Dos veces campeón mundial de boxeo. 66 victorias, 57 por knockout. Ese mismo hombre sin dinero pidiendo dinero a desconocidos por internet para salvar a su propio hijo de 21 años. un hijo que llevaba más de 40 días en coma, inducido por su culpa, por una asquerosa decisión que él mismo había tomado. Una decisión que es exactamente la responsable de que hoy su hijo con 28 años no pueda mover el lado izquierdo del cuerpo.
Para entender como un boxeador tan grande terminó con su propio hijo Cristian con un derrame cerebral por su culpa y él mismo pidiendo limosna por Facebook. Primero tienes que ver de dónde vino y qué le pasó para llegar ahí. José Luis Castillo Castro nació el 14 de diciembre de 1973 en Empalme, Sonora. Pueblo de pescadores y trabajadores del ferrocarril al sur de Guaimas, casa de adobe con techo de lámina.
El padre se llamaba José Luis Castillo Borquez, soldador del ferrocarril del Pacífico. La madre se llamaba Refugio Castro Romero, empleada doméstica, pero el padre del pequeño José Luis Castillo Castro, ese soldador del ferrocarril del Pacífico que cobraba 87 pesos a la semana en 1973. No era un soldador como cualquier otro de los talleres de empalme.
Don José Luis Castillo Vorquez. Había sido boxeador amateur durante 15 años en el gimnasio Sonora Boxing Club de Guaimas. y tenía un secreto, según se sabría 39 años después, en una entrevista que el propio temible Castillo dio al diario El imparcial de Hermosillo en 2012, que durante toda la infancia de José Luis, nadie en la casa de adobe del pueblo de Empalme supo decirle al chamaco un secreto que refugio Castro Romero, la madre, descubrió la tarde del 9 de junio de 1982.
A los 6 años, en 1979, el pequeño José Luis entró al gimnasio Sonora Boxing Club de Guaimas. Lo llevó su padre, una bodega vieja en la calle 12 de octubre. El entrenador era don Ignacio Cosío, un cubano que había peleado en La Habana en los años 40. El pequeño, con 6 años no quería entrar. Le tenía miedo a los guantes, le tenía miedo al ring.
Pero el padre don José Luis Castillo Borquez, esa misma mañana de sábado de marzo de 1979, dentro del gimnasio Sonora Boxing Club de la calle 12 de octubre de Guaimas, hizo algo que el pequeño José Luis Castillo Castro de 6 años no iba a olvidar nunca. Algo que 40 años después, según contaría el propio temible Castillo al periódico Reforma en una entrevista del 28 de agosto de 2019, iba a repetir exactamente con su propio hijo Cristian la misma escena en otro gimnasio, en otra ciudad con otro chamaco de 6 años que también lloraba.
Durante los siguientes 11 años, el pequeño José Luis entrenó cada tarde en el gimnasio Sonora Boxing Club. 187 peleas como amater, 172 victorias, 59 knockouts y un apodo que le puso don Ignacio Cosío. Le decían el temible porque tenía la mirada del padre. Pero ese apodo de El temible que el entrenador cubano don Ignacio Cosío le puso al chamaco de 6 años esa primera tarde de marzo de 1979 no era solo una observación deportiva era exactamente lo que Refugio Castro Romero, la madre del pequeño, había escuchado de boca del propio don Ignacio
Cocosío la tarde del 9 de junio de 1982, 3 años después de la primera tarde dentro del gimnasio. La misma tarde en que Refugio descubrió el secreto que durante toda la infancia de su hijo nadie le había dicho. A los 17 años, en mayo de 1990, José Luis Castillo Castro debutó como profesional en Mazatlán, bolsa 200 pesos.
lo noqueó en el segundo asalto. Durante los siguientes 3 años peleó 18 veces, 18 victorias, 17 knockouts. Y todo cambió la madrugada del 22 de noviembre de 1992, cuando un manager mexicalense llamado don Sergio Ramírez Mejía lo vio noquear a un argentino en cuatro asaltos en la arena pueblo Yaqui de Ciudad Obregón.
