tatuados en la mente de la gente bajo el logo de los apson, jamás con su nombre.
Cuando la raza escuchaba éxitos como Por eso estamos como estamos en la radio, pensaban automáticamente en la agrupación. A nadie le importaba el pobre de Frankie Gamez. Era como ver el imperio que levantaste con tus propias manos. Pero tú, viéndolo desde la calle, un sentimiento asqueroso que cualquier artista que sufriera una traición así entiende a la perfección, que otros expriman tu legado mientras tú andas rascando monedas para volver a empezar.
Pero bueno, hablemos de su renacimiento. Frankie y los matadores, ojo, no se quedó llorando. En 1966 jalóes para aventarse un toquín en solitario en el Starlight del Hotel Aljambra. Casualmente ahí tocaban los arcs, unos chavos de nogales que ya traían bastante callo en los bares de la zona. Frankie los topó en vivo esa mismita noche.
Hicieron clic al instante. Les lavó el coco para aventarse una gira por todo el Pacífico hasta caer en la capital, grabar una maqueta en Peerless y bam, firmar contrato en Así nacieron oficialmente Frankie y los matadores. Por fin su berrinche se cumplió. Su nombre iba por delante y para sorpresa de todos volvieron a pegar durísimo.
De 196 a 1973 grabaron como 90 rolas y reventaron el país entero con el exitazo de Conozco a los dos. Una joya absoluta que tus papás y abuelos te pueden cantar de memoria hoy en día. Y no pararon ahí. Sacaron rolas como Me estás cotorreando y arribeder y María manteniéndose supervigentes durante todos esos 6 años de pura locura.
El vato le tapó la boca a todos. Demostró que pura voz y talento podía levantarse de las cenizas sin depender del nombrecito anterior. Estaba otra vez en los cuernos de la luna. Pero aguanta, la industria es una perra. Llegaron los años 70 con un giro brutal en la música del país que le dio en la torre a la camada de Frankie.
El rock del norte que la rompía simplemente pasó de moda. Las nuevas olas musicales los barrieron por completo. Las disqueras andaban tras la novedad. Buscaban caras frescas y ritmos totalmente distintos. Querían sangre nueva. Ya para 1973, los matadores valieron queso y nuestro protagonista cayó en esa espiral donde muchísimos artistas veteranos mueren olvidados. Te vuelves un nómada.
Tocando en conales, ferias de pueblo rascuachas y bares de frontera, ya sin una disquera pesada que te apadrine y sin el fantasma de tu antigua banda protegiéndote. Sin aquel momentum que tuvo en su segunda época dorada, Frankie se fue hundiendo en el anonimato, superlejos de las Grandes Ligas. No fue que de un día para otro se esfumara.
Fue una muerte lenta, una agonía que sufren todos los que este negocio exprime y desecha. Un día eres Dios. llenando estadios. Al siguiente te dejan en visto y tu teléfono simplemente no suena. Ya para cerrar los años 80, los chavos ni siquiera sabían quién diablos era. Es la triste historia del artista que pega un gitazo enorme, pero que por ego o mala suerte no sabe hacer un plan de retiro para cuando la magia inevitablemente se acabe.
A esta industria le valen madre sus ídolos. Si no vendes discos, no existes. Y pensar que este vato se rompió la madre por 20 largos años en los escenarios. El vato entregó 180 rolas, un catálogo bestial. Pero cuando las cosas se pusieron feas, ¿saben qué pasó? Toda la bendita industria musical le dio la espalda, así que le tocó rascarle por su cuenta, tocando en los pueblitos que se dejaran, saltando de un escenario pitero a otro.
Así entró a los años 90. Un nómada se la pasaba brincando entre la frontera y el sur de Arizona, ahí donde los paisanos aún lo topan. Y justo ahí, pum, cae la tragedia. Esa acusación. En los años 90, Frankie Gámes era un clásico trotamundos. Iba y venía entre México y el gacho sur gringo buscándose la vida. Norma, su esposa, no lo dejaba solo.
