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“La Última Carta de JAVIER SOLÍS: La Verdad Sobre Flor Silvestre Que Sus Hijos Destruyeron”

Hay secretos tan peligrosos que se guardan bajo llave durante décadas. Verdades tan explosivas que familias enteras conspiran para borrarlas de la historia. Este es uno de esos secretos. En marzo de 2022, 56 años después de la muerte de Javier Solís, un sobre sellado con cera roja apareció en una caja fuerte que nadie sabía que existía.

Dentro había una carta de ocho páginas escrita con la letra inconfundible del rey del bolero ranchero. Una carta fechada el 10 de abril de 1966, apenas 9 días antes de su misteriosa muerte. Y lo que revelaba esa carta era tan devastador, tan comprometedor, tan peligroso para múltiples familias legendarias de México, que cuando los hijos de Javier la leyeron por primera vez, tomaron una decisión unánime.

 Tenía que ser destruida. Pero antes de quemarla, uno de ellos hizo algo que cambiaría todo. Le tomó fotografías y esas fotografías están a punto de revelar la verdad más escandalosa en la historia de la música ranchera mexicana. La historia comienza el 15 de marzo de 2022 en la ciudad de México. Blanca Estela Sainz, la viuda de Javier Solís, ahora de 82 años y viviendo en una residencia de ancianos, recibió una llamada que no esperaba.

 era de un abogado del Banco Nacional de México informándole que una caja de seguridad a nombre de Gabriel Siria Levario, el nombre real de Javier Solís, estaba a punto de ser abierta por orden judicial después de 56 años de abandono. Blanca Estela no sabía de la existencia de esa caja.

 Durante más de medio siglo había permanecido intacta, sellada, esperando. El abogado le informó que como viuda legal ella tenía derecho a estar presente cuando se abriera y que sus hijos, los herederos legítimos de Javier, también debían ser notificados. El 22 de marzo de 2022, en una sala privada del banco en el centro histórico se reunieron Blanca Estela, sus dos hijos con Javier, Gabriel y Gabriela Solí Sainz y representantes de otros herederos reconocidos.

 Había tensión en el aire. La familia de Javier siempre había estado fragmentada, dividida por matrimonios múltiples, hijos reconocidos y no reconocidos, batallas legales por herencias y regalías que habían durado décadas. Pero ese día todos compartían la misma curiosidad. ¿Qué había en esa caja que Javier había ocultado tan cuidadosamente? El gerente del banco, don Esteban Ruiz, un hombre de unos 65 años que había trabajado en la institución durante 40 años, explicó el proceso.

 La caja fue rentada el 3 de abril de 1966 a nombre de Gabriel Sirivario. Según nuestros registros, fue accedida una sola vez, el 11 de abril de 1966. Después de esa fecha, nunca fue abierta nuevamente. El señor Siria murió el 19 de abril de ese mismo año sin haber dejado instrucciones sobre la caja. Por ley, después de 50 años de inactividad, el contenido debe ser inventariado y entregado a los herederos legales.

 Lo que don Esteban no mencionó, pero que todos pensaban, era evidente. Javier había depositado algo en esa caja apenas 8 días antes de su muerte. ¿Qué podía ser tan importante? Con manos enguantadas, don Esteban abrió la caja metálica antigua. Adentro había muy poco. No había joyas, no había dinero, no había documentos legales, solo tres objetos, una fotografía en blanco y negro, un rosario con cuentas de plata y un sobre grande sellado con cera roja.

Gabriel Solís, el hijo varón de Javier, fue el primero en tomar la fotografía. Era una imagen que nunca había visto antes. Mostraba a su padre, joven, quizás de unos 28 o 29 años, de pie junto a una mujer. La mujer estaba de perfil, su rostro parcialmente oculto por un sombrero de ala ancha. Pero cualquiera que conociera la época dorada del cine mexicano la reconocería instantáneamente.

 Era flor silvestre y no estaban en un set de filmación, no era una foto publicitaria, estaban en lo que parecía ser un jardín privado y la manera en que Javier tenía su brazo alrededor de la cintura de ella, la manera en que ella se inclinaba hacia él, hablaba de intimidad, de amor, de algo mucho más que amistad profesional. Gabriela Solís tomó el rosario y lo examinó cuidadosamente.

Era hermoso, antiguo, con cuentas de plata labradas, pero lo que llamó su atención fue una pequeña inscripción en el crucifijo. FS AGS con amor eterno. 1961. Flor silvestre a Gabriel Siria. Gabriela asintió un escalofrío. Su padre había muerto en 1966. En 1961 él estaba casado con Socorro González y Flor Silvestre estaba casada con Paco Malgesto primero y después comenzaría su romance público con Antonio Aguilar.

¿Qué significaba amor eterno? ¿Qué relación habían tenido realmente su padre y Flor Silvestre que ninguno de ellos había sabido? Pero fue el sobresellado lo que cambió todo. Blanca Estela, con manos temblorosas tomó el sobre. Era grueso, pesado. En el exterior, escrito con la letra de Javier, decía, “Para ser abierto solo en caso de que la verdad necesite ser revelada.

 Si muero antes de poder decirlo yo mismo, que esta carta hable por mí.” Abril 10, 1966. Gabriel Siria Levario, Javier Solís. La fecha, 9 días antes de su muerte. Javier sabía que algo estaba por pasar. Sabía que estaba en peligro y había dejado esta carta como seguro de vida. Blanca Estela miró a sus hijos. ¿La abrimos aquí o la llevamos a casa? Gabriel, siempre el más impulsivo, respondió, “La abrimos aquí.

 Ahora, sea lo que sea que papá quería que supiéramos, ya esperamos 56 años. No voy a esperar ni un minuto más.” Con cuidado casi reverente, Gabriel rompió el sello de cera. El sobre contenía ocho páginas escritas a mano en la letra distintiva de Javier. La primera página comenzaba así. Si estás leyendo esto, significa que morí sin poder contar mi verdad.

 Significa que las fuerzas que me amenazaron ganaron, pero no van a poder silenciar lo que está escrito aquí. Esta es mi confesión. Esta es mi verdad y aunque me cueste todo, incluyendo mi vida, necesito que se sepa. Las manos de Gabriel temblaban mientras leía en voz alta. El gerente del banco discretamente salió de la habitación sintiendo que lo que estaba a punto de revelarse era demasiado privado para oídos extraños.

Gabriel continuó leyendo. Mi nombre es Gabriel Siria Levario, conocido artísticamente como Javier Solís. Tengo 34 años y he cometido el pecado más grande que un hombre casado puede cometer. He amado a una mujer que no es mi esposa. No un amor pasajero, no una aventura sin consecuencias, sino un amor profundo, complicado, imposible, que duró 4 años y que produjo algo que nadie, absolutamente nadie fuera de nosotros dos y una persona más sabe.

 Ese amor produjo una vida. Un hijo, nacido el 17 de febrero de 1961. Un niño que lleva mi sangre, pero que el mundo conoce con otro apellido. Un niño que otro hombre ha criado como suyo, sin saber la verdad. Y esa mujer, ese amor imposible que me ha atormentado y bendecido por igual, es Guillermina Jiménez Chabolla, conocida por todos como Flor Silvestre.

El silencio en la habitación era absoluto. Blanca Estela estaba pálida como un fantasma. Gabriela tenía lágrimas corriendo por sus mejillas sin siquiera darse cuenta. Y Gabriel, Gabriel sentía como si el suelo se abriera bajo sus pies. Flor silvestre, la mujer que se había casado con Antonio Aguilar en 1959, la que había formado con él la pareja más icónica de la música ranchera mexicana.

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