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¡Los secretos más curiosos del Papa León XIV que nadie te contó!

Dicen que la verdadera vida de un papa no se ve en las cámaras ni en los discursos oficiales, sino en los pequeños detalles que se cuelan en lo cotidiano. Y justo eso fue lo que reveló John Prebost, el hermano del Papa León, cuando habló de esos instantes íntimos que casi nadie conoce. Entre bromas, recuerdos y confesiones sorprendentes, dejó al descubierto 14 facetas entrañables de su vida diaria y espiritual.

 Algunas de ellas son tan humanas que cuesta creer que se trata del líder de la Iglesia Católica. Imagínate esto. Cada mañana, antes de empezar con audiencias, reuniones y decisiones que afectan al mundo entero, el Papa marca un número de teléfono. Al otro lado está John. hablamos todos los días”, contó su hermano. Y no solo hablan de cosas serias, siguen jugando en línea a World y a Wars with Friends, como si fueran dos amigos jubilados que comparten pasatiempos.

 A veces, la primera pregunta que John le lanza es, “¿Y a quién famoso viste hoy?” Porque claro, entre presidentes, cardenales y multitudes siempre hay una historia curiosa. Esa escena nos recuerda lo que dice la Biblia en Proverbios, capítulo 17, versículo 17. En todo tiempo ama el amigo y es como un hermano en tiempo de angustia.

 Más allá del pontífice está el hermano, el hombre que sigue valorando ese vínculo sencillo y constante. Pero no todo se queda en la rutina del Vaticano. Cuando puede, el Papa se escapa a Castel Gandolfo, aquel palacio de descanso donde los papas solían retirarse en verano. John contó que su hermano ya ha pasado semanas ahí y que quiere hacerlo algo más frecuente.

¿Por qué? Porque allí puede respirar, puede caminar sin sotana, relajarse sin la presión de los fotógrafos y hasta usar la piscina o las canchas de tenis que están disponibles. John no confirmó si juega con frecuencia, pero dejó claro que su hermano sí las aprovecha. En otras palabras, hasta el Papa necesita soltar el peso del día y volver a sentirse simplemente un hombre disfrutando del aire libre.

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 Y aquí aparece un detalle que muchos encontrarán entrañable. Al Papa le encanta conducir. Sí, manejar un auto para él es totalmente relajante, dijo John. Antes, cuando compartían viajes, él siempre cedía el volante, porque si no, su hermano lo criticaba por su forma de conducir. Ahora, no poder hacerlo más por motivos de seguridad le pesa bastante.

 Este contraste nos deja pensando. Incluso en el trono de San Pedro hay renuncias que duelen y todos sabemos lo que significa perder esas pequeñas libertades que daban paz. No obstante, hay momentos que rompen la seriedad de su vida, como aquella vez en que un fiel le entregó una pizza de una pizzería famosa de Chicago, una de sus favoritas.

 El papa no dudó. Se bajó del papa móvil, recibió la caja, la revisaron sus guardias y cuando estuvo todo en orden, la recalentó y se la comió completa. Era de salchicha esa imagen, el hombre más influyente del catolicismo disfrutando de una pizza como cualquier persona, es un recordatorio de lo humano, de lo cercano, de lo que lo conecta con todos nosotros.

 Claro que no todo ha sido solemnidad en la vida del Papa León 14. John recordó con cariño que su hermano tuvo una infancia como la de cualquier otro niño del vecindario. Jugaban béisbol en la calle, andaban en bicicleta, se divertían en juegos de cuatro esquinas y corrían hasta el cansancio junto a otros chicos. Era un niño normal, sin privilegios especiales ni comodidades de sobra.

 La única excepción era en Halloween. Su madre no los dejaba salir a pedir dulces. Ella decía que eso era mendigar”, explicó John entre risas. Esa anécdota, más allá de lo graciosa, nos muestra cómo los valores que marcaron a León vienen de una crianza firme, donde la dignidad y la sencillez iban por delante.

 Y aquí vale recordar el Evangelio de Mateo, capítulo 6, versículo 21. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. Para la madre de los prebost, el tesoro no estaba en dulces, sino en educar con carácter. Pero lo sorprendente es que a pesar de la sencillez, León siempre tuvo una personalidad práctica. John confesó que en casa él era el reparador oficial.

 Si algo se dañaba, todos decían, “Esto guárdenlo para cuando R venga”, él lo arregla. Era el encargado de subirse a las escaleras, de reparar lo que nadie más quería, de tener esa paciencia que lo distinguía. Y fíjate qué curioso, hoy siendo Papa, sigue siendo esa misma figura el que intenta reparar lo roto, no solo en objetos, sino en corazones y comunidades.

 Lo que antes hacía con un martillo, hoy lo hace con la palabra y la oración. Y hablando de oración, John reveló algo que pocas veces se dice con claridad. Mi hermano está rezando por el mundo. A veces, cuando lo ven sonriendo o disfrutando un momento en Castel Gandolfo, no notan el peso que lleva sobre los hombros.

 Pero en lo profundo, cada decisión, cada gesto está sostenido por la plegaria. Esa es su fuerza. Es el cumplimiento de lo que dice Filipenses, capítulo 4, versículo 6. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego con acción de gracias. El Papa León vive con esa confianza de que no todo depende de él, sino de la gracia divina.

Ahora bien, John también habló de algo que sorprende, el sentido del humor de su hermano. Cuando conversaron sobre la posibilidad de regresar a Chicago, León bromeó con una frase impactante. La única cosa segura es que volveré para tu funeral. Y cuando John le dijo que quizás eso fuera complicado, él respondió entre risas, “Bueno, si es necesario, mantendrán tu cuerpo en hielo hasta que yo llegue.

” Ese tipo de humor puede sonar fuerte, pero refleja algo muy profundo. La certeza de que la vida no termina aquí, de que hay esperanza más allá, es esa seguridad que da la fe cristiana en la vida eterna. Como dice Juan. Capítulo 11, versículo 25. Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

 Y mientras todo esto sucede, hay detalles más simples que lo pintan de cuerpo entero, como su gusto por un dulce inesperado. Los pips, sí, esos coloridos y dulces de malvabisco que venden en temporada de Pascua. John asegura que son su favorito en el mundo. Algo tan sencillo nos recuerda que detrás del papa, del líder de millones, está un hombre con gustos comunes, con placeres que no tienen nada de extraordinario y justamente eso lo acerca más a la gente.

Hay un aspecto que también llama mucho la atención. El Papa León disfruta de las películas con finales optimistas. Según John, a su hermano nunca le gustaron las historias que terminan en desgracia o con una sensación amarga. Prefiere aquellas que levantan el ánimo, que dejan una enseñanza positiva, incluso si la trama fue difícil y tiene mucho sentido.

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