La triste historia de Acela Robinson. ¿Qué onda, mi gente? Bienvenidos una vez más al canal Tutoriales Gerberín, el canal donde se cuentan las historias, carreras, secretos, golpes de la vida y esos chismes del espectáculo que no siempre se cuentan completitos. Hoy vamos a meternos en la vida de Acela Robinson, una actriz que muchos recuerdan como una de las villanas más fuertes de las telenovelas, pero que detrás de esa mirada dura y de esa voz potente también hay una historia llena de sacrificios, decisiones difíciles y
momentos que pocos conocen. Iba a decir que Cristóbal se iba a meter en ese tipo de líos. Y si aún no estás suscrito al canal, ahora es el momento de hacerlo, porque eso nos ayuda a seguir subiendo más y mejor contenido y así tú no te pierdes de ninguno de nuestros interesantes temas.
Ahora sí, sin más preámbulo, vámonos a lo que te truje Chencha, la niña que creció entre dos mundos antes de que Acela Robinson se convirtiera en esa villana de mirada filosa que parecía capaz de dejar temblando hasta el apuntador. Su historia comenzó muy lejos de los foros mexicanos. Ha Jacqueline Robinson Cañedo nació en Londres, Inglaterra, en una familia mezclada entre lo británico y lo mexicano.
Una combinación que desde el principio la puso a vivir con un pie en Europa y otro en México. Y yo viví como gitana de Inglaterra a México desde entonces. Pasaba un semestre en el Margarita de Escocia en México y me iba al Pimlico a Londres. Siempre viví como gitana, pero soy anglomexicana, la verdad.
Yo siento que soy. Su madre fue Naja Cañedo, una mujer mexicana ligada al arte, bailarina de danza contemporánea y familiar de figuras conocidas como Roberto Cañedo y Guillermo Cañedo. Su padre fue Alan Robinson, un británico dedicado al periodismo. Era un corresponsal de guerra, escritor y presidente de corresponsales extranjeros en México.
Así que Acela no nació precisamente en un ambiente de carencias extremas, sino en una familia con mucho mundo, cultura, educación, muchas historias encima. Inglés era inglés y mi mamá era mexicana. Mi mamá era este prima hermana de Roberto Cañedo de ese grupito de Claro. Tu mamá bailarina, ¿verdad? Sí, era bailarina.
fue bailarina de contemporáneo que ella no era una niña de vecindad ni de lujos escandalosos, viajes, idiomas, arte y una casa donde el trabajo intelectual artístico pesaba bastante. Desde muy pequeña, Acela vivió entre Inglaterra y México. Ella misma ha contado que se sentía como gitana porque pasaba temporadas en un país y temporadas en el otro.
llegó a México cuando apenas era una niña junto a sus padres y desde entonces su vida empezó a moverse entre esas dos identidades. Por un lado estaba la educación británica con disciplina, puntualidad y cierta rigidez, pero por el otro lado estaba México con su ruido, su calor humano, su familia materna y esa forma de vivir que poco a poco terminó ganándole el corazón.
En su casa había cinco hermanos, cada uno con caminos distintos. Una de sus hermanas se inclinó por la poesía, otra llevó una vida más administrativa y sus hermanos se movieron por terrenos fuertes entre misiones humanitarias, medicina, antropología forense y lugares marcados por conflictos. Así que Aela creció en un entorno donde había arte, disciplina, mundo, noticias, viajes y conversaciones serias, no en una familia apagada ni encerrada en una sola realidad.
¿Eras mesera también? ¿Fuiste mesera? Ah, en Londres, claro, cuando estaba estudiando. Sí, sí, fui mesera. ¿Y cómo te fue? Muy bien. Incluso los ingleses que no están acostumbrados a dejar propina me dejaban dinero en el Teatro Nacional de Londres y su mamá también fue una influencia muy fuerte.
Al ser bailarina y mexicana le heredó no solo una raíz, sino una sensibilidad artística. Su padre, por su parte, le mostró un mundo más amplio, el de las noticias, el de los conflictos internacionales y la vida de quien mira la realidad de frente sin mucho maquillaje con esos dos mundos en la mesa. Acela creció viendo que la vida podía ser elegante, dura, artística y caótica al mismo tiempo.
En su juventud estudió en Inglaterra, donde recibió una educación seria y muy marcada por el ambiente británico. También llegó a prepararse en disciplinas relacionadas con el movimiento, la danza y la escena. Porque antes de abrirse camino como actriz en México, su formación venía cargada de una mezcla de arte, cuerpo, disciplina y cultura teatral inglesa.