Don Sergio Ramírez Mejía era el dueño del gimnasio Romanza de Tijuana, un gimnasio que durante los siguientes 27 años sería el lugar donde José Luis Castillo Castro entrenaría como profesional y donde el 8 de junio de 2019 otro chamaco de 21 años llamado Cristian Castillo Lara entraría por primera vez a la lona como sparring entre 1992 y 1999.
El temible se mudó a Culiacán para trabajar como sparring personal de Julio César Chávez. Cobraba 2000 pesos por sesión, cinco sesiones a la semana. Durante 5 años recibió cada día los golpes que Julio César Chávez no quería recibir de nadie más en la preparación de los campeonatos mundiales. Pero esos 5 años de sparring con Julio César Chávez dentro del gimnasio de la colonia Cuautemoc de Culiacán, esos 5 años en que José Luis Castillo Castro recibió en su propio cerebro cada combinación de tres golpes que Julio
César Chávez quería ensayar antes de cada pelea por el cetro mundial. No son solo el principio de la carrera profesional del temible. Son exactamente el momento en que José Luis Castillo Castro, sin saberlo, empezó a acumular en el cerebro los mismos golpes que 27 años después. Según el diagnóstico médico que un neurólogo del Hospital Ángeles de Tijuana iba a darle a su propio hijo Cristian.
Eran los que provocaban el daño cerebral acumulado de un boxeador profesional. El 17 de junio de 2000, en el Mandalay Bay de Las Vegas, José Luis Castillo Castro con 26 años enfrentó al estadounidense Stevie Johnston por el cetro mundial Peso Ligero del Consejo Mundial de Boxeo. Bolsa, $22,000. Ganó por decisión mayoritaria en 12 asaltos.
Su padre, don José Luis Castillo Borquez, estaba en la fila tres esa noche. Lloró cuando el árbitro le levantó la mano al hijo. Pero la noche del 17 de junio de 2000, dentro del Mandalay Bay de Las Vegas, esa noche en que el padre don José Luis Castillo Vorquez lloró desde la fila 3 viendo a su hijo coronarse campeón mundial. No fue solo el momento más importante de la carrera del temible castillo.
Fue exactamente la primera noche en que José Luis Castillo Castro entró por primera vez al Mandalay Bay Casino y la primera noche en que apostó dinero en una mesa de ruleta del segundo piso. $,000. Los perdió en 40 minutos y volvió a sentarse en la misma mesa al día siguiente, entre 2000 y 2002, el temible defendió tres veces el cetro mundial.
Acumuló más de 3,200,000 en cuentas del Wells Fargo de Las Vegas. Y el 20 de abril de 2002, dentro del MGM Grand de Las Vegas, el temible enfrentó por primera vez a Floyd Mayweather Jr. Bolsa del temible, $950,000. Esa noche del 20 de abril de 2002 dentro del MGM Grand Garden Arena de Las Vegas, esa noche en que el temible castillo de 28 años enfrentó por primera vez a Floyd Mayweather Jr.
por el cetro unificado, según contarían años después los periodistas de ESPN, HBO y Showtime que cubrieron la pelea desde la fila 1. José Luis Castillo Castro ganó claramente nueve de los 12 asaltos, pero los tres jueces estadounidenses, 2 minutos antes de subir al ring, habían recibido una llamada en sus habitaciones del hotel MGM, una llamada que el propio temible castillo no iba a descubrir hasta 17 años después.
una llamada que iba a explicar exactamente por qué esa misma noche, en el cuarto de hotel del piso 32 del MGM, el temible castillo lloró durante 4 horas seguidas mientras su padre, don José Luis Castillo Borquez, le ponía hielo en la cara hinchada. Tres jueces estadounidenses esa noche del 20 de abril de 2002 le dieron la pelea a Floyd Mayweather Junior por decisión unánime. Bart Clemens 115 a 111.
Anek Hongtoncam 115 a 111. John King 116 a 111. La portada del diario Esto de México del día siguiente decía con letras rojas según el archivo digital del periódico. Las palabras exactas que durante 17 años el público mexicano repitió cada vez que alguien preguntaba quién era el verdadero campeón mundial, peso ligero del Consejo Mundial de Boxeo. La portada decía, “Lo robaron.
