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¡IMPACTANTE! Un Grupo de Sacerdotes Desafía Abiertamente a León XIV- Consagrarán Obispos Sin Permiso

Quiero que se imaginen un calendario, no el calendario digital del teléfono, el calendario antiguo de los que colgaban en la cocina de las casas durante toda nuestra infancia. El que tenía las fechas grandes y los santos pequeños y las fases de la luna en una esquina, el que la madre o la abuela marcaba con bolígrafo cuando había una fecha que no podía olvidarse, un cumpleaños, una primera comunión, una visita médica, una fecha que importaba.

 Y quiero que en ese calendario imaginen marcada una fecha específica con un círculo, con una marca clara, con la conciencia de que ese día algo va a ocurrir. 1 de julio de 2026. Faltan 7 semanas. En esa fecha, en algún lugar de Francia que aún no ha sido confirmado oficialmente, pero que probablemente será el seminario internacional Sancura de Ars en una pequeña localidad llamada Flaviñí Sur Oerain, un pueblo medieval de Borgoña con menos de 500 habitantes que parece sacado de una postal de otro siglo.

 Va a ocurrir algo que la Iglesia Católica no ha visto desde 1988. Algo que la última vez que ocurrió produjo el último gran cisma moderno de la Iglesia. Algo que si ocurre como está anunciado, va a marcar el primer gran punto de inflexión doctrinal del pontificado de León XIV. Un grupo de sacerdotes va a consagrar obispos sin el permiso del Papa.

 No es una hipótesis, no es una amenaza vaga, no es una posibilidad lejana que algún analista está especulando desde un escritorio. Es un anuncio formal hecho el 2 de febrero de 2026 por el superior general de esa fraternidad sacerdotal. ratificado por carta formal el 18 de febrero, sostenido en comunicados oficiales el 19 de febrero, mantenido frente a la advertencia personal del cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del dicasterio para la Doctrina de la Fe, en una reunión cara a cara en Roma el 12 de febrero. León XIV les pidió que no lo

hicieran. ofreció diálogo teológico estructurado. Ofreció el espacio formal para resolver las diferencias doctrinales que esa fraternidad tiene con ciertas enseñanzas del Concilio Vaticano Segundo. Ofreció, en términos pastorales, lo único que un Papa puede ofrecer a un grupo de sacerdotes que están a punto de cruzar una línea que tiene consecuencias canónicas automáticas y graves.

Meditación del Papa León XIV pronunciada ante los participantes del Jubileo de los Seminaristas | ACI Prensa

 La respuesta fue una sola. Vamos a hacerlo de todas maneras. Escúchenme bien. Lo que voy a contarles esta noche no es una noticia política, no es un escándalo financiero como el del Banco del Vaticano. No es una historia de corrupción que produce indignación rápida y comentarios encendidos. Es algo más doloroso y más profundo y más difícil de procesar.

 es la descripción de una herida dentro de la Iglesia Católica que lleva décadas sin cerrarse y que en 7 semanas puede volver a abrirse de una manera que ningún católico que se preocupe por la unidad de su Iglesia debería ver con indiferencia. Es la historia de un grupo de sacerdotes que aman tanto a la Iglesia o creen amarla tanto que están dispuestos a romper con el Papa para defenderla como ellos creen que debe ser defendida.

 Es la historia de un Papa que en sus primeros meses de pontificado se enfrenta exactamente al mismo dolor que enfrentó Juan Pablo II en 1988. Es la historia de millones de fieles católicos que en los próximos meses van a tener que decidir qué hacen con una división que no produjeron, que no pueden resolver, pero que les afecta directamente a través de las parroquias donde van a misa y de las capillas donde quizás bautizaron a sus hijos.

