Durante años, la imagen del Tren de Aragua, la organización criminal más temida de origen venezolano, estuvo asociada casi exclusivamente a figuras masculinas de extrema violencia. Sin embargo, recientes operativos de inteligencia en Colombia, Chile y Perú han descorchado una realidad mucho más compleja y alarmante: el verdadero motor que mantiene la maquinaria económica de esta banda tiene rostro de mujer. Se trata de “Las Llaveras”, un selecto grupo de operadoras financieras que no solo administran el dinero, sino que son el cerebro estratégico detrás de la expansión transnacional del grupo.
La reciente captura en Medellín de Willet Bezabet Hernández Cabriles, conocida bajo el alias de “Hillary”, ha sido el punto de inflexión que permitió a las autoridades entender este engranaje. Hillary no era una integrante cualquiera; es la hermana de Larry Amauri Álvarez Núñez, alias “Larry Changa”, uno de los fundadores históricos de la organización. Su caída no fue un evento
aislado, sino el resultado de un trabajo coordinado con el FBI, dejando al descubierto cómo el Tren de Aragua utiliza los vínculos familiares y la discreción femenina para mover sus capitales ilícitos.
Alias La China: El Mando desde las Sombras
A pesar de los golpes propinados por las autoridades, la estructura del Tren de Aragua ha demostrado una capacidad de resiliencia pasmosa. Tras el vacío dejado por Hillary, los organismos de inteligencia han puesto sus ojos en Jonahari Jacqueline Navarro, alias “La China”. Lo más inquietante de su perfil es que, según las investigaciones, continúa ejerciendo su influencia y coordinando operaciones financieras incluso encontrándose recluida en una prisión en Chile.
La China representa el perfil más frío y calculador de la banda. Identificada como una de las jefas de la organización en el norte de Chile, su ascenso se produjo tras la captura de otros cabecillas. Ella es la encargada de supervisar la contabilidad, coordinar los cobros de extorsiones y gestionar los ingresos provenientes de redes de explotación sexual. Su figura rompe el molde tradicional; es una mujer que combina una capacidad administrativa implacable con una disposición absoluta para la violencia extrema, demostrando que en el mundo del Tren de Aragua, el poder no se hereda solo por sangre, sino por la eficiencia en el manejo del terror y el dinero.

Las Llaveras: Las Guardianas de la Economía Criminal
El grupo denominado “Las Llaveras” funciona como el departamento financiero del Tren de Aragua. Su nombre no es casual; ellas poseen las “llaves” de las cuentas receptoras y son las encargadas de garantizar que el flujo de efectivo no se detenga. Operan bajo una fachada de normalidad, integrándose en el tejido económico urbano de ciudades como Medellín, Lima o Santiago como supuestas comerciantes o administradoras.
Este grupo de mujeres ha perfeccionado métodos clandestinos de envío de dinero, como el sistema “Aguala”, que permite mover grandes sumas entre países sin dejar rastro en el sistema financiero formal. Su labor es vital para la organización, ya que se encargan de lavar activos mediante negocios fachada, asegurando que los recursos provenientes del narcotráfico, el tráfico de personas y la minería ilegal en Perú y Chile sigan financiando las operaciones de la banda. La inteligencia policial destaca que estas mujeres operan con “menor ruido”, lo que les permite una movilidad superior y una capacidad de sustitución que dificulta enormemente su neutralización.
De la “Bebecita del Crimen” a la Infiltración Total
El fenómeno de las mujeres líderes en el Tren de Aragua no es nuevo, pero sí se ha profesionalizado. Un antecedente directo es Wanda del Valle Bermúdez, conocida como “La bebecita del crimen”. Famosa por sus amenazas de muerte contra altos mandos policiales en Perú y su ostentosa vida de lujos y armas, Wanda abrió el camino para que otras mujeres asumieran roles de mando. Sin embargo, a diferencia de la exposición mediática de Wanda, las nuevas “reinas” como Hillary o La China prefieren la sombra, el uso de identidades fraudulentas y documentación falsa para cruzar fronteras sin levantar sospechas.
La infiltración del Tren de Aragua en América Latina ha alcanzado niveles críticos. En Colombia, la organización ha logrado amasar fortunas incalculables, mientras que en Perú y Chile se han concentrado en zonas mineras estratégicas y en las grandes capitales. El uso de mujeres en puestos clave de administración financiera ha sido la táctica maestra para mantener estas economías operativas mientras los hombres se encargan de la confrontación armada directa con el Estado.

Un Desafío sin Fronteras para la Seguridad Regional
La captura de figuras como Hillary es un paso importante, pero no el final del camino. La existencia de “Las Llaveras” confirma que el Tren de Aragua ha evolucionado hacia una estructura corporativa del crimen, donde la división de funciones es estricta y profesional. La capacidad de estas mujeres para dirigir redes de prostitución, droga y violencia desde una celda o desde un escritorio en un negocio fachada plantea un desafío sin precedentes para las agencias de inteligencia de todo el continente.
La lucha contra esta organización ya no puede limitarse a la persecución de sicarios en las calles. Ahora, el objetivo principal debe ser desarticular el brazo financiero que estas mujeres sostienen con puño de hierro. Mientras el dinero del Tren de Aragua siga circulando en silencio a través de las fronteras de Colombia, Chile y Perú, la sombra de “Las Llaveras” seguirá oscureciendo la seguridad de toda la región. La batalla ahora es contra las mentes que, desde el anonimato, garantizan que el crimen siga siendo un negocio rentable.