” El temible castillo esa madrugada del 21 de abril de 2002. Según el testimonio que él mismo daría 21 años después en una entrevista al canal de YouTube del propio Julio César Chávez, no le dijo una sola palabra a su padre durante el viaje de regreso al aeropuerto Mcarran de Las Vegas.
Pero la pelea robada del 20 de abril de 2002 contra Floyd Mayweather Jr. Esa pelea que durante 17 años el público mexicano consideró el robo más grande del boxeo moderno no es lo más oscuro de esta historia. Hay algo más. Algo que José Luis Castillo Castro hizo la misma semana que regresó a México con la cara hinchada. Algo que durante 17 años no le contó a nadie y algo que el 12 de marzo de 2019, exactamente 17 años después de la pelea contra Mayweather, iba a explicar por qué su propio hijo, Cristian Castillo Lara, de 21 años de edad, terminó 41
días en coma inducido en una cama de hospital de la ciudad de Los Ángeles, California. Cristian Castillo. Lara nació el 4 de marzo de 1998 en Mexicali, Baja California. La madre se llamaba Norma Lara Romero. Tenía 22 años. Era recepcionista en el Hospital General de Mexicali. José Luis Castillo Castro tenía 24 años.
Era ya sparring oficial de Julio César Chávez y la relación con Norma Lara Romero. Según contaría 20 años después la propia norma a la revista TV Notas en marzo de 2018 no era una relación que José Luis Castillo Castro fuera a sostener. entrevista que Norma Lara Romero, la madre biológica de Cristian Castillo, dio a la revista TV Notas en marzo de 2018.
Según los testimonios que ella publicó en las cuatro páginas del reportaje, contaba algo que durante 20 años el propio Cristian no había sabido. algo sobre su padre José Luis Castillo Castro, algo sobre lo que su padre había hecho en mayo de 2002 y algo que cuando Cristian con 20 años de edad terminó de leer las cuatro páginas del reportaje de TV Notas en el departamento de su madre en Mexicali la tarde del 22 de marzo de 2018 lo hizo dejar de hablarle a su padre durante tres meses seguidos.
Lo que Norma Lara Romero le contó a la revista TV Notas en marzo de 2018, según la edición impresa del 17 de marzo, era lo siguiente. En mayo de 2002, dos semanas después de la pelea contra Mayweather en el MGM Grand, José Luis Castillo Castro regresó a Mexicali. Norma estaba embarazada de Cristian.
tenía 4 años de relación con José Luis y esa misma semana de mayo de 2002, José Luis Castillo Castro le dijo a Norma Lara Romero, según el testimonio que ella publicó 16 años después que iba a casarse con otra mujer, una mujer que vivía en Las Vegas y que no quería que Cristian llevara el apellido Castillo. Pero esa decisión que José Luis Castillo Castro tomó en mayo de 2002 sobre el embarazo de Norma Lara Romero, esa decisión que durante 20 años el público mexicano nunca supo no es exactamente la decisión asquerosa de la que hablé al principio de este video. Hay otra, una
mucho más grave, una que el temible castillo tomó 17 años después, la tarde del primero de julio de 2019, dentro del gimnasio Romanza de Tijuana, tres semanas antes de que su propio hijo Cristian, ya con 21 años de edad, cayera desmayado en el piso del ring. Cristian creció en Mexicali con su madre Norma.
Durante los primeros 18 años de su vida no usó el apellido Castillo. Su padre lo visitó solamente cuatro veces entre 1998 y 2016. Cuatro visitas en 18 años. Las cuatro duraron menos de 40 minutos cada una. Y en cada una su padre llegó, le entregó a Norma un sobre con dinero en efectivo y se fue al hotel. Pero en mayo de 2016, cuando Cristian tenía 18 años, según el testimonio del propio Cristian al canal de YouTube de febrero de 2022, José Luis Castillo Castro hizo algo que no había hecho en los 18 años anteriores, algo que iba a cambiar exactamente todo lo que pasó después,
algo que 3 años después, la tarde del primero de julio de 2019, dentro del gimnasio Romanza de Tijuana, iba a ser la asquerosa decisión más oscura de toda la vida adulta de el temible castillo. En mayo de 2016, José Luis Castillo Castro fue a Mexicali. Llegó al departamento de Norma Lara Romero a las 11 de la mañana de un sábado.
