El Amanecer de una Crisis Interminable
Corría el año de 1982 y México se encontraba en una encrucijada que marcaría su destino por décadas. Tras el pomposo pero desastroso cierre de la administración de José López Portillo, quien nacionalizó la banca en un último arrebato de soberanía económica, Miguel de la Madrid Hurtado asumió la presidencia. Lo que recibió no fue un país en vías de desarrollo, sino una nación herida de muerte financieramente: una deuda externa impagable, una inflación que galopaba por encima del 100% y un peso que se devaluaba con cada suspiro.
Vivir en México durante este sexenio (1982-1988) no fue simplemente una etapa histórica; fue una experiencia traumática para la clase media y baja. El modelo económico que una vez se llamó “el milagro mexicano” se había convertido en un espejismo de escasez y ansiedad. Para quienes vivieron aquellos días, la memoria no se centra en los discursos políticos, sino en la angustia de ver cómo el precio de la tortilla, la leche y la carne subía literalmente todos los días.
La Economía del Hambre y la “Década Perdida”

La gestión de De la Madrid comenzó bajo la sombra de la moratoria. En agosto de 1982, México declaró que no podía pagar los intereses de su deuda externa. Este anuncio envió ondas de choque a todo el mundo y sumió al país en lo que los economistas llaman “La Década Perdida”. La inflación no era solo un número en el periódico; era una realidad que destruía el poder adquisitivo. Mientras que en 2025 México reportaba inflaciones manejables del 3.6%, en 1987 la cifra alcanzó un histórico y aterrador 159%.
Este fenómeno obligó a las familias mexicanas a transformar radicalmente su vida cotidiana. El sueldo mínimo, que antes permitía sostener a familias numerosas, apenas alcanzaba para lo básico. Fue en este periodo donde nacieron estrategias de supervivencia que hoy son parte de nuestra cultura, como el auge de la economía informal, el ambulantaje y las “tandas”. Las familias aprendieron a reparar en lugar de comprar, a reutilizar cada objeto y a sustituir la proteína animal por leguminosas como el frijol y el arroz. El lujo desapareció y la supervivencia se convirtió en el único objetivo.
1985: El Terremoto que Despertó a un Gigante Dormido
Si la economía no fuera suficiente castigo, la naturaleza asestó un golpe devastador el 19 de septiembre de 1985. A las 7:19 de la mañana, un sismo de magnitud 8.1 sacudió la Ciudad de México durante 90 eternos segundos. Cientos de edificios colapsaron, y aunque las cifras oficiales intentaron minimizar la tragedia, se estima que más de 10,000 personas perdieron la vida.
Sin embargo, el desastre natural reveló algo mucho más profundo: la incapacidad y la parálisis del gobierno. Miguel de la Madrid fue duramente criticado por su respuesta lenta y por rechazar inicialmente la ayuda internacional. Mientras las autoridades brillaban por su ausencia o se veían superadas por la burocracia, el pueblo mexicano no esperó. Ciudadanos comunes, vecinos y voluntarios se organizaron para remover escombros con sus propias manos.
De entre las ruinas nació la sociedad civil mexicana. Surgieron grupos legendarios como los “Topos” y se formaron asambleas de vecinos que exigían vivienda y justicia. La gente dejó de ser espectadora y entendió que, si el gobierno no podía o no quería ayudarlos, ellos se salvarían a sí mismos. Fue el fin de la sumisión absoluta al Estado.
Corrupción y la Fallida “Renovación Moral”
Para intentar recuperar la confianza perdida, De la Madrid lanzó el programa de “Renovación Moral”. El objetivo era combatir la corrupción que había permeado todas las capas del poder. Se procesaron figuras que hasta entonces eran intocables, como Arturo “El Negro” Durazo, el excéntrico y corrupto jefe de la policía capitalina, y Jorge Díaz Serrano, director de Pemex.
A pesar de estos arrestos espectaculares, el sentimiento generalizado fue que se trataba de un ajuste de cuentas político más que de una limpieza real. La corrupción no desapareció; simplemente cambió de manos o se hizo más discreta. Mientras el gobierno pedía austeridad al pueblo, las élites políticas seguían operando con una impunidad que alimentaba el resentimiento social.
La Sombra del Narcotráfico y el Caso Camarena
El sexenio también marcó el inicio de una era oscura que hoy seguimos padeciendo: el auge de los grandes grupos del crimen organizado. La crisis económica empujó a muchos campesinos a abandonar los cultivos legales por la siembra de estupefacientes, que ofrecía ingresos imposibles de obtener en la legalidad.

En noviembre de 1984, el ejército mexicano desmanteló el Rancho “El Búfalo” en Chihuahua, una plantación gigantesca con miles de jornaleros trabajando para el Cártel de Guadalajara. Pero la verdadera crisis estalló el 7 de febrero de 1985, cuando el agente encubierto de la DEA, Enrique “Kiki” Camarena, fue secuestrado y asesinado. Este evento tensó las relaciones con Estados Unidos a un nivel crítico y expuso una red de protección oficial que llegaba a los niveles más altos del gobierno. El narcotráfico dejó de ser un problema local para convertirse en una prioridad de seguridad nacional e internacional.
Control de Medios y el Respiro del Mundial 86
Durante estos años, el control de la narrativa oficial era absoluto. El gobierno utilizaba a Televisa, que mantenía un monopolio informativo, para proyectar una imagen de estabilidad que no existía. Asimismo, a través de PIPSA, el Estado controlaba el papel para los periódicos, silenciando a cualquier medio crítico que se atreviera a cuestionar la versión oficial.