Él seguía dando shows allá por Tucon, Arizona, porque la raza de la comunidad mexicana todavía gritaba sus canciones con el alma. Y aquí es donde la cosa se pone turbia. Entre 1992 y 1993 andaba durmiendo en casas de fans para ahorrar lana. Una familia en Tucon, que lo seguían desde los años 60, le dijeron a Frankie y a su raza, “Caigan a la casa. Y ahí se quedaron instalados.
De esa visita salió una bomba. Lo acusaron de abuso sexual. Banda, una locura legal que arrastró a Franky a un juicio asqueroso, algo que el vato negó a muerte. “Quiero que sepan que he sido inocente desde el mero principio.” Le soltó Frankie al juez. Sin titube Argway, nada de andar murmurando, lo gritó en pleno tribunal.
El resultado del primer round judicial. El jurado no supo qué onda. Se quedaron trabados. Un reverendo empate. ¿Qué te dice eso? Que las pruebas estaban tan flojas que 12 gentes ni de chiste pudieron ponerse de acuerdo. Su familia soltó $25,000 de fianza. Salió libre. Sí. Pero entonces el vato cometió una pifia monumental que le costó la vida entera.
A ver, pausa aquí. Sus fans más aguerridos y sus compas de toda la vida lo defienden a capa y espada. Dicen que a Frankie le tendieron una trampa asquerosa, que le inventaron este circo. Sus propios abogados mostraron pruebas clarísimas en la corte. Todo apuntaba a que la supuesta víctima traía otras intenciones, cero que ver con justicia.
Luis López, el guitarrista que andaba ahí con ellos en esa casa, viendo todo el desmadre en primera fila, se plantó en el juicio y soltó la sopa. La mamá del chavito quería exprimirles lana de unas grabaciones y hasta meterse de manager, pero López no se guardó nada. Confesó que la misma señora lo arrinconó.
Le dijo que o le seguía el jueguito de la acusación o también lo refundiría a él en la cárcel. Pura avaricia. Todo fue por lana. Le soltó López al juez. Por eso el primer jurado se atoró. Las mentadas pruebas se caían a pedazos solitas. Con ese primer round empatado y esperando el segundo, Frankie tomó la peor decisión de su vida.
Se peló, güey, agarró sus Chivas y cruzó a Hermosillo, Sonora. Mandó al su libertad condicional y de paso dejó tirados los $25,000 que su pobre familia se partió el lomo para juntar. ¿Y cómo crees que reaccionaron los gringos? Obvio, lo tacharon de fuga inmediata. Desde ese preciso segundo, a Frankie le colgaron el letrerote prófugo de la justicia gringa.
Su defensora intentó apagar el fuego diciendo que él no entendía ni madres de las leyes de allá, que según él no sabía que tenía que regresar a huevo al tribunal, pero esa excusa barata se fue al caño. La fiscalía fue bravísima y mandó llamar al estrado a la mismísima abogada pública que lo había defendido antes. Carol Bittle se llama la señora.
Juró por su vida que Frankie estaba paradito ahí enfrente cuando dictaron la fecha del nuevo juicio, que el vato sabía perfecto lo que hacía, que entendió todo y aún así decidió fugarse sabiendo la bronca en la que se metía. El juez se lo cobró a la bestia. En julio de 1994 armaron el segundo juicio sin él porque andaba en México.
Y claro, lo clavaron estando ausente. Su presencia ya les valía gorro. La condena estaba firmadísima. Solo necesitaban que alguien se los empaquetara de regreso para meterlo a la jaula. La estocada final. Lo que se vino fue algo histórico, pero del modo más nefasto posible para Frankie Gámes. La mamá del chavito se aferró durísimo.