Ella no era una muchacha improvisada ni alguien que apareció, como quien dice, de la nada. Hacer la venía de una educación bastante sólida, de esas que no se compran con fama de revista, sino con años de formación. Oye, ¿lo vas a obligar que se case con Alejandra? Pero aunque Inglaterra le dio escuela y estructura, México le dio destino.
A los 19 años se enamoró de un mexicano. ¿Y quién creen? el hombre que después sería el padre de su hijo. Y esa decisión cambió todo el rumbo de su vida, porque una cosa era venir y volver como lo había hecho desde el principio, y otra muy distinta era quedarse a formar una vida, echar raíces y aceptar que ese país lleno de ruido, contradicciones, oportunidades, iba a convertirse en su verdadera casa.
Así que antes de ser famosa, antes de las villanas, antes de la televisión y antes de que el público la reconociera por esa voz tan particular, Aela Robinson ya traía una historia poco común. Y aquí les pregunto yo, ¿será que esa vida entre Inglaterra y México fue lo que terminó formando el carácter fuerte y la presencia imponente de Acela Robinson? ¿Qué opinas? Pónmelo en los comentarios.
Y vean, amigos, de la escuela inglesa al cine de batalla. A Cela ya traía escuela antes de pisar fuerte en México. Venía preparada de Inglaterra, o sea, no venía a ver si le salía el numerito. Tenía formación y tenía tablas y con una disciplina pues ya saben cómo son los ingreses, muy puntuales.
Pero al llegar al espectáculo mexicano se topó con otra cosa. Aquí el foro tenía su propio carácter, su propio ritmo y sus propias mañas. Su entrada al medio no fue por la puerta grande de las telenovelas, sino por el cine. En México empezó desde abajo como extra, bajo la dirección de Gilberto Martínez Solares, en una película donde también estaban Angélica Chaín, Hugo Stiglis y Andrés García.
Me dedicaba a lo que había. Hacía teatro e y hacía todo lo que se filmara o grabara. Entonces hice alrededor de 80 y tantas peliculitas. Te juro que si las vaya aquel encaso y me imagino que haber sido del género del cine de las sexedias. Y vean amigos, al principio no había nada de camerinos, nada de estrellato, ni de diva, ni de alguna cosa que pudiera considerarse un lujo.
Ahí era llegar, esperar, observar, aprender y entrarle a lo que tocara. Porque en ese mundo el que se pone muy fino se queda viendo cómo otros agarran el llamado. Su primera película fue Traficantes del vicio en el año 1990, junto a otra gran leyenda del cine mexicano, Mario Almada y una mujer muy bella y enemiga de Verónica Castro, Felicia Mercado.
A partir de ahí se le abrió una etapa de mucho cine popular, de acción, suspenso y comedia. No era el cine más elegante de Aparador, ese que los críticos van y juzgan, pero era un cine de escuela brava, un cine de barrio, un cine la gente iba a hacer cola y ahí se aprendía a resolver rápido, a no hacer caras al personaje y a trabajar, aunque el presupuesto viniera más flaco que promesa de político, terminó haciendo alrededor de 80 películas en esa primera etapa, entre películas buenas más o menos y de Holmes. Y aunque muchas de estas cintas
no eran precisamente la gran cosa o de la alfombra roja, le sirvieron para algo que no se compra, oficio y al menos pues también comía de eso, ¿no? Si los estuvieras no te hubieras llevado los papeles y la carta de tu hermana. Porque una actriz puede estudiar mucho, puede tener mucho colmillo, se agarra trabajando, repitiendo escenas, equivocándose, corrigiendo, escuchando a los directores y entendiendo que como se mueve una cámara, cómo se mueve la otra cámara y así va, pero el tiempo aprieta.
Después vino la televisión. Su primer acercamiento fue con la Hora Marcada, aquella serie de suspenso, ¿se acuerdan? donde pasaron muchos talentos que después hicieron ruido fuerte, se hicieron muy famosos. Pero su primer papel importante en telenovela llegó con Pobre Niña Rica, producida por Enrique Segoviano.
Ah, caray, ese era el que se iba a casar con Florinda Mesa. Ahí la oportunidad apareció por un casting que buscaba Sebastián Ligarde para el personaje de su esposa dentro de la historia. Aela hizo la prueba, se quedó con el papel y lo curioso es que quien no terminó quedándose fue el propio Sebastián. Así de caprichoso es este medio.
