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IMPACTANTE! El Vaticano Reveló un ESCÁNDALO: 78 Operaciones Financieras Sospechosas

Ayer el Vaticano publicó un documento, lo publicó él mismo de manera voluntaria con su propio sello oficial, con el nombre de la autoridad financiera que creó hace 15 años, precisamente para demostrar que las cosas habían cambiado dentro del banco más secreto y más controvertido de la historia de las finanzas modernas.

Y en ese documento hay una frase, una sola frase que nadie debería poder leer sin que le cambie algo en la manera de entender qué es el Banco del Vaticano, qué ha sido durante décadas y qué sigue siendo a pesar de todas las promesas de reforma que se han hecho desde que la palabra reforma se convirtió en el término favorito de los que querían hablar de cambio sin producirlo.

La frase dice esto: 78 reportes de actividades sospechosas en un solo año en el Banco de la Iglesia. No 78 errores contables que requieren una aclaración técnica. No. 78 transacciones que se procesaron con el formulario equivocado. 78 reportes de actividades sospechosas. El lenguaje que usan los organismos de control financiero internacional para decir con toda la precisión que el lenguaje técnico permite.

Aquí hay movimientos de dinero que no se explican con los propósitos declarados de quienes los realizan. Aquí hay algo que no cuadra. Aquí hay algo que necesita ser investigado. Porque lo que se dice que es este dinero y lo que este dinero parece ser en realidad son dos cosas diferentes. 78. en el banco que administra más de 7,000 millones de euros, en el banco que custodia los fondos de 5,200 instituciones católicas distribuidas por todo el mundo.

En el banco que en última instancia administra una parte importante de lo que los fieles de todo el mundo ponen en las colectas de sus parroquias con la confianza de que ese dinero va a donde dicen que va. Y el Vaticano lo presentó como una buena noticia. El informe dice textualmente que el resultado confirma la solidez del sistema de supervisión, que el sistema está funcionando, que detectar las irregularidades es una señal de salud institucional, que hay que estar tranquilos porque el organismo de control está haciendo su trabajo.

Escúchenme bien. Detectar 78 operaciones sospechosas en el banco de la iglesia no es una señal de salud, es la descripción de la magnitud del problema. Es la evidencia de que lo que lleva décadas siendo el problema más oscuro de las finanzas vaticanas no está resuelto, está siendo gestionado.

Y gestionar un problema no es lo mismo que resolverlo. Nunca lo fue. Y en el caso del Banco del Vaticano, esa diferencia entre gestión y resolución lleva décadas costándole algo a alguien. Y ese alguien, hermanos, no son los cardenales que firman los informes anuales, es la gente que pone el sobre en la colecta del domingo.

León XIV heredó esto. Lleva meses con este expediente sobre la mesa, junto con el de Rivera, junto con el de Sandoval, junto con el mapa completo de una iglesia que en algunos de sus niveles más altos ha estado haciendo cosas que no tienen nada que ver con el evangelio que predica desde los altares. y lo que decida hacer con el banco específicamente va a definir si algo fundamental cambia o si el cambio que León XIV prometió fue solo el tipo de cambio que las instituciones saben producir sin cambiar nada que realmente

importe. Bienvenidos. Soy el padre Samuel y esto es lo que no les van a decir en ningún otro lado. Antes de contarles la historia completa, necesito que entiendan exactamente con qué estamos tratando. que el Instituto para las Obras de Religión, que es el nombre oficial del Banco del Vaticano, es una institución tan particular, tan diferente a cualquier otra institución financiera del mundo, que es imposible entender por qué tiene los problemas que tiene, sin entender primero qué es y cómo funciona. El IOR fue fundado en

1942 por el Papa Pío X en plena Segunda Guerra Mundial, en un momento en que la Iglesia necesitaba un mecanismo para gestionar fondos destinados a lo que llamaban obras de religión, sin que esos fondos pasaran por los sistemas bancarios de los estados beligerantes. Esa fue la razón original, una razón que en su momento tenía sentido.

Lo que no tenía sentido en retrospectiva es que las condiciones de excepcionalidad que justificaron la creación del IOR se convirtieran en la estructura permanente con la que operó durante las décadas siguientes. Porque el IOR no es un banco en el sentido técnico ordinario, no rinde cuentas a ningún banco central del mundo.

No está sujeto a la regulación financiera de ningún Estado nacional. No tiene la supervisión externa que cualquier institución financiera en cualquier país democrático del mundo tiene que aceptar si quiere operar. opera dentro del territorio soberano del Vaticano, el estado más pequeño del mundo en extensión, pero el de mayor alcance simbólico.

Y esa soberanía crea un escudo alrededor del IOR que durante décadas ningún regulador externo ha podido traspasar sin permiso expreso del Vaticano. Sus clientes son instituciones católicas, congregaciones religiosas que depositan los fondos de sus comunidades, órdenes que administran hospitales, escuelas, casas de acogida, misiones en los lugares más remotos del mundo, dicasterios vaticanos, obispos y arzobispos, algunos particulares con vinculación religiosa que en teoría deben cumplir ciertos criterios para tener cuenta. 7000 millones de euros,

procedentes de 5200 instituciones católicas distribuidas por todo el planeta, 7000 millones de euros del dinero de la iglesia, del dinero que las congregaciones acumularon durante años de trabajo y de austeridad, del dinero que las diócesis gestionan en nombre de los fieles que la sostienen, del dinero que en última instancia viene de personas que decidieron que una parte de lo que tienen debía ir a algo más grande que ellos.

Todo eso administrado sin la supervisión externa que cualquier banco ordinario en cualquier país democrático del mundo tiene que soportar como condición de su existencia. Esa estructura, hermanos, tiene consecuencias. Siempre las tuvo la Autoridad de Supervisión e Información Financiera, la Asif, el organismo que publicó ayer el informe con las 78 operaciones sospechosas.

La Asif no existía hace 15 años. La creó Benedicto XV en 2010. Y padre Samuel quiere que entiendan algo que la mayoría de los análisis sobre este tema no dicen con la claridad que merece. La ACIF no es una señal de transparencia voluntaria, es la consecuencia de décadas de escándalos que convirtieron al IOR en un problema diplomático y reputacional que la Santa Sede ya no podía seguir ignorando.

La crearon porque no quedó más remedio que crearla. El organismo del Consejo de Europa, que evalúa los sistemas de prevención del blanqueo de capitales llevaba años señalando al Vaticano como una jurisdicción con deficiencias graves. La comunidad financiera internacional había empezado a tratar las transferencias que involucraban al IOR con una cautela que en la práctica significaba que el Banco de la Iglesia estaba empezando a quedar fuera de los circuitos financieros legítimos del mundo. Eso no lo podía permitir una

institución que opera en 180 países y que necesita mover dinero a través de los sistemas financieros internacionales para sostener sus obras en todo el mundo. Así que crearon la ASIF y la ASIF empezó a publicar informes anuales y esos informes anuales son lo que ahora el Vaticano presenta como prueba de su transparencia.

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