 Y es la historia, hermanos, de una pregunta que la iglesia lleva siglos haciéndose y que cada generación tiene que volver a contestar a su manera. ¿Cómo se reforma la iglesia? ¿Se reforma cambiando o se reforma conservando? ¿Se reforma desde adentro de la obediencia al Papa, aunque uno no esté de acuerdo con todo lo que ese Papa decide? ¿O se reforma desde la convicción individual de saber qué necesita la Iglesia más allá de lo que el Papa diga? Esas preguntas no son nuevas.

 son tan antiguas como la iglesia misma y cada vez que vuelven a aparecer con la fuerza con que aparecen ahora, producen heridas que tardan décadas en sanarse. Bienvenidos. Soy el padre Samuel y esto es lo que no les van a decir en ningún otro lado. Antes de seguir, necesito hacer algo que no he hecho en otros videos. Necesito pedirles algo específico antes de empezar.

Necesito que escuchen lo que voy a contar con una disposición diferente a la que normalmente traen a este canal. En otros videos hemos hablado de villanos claros, de Norberto Rivera que vendió la imagen de la Virgen de Guadalupe a empresarios japoneses, de Sandoval Íñigues y la red de pederastas que protegió, del cardenal de Guadalajara que esta semana denunció que el crimen organizado gobierna México, de Maduro, que rechazó el exilio en Moscú porque no podía acceder a su dinero robado. De los 78 reportes de

actividades sospechosas en el Banco del Vaticano. En todos esos casos había villanos, personas que actuaron mal, que merecían las consecuencias que las acciones tenían, que producían en la audiencia el tipo de indignación clara que permite ver el mundo en blanco y negro. Esta noche no es así. Lo que voy a contarles esta noche no tiene villanos claros, tiene actores complejos, tiene un grupo de sacerdotes que ama a la iglesia y que cree, sinceramente, cree, aunque yo no esté de acuerdo con esa creencia, que está haciendo lo correcto.

Tiene un papa que está intentando resolver una crisis con las herramientas pastorales que tiene a su disposición. tiene un cardenal francés que murió en 1991, que es la figura central de toda esta historia y que era, con todas las cosas con las que uno pueda no estar de acuerdo, un hombre genuino que vivió su sacerdocio con una integridad que no se discute, incluso por los que más se opusieron a sus decisiones.

 Si llegan a esta historia esperando que les diga quién es el malo y quién es el bueno, van a salir desorientados. No es esa clase de historia, es la clase de historia que requiere de quien la escucha una capacidad de sostener la complejidad sin colapsarla en un juicio rápido. Y por eso es más difícil de contar y de escuchar que las anteriores, pero también, creo yo, es más importante, porque las heridas dentro de la iglesia, las que afectan no a personas específicas que actuaron mal, sino a las estructuras mismas de la comunión, son las que más duran y las

que más enseñan sobre lo que somos como iglesia. y sobre lo que significa pertenecer a algo que nos trasciende y que, sin embargo, está hecho por personas que cometen errores y que toman decisiones difíciles y que a veces eligen caminos que no son los correctos, aunque las razones por las que los eligen sean comprensibles.

 Vamos al fondo, pero les pido que vengan conmigo con la disposición de aprender, no la disposición de juzgar. Para juzgar siempre hay tiempo después para entender lo que va a ocurrir el 1 de julio de 2026. Necesitan conocer a un hombre que murió hace 35 años. Un hombre que ya no puede defender lo que hizo ni reconsiderarlo.

Un hombre cuya sombra sigue presente en cada decisión que la fraternidad sacerdotal San Pío X toma hoy y que va a estar presente de manera invisible pero palpable en cualquier ceremonia que ocurra en Flaviñí en julio. Marcel Le Febre, nacido en Turcuá, Francia, en 1905, hijo de una familia católica del norte de Francia, una región profundamente marcada por la fe en una época en que Francia entera todavía era profundamente católica.

 Ordenado sacerdote en 1929, misionero en África durante décadas, específicamente en Gabón, donde estuvo años trabajando en condiciones que ningún sacerdote europeo de hoy puede imaginar. sin las comodidades modernas, sin las comunicaciones rápidas, con la dureza del trabajo misionero en territorios donde la iglesia se construía literalmente desde cero.

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