Armó una campaña monstruosa para obligar al gobierno mexicano a entregarlo a los gringos. Anduvo repartiendo volantes, codeándose con políticos y hostigando funcionarios de los dos lados. Y adivinen qué, en una jugada loquísima para esos tiempos, México terminó doblándose. Agarraron a Frankie aquí en México y lo mandaron directito a Arizona.

El periódico local lo documentó. Fue de los mismísimos primeros mexicanos en ser extraditado hacia el norte por un asunto penal. Abrió la puerta. Un caso para los libros. Esa noche que lo apañaron, Frankie solo era un viejo roquero intentando sobrevivir acá en México, chinando donde le dieran chance. buscando armar los pedazos de su vida tan golpeada.
Parecía una velada cualquiera, la neta. Pues de esa velada cualquiera se lo llevaron en chalecado hasta Tucson para tragarse una condena que ya le tenían lista. El día de su sentencia lo metieron con ese asqueroso uniforme naranja. Alzó las manos todas esposadas, les hizo la señal de la paz a sus compas en el público y justo antes del mazo del juez pidió la palabra.
Que les quede claro, soy inocente desde el día 1 y pum, el hachazo, 90 y 2 años en prisión. Ese 29 de mayo de 1996, el juez Howard Antman en la corte de Pima en Tucson, Arizona, enterró vivo a Francisco Gámez García dándole 92 años. Y así de golpe amaneció refundido en Tucon pagando una sentencia de más de nueve décadas.
Le dejaron caer todo el peso del código penal. El juez Antman se fue a la yugular sin titubeos. Argumentó que Frankie se había pasado las leyes por el arco del triunfo y que al fugarse le escupió en la cara a su familia perdiendo su fianza. Se de risa de nuestras leyes dijo literal el juez. Frankie tenía 50 años en ese momento y le daban 92, prácticamente una condena a muerte.
Laury Penison, su defensora, pegó el grito al cielo y dijo que apelarían. Norma y la hermana de Frankie lloraron, rogándole al juez que le dejara la mínima de 72 años. No sirvió de ni madres. El juez lo destrozó con la máxima y así la mítica voz de los apson, el pionero del rock con 180 joyas grabadas, terminó pudriéndose en una cárcel estatal de Arizona con una sentencia que, a punta de matemáticas, asegura que va a morir ahí adentro.
A ver, gente, aquí no vamos a ignorar lo evidente. En redes y entre sus verdaderos fans, muchísimos defienden a capa y espada que Frankie Gáes es inocente, que le armaron un teatrito. Dicen que el denunciante solo buscaba exprimirle el Ana, cero ganas de justicia, y que Luis López, su guitarrista, soltó la pura neta al declarar que la bronca fue por pura lana y extorsiones.
Acuérdense que el primer juicio se trabó. Las pruebas daban pena por lo flojas que estaban y sobre su famosa fuga, sí fue su peor error, pero piénsenlo, fue la reacción de un tipo aterrado. Alguien que no captó que salir corriendo lo iba a sepultar en vida. Nada de culpable que huye. Cero. Frankie juró que era inocente cuando le leyeron su condena.
Y saben qué, hoy sigue sosteniendo exactamente lo mismo, el borrón y cuenta nueva. La industria lo esfumó. Desde 1996 a Frankie Gámes lo arrancaron del guion oficial de la música mexicana, nada en documentales del rock de los años 60. Te metes a tu plataforma favorita, buscas a los apson y su nombre simplemente no está.
Los expertos y críticos que analizan la movida del rock fronterizo apenas y lo mastican. Si acaso lo tiran como el primer vocalista que votó al grupo en 1967. Y ya el medio lo sepultó con una precisión quirúrgica asombrosa. Y honestamente hay muchísima crueldad enferma en esa manera de olvidarte. No vayan a creer que la gente lo olvidó porque sus rolas ya no peguen.
La verdad, sus canciones siguen retumbando durísimo. Ese alarido de upudu hace vibrar todos los estadios del Pacífico cada temporada. Bueno, pues es un cachito de lo que él grabó con los apson. La raza que pone esas rolas en las pedas ni topa al cantante. Esa voz que disfrutan no tiene rostro para ellos.
