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Lo que hizo Bukele al encontrar a un veterano de guerra olvidado cambió todo el sistema de salud.

II.

—Señor Presidente —intervino rápidamente la jefa de protocolo—, vamos retrasados con el programa y…

Pero Bukele ya había entrado en la habitación, dejando a su séquito momentáneamente desconcertado.

La sala era grande y albergaba 6 camas, aunque solo 4 estaban ocupadas. El contraste con las áreas renovadas era impactante: pintura descascarada, ventiladores viejos en lugar de aire acondicionado y un evidente olor a antiséptico que no lograba disimular la antigüedad del lugar.

El anciano que había llamado la atención de Bukele estaba sentado en una silla junto a su cama, vestido con una pijama hospitalaria gastada, pero impecablemente limpia. Al notar la entrada del Presidente, el hombre intentó ponerse de pie con dificultad, usando un bastón para apoyarse.

—Por favor, no se levante —dijo Bukele, acercándose rápidamente para evitar que el anciano se esforzara.

—Con el debido respeto, señor Presidente —respondió el hombre con voz firme, a pesar de su edad—, cuando un soldado se encuentra frente al comandante en jefe, se pone de pie.

Esa respuesta sorprendió a Bukele, que observó al anciano con más atención. Ahora podía ver una vieja fotografía en la mesita junto a la cama: un joven soldado uniformado, condecorado y con la misma mirada decidida que veía ahora, 6 décadas después.

—¿Es usted veterano? —preguntó Bukele.

—Sargento Manuel Gutiérrez, señor Presidente. Serví en el batallón Atlacatl durante el conflicto.

Bukele se acercó más, genuinamente interesado, mientras su equipo y los funcionarios del hospital observaban desde la puerta, claramente incómodos.

—Es un honor conocerlo, sargento Gutiérrez. ¿Puedo preguntarle por qué está hospitalizado?

El anciano dirigió una mirada hacia los médicos en la puerta antes de responder.

—Necesito una operación de cadera, señor Presidente. La metralla que llevo desde 1984 finalmente está causando complicaciones.

—¿Y cuánto tiempo lleva esperando?

—Tres meses y dos semanas, señor Presidente.

Bukele frunció el ceño y miró al director del hospital, que evitó el contacto visual. Luego volvió la atención al sargento.

—Cuénteme más, sargento Gutiérrez. ¿Cómo ha sido su experiencia aquí?

El anciano enderezó aún más la postura, como si estuviera dando un informe oficial.

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