Uno llega por la puerta de enfrente y de pronto la puerta cambia de lugar. Ese primer golpe televisivo no fue sencillo. La televisión mexicana trabajaba a toda velocidad con varias cámaras, apuntador, marcas, entradas, salidas y una presión que no esperaba a que nadie se acomode. Ella venía de otra escuela, más teatral y más estructurada, y de pronto estaba metida en una maquinaria donde había que aprender rápido o si no se quedaba atrás.
Pero esa exigencia también le estaba dando cancha. Pero vean, amigos, aquí el punto de inflexión en su carrera llegó con Cañaveral de Pasiiones en el año 1996. Ahí la llamada fue clave. Cristian Bach la buscó casi de noche, como a las 11 de la noche porque la había visto en teatro y quería que fuera a hacer casting. A se la fue, hizo la prueba y terminó quedándose como Dinora Faberman, el personaje que cambió completamente su carrera.
Y luego me llama para Cañaveral, me llamó Cristian Bach. Mira, a las 11 de la noche me dijo, “No te conozco más que en el escenario y quiero que vengas a hacer un casting.” Y me quedé así empecé yo. Y Dinora te marcó para siempre, la verdad. Sí. Y a partir de ahí la historia fue otra completamente diferente, porque vean amigos, villana siempre ha habido en la televisión, pero Dinora no era una villana cualquiera.
Fue de esas mujeres que entran a cuadro y uno ya sabe que algo va a pasar. tenía elegancia, veneno, orgullo y una mirada de esas que no piden permiso para hacer daño. Con ese personaje, Acela dejó de ser solo una actriz que venía trabajando mucho y se convirtió en una presencia que el público ya no pudo olvidar. Después de Dinora, la televisión entendió que Aela tenía madera para personajes fuertes.
No necesitaba gritar ni aventar floreros para imponerse. Con la voz, con la mirada y una frase bien dicha podía poner la escena a temblar. Por eso vinieron papeles importantes como Elvira en la usurpadora, Francisca en el manantial, Fedra en llena de amor y Josefa en yo no creo en los hombres. Uno de sus trabajos más fuertes fue Josefa.
En precisamente, yo no creo en los hombres. Ese papel mostró que Aela no dependía de glamur para llegar a la pantalla. Ahí se fue por una mujer más ruda, más áspera, más incómoda y una de esas que no están hechas para verse bonitas, sino para sentirse reales. Y ella entró sin miedo, porque cuando hay oficio, la vanidad se queda fuera del foro, sentadita y calladita.
Acela no es de esas chavitas bonitas que las meten porque pues se ven bien en pantalla. Ella es una mujer que está ahí por el vivo talento. Y así fue como Cela Robinson pasó de la escuela inglesa al cine de batalla y del cine de bajo presupuesto a la televisión grande y de los papeles pequeños pasó a convertirse en una villana, pero ya no cualquier villana, en una villana de lujo.
Y aquí les pregunto yo, ¿creen que Aela Robinson se volvió una gran villana porque la televisión la encasilló o porque desde el principio traía esa fuerza escénica que no cabía en personajes tibios? ¿Se acuerdan que les dije que se quedó en México por causa de un hombre? Ahorita hablaremos del amor que la hizo quedarse en México.
La vida sentimental de Acela Robinson no empezó como chisme de revista, empezó como esas decisiones de juventud que parecen sencillas en su momento, pero después terminan cambiando todo el mapa de la vida. Como les decía, Acela venía y se iba entre Inglaterra y México hasta que en una de esas vueltas conocíó a un mexicano que terminó marcando su historia.
Ese era nada más y nada menos que Roberto Vallesteros. el actor y según lo que ella ha contado, fue su primer novio desde que ella tenía alrededor de 15 años. O sea, no fue un romance de pasillo, fue una relación que empezó cuando todavía era muy joven. Voy haciendo mis pininos en teatro como bailarina de TAP y así. Ajá. Y en unas vacaciones que vine me dio el anillo de compromiso y no supe decir que no.
Ese no, que te digo que un aprende ya muy tarde, pero bendito. Con el tiempo ese román se tomó rumbo de compromiso. Roberto le dio el anillo cuando ella tenía 18 años. Ya se la terminó casándose la misma semana en que cumplió 19 años. A esa edad, mientras muchos están preguntándose si la vida va para la izquierda o para la derecha, ella ya había tomado una decisión enorme, venirse a México, casarse y empezar una vida lejos de la comodidad conocida de Inglaterra.