Cristian acababa de cumplir 18 años. Estaba estudiando primer semestre de ingeniería civil en el Instituto Tecnológico de Mexicali. Trabajaba medio tiempo como empacador en un supermercado Soriana de la avenida Independencia. Cobraba 2800 pesos al mes. Y esa mañana de sábado de mayo de 2016, dentro del departamento de tres recámaras de su madre, José Luis Castillo Castro le ofreció a su hijo Cristian por primera vez en 18 años algo que el chamaco no esperaba.
Le ofreció ser boxeador profesional, le ofreció pagarle el entrenamiento en el gimnasio Romanza de Tijuana y le ofreció que finalmente, después de 18 años, llevara el apellido Castillo. Pero lo que José Luis Castillo Castro le ofreció a su hijo Cristian esa mañana de sábado de mayo de 2016 dentro del departamento de Mexicali.
No era una oferta, era exactamente el primer movimiento de una decisión que el temible castillo había tomado 3 meses antes, en febrero de 2016, sentado en una mesa de ruleta del Mandalay Bay Casino de Las Vegas, una decisión que tenía que ver con dinero, mucho dinero, y con un secreto que durante los siguientes 3 años Cristian Castillo Lara no iba a descubrir hasta exactamente la tarde del primero de julio de 2019.
Lo que José Luis Castillo Castro había hecho dentro del Mandalay Bay, Casino de Las Vegas, la madrugada del 18 de febrero de 2016, según se sabría 6 años después, por una investigación del periodista deportivo Carlos Calderón Cardoso, publicada en el suplemento dominical del diario Reforma el 15 de mayo de 2022, es exactamente lo siguiente.
Esa madrugada, el temible castillo perdió $,400,000 en una sola mesa de ruleta del segundo piso del casino. La pérdida más grande de toda su vida como apostador. $,400,000 que representaban exactamente el 72% de toda la fortuna acumulada durante 12 años como dos veces campeón mundial peso ligero del Consejo Mundial de Boxeo. Y según los registros del Mandalay Bay que se filtraron al reportaje del Reforma, esa madrugada del 18 de febrero de 2016 no fue la primera vez que el temible castillo perdía cifras de seis dígitos en las mesas de ruleta de Las Vegas. Era
exactamente la perdida número 243. La número 243 en 15 años, entre 2001 y 2016. Según el reportaje del Reforma, el temible castillo había acumulado dentro del Mandalai Bay, el Caesars Palace, el Win y el Bellaguio de Las Vegas, una pérdida total de $,200,000. El 90% de la fortuna acumulada en 12 años de carrera profesional dentro del cuadrilátero.
Y todo ese dinero, según la propia investigación del Reforma, lo había apostado el temible castillo en peleas de boxeo, apostado contra otros boxeadores mexicanos, contra rivales que él mismo conocía personalmente, contra peleadores que en muchos casos eran sus propios amigos. La asquerosa decisión que el temible castillo había tomado en febrero de 2016 dentro del Mandalai Bay Casino de Las Vegas.
Según el reportaje del Reforma del 15 de mayo de 2022, era exactamente la siguiente. 3 meses después de perder los $,400,000 en la mesa de ruleta, José Luis Castillo Castro voló a Mexicali, llegó al departamento de Norma Lara Romero y le ofreció a su hijo Cristian por primera vez en 18 años ser boxeador profesional.
Le ofreció el apellido Castillo, le ofreció el gimnasio Romanza de Tijuana, le ofreció pagarle todo. Pero lo que Cristian Castillo Lara nunca supo, según el reportaje del Reforma, fue que esa misma semana de mayo de 2016, José Luis Castillo Castro había firmado un contrato privado con el manager mexicalense don Sergio Ramírez Mejía, el dueño del gimnasio Romanza, por el cual el temible castillo recibía $200,000 en efectivo a cambio de entregar a su propio hijo de 18 años, al equipo profesional del gimnasio.
