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la triste historia de Kenny y Los electricos | La Terrible Enfermedad

Tengo roto el  corazón. Por mí nuestro dato espeluznante. Número uno, la acusación que quebró una amistad antes de que explotara la fama. Oye, Ken, ahora sé que Alejandra Guzmán fue tu corista. ¿Cómo la conoces? Corista. Alejandra era la corista joven que Kenny trataba como protegida, una especie de aprendiz en medio del caos eléctrico de la banda.

Pero una tarde, sin cámaras y sin público, Alejandra soltó una confesión que movió todo el tablero. Le dijo a Kenny que su esposo en ese momento, Ricardo Ochoa, le estaba acosando cuando nadie veía. La corrí del grupo porque resulta que Ricardo Ochoa, mi ex, se la quería echar. Lo hizo argumentando que Ochoa era el productor del disco y el director musical, mientras Alejandra era solo la corista.

Pero yo digo, pues también a lo mejor fue culpa mía, pues le llevé el banquete a la casa. Esa explicación no calmó nada, al contrario, sembró una herida que la Guzman se encargó de mencionar cada vez que se topaba a Kenny en algún evento,  sobre todo cuando habían tragos de por medio. O Ricardo Choa, el guitarro y el compositor y el productor o es Alejandra la coriza.

Años después,  Alejandra seguía soltando la misma frase. Tú me corriste, cabrona. Para muchos, ese episodio fue el inicio de una cadena de pleitos, resentimientos y secretos que marcaron la relación entre tres figuras que después serían parte de historias todavía más turbias. Ese fue el primer incendio y lo peor es que no fue el último.

Nuestro dato espeluznante número dos, un poquito agresiva ya cuando tomaba alcohol. Alejandra Guzmán estaba peleando con su novio, uno de esos pleitos donde los pomos,  los gritos y la adrenalina se mezclan de forma peligrosa. Kenny intentó intervenir para separar a la pareja antes de que se hiciera daño, pero no esperaba lo que venía.

A Pablo una vez le empezó a pegar con un tacón, ¿cómo se llaman esos? Tacón. Tacón de aguja. Ajá. En medio del forcejeo, Alejandra lanzó una patada dirigida a su novio, pero el golpe terminó estampándose en el rostro de Kenny. pa y me da en la nariz porque ella la pasada era pues para el novio, no para mí.

El impacto fue tan fuerte que le rompió la nariz al instante. La sangre comenzó a brotar y manchó todo.  Ropa, manos, asientos, espejos. No había ambulancia,  no había paramédicos, no había un alto total, solo dolor, confusión y un viaje interminable hacia un hospital donde pudiera recibir ayuda.

Y se le empezó a pegar en la cabeza, güey, por a Pablo.  Fue uno de esos momentos donde cualquiera se preguntaría si vale la pena seguir rodeada de personas que viven  en el filo de sus propios demonios. Ese episodio nunca se borró de su memoria. Tampoco se borró para quienes estuvieron ahí.

Y desde entonces, cada vez que se hablaba de la relación entre Kenny y Alejandra, esa historia salía flotando como recordatorio  de que en el rock a veces las heridas más profundas no se ven desde el escenario. Nuestro dato espeluznante. Número tres. Kenny le diseñaba la ropa a la Guzmán, pues ella se encargaba de hacer vestuario para espectáculos.

Según dice Kenny, la ropa que usa Alejandra Guzmán en los shows ahora no está chida. Pero como ya no son amigas, entonces por eso Alejandra ya no la busca. Nuestro dato espeluznante número cuatro. Silvia Pinal acusa. Kenny  responde y la bomba mediática explota. Cuando se supo que Alejandra Guzmán había dejado la banda de Kenny, las versiones empezaron a viajar por todos lados.

Pero la más dura de todas no salió de un reportero ni de un promotor, salió de la mismísima Silvia Pinal. La actriz aseguraba que Kenny le vendía sustancias a Alejandra.  No era un rumor anónimo, era una acusación directa de una de las figuras más influyentes  del espectáculo mexicano. Al enterarse, Kenny no guardó silencio,  no se escondió y no suavizó el golpe.

Respondió diciendo que Silvia era una estúpida por creer semejante cosa. Lo dijo con ese tono que siempre la ha definido,  sin filtro, sin miedo y sin pedir disculpas. También aclaró que jamás ha probado nada que altere los sentidos.  Ya saben, banda, de qué hablo, que lo suyo es el vino tinto y que la acusación no solo era falsa, sino absurda.

Ese intercambio abrió un frente mucho más grande. Si la relación con Alejandra ya estaba dañada,  ahora las miradas apuntaban a un conflicto entre dos generaciones. La roquera, que se abría paso a golpes en una escena machista, y la figura de la época dorada que veía en Kenny. La raíz de los problemas de su hija.

Dos mundos chocando sin intermediarios. Lo más fuerte es que esa frase de Kenny no se borró jamás. Hasta hoy sigue siendo citada como una de las respuestas más duras que ha dado alguien del rock a una leyenda del cine mexicano. Un choque frontal que todavía divide opiniones.  Nuestro dato espeluznante número cinco, la cadena de infidelidades que destruyó  su primer matrimonio.

La historia con Ricardo Ochoa no solo estuvo marcada por música, producción y escenarios, también estuvo llena de traiciones que Kenny descubría una tras otra. Ella misma contó que lo engañó cinco veces de las que se enteró. No cinco sospechas, cinco confirmaciones.  Cada una fue erosionando la relación hasta dejarla al borde del colapso.

Pero las infidelidades no fueron lo peor. Con el tiempo, Ochoa cayó en adicciones que destruyeron su estabilidad y la  de la banda. Lo que empezó como un matrimonio creativo terminó convertido en una convivencia desgastada, llena de silencios incómodos y  discusiones que ya no tenían solución. Kenny luchaba por mantener el proyecto a flote, pero cargar con un esposo infiel,  un productor inestable y una banda que dependía de él era una bomba de tiempo.

El episodio más oscuro llegó cuando Ricardo fue detenido en Torreón por haberse acostado con una persona que, como dice la banda, aún no alcanzaba el timbre. Ese hecho marcó el punto de no regreso. A partir de ahí, la caída fue definitiva,  no solo para el matrimonio, sino para la figura pública de Ochoa. Y para la versión romántica de los inicios de la banda.

Nada volvió a encajar después de aquello. Para Kenny, esa etapa quedó como una cicatriz que no podía ocultar. Era la prueba de que la línea entre la vida artística  y la vida personal, cuando se mezcla en exceso, termina explotando de la peor manera. Nuestro dato espeluznante número seis, la detención que terminó por hundir todo.

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