Pero todo parecía bonito, todo parecía un camino lleno de rosas sin espinas, pero la historia no salió como un cuento de hadas con música bonita al final. quedé casada como 2 años y medio. Sí, pero hubo un premio sacio. Eso sí. Yo creo que para eso vine y para eso me casé y pues luego me divorcié y por eso mismo no volví a Londres porque cuando tienes un hijo.
Pero a pesar de las altas y bajas de esa relación nació su hijo Alexander Vallesteros. Y ahí fue donde su vida cambió de verdad, porque después de separarse pudo haber tomado sus cosas, regresarse a Londres y cerrar ese capítulo mexicano, pero no lo hizo. Se quedó en México por su hijo, porque para ella un niño tenía derecho a tener cerca a su madre y a su padre.
Confiado. Él pensaba que si me iba no iba a volver a ver al niño. Entonces, no me quedó de otra. Y lo agradezco que quedarme aquí en México y empezar mi carrera de extra con don Gilberto Martínez Solares. Mira, mira. Sí. En una película horrorosa. Esa decisión pesó mucho en su historia. a Cela no se quedó solamente por una carrera ni por perseguir reflectores, se quedó porque ya tenía una historia efectiva, familiar en este país.
Y aunque después México terminó convirtiéndose en el lugar donde construyó su carrera, su fama y su nombre como actriz, la raíz de esa permanencia estuvo en algo mucho más íntimo, su maternidado. Ya ves esos momentos que tienes tú sola contigo y dices, “¿Y si yo hubiera sido así?” Pues sí, pero si mi tía tuviera rueda sería carreta. Yo no soy así.
Yo sí soy muy entregada a la gente. Tengo compromiso. Con el paso de los años Acela ha sido discreta en su vida privada. No ha hecho de sus relaciones un espectáculo, ni ha vendido su intimidad como si fuera promoción de telenovela. Lo que se puede contar con seguridad es que Roberto Ballesteros fue el hombre que la trajo emocionalmente a México, fue su esposo, fue el padre de su hijo y aunque la relación terminó, de ahí salió una de las decisiones más importantes de su vida, quedarse.
Aquí te pregunto, ¿tú qué crees? ¿Crees que la actriz se quedó en México por amor por su hijo o porque sin saberlo ya estaba entrando en el país donde iba a construir su verdadera historia y su carrera? Pero vean amigos, siempre hay un precio que pagar y para Cela había un precio para ser actriz. Cuando el foro no perdona, Aela también conoció el lado más oscuro de la actuación, ese que no sale en las fotos bonitas ni en las entrevistas con sonrisa porque en ese medio el público muchas veces ve el personaje, la escena, el vestido, la
villana bien plantada, pero no ve lo que pasa detrás cuando la actriz llega con el corazón hecho pedazos y aún así tiene que decir sus líneas como si nada. Como decía la canción de Javier Solís, en un cofre de vulgar hipocresía. Ante la gente ocultaba su derrota. Y uno de los momentos más fuertes que ha contado fue cuando su madre estaba muy grave mientras ella seguía trabajando en el foro.
La vida real se le estaba cayendo encima, pero la producción seguía corriendo. Como dice el dicho, el show más go on. El show debe de continuar. Las cámaras estaban listas. El famoso show, como dicen por ahí, tenía que seguir. Aquí no había tiempo para llantos ni para dramas. Y allí es donde uno entiende que la televisión puede verse muy brillante por fuera, pero por dentro a veces tienen corazón de piedra, que nuestro trabajo es muy frívolo y no es cierto.
Eh, mi hermano me puede pellizcar por lo que voy a decir, pero es muy parecido a los médicos en muchas y no solamente le pasó eso con su mamá, también vivió algo muy fuerte con su padre. Ala pidió permiso para viajar a Londres y despedirse de él, pero según contó no se lo dieron. Imagínense el golpe estaba grabando mientras su familia estaba de luto, mientras su cabeza está en otro país y su cuerpo estaba parado frente a una cámara, quizás hasta besando a un galán o haciendo una escena de pelea, eso no se sabe. Pero ya no es glamour, eso es
aguante del pesado. Y con el tiempo Aela entendió que ningún trabajo vale más que la vida ni la familia. Ella misma reconoció que hoy actuaría distinto, que si volviera a pasar por algo así, se saldría del foro y le valría todo, porque una cosa es ser profesional y otra cosa muy diferente es dejar que el trabajo te arranque momentos que ya no regresan.