El temible castillo había vendido a su hijo Christian, según el reportaje del Reforma de 2022, por exactamente $200,000. La octava parte de lo que había perdido 3 meses antes, en una sola madrugada en una mesa de ruleta del Mandalay Bay de Las Vegas. Pero esa primera traición del temible castillo a su propio hijo.
Cristian Castillo Lara en mayo de 2016 esa primera firma del contrato de $200,000 con el manager don Sergio Ramírez Mejía del Gimnasio Romanza de Tijuana. No fue exactamente la asquerosa decisión que terminó con Cristian 41 días en coma, inducido en una cama de hospital de Los Ángeles. Hubo otra decisión peor, una que el temible castillo tomó 3 años después, la tarde del primero de julio de 2019, tres semanas antes del derrame cerebral de su hijo Cristian, una decisión que tenía que ver con una mujer de Las Vegas, una
mujer llamada Roxana Méndez Salinas. y con otro hijo, un hijo secreto, un medio hermano de Cristian que durante 19 años el propio Cristian no había sabido que existía. Roxana Méndez Salinas tenía 31 años, mesera del bar Margarita Vill del Mandalay Bay Casino, hija de un veterinario de Hermosillo emigrado a Estados Unidos.
La noche del 22 de agosto de 2004 le sirvió por primera vez una cerveza a José Luis Castillo Castro. Pero esa noche del 22 de agosto de 2004 dentro del bar Margarita Ville, del segundo piso del Mandalay Bay Casino de Las Vegas, esa noche en que Roxana Méndez Salinas le sirvió por primera vez una cerveza corona a José Luis Castillo Castro.
No era una noche cualquiera del calendario del temible. Era exactamente la misma noche en que a 3,120 km de distancia dentro de un departamento de tres recámaras de la colonia Independencia de Mexicali, Norma Lara Romero estaba acostando a Cristian Castillo Lara para dormir. Cristian tenía 6 años y esa noche, según contaría Norma a la revista TV Notas 14 años después, Cristian le preguntó por primera vez a su madre por qué su papá nunca venía a visitarlo.
Roxana y José Luis empezaron una relación esa misma semana. 5co meses después, en enero de 2005, Roxana descubrió que estaba embarazada. José Luis le pidió que abortara. le ofreció $18,000 en efectivo. Roxana aceptó el dinero, tomó los $18,000 y no abortó. Diego Castillo Méndez nació el 14 de octubre de 2005 en el hospital Sunrise de Las Vegas.
José Luis no fue al parto, pero Diego Castillo Méndez, ese hijo secreto que José Luis Castillo Castro tuvo con Roxana Méndez Salinas el 14 de octubre de 2005 en el hospital Sunrise de Las Vegas. No era el único secreto que el temible castillo tenía oculto en Las Vegas en esa primera década del siglo. Había otro, un secreto mucho más grande.
secreto que el 8 de junio de 2006, exactamente la noche en que José Luis Castillo Castro noqueó por segunda vez a Diego Corrales en el Thomas and Max Center de Las Vegas, iba a empezar a explicar exactamente por qué el temible castillo había perdido ,200,000 en las mesas de ruleta entre 2001 y 2016. El 8 de junio de 2006, en el Thomas and Max Center de Las Vegas, el temible enfrentó por segunda vez a Diego Corrales.
La primera pelea el 7 de mayo de 2005 había sido nombrada por The Ring como la pelea del año del boxeo moderno. La revancha del 8 de junio fue distinta. El temible noqueó a Corrales en cuatro asaltos. Bolsa $,400,000. Pero esa noche del 8 de junio de 2006 en que el temible castillo noqueó a Diego Corrales en cuatro asaltos dentro del Thomas and Max Center de Las Vegas, esa noche en que José Luis Castillo Castro cobró 1,400,000 de bolsa.
