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La Dura Y Triste Historia de Ofelia Medina | Confieza sus Adicciones

Amigos, sin duda hay actrices que interpretan personajes inolvidables y hay actrices que son ellas mismas un personaje imposible de olvidar. Opelia es de estas, porque esta mujer no solo se enfrentó a los villanos de la pantalla, sino a los de la vida real. Un padre que la quiso callar, una televisora que le quiso borrar, un país que la quiso ignorar y a todos los venció.

 Pero detrás de la actriz consagrada, de la luchadora social, de la mujer indomable, hay una historia que muy pocos conocen completa. Una historia con escándalos, amores imposibles, rumores oscuros y decisiones que le costaron todo. Y aún así no se arrepiente de ninguna. Faldas largas, guarachudas y éramos un poco la burla de muchos, ¿eh? En la prepa eran diferentes, éramos las guarachudas.

 Ahí vienen las guarachudas apestosas, bigotonas. Nació en una hamaca en Mérida mientras sus padres escuchaban un mambo. A los 18 años huyó de su casa. Aprendió a actuar a escondidas. Se convirtió en una de las actrices más grandes de México. Rechazó la herencia de María Félix. sobrevivió a quemaduras que casi le destruyen el rostro.

Le declararon la guerra desde Televisa y en lugar de rendirse se fue a vivir entre comodidades indígenas en la Sierra de Chapas. Esta no es la historia de un personaje de telenovela. Quédate porque hoy te vamos a contar la historia de Ofelia Medina. Naciste en Mérida, Yucatán. ¿Es cierto que te concibieron en una hamaca? Claro, a todos nosotros en mi casa así familiar Ajá, había una cama, solo una cama que era como de Pero antes de comenzar con este cotorreo, te invito a suscribirte a nuestro canal y activar la campanita,

porque eso nos ayuda a seguir subiendo más y mejor contenido y así tú no te pierdes de ninguno de nuestros interesantes videos. Ahora sí, sin más preámbulo, vámonos a lo que te truje chencha. solamente. María Ofelia Medina Torres nació en Mérida, Yucatán y desde su llegada al mundo ya traía una historia bastante peculiar detrás, porque según se cuenta, fue concebida en una hamaca mientras sus padres escuchaban un mambo de Damazo Pérez Prado.

 O sea, desde antes de nacer, Ofelia ya venía envuelta en ritmo, en calor yucateco y en una escena casi de película vieja de esas que uno escucha y dice, “Bueno, pues esta mujer no podía tener una vida común. Se casaron, entonces hacían su ajuar, ¿verdad?, de boda y había recámara porque se compraban en Francia o así.

 Entonces, la recámara, el comedor, la sala, el salón, el estudio. Cuando apenas tenía 8 años, su familia se mudó a la ciudad de México, cerca de San Cosme, debido al trabajo de su padre, un veterinario de ideas muy conservadoras y ahí empieza uno de los primeros grandes conflictos en la vida de Ofelia, porque ella desde niña sentía una atracción muy fuerte por el arte, por el movimiento, por la danza, por la expresión, pero el padre no quería saber nada de ese mundo.

Para él eso de la actuación, el baile y los escenarios no era un camino respetable para su hija. Y claro, Ofelia quería volar, pero en casa querían tenerla con los pies amarrados al suelo. Su padre se convirtió en el primer gran obstáculo de su vida, no porque le faltara amor, sino porque venía de una mentalidad donde una mujer decente no debía andar metida en la farándula, ni exhibiéndose, ni soñando con escenarios.

Y esa palabra precisamente sería una de las que más le doliera al escuchar. Farándula, mía de la Academia de la danza Mexicana con un talento e que le salía por todos lados, ¿no? Un talento extraordinario, un carisma bellísima. fue mi alumna predilecta realmente. Pero Felia no se quedó quieta. Sus primeros pasos en Bellazartes los dio casi como si estuviera cometiendo una travesura peligrosa a escondidas.

Su madre fue su cómplice silenciosa de ese sueño y la inscribió sin que su padre lo supiera. Imagínate la escena. Una niña con ganas de aprender, una madre ayudándola por debajo del agua y un padre que cuando se enterara iba a armar el trueno. Y así fue. Cuando el padre descubrió que Ofelia estaba metida en ese mundo artístico que tanto rechazaba, vinieron los pleitos, el enojo, los reclamos y el rechazo.

 Para él aquello no era motivo de orgullo, sino de vergüenza. Pero para Ofelia era todo lo contrario. Era el primer espacio donde realmente podía ser ella misma. Y bueno, imagínate para un padre eh educado a la antigua en Mérida, tener una hija que empieza a tomar clases de pantomima con Alejandro Jodorovski, pues mi papá. Aún con la presión encima, Opelia siguió estudiando.

 No fue un capricho de una semana ni una rebeldía pasajera. Estudió durante 9 años, se formó con disciplina y tomó clases de pantomima con Alejandro Jodorovski, una figura que ya de por sí traía otro aire más experimental, más raro, más libre. Además, Opelia se graduó como profesora de danza clásica, contemporánea y regional, demostrando que lo suyo no era solo querer aparecer frente al público, sino prepararse de verdad.

Nosotros teníamos clases rigurosas, ¿verdad?, y clases optativas. Entonces yo dije, “Yo quiero hacer pantomima.” y fui con Alejandro y Alejandro también fue descubriendo porque él todavía llegó a México. Pero la atención en casa seguía creciendo. A los 18 años, cansada de la represión, de las reglas y de sentir que cada paso suyo era juzgado, decidió abandonar la casa de sus padres y esa decisión no fue menor.

 era una joven saliendo al mundo por su cuenta, rompiendo con la autoridad familiar y apostando por una vida que su padre no aprobaba. El conflicto terminó de explotar con una escena tremenda. Según se cuenta, su padre entró un día a una cantina y encontró a varios hombres haciendo comentarios lasivos sobre una foto de Ofelia en minifalda que había sido publicada en un periódico.

 Para cualquier padre conservador de aquella época eso fue como una bomba. No vio a una hija construyendo una carrera, vio a hombres mirándola con morvo. Y aquello le pegó directo en el orgullo, en la moral y en todos esos miedos que ya traía cargando. Entonces, mi papá era un hombre que mostraba poco sus emociones, era muy estricto, muy ah exigente.

Eh, porque para su padre la imagen de Ofelia en el periódico representaba todo lo que él temía, precisamente de la vida artística. Pero para Ofelia, en cambio, era parte del precio de abrirse camino en un mundo que la llamaba con más fuerza que cualquier mandato familiar. Y así comenzó la historia de Ofelia Medina entre una hamaca, un mambo, una familia conservadora, una madre cómplice, un padre furioso y una joven que decidió que prefería enfrentar el rechazo antes que traicionarse a sí misma.

Mi mundo se abrió muchísimo desde muy niña y claro, ante el rechazo absoluto de mi papá, de tu papá. Dime una cosa, ¿cuándo su camino hacia la actuación empezó casi por destino? Cuando el director teatral, Julio Castillo la descubrió y quedó fascinado con algo que Ofelia ya traía de nacimiento, una expresividad poderosa, de esas que no se enseñan tan fácil en una escuela.

 Él vio en ella algo distinto, algo que no era solo belleza ni presencia, sino una fuerza interna que podía llenar un escenario. Y así poco a poco la fue convenciendo de meterse al mundo de la actuación. Ofelia ya venía formada de la danza por el cuerpo, por el movimiento, por esa disciplina que exige aguantar dolor, repetir, caer, levantarse y volver a empezar. Pero actuar era otra cosa.

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