No hay que creérsela, hay que tomar cada proyecto como si fuera el primero, cuestionarte igual que cuando empezabas, no perder esa frescura. Si la pierdes, mejor retírate y deja que alguien más lo haga. en algún momento sí te llegó a pasar algo. Una cosa es ser un buen actor y otra cosa es dejar de ser humano.

Por eso, detrás de sus villanas fuertes también hubo una mujer que aprendió a golpes que la fama no siempre abraza, que la industria no siempre entiende y que a veces el aplauso llega después de que el actor ya pagó un precio demasiado caro, un precio demasiado alto y que no se paga con dinero, sino con la vida misma.
Y aquí pregunto yo, ¿saben ustedes qué es lo que realmente se sacrifica para que el público goce de momentos como estos? Yo la neta no. Pero vean, amigos, entre las batallas de Acela existe una grave enfermedad que no tiene cura. Su lucha contra la agorofobia. Y si ustedes no saben qué es, ahorita se los explico.
La actriz ha revelado que tiene agrofobia, una condición que puede provocar ansiedad, miedo o incomodidad al salir, estar en espacios abiertos o enfrentarse al movimiento de la calle. En su caso, no lo contó como haciéndose la dramática, sino que lo dijo con toda naturalidad. Le gusta actuar, pero no le gusta mucho salir y no es difícil entender por qué le pesa para ella tomar el coche, meterse a tráfico, escuchar gritos, lidiar con coches, camiones, gente desesperada y todo ese caos de la ciudad se volvió una carga.
Lo que para muchos es una salida normal, para ella puede convertirse en una prueba de paciencia y nervios. No me gusta actuar y de salir no me gusta mucho salir. Tengo agorafobia, mi amor. ¿Cómo agorafobia? Sí. ¿Qué es eso? Eh, fobia a salir. Dicen que a los lugares abiertos. Eso por eso casi no le gustan las alfombras rojas ni eventos públicos.
No es porque esté jugando a la diva misteriosa, sino porque ese ruido social le cuesta. Ella misma ha dicho que no le gusta el show, que no le gusta la falsedad de ciertos eventos y que prefiere mantenerse lejos de ese teatro donde todos sonríen, aunque por dentro estén contando los minutos para irse. También reconoció algo muy fuerte, cuando esa sensación empieza a ganarte, ya no quiere salir a ningún lado.
Y ahí se entiende que su batalla no era solamente contra los reflectores, sino contra una ansiedad que poco a poco puede ir cerrando puertas. Dicen que a los lugares abiertos, eso per sé así es la palabra en latín es fobia los lugares abiertos, pero más que eso es en lo que nos hemos convertido. Wow. O sea, ya en pantalla Acela puede ser una villana de hierro de esas que entran a cuadro y todo el mundo tiembla, pero por fuera de cámara enfrenta una lucha mucho más silenciosa, una lucha sin libreto, sin aplausos y sin corte final. Y yo
pregunto, ¿será que muchas veces juzgamos a los artistas por desaparecer del ojo público sin saber lo que están pasando por dentro? Hubo un golpe que golpeó a su familia, la desaparición de su sobrino, el dolor que golpeó a la familia en el año 2025. La familia de Acela Robinson sufrió uno de los dolores más grandes que puede vivir una casa, la desaparición de un ser querido.
Se trata de José Ramón Pérez Ponzaneli, de 32 años, a quien la actriz ha llamado su sobrino por el vínculo tan cercano que tiene con su madre, Mónica Ponzanelli. José Ramón fue visto por última vez el 12 de mayo del año 2025 en Querétaro. Trabajaba en un hotel familiar junto a su papá. Según el relato difundido por Acela, aquella mañana salió del lugar para ir a una tienda que quedaba aproximadamente a una cuadra y media.
Iba por cigarros, dejó su celular y sus llaves. Dijo que regresaba, pero ya no volvió. Salió del hotel en Querétaro de su papá. Él trabajaba, trabaja en ese hotel con su papá. ¿Cuántos años tiene Ramón? Ramón tiene 32, pero se ve como de 24. Es es super animalero. Es lo más doloroso del caso fue que la familia aseguró que pidió las cámaras de seguridad desde el mismo día de la desaparición, pero según Aela no se las entregaron a tiempo.