Según contaría, 17 años después, la propia Roxana Méndez Salinas al canal de YouTube de Carlos Calderón Cardoso. Ocurrió algo que el público mexicano nunca supo, algo que Roxana descubrió a las 3 de la madrugada del 9 de junio de 2006, sentada en la naitación del hotel Bellagio, donde se hospedaba con José Luis Castillo Castro y el pequeño Diego de 8 meses de edad.
Algo que iba a explicar exactamente por qué el temible castillo durante los siguientes 10 años perdió todo lo que ganó. A las 3 de la madrugada del 9 de junio de 2006, según el testimonio de Roxana al canal de YouTube, José Luis Castillo Castro entró a la habitación del Vellagio con la cara hinchada por los golpes de corrales y un sobre de papel manila en la mano derecha.
El sobre tenía dentro, según contó Roxana, $280,000 en efectivo, la mitad de la bolsa contra corrales. José Luis sacó cinco fajos de billetes de $100 y le dijo una sola frase a Roxana. Le dijo, “Hoy en la madrugada vamos a ir al Mandalay Boy a recuperar lo que me robaron en abril del 2002.” Pero esa frase que José Luis Castillo Castro le dijo a Roxana Méndez Salinas la madrugada del 9 de junio de 2006 dentro de la habitación del hotel Vellagio.
Esa frase de recuperar lo que le habían robado en la pelea contra Mayweather del 20 de abril de 2002 no era una frase casual de un boxeador victorioso. Era exactamente la confesión de una obsesión que durante los siguientes 10 años iba a destruir económicamente a el temible castillo. Una obsesión que tenía que ver con apuestas y con boxeadores mexicanos y con peleas que el propio temible castillo conocía de adentro.
Entre junio de 2006 y febrero de 2016, según el reportaje del periodista Carlos Calderón Cardoso del Reforma del 15 de mayo de 2022, José Luis Castillo Castro apostó en 243 peleas profesionales, siempre contra el favorito, siempre con cifras superiores a los $50,000. perdió en 218, una racha de pérdidas que ningún apostador profesional de Las Vegas había acumulado en 15 años.
$,200,000 perdidos en una década. Y todo ese dinero, según el reportaje del Reforma, apostado contra boxeadores mexicanos que él mismo conocía personalmente, contra rivales que había visto entrenar, contra peleadores que en muchos casos habían sido sus propios sparrings. El reportaje del Reforma de Mayo de 2022, ese reportaje del periodista Carlos Calderón Cardoso, que durante 4 años de investigación documentó las 243 apuestas perdidas de José Luis Castillo Castro.
Descubrió algo más, algo que durante 10 años Roxana Méndez Salinas guardó en silencio dentro de la habitación del condominio que José Luis le había comprado en el suroeste de Las Vegas. Algo que tenía que ver con el pequeño Diego Castillo Méndez, el hijo secreto del temible Castillo. Y con un viaje a Mexicali que José Luis Castillo Castro hizo en marzo de 2018 con Diego de 12 años de edad, sentado en el asiento del copiloto del coche.
En marzo de 2018, José Luis manejó desde Las Vegas hasta Mexicali en un cadilac escalate blanco. Diego Castillo Méndez, su hijo secreto de 12 años, iba en el asiento del copiloto. Llegaron al departamento de Norma a las 3 de la tarde del 22 de marzo. Cristian estaba en el departamento. Tenía 20 años. Llevaba 2 años entrenando en el gimnasio Romanza.
Y esa tarde, Cristian Castillo Lara vio por primera vez en su vida a un chamaco de 12 años parado en la sala de su madre. Un chamaco que tenía la misma cara del padre, un chamaco que llevaba el apellido Castillo. Esa tarde del 22 de marzo de 2018 dentro del departamento de Mexicali, esa tarde en que Cristian Castillo Lara, de 20 años vio por primera vez a su medio hermano Diego Castillo Méndez, de 12 años parado en la sala de su propia madre.
