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LA AUDITORÍA QUE ATRAPÓ A NORMA PIÑA Y EL SILENCIO CON EL QUE SALINAS RESPONDIÓ

La auditoría tiene cientos de páginas. La firma La Auditoría Superior de la Federación lleva fecha de octubre de 2025 y dentro, entre cifras y columnas que pocos iban a leer con detenimiento, aparece un número que cambió la conversación en los pasillos del Poder Judicial, más de 270 millones de pesos de posible daño al herario en el Consejo de la Judicatura Federal.

 Un consejo que durante ese ejercicio fiscal estaba bajo el mando de Norma Piña Hernández. Antes de que sigas, si te interesan los casos donde el poder se investiga a sí mismo, dale like a este video, toca el botón de hype que aparece al lado en la AP móvil y si apenas llegas al canal, suscríbete y activa la campana.

 Aquí vamos a fondo porque ese número no llegó solo, apareció unos días antes de otro golpe. El 31 de octubre de 2025, por unanimidad, los ministros de la Suprema Corte revocaron un amparo que Piña había concedido meses antes, un amparo a una empresa minera que de haberse sostenido le habría permitido evadir un crédito fiscal de 2,800 millones de pesos.

 2,800 m,0000 con m. La votación fue unánime, ni un solo voto a favor de la exministra. Mientras todo eso pasaba, a cientos de kilómetros, en un silencio que empezaba a llamar la atención, otro nombre observaba sin hablar. Carlos Salinas de Gortari, el expresidente que durante tres décadas fue sinónimo de Intocable.

 El hombre que sobrevivió al exilio en Dublín, sobrevivió a Cedillo, sobrevivió a Fox, sobrevivió a Calderón y hasta sobrevivió los primeros años del obradorismo. Ahora, con el país cambiando de régimen judicial, con la reforma de 2024 consumada y con una de sus antiguas interlocutoras en la corte bajo la lupa de una auditoría federal, Salinas Calla.

Y la pregunta que vamos a seguir en este episodio es sencilla. ¿Por qué se están cerrando dos cercos al mismo tiempo? y para quién se abren. Aquí hay dos figuras que en apariencia no tienen nada que ver. Una ministra formada en la carrera judicial con décadas de expediente técnico. Un expresidente del viejo PRI metido en libros, viajes y silencios.

 Las dos están viendo cómo el piso que pisaban se mueve. La reforma judicial las alcanzó por caminos distintos. Las investigaciones administrativas hicieron lo suyo y el calendario aprieta. 2027 como tope para que Piña pueda volver a cualquier cargo público y un mundial 2026 que está reorganizando cada ficha política del país.

 Antes de entrar a fondo, conviene saber quién es Norma Lucía Piña Hernández y por qué. Durante años su figura fue considerada una de las más técnicamente respetables del Poder Judicial mexicano. Licenciada en Derecho por la UNAM, Máster en argumentación jurídica por la Universidad de Alicante en España. Doctoranda en la división de estudios de posgrado de la propia UNAM, ministra de la Suprema Corte desde diciembre de 2015.

 electa presidenta del pleno en enero de 2023 tras una votación reñida de tres rondas en la que venció por seis votos contra cinco Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena. En mayo de ese mismo año recibió en Marruecos el Premio de Derechos Humanos 2023 de la Asociación Internacional de Mujeres Juezas. Esa es la biografía oficial, la que estuvo en la página de la SCJN hasta que la reforma se consumó.

 Una jurista de carrera con credenciales académicas internacionales y trayectoria técnica dentro del poder judicial. Justamente ese perfil, el de carrera judicial pura, es el que el nuevo esquema quiso desplazar. Y justamente ese perfil es el que hoy enfrenta una auditoría por más de 270 m,000000es de pesos.

 Esa paradoja es parte de lo que hace tan cargada esta historia. En los próximos minutos vas a ver tres cosas. La primera, ¿qué dice exactamente esa auditoría de la ASF? ¿Y por qué el nombre de piña aparece en una columna que nadie está cuidando? La segunda, ¿cómo la reforma judicial de 2024 dejó a Piña sin blindaje y sin futuro político inmediato? Y la tercera, ¿por qué el silencio de Salinas en paralelo se está volviendo más fuerte que cualquiera de sus libros? Quédate porque en un rato te voy a contar cuál es el argumento que menos se ha

comentado sobre ese amparo de 2,800 millones de pesos. Y sorprende por dónde viene. Empecemos por dónde tiene que empezar. Por el documento, la Auditoría Superior de la Federación es, en términos simples, el órgano técnico de la Cámara de Diputados encargado de revisar cómo se gasta el dinero público en este país.

 Cuando la ACF emite una observación, eso no significa necesariamente que haya un delito. Significa que en la lectura de los auditores hay algo que no cuadra y cuando la cifra sobrepasa los 270 millones de pesos, la observación deja de ser solo técnica y se vuelve política. Conviene entender cómo funciona la ASF para medir el peso real de lo que pasó.

 El órgano revisa la cuenta pública anual del gobierno federal, mete el microscopio a miles de millones de pesos de gasto, emite informes por sector, educación, salud, seguridad y también poder judicial. Cuando detecta irregularidades, las clasifica. Algunas son observaciones menores que se solventan con papelería, otras son promociones de responsabilidades administrativas y las más graves pueden derivar en denuncias formales ante la Fiscalía General de la República por presunto desvío de recursos.

 El rubro de 270 m000000 no cayó en la categoría más leve, cayó en un terreno donde la solvencia requería que el consejo comprobara, documento por documento, qué servicios se entregaron, en qué fechas y bajo qué condiciones. Ese tipo de comprobación, cuando se pide años después del gasto, suele encontrarse con papeles incompletos o con archivos incompletos y ahí es donde el expediente empieza a pesar.

 En octubre de 2025, cuando el reporte se hizo público, varios medios mexicanos recogieron el hallazgo. El grupo Milenio fue uno de los más puntuales. Detalló que el mayor rubro del daño estaba en servicios de tecnologías, donde el CEJF tenía 10 contratos y cinco convenios vigentes durante el ejercicio fiscal de 2024.

 mantenimientos correctivos y preventivos, soporte de red local, licencias y servicios de impresión y digitalización. Todo eso se contrató, todo eso se pagó. Pero según la ASF en más de 200 millones de ese gasto no quedó documentada la recepción de los servicios. Tampoco se acreditaron las penalizaciones por servicios entregados con hasta 7 meses de atraso y las pruebas de funcionalidad a los equipos que debían estar registradas en expediente simplemente no aparecieron.

¿Qué significa esto en la práctica? un consejo encargado de administrar la infraestructura de justicia federal, el mismo que cuida el presupuesto de los jueces, la logística de los tribunales y la operación digital de los expedientes. Pagó por servicios cuya entrega no pudo comprobar.

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