Piénsenlo, borraron su nombre de la historia, pero se clavaron con su sonido. Es una fregadera nivel Dios. Exprimen la obra, pero desaparecen al artista. Y mientras los apson ahí siguen, Pancho Durazo y el Lichi García traen su propia versión de la banda armando un ruidero tremendo, llenando shows por todo México y el gabacho como si nada.
Las rolas que Frankie inmortalizó, esos temas que reventó con su propia voz, no dejan de sonar. Su legado está ahí, pero Frankie Gámes ya no existe. Y créanme, esa es la burla más trágica de todo este asunto. Pasó de pionero a desterrado total, de fundador a un innombrable más. Digo, ya sabemos que el showbe en México tiene cola que le pisen haciendo estas porquerías.
Te chupan todo el talento y en el segundo que dejas de serles útil o dócil, actúan como si nunca hubieras nacido. A Frankie le aplicaron un borrado asquerosamente meticuloso. Y escuchen esto, ni una sola alma de nuestra farándula musical, llámese disqueras, asociaciones o estrellitas de cristal, ha soltado ni media palabra para defender al tipo que construyó la casa donde hoy viven.
Llegamos al presente y aquí viene el trancaso. Hoy en 2025, Frankie Gámes tiene 76 años y lleva casi 30 años guardado en Arizona. 30 añotes. El vato que pisó esa celda a sus 50 años ya no existe. Hablamos de 30 años en la sombra, sin doctores dignos, sin medicinas, pudriéndose en vida, apenas pudiendo moverse por la física de envejecer en un infierno de ese tamaño.
El tiempo ya pasó factura. Quienes aún se hablan con él confirman que físicamente está colgado de un hilo. Su único puente con la realidad es Norma. Su mujer que mis respetos jamás lo dejó morir solo cuando el barco se hundía y unos cuantos compas contados con los dedos, como su hermanazo José Luis López Romero. La industria no se para por ahí.
Cero apoyo o mensajitos de sus compas de los apson de chiste un homenaje. No le hacen peliculitas. Nadie en el faranduleo de México se ha atrevido a ensuciarse las manos por él. Está en la ruina. Cero varo para abogados que revivan su caso. Ningún sindicato o asociación musical mexicana le tira un salvavidas.
En medios es un cero a la izquierda. Solo tiene su código postal en la correccional estatal de Arizona y una realidad aterradora. Sin un milagro en los juzgados, ahí mismito va a colgar los tenis, no más para que dimensionen el rollo. Cuando Frankie cayó al bote en 1996, Arturo Durazo, ese guitarrista con el que fundó la banda, ya llevaba enterrado desde 1984 por un cáncer maldito a sus tiernos 38 años.
Al Pancho Durazo de la batería le falló el corazón allá en Agua Prieta y nos dejó en 2012 con apenas 70 añitos. De la banda original que llegó a los estudios, noás sobreviven Frankie Gilberto y Raúl Cota, dos libres como el viento, el otro pudriéndose en Chirona. Esa imagen resume el coraje. Es lo que queda del morro tocando guitarra a los ocho por Nakosari, el mismo que a los 15 perfeccionó el requinto allá en Agua Prieta.
El genio que armó a los apson de la nada, llevándolos de tocar en fiestas de 15 años a reventar estadios de talla nacional, que nos regaló 180 temazos en 14 malditos años. Un artista cuya música, te lo juro, sigue reventando bocinas en estadios llenos, mientras el pobre güey ni siquiera puede despegarse de su cama vigilada.
Cambió escenarios por rejas, ovaciones por silencio sepulcral. Con esa imagen nos quedamos del buen Franky. Y miren gente, hay algo que neta no te deja dormir cuando repasas esta pesadilla. A Frankie jamás le faltó talento. Se esfumó por una mezcla letal, sus propios tropiezos y una maquinaria asquerosa que lo destrozó cuando notaron que el pobre vato ya no tenía cómo defenderse.