No fue una tarde cualquiera para Cristian. Fue exactamente la tarde en que Cristian Castillo Lara descubrió que durante los primeros 20 años de su vida había sido una pieza secundaria del plan económico de su padre. que el contrato del gimnasio Romanza por $200,000 en mayo de 2016 no era una oferta de oportunidad profesional, era una negociación y que el verdadero hijo de José Luis Castillo Castro, el hijo planeado, el hijo de la mujer americana, el hijo nacido en un hospital de Las Vegas con seguro médico privado era exactamente Diego Castillo
Méndez. No, Cristian. Cristian no le dijo una sola palabra a su padre esa tarde. Se levantó, caminó hasta su cuarto, cerró la puerta y durante las siguientes 8 horas leyó las cuatro páginas del reportaje de TV Notas, donde su propia madre había contado toda la historia. A las 11 de la noche salió del cuarto, caminó hasta la sala donde su padre seguía sentado con Diego y le dijo tres palabras. le dijo, “No quiero verte.
” Pero esas tres palabras que Cristian Castillo Lara le dijo a su padre, José Luis Castillo Castro, la noche del 22 de marzo de 2018 dentro del departamento de Mexicali. Esas tres palabras que durante los siguientes tres meses Cristian repitió cada vez que su padre intentaba llamarlo por teléfono.
No son lo más oscuro de esta historia. Hay algo más, algo que José Luis Castillo Castro hizo la tarde del primero de julio de 2019, un año y 3 meses después de la noche del Cadilac Escalight Blanco dentro del gimnasio Romanza de Tijuana. Algo que iba a explicar exactamente como Cristian Castillo Lara terminó 41 días en coma inducido en una cama del hospital Cedar Sinai de la ciudad de Los Ángeles.
Durante los 3 meses que siguieron a la noche del 22 de marzo de 2018, según el testimonio de Cristian al canal de YouTube, José Luis Castillo Castro intentó hablar con su hijo Cristian 12 veces. 12 llamadas no contestadas, cuatro mensajes de texto, dos cartas escritas a mano enviadas por correo postal a Mexicali.
Cristian no contestó ninguno, pero en junio de 2018, exactamente 3 meses después del descubrimiento de Diego, Cristian Castillo, Lara regresó al gimnasio Romanza de Tijuana. regresó solo sin avisar a su padre y le dijo a don Sergio Ramírez Mejía, el manager dueño del gimnasio, que quería pelear como profesional, que quería que su próxima pelea fuera contra el rival más fuerte que tuvieran en agenda y que esa pelea fuera transmitida por televisión.
Esa decisión que Cristian Castillo Lara tomó en junio de 2018 dentro del gimnasio Romanza de Tijuana. Esa decisión de pelear contra el rival más fuerte sin avisar a su padre no era una decisión profesional de un boxeador joven. Era exactamente una venganza. Una venganza contra su padre José Luis Castillo Castro.
Una venganza que durante los siguientes 13 meses, según el testimonio de don Sergio Ramírez Mejía al canal de YouTube en febrero de 2022, fue exactamente el motor que llevó a Cristian Castillo Lara a entrenar 7 horas diarias dentro del gimnasio, sin descansar ni los domingos, sin tomar las vacaciones que su madre Norma le pedía cada mes y sin escuchar las advertencias del propio don Sergio Ramírez Mejía de que estaba entrenando demasiado para un peleador con solo una pelea profesional encima.
Cristian Castillo. Lara debutó como profesional el 12 de octubre de 2018 en una arena chica de Tijuana llamada Pueblo Jacki. Bolsa 5000 pes. Lo noqueó en el primer asalto a un rival de Mexicali llamado Roberto Hernández. Durante los siguientes 8 meses no consiguió otra pelea. Don Sergio Ramírez intentó armarle tres peleas.
Las tres se cayeron a último momento y Cristian, según el testimonio del propio don Sergio al canal de YouTube, empezó a entrar en una espiral de frustración. subió de peso, empezó a saltarse comidas, dejó de tomar agua durante el entrenamiento y en junio de 2019 le dijo a don Sergio que iba a llamar a su padre para pedirle una pelea televisada para demostrarle quién era el verdadero hijo Castillo.
