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LA AMANTE DE PABLO ESCOBAR ERA INFORMANTE DEL GOBIERNO — Transmitía En Vivo Desde Su Cama

… No amaba a Pablo, al menos no al principio, pero lo encontraba fascinante de manera perturbadora. Era hombre que había construido imperio desde nada, que leía libros, que podía discutir sobre Hemingway y García Márquez, que era cariñoso y atento cuando no estaba siendo monstruo criminal. Y hablando de su vida como presentadora, tal vez te preguntes desde dónde nos estás viendo hoy.

 El español nos conecta a través de todo el continente, desde México hasta Argentina, desde España hasta cada rincón de Estados Unidos, donde nuestra comunidad mantiene viva la lengua. ¿Desde qué país nos acompañas en esta historia de traición, amor y secretos? Déjalo en los comentarios porque esta historia de Sofía Restrepo es historia universal sobre precio de la intimidad con el poder, sobre cómo los secretos compartidos en la oscuridad de una habitación pueden cambiar el curso de la historia.

 En octubre de 1987, después de 3 meses de cortejo, Sofía finalmente se dio, no completamente por amor, ni completamente por dinero, sino por mezcla complicada de curiosidad, atracción, ambición y tal vez un poco de miedo de lo que Pablo podría hacer si ella lo rechazaba definitivamente. Se acostaron juntos por primera vez en suite de hotel, cinco estrellas en Bogotá.

Problemas en la cama, dinero y violencia: los recuerdos de la amante que volvió loco de amor a Pablo Escobar - Infobae

 Pablo había sido sorprendentemente tierno, atento, no el bruto que Sofía medio esperaba. Después, mientras yacían en la cama, Pablo le hizo propuesta. Quiero que seas mi mujer, no mi esposa. María Victoria es mi esposa y siempre lo será, pero quiero que seas mía de otra forma, mi reina, mi escape de todo el caos.

 ¿Y qué significa eso exactamente? Significa apartamento en el mejor edificio de Medellín. A tu nombre, $50,000 mensuales. Libertad para continuar tu carrera. Solo te pido que estés disponible cuando necesite verte. Dos, tal vez tres noches por semana. $50,000 mensuales. Era más de lo que Sofía ganaba en año completo como presentadora.

 Era cantidad que cambiaría su vida. Y si digo que no. Pablo la miró con seriedad. Entonces seguirás tu vida. No te forzaré. Pero estarías rechazando algo que muy pocas mujeres rechazan. Sofía pensó durante largo momento. Sabía que aceptar era cruzar línea, era convertirse oficialmente en amante de narcotraficante, era complicar su vida de formas que no podía predecir completamente, pero también era oportunidad de vivir mejor, de tener seguridad financiera, de estar cerca del poder de forma que pocas personas experimentaban.

Acepto, pero con condición. ¿Cuál? Discreción absoluta. No quiero que nadie sepa, ni tu gente, ni mis colegas, nadie. Esto permanece entre nosotros. Trato. Noviembre de 1987. Sofía se mudó a apartamento en el poblado, barrio más exclusivo de Medellín. Piso completo en edificio de lujo, vista a las montañas, decorado con gusto impecable que Pablo había contratado diseñador profesional para hacer.

 Y así comenzó doble vida de Sofía Restrepo. De día era presentadora de televisión, profesional, respetable. Nadie sospechaba nada. Llegaba al estudio, hacía su programa, sonreía a las cámaras. Era la Sofía que todos conocían. De noche, dos o tres veces por semana, recibía llamada. Voy para allá. Era Pablo. Y Sofía se preparaba, se arreglaba, esperaba.

Pablo llegaba generalmente entre 10 y 11 de la noche con uno o dos guardaespaldas que esperaban afuera. Entraba, se quitaba la chaqueta, se relajaba. Y aquí era donde todo comenzaba. Porque Pablo en la intimidad del apartamento de Sofía era diferente. Se quitaba la máscara del capo, se convertía en solo Pablo, hombre de 40 años con presiones inimaginables, con gobierno persiguiéndolo, con enemigos queriendo matarlo, con imperio criminal que manejar.

 Y hablaba Dios, cómo hablaba sobre sus operaciones, sobre problemas con socios, sobre políticos que necesitaba sobornar, sobre envíos de cocaína, sobre laboratorios, sobre rutas, sobre dinero escondido, sobre planes futuros. Al principio Sofía solo escuchaba porque no tenía opción, pero gradualmente comenzó a darse cuenta de algo.

 Pablo le confiaba información que probablemente no compartía con nadie más, ni con Gustavo, ni con sus sicarios, porque los veía como empleados, como socios de negocios. Pero a Sofía la veía como igual intelectual, como mujer educada que podía entender las complejidades de lo que hacía y en su arrogancia nunca se le ocurrió que ella podría ser peligro.

 ¿Sabes qué es lo más difícil de este negocio? Le preguntó una noche en diciembre de 1987 mientras tomaban vino después de hacer el amor. ¿Qué? No es la cocaína, no son los americanos, no es siquiera el gobierno, es la gente. Todos quieren algo, todos traicionan eventualmente, todos tienen precio. Incluso yo, Pablo la miró. No, tú eres diferente.

 Tú no estás en el negocio. No conoces a mi gente. No tienes ambiciones en ese mundo. Eres mi escape, mi lugar seguro. Sofía sonríó. Pero por dentro algo se revolvió. Lugar seguro, escape. Si Pablo supiera que cada palabra que decía era información potencial, que cada nombre que mencionaba era pista, que cada ubicación que nombraba era objetivo.

Pero en ese momento, en diciembre de 1987, Sofía no era informante todavía. No estaba trabajando para el gobierno. No tenía plan de traicionar a Pablo. Era solo amante que escuchaba. que tomaba nota mental, que se daba cuenta del poder de la información que estaba recibiendo. Eso cambiaría pronto, muy pronto, porque en enero de 1988 algo sucedería que transformaría completamente la vida de Sofía Restrepo, algo que la convertiría de amante pasiva en informante activa, de oyente casual en transmisora en vivo, algo que

involucraría a su hermano menor, una guerrilla y decisión de Pablo que Sofía nunca perdonaría. Pero eso vendría después. Por ahora, en las últimas semanas de 1987, Sofía era simplemente la reina de la noche de Pablo Escobar, la mujer que lo escuchaba, que lo entendía, que le daba paz en medio del caos.

 La mujer en quien Pablo confiaba completamente. Esa confianza sería su perdición y la salvación de Sofía. Porque pronto, muy pronto, ese apartamento en el poblado se convertiría en sala de transmisión en vivo más valiosa del gobierno colombiano. Y Sofía Restrepo se convertiría en la informante que Pablo nunca vio venir.

 La traición más íntima en la historia del narcotráfico colombiano estaba a punto de comenzar. 12 de enero de 1988, 6:30 a Medellín. El teléfono de Sofía sonó demasiado temprano. Todavía estaba dormida, agotada de la noche anterior con Pablo, que se había quedado hasta las 4 de la mañana hablando sobre un cargamento problemático en la frontera con Panamá.

 Contestó sin mirar quién llamaba. Aló. Era su madre y estaba llorando. Sofía es Andrés. Lo tienen. Sofía se sentó en la cama. inmediatamente despierta. ¿Qué? ¿Quién tiene a Andrés? No sabemos. Llegó carta esta mañana, guerrilla eln. Secuestraron a tu hermano. El mundo de Sofía se detuvo. Andrés, su hermano menor, 21 años, estudiante de ingeniería en Universidad Nacional, el bebé de la familia, el niño brillante que iba a ser el primero en graduarse con honores, su hermano.

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