Salirse de los apson a 40 años de distancia. Es obvio que esa fue la regada más cara y brutal de toda su carrera y nació de algo muy humano. El vato solamente quería ver su nombre puesto en el lugar que sentía merecer y su fuga después del primer juicio. La burrada que le costó comerse la pena máxima vino del pánico. Fue el terror de un hombre que sentía como una perversa mentira lo estaba triturando.
Y la duda que sigue atormentando a sus conocidos es la mismita que trabó al jurado en su momento. Piénsenlo, raza. Y si todo este maldito tiempo sí era inocente, 12 personas, 12, escucharon todo el circo, pero jamás lograron condenarlo de forma unánime. Piénsenlo, no es cualquier cosa. Luis López, que tocaba con ellos y vivía el infierno desde adentro, soltó la sopa.
aseguró bajo juramento que detrás del escandalazo solo había ambición y puro chantaje. Resulta que la supuesta víctima moría por manejar la carrera del grupo, exigiendo un buen billete de por medio. Y claro, cuando le dieron cuello, agarró esta demanda para destruirlo. Incluso a López le advirtió que también lo hundiría si abría la boca.
Todo consta en las actas oficiales, ¿eh? Cero chismes baratos. El compa Frankie GZ ha jurado inocencia desde el día 1. Hasta la fecha la sostiene. Y fíjense, muchísima raza que lo conoció en la cima, la palomilla que compartió escenarios, carreteras y 1 tocadas con él, sostienen algo clavado. El monstruo cruel que describió la fiscalía simplemente nunca existió.
Pero aquí viene el coraje, más allá del propio artista. ¿Qué esperanza tiene un paisano triturado por una justicia brutal cuando no trae ni un quinto para pagarse un buen abogado? Un vato que ni inglés masticaba bien, que por puro pánico comete la brutal idiotez de huir sin captar jamás que esa cobardía terminaría hundiéndolo mil veces peor que cualquier supuesta prueba en su contra.
Según el magistrado, Frankie se burlaba de la ley. Burlarse o era el terror absoluto de un paisano acorralado, sin feria, que sintió la soga al cuello y solo quiso correr porque ya no veía la luz al final del túnel. Misterios que igual y nunca resolvemos. Pero de que duelen, duelen. Esa cruz se la sigue tragando el cantante encerrado allá en Arizona.
Aunque sinceramente hay una verdad que cala hasta los huesos. Toda la cúpula musical grupera lo dejó morir solo. El mismo país que gozó sus rolas, que lo llevó a cada rincón con las caravanas Corona, que lo mantuvo sonando a todo volumen por la radio nacional años enteros, le dio la espalda cobardemente. Miren, olvidando tantito aquel desastre ocurrido en Tucon allá por 1992 o 1993, esta dolorosa crónica debía contarse porque llenar palenques no te hace intocable y abrir brecha en el medio tampoco te salva del maldito olvido.
Ojalá este video te haya pegado durísimo, justo como me sacudió a mí al investigarlo. Porque les digo algo, Franky no es nás otro ídolo hundido en Chirona. Él encarna algo muy oscuro que devora a miles allá afuera sin que la raza se entere. Ídolos gigantes que levantaron puros imperios musicales que dejaron el alma en la raya.
Pero en cuanto dejaron de ser minitas de oro, pum, los borraron del mapa. Literalmente tenemos que visibilizar estas atrocidades. Déjenme en los comentarios, ¿piensan que el vato realmente la debía o el propio sistema lo usó de trapeador? Aviéntense, los ando leyendo. Y oigan, si les laten estas polémicas de la farándula nuestra, de esas oscuras que los demás canales jamás tocarán con tanto lujo de detalle, suscríbanse y revienten esa campanita.
La neta, lo que se nos viene está loquísimo. Allá afuera sobran tragedias pidiendo a gritos ser desenterradas. M.