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Petro intenta CALLAR a Padre Pistolas en TV… pero termina humillado

Los hombres frente a frente, las cámaras encendidas, uno con sotana y sombrero vaquero, el otro con traje presidencial y micrófono, entre ellos solo 30 segundos antes de que todo explote en vivo. El padre Alfredo Gallegos se acomodó en la silla del estudio de Televisa Chapultepec. Eran las 7:58 de la noche.

 Las luces le quemaban la cara. La productora, una mujer de treint y tantos con audífono y tableta, se acercó nerviosa. 5 minutos al aire, padre. El presidente Petro ya está en el enlace desde Bogotá. Que espere el cabrón, respondió Alfredo sin quitar los ojos del monitor. En la pantalla dividida, Gustavo Petro ajustaba su corbata roja en el palacio de Nariño. Llevo 3 horas aquí.

 Me trajeron desde Chucándiro para esto. La productora asintió y desapareció entre cables y cámaras. El padre se tocó el sombrero, verificó que su camisa de mezclilla estuviera bien puesta y respiró hondo. El estudio olía a equipo electrónico caliente y nervios, mucho nervios. Todo había empezado dos semanas atrás.

 El mensaje llegó a las 11 de la noche cuando el padre terminaba de revisar los libros de la parroquia. Un número desconocido. Tres palabras. Te quieren callar, cabrón. Después, un link a un video. Petro en un foro internacional. Micrófono en mano. Discurso encendido sobre la paz en Latinoamérica. Minuto 4 con3 segundos. Y tenemos casos vergonzosos como ese sacerdote mexicano que predica con violencia.

Petro responde por audios de 'papá pitufo' y señala irregularidades

 Eso no es fe, es fascismo disfrazado de sotana. El padre vio el video cuatro veces. En la quinta ya tenía el teléfono en la mano marcando a Lorenzo Medina. Su contacto en Televisa desde hacía 15 años. ¿Qué chingados quiere ese guerrillero colombiano?, preguntó el padre. Rattins, compadre. Audiencia. Lavarse las manos diciendo que combate la violencia.

 Lorenzo soltó una risa seca. Pero aquí viene lo bueno. Televisa quiere respuesta. Un debate en vivo nacional e internacional. Tú contra él. ¿Cuándo? Dos semanas. 28 de abril. Horario estelar. Dile que sí, pero con una condición. ¿Cuál? Que no me corten el micrófono. Pase lo que pase. Hubo una pausa al otro lado de la línea.

 Luego, hecho. Ahora estaba ahí. 8 de la noche, cámaras encendidas. Mariana Ochoa, la conductora, 38 años, cabello negro recogido, traje azul marino, sonrió a cámara con esa sonrisa profesional que lleva años perfeccionar. Buenas noches, México. Buenas noches, Colombia. Buenas noches, América Latina. Esta noche tenemos un debate histórico, dos voces que han dividido opiniones.

Por un lado, desde Bogotá, el presidente de Colombia, Gustavo Petro. Por el otro, aquí en nuestros estudios, el controvertido sacerdote Alfredo Gallegos, conocido como el padre Pistolas. El padre saludó con dos dedos. Petro asintió desde la pantalla. Presidente Petro, usted declaró hace dos semanas que el padre Pistolas representa fascismo disfrazado de sotana.

 Mantiene esa posición. Petro se inclinó hacia delante. Su voz salió clara, pausada, calculada. Mire, Mariana, yo respeto profundamente la investidura sacerdotal, pero cuando un líder religioso promueve la violencia, cuando normaliza conductas que van contra el evangelio mismo, tengo la obligación moral de señalarlo.

 No es personal, es una cuestión de principios. El padre sintió el calor subirle por el cuello. Mariana giró hacia él. Padre gallegos, ¿qué responde a eso? Alfredo se quitó el sombrero, lo puso sobre la mesa y miró directo a la cámara. No a Petro, a la cámara. Mire, señor presidente, usted habla de principios desde su palacio en Bogotá.

 Yo hablo desde Chucándiro, donde los sicarios llegan a medianoche, donde violan a las muchachas, donde matan a los campesinos por no pagar cuota. Usted nunca ha estado en una comunidad donde el narco es ley. Yo vivo ahí, así que no me venga a dar clases de moral desde su escritorio con aire acondicionado. En el monitor, Petro sonrió.

 Una sonrisa fina, política. Padre, con todo respeto, esa retórica es exactamente el problema. La violencia no se combate con más violencia, se combate con Estado, con instituciones, con justicia social. Y mientras llega ese estado utópico suyo, ¿qué hacemos? Nos dejamos matar como borregos. El padre golpeó la mesa con la palma abierta.

 Usted sabe cuántas familias he enterrado, cuántos niños huérfanos he tenido que consolar. Petro negó con la cabeza. Padre, usted está alimentando el ciclo. La violencia engendra violencia. Lo que necesitamos es No, no, no. El padre lo interrumpió. Lo que usted necesita es salir de su torre de marfil y ver la realidad. ¿Sabe cuántos policías hay en Chucándiro? Cuatro. Para 10,000 habitantes.

 ¿Sabe cuántas veces he llamado a la autoridad y no llegan? Todas. Todas las pinches veces. Mariana intentó retomar el control. Caballeros, por favor, pero el padre estaba lanzado y usted, señor presidente, habla de justicia social. ¿Dónde estaba esa justicia cuando era guerrillero del M19? ¿Dónde estaba cuando su movimiento secuestraba gente? Porque usted sí tiene pasado violento o ya se le olvidó.

 El rostro de Petro cambió, la sonrisa desapareció. Sus ojos se entrecerraron. Padre, eso es una falacia. Yo reconocí errores del pasado. Pasé por un proceso de paz. Me reintegré a la democracia. ¿Usted ha reconocido algo o sigue justificando? Justificando qué el Padre se inclinó hacia la cámara. Defender a mi gente, proteger a las familias cuando nadie más lo hace.

 Usted habla de democracia, pero la democracia no llega a los ranchos olvidados. No llega donde los carteles ponen las reglas. Ahí no hay estado, señor presidente. Ahí solo hay miedo y sangre. Petro respiró profundo. En el estudio en Bogotá alguien le pasó una nota. Él la leyó rápido y la dejó a un lado. Padre gallegos, el problema no es solo lo que usted hace, es lo que usted predica.

Miles de personas lo escuchan. Y cuando usted normaliza la violencia desde el púlpito, está, no normalizo un [ __ ] La voz del padre subió una octava. Yo denuncio. Denuncio la corrupción de los gobernadores que se reparten el dinero del narco. Denuncio a los políticos que prometen y nunca llegan.

 Y sabe qué pasa? Me suspenden. La arquidiócesis me quita la licencia. Los de arriba me quieren callado. Como usted ahora. Petro levantó las manos en gesto conciliatorio. Nadie quiere callarlo, padre. Lo que queremos es un diálogo civilizado sobre un diálogo civilizado, el padre Río. Una risa amarga, ronca.

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