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La Triste Historia de Los Prisioneros de Chile | Todo Lo que No Sabías

Estreches de corazón. Hola, ¿qué tal amigos? Bienvenidos sean a un nuevo video de la cosicultura de Herberí y en esta ocasión les traemos la historia de los prisioneros de Chile. Así que pónganse cómodos porque enseguida comenzamos. Y si aún no está suscrito a nuestro canal, le invitamos a hacerlo porque eso nos ayuda a seguir subiendo más y mejor contenido.

 Y ahora sí, sin más preámbulo, vámonos a lo que te truje, Chencha.  La historia de los prisioneros comienza en la comuna de San Miguel, en Santiago de Chile, durante los primeros años de la década de los 80, una época complicada, tensa y llena de cambios sociales en aquel país. Y fue justamente en medio de ese ambiente donde tres jóvenes compañeros de colegio, sin imaginarlo siquiera, terminarían convirtiéndose en una de las bandas más importantes y revolucionarias de toda la música en español.

Porque a veces, amigos, las leyendas nacen en los lugares más sencillos y menos esperados. Recuerdo cuando  El núcleo de la banda estuvo formado por Jorge González en la voz y el bajo, Claudio Narea en la guitarra y Miguel Tapia en la batería. Lo curioso de toda esta historia es que, a diferencia de muchos músicos de aquella época, ellos no eran virtuosos ni habían estudiado música profesionalmente.

No venían de familias famosas ni tenían contactos importantes dentro de la industria. Lo único que tenían era hambre de expresarse, ganas de hacer ruido y una enorme inconformidad con el mundo que los rodeaba. Y díganme ustedes, ¿no creen que muchas veces las mejores bandas nacen precisamente de la rebeldía y no de las escuelas de música? Aquellos muchachos comenzaron prácticamente desde cero, aprendiendo sobre la marcha, improvisando y soñando con algún día ser escuchados.

Pero lo que nadie imaginaba era que esas canciones cargadas de crítica social, enojo juvenil y verdades incómodas terminarían conectando con millones de personas en toda Latinoamérica. Porque los prisioneros no solo hacían música, amigos, ellos estaban diciendo cosas que muchos tenían miedo de decir públicamente.

De verdad esa cosa llamado  educación. De las aulas a la música. Su primera agrupación llevó el nombre de los binchucas y en esos tiempos se dedicaban principalmente a tocar versiones de otras bandas. Imagínense nada más la escena, unos muchachos de colegio llenos de sueños tratando de abrirse paso en la música mientras incluso tenían un pequeño cuerpo de baile formado por amigas de la escuela.

Si amigos, aunque hoy los recordamos como una banda seria y contestataria, en sus inicios también había espacio para la diversión, las ocurrencias juveniles y hasta momentos medio improvisados. Y la verdad, ¿quién iba a pensar que de algo tan sencillo terminarían haciendo un fenómeno musical tan grande?  Más adelante crearon un proyecto paralelo llamado Pseudopillos, una etapa mucho más relajada, humorística y experimental.

Ahí comenzaron realmente a jugar con ideas nuevas, letras distintas y estilos que poco a poco los iban acercando a lo que después sería su verdadera esencia musical. Porque muchas veces las grandes ideas nacen precisamente cuando nadie te está tomando demasiado en serio. Y aunque en ese momento parecían solo unos jóvenes haciendo música por diversión, en realidad ya estaban construyendo sin saberlo las bases de algo enorme.

Ahí empezó a tomar forma ese estilo directo, rebelde y crítico que años después haría explotar la popularidad de los prisioneros en toda Latinoamérica. ¿Ustedes creen que una banda nace siendo grande o que las leyendas se van formando poco a poco entre errores, pruebas y tropiezos?  El nacimiento de la leyenda.

Durante este proceso de búsqueda, los jóvenes comenzaron a interesarse profundamente por el sonido del punt británico y la newed, tomando como gran inspiración a bandas como The Clash. Esta influencia fue moldeando el sonido crudo y directo que definiría a la banda. El momento decisivo llegó el primero de julio de 1983 en el Instituto Miguel León Prado.

En un acto escolar, el trío presentó su repertorio y decidió adoptar de forma definitiva el nombre de los prisioneros, una sugerencia de Miguel Tapia. Ese día sorprendieron a sus compañeros con una energía arrolladora. Con letras que hablaban de la vida en los barrios, la rutina de los trabajadores y el entorno de las poblaciones urbanas sentaron las bases para convertirse en la voz de toda una generación en Latinoamérica.

 Los prisioneros, los primeros pasos prácticos. El camino hacia el escenario no fue fácil y requirió de mucho ingenio. Para empezar a darle forma a su sueño, el trío transformó la casa de Jorge González en su base de operaciones diaria. donde se encerraban a ensayar de forma rigurosa.

 Uno de sus primeros grandes pasos prácticos fue conseguir los instrumentos necesarios para poder tocar. Claudio Narea trabajó como repartidor y vendedor durante el verano en el centro de Santiago para poder comprar su primera guitarra eléctrica de marca económica. Por su parte, Miguel Tapia se las ingenió para desarrollar el ritmo.

Antes de tener acceso a una batería completa, practicaba con cajas, latas y parches sueltos, lo que le dio a su estilo un toque percusivo único y dinámico. En el plano creativo decidieron dejar de lado las versiones de otros artistas para componer su primer tema original titulado Impotencia. Esta canción marcó el inicio de una nueva etapa donde hablarían de su propia realidad sin imitar a nadie más.

Con sus propias canciones listas. El siguiente paso fue la creación de un demo totalmente independiente. Utilizando una grabadora doméstica, registraron sus ensayos y ellos mismos duplicaron los cassetes para repartirlos entre sus compañeros y medir la reacción del público. A través de estas pequeñas acciones de autogestión y esfuerzo, los jóvenes de San Miguel comenzaron a construir la identidad musical que muy pronto sacudiría a todo un país.

 Los prisioneros, polémicas, rumores y conflictos. Pero amigos, aunque los prisioneros estaba viviendo uno de los momentos más importantes de su carrera y ya eran considerados iconos del rock en español, detrás de los escenarios las cosas comenzaban a ponerse bastante tensas, porque como suele pasar en muchas bandas famosas, el éxito, la fama y los problemas personales terminaron mezclándose de una manera explosiva.

Y fue precisamente a finales de los años 80 cuando ocurrió uno de los escándalos más comentados en toda la historia del rock chileno, un episodio que hasta el día de hoy sigue dando de que hablar entre los fanáticos del grupo. Lo que parecía una amistad inquebrantable entre Jorge González, Claudio Narea y Miguel Tapia empezó a romperse por una situación amorosa bastante delicada y complicada.

De repente tú nos puedes contestar por qué se ha terminado. Est aburrido. Durante la preparación del disco Corazones. Salió a la luz un triángulo amoroso que involucraba a Jorge González y a Claudia Carvajal, quien en ese entonces era esposa de Claudio Narea. Imagínense nada más el nivel de tensión dentro de la banda.

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