En marzo del año 2026, la actriz volvió a denunciar que las grabaciones se entregaron seis semanas después y ya estaban borradas. Ahí fue donde el caso dejó de ser solamente una tragedia familiar y se convirtió también en un reclamo fuerte contra las autoridades. La angustia, la desesperación, el no tener nada, eso es terrible, pero eso es lo que está pasando en México diario.
Entonces, ¿qué vamos a hacer? Acela también contó que la madre de José Ramón, Mónica Ponzaneli, siguió buscándolo en medio de una angustia terrible. Y no era para menos, porque cuando alguien sale por algo tan simple como comprar cigarros y desaparece sin dejar rastro, la familia se queda atrapada en una pregunta que no descansa ni de día ni de noche.
Y es que a veces una familia tiene que gritar para ser escuchada por alguien. Acela Robinson es una villana vigente y es una actriz que no se deja llevar por la fama. Acela no es de esas actrices que se quedaron viviendo de una gloria vieja como retrato empolvado en sala elegante. Sigue vigente, sigue trabajando y sigue demostrando que una primera actriz no necesita estar metida en todos los escándalos para seguir pesando en la televisión.
Tengo que estar descansa, sería insoportable. lo sabe, ¿no? Pues miren, de una actriz grande vamos a pasar a otra. Y es una actriz que actualmente tiene 60 años y lejos de estar retirada, su carrera todavía aparece en pantalla. Su última telenovela registrada es Los Silos del pasado, una producción del año 2025 donde interpretó a María Luisa.
también aparece en la jefa del año 2025, así que eso de hablar de ella como si fuera recuerdo de archivo, pues no hay todavía cela para rato. A mí lo que me gusta es actuar y es muy bonito que el público te te estime porque te ha visto muchos años trabajando. Y es que sí, amigos, Acela, a pesar de toda su fama, hay algo que la identifica.
Acel ha dicho que en esta carrera no hay que creerse la adulación, porque hoy te aplauden y mañana están aplaudiendo a otra. Para ella, el actor siempre empieza desde cero. Cada proyecto se trabaja como si fuera el primero y si se pierde la frescura, mejor hay que dejar que otro lo haga. Así de directa, sin moñito y sin crema batida encima.
Ella misma reconoce que ha sido una mujer de carácter fuerte, pero no de esas que andan presumiendo poder por los pasillos. Ella misma ha reconocido que tiene temperamento y tal vez por eso sus villanas salían con tanta fuerza, porque Asela entendía que los antagonistas no eran simples malos. Eran seres humanos llenos de miedo, ambición, heridas, resentimientos complejos.
Por eso sus personajes pegaban, porque tenían filo, pero también tenían fondo. Y fuera de pantalla también muestra una faceta menos conocida, su amor por los animales. Ha colaborado con causas de rescate animal, ha apoyado a rescatistas y ha hablado con mucho cariño de sus perros, de elefantes, hasta de un rinoceronte al que ayuda desde la distancia.
O sea, que la señora que en la telenovela podía darte miedo y dejarte sin herencia, en la vida real se desvive por los animales. Ahí está el contraste sabroso de ti, donde hay un corazón enorme para los animales. Ay, es que los amo más que a la gente. Perdón. No, no. ¿Alguna vez tuviste un tema ahí con un animalito que se que falleció? A pesar de que muchos a lo mejor ubican a Cela como villana, la realidad es que no debería recordarse solamente como villana de las telenovelas.
Se le debe ver como una actriz completa, formada, trabajadora, intensa, directa y mucho más vigente de lo que algunos creen. Ha estado en pie en la industria por muchos años y es que muchas veces se olvida rápido a quienes ya dieron demasiado. Y aquí les pregunto, ¿ustedes creen que Robinson ha sido una villana bien valorada? o una primera actriz que todavía merece mucho más reconocimiento del que se le ha dado.
Y así llegamos al final de esta historia, mi gente. Esta fue la historia de Acela Robinson, una actriz que llegó de Inglaterra, hizo carrera en México, se ganó un lugar con puro oficio y terminó convertida en una de esas villanas que no se borran de la memoria. Y si te gustó esta historia, suscríbete al canal, activa la campanita y déjame tu comentario, porque aquí seguimos destapando esas vidas del espectáculo que parecen novela, pero muchas veces fueron más duras que cualquier libreto.
Nos vemos en una próxima ocasión. Esto fue Tutoriales Herberí. Nos vemos pronto.