La llamada telefónica que Cristian Castillo Lara le hizo a su padre José Luis Castillo Castro la noche del 28 de junio de 2019, según contaría dos meses después el propio temible castillo al diario Reforma. Fue la primera vez que padre e hijo hablaron en 15 meses. Cristian le pidió a su padre exactamente dos cosas, que le consiguiera una pelea televisada antes de fin de año y que esa pelea fuera contra un rival que llevara el rango de los 10 primeros del peso welter del Consejo Mundial de Boxeo.
José Luis Castillo Castro esa noche, según el testimonio que él mismo dio al Reforma, aceptó las dos cosas. y le dijo a su hijo Cristian que la pelea iban a estar lista para octubre de 2019. Una pelea contra el cubano Joel Angeloni en el casino Pechanga de Los Ángeles, California. Pelea televisada por ESPN Deportes. Bolsa para Cristian, $5,000.
Pero entre la llamada telefónica del 28 de junio de 2019 y la fecha planeada de la pelea contra Joel Angeloni del 5 de octubre del mismo año, había exactamente 3 meses y 7 días de tiempo. 3 meses y 7 días para que un peleador con una sola victoria profesional en su récord se preparara para enfrentar a un cubano que llevaba 22 peleas como profesional y 19 knockouts.
José Luis Castillo Castro, esa misma semana del 28 de junio de 2019, voló de Las Vegas a Tijuana. Llegó al gimnasio Romanza la tarde del primero de julio de 2019 a las 4:47 de la tarde y dentro de la oficina principal del gimnasio con don Sergio Ramírez Mejía sentado del otro lado del escritorio. José Luis Castillo Castro tomó la asquerosa decisión que tres semanas después iba a explicar exactamente por qué su propio hijo Cristian terminó 41 días en coma, inducido en una cama del hospital Cedar Sinai de Los Ángeles.
Lo que José Luis Castillo Castro hizo dentro de la oficina principal del gimnasio Romanza de Tijuana la tarde del primero de julio de 2019 a las 4:47 de la tarde. Según el reportaje del periodista Carlos Calderón Cardoso, publicado en el suplemento dominical del Reforma el 15 de mayo de 2022, basado en el testimonio directo del propio don Sergio Ramírez Mejía, fue exactamente lo siguiente.
Sentado del otro lado del escritorio de don Sergio, José Luis Castillo Castro sacó de una mochila negra de cuero un sobre de papel manila con 80,000 pesos mexicanos en efectivo. al cambio de ese mes y le dijo a don Sergio Ramírez Mejía tres cosas. La primera, que Cristian Castillo Lara no estaba listo físicamente para pelear contra el cubano Joel Angeloni el 5 de octubre.
La segunda, que su hijo iba a perder esa pelea por knockout en el segundo o tercer asalto si no entrenaba contra rivales de peso superior durante los siguientes tres meses. Y la tercera, la asquerosa decisión que iba a destruir a su hijo Cristian para siempre. José Luis Castillo Castro le pidió a don Sergio Ramírez Mejía que durante las siguientes tres semanas pusiera a Cristian a entrenar sparring exclusivamente con boxeadores del peso superior, boxeadores de peso medio, boxeadores de peso mediano, peleadores que pesaran entre 75 y 80 kg.
Cristian Castillo Lara esa misma semana pesaba 66 kg. La diferencia entre el peso de Cristian y el peso de los sparrings que su padre le ordenó al manager era de entre 9 y 14 kg. Una diferencia que cualquier neurólogo deportivo de la Comisión de Boxeo de California habría calificado, según declaró años después el Dr.
Margaret Goodman al canal de YouTube de Carlos Calderón Cardoso como negligencia médica criminal contra un peleador de 21 años de edad. José Luis Castillo Castro lo sabía, don Sergio Ramírez Mejía también. Y los 80,000 pesos mexicanos del sobre de papel Manila, según el testimonio del propio don Sergio al canal de YouTube, eran exactamente el pago para que el manager aceptara hacer algo que sabía que iba a destruir el cerebro del hijo del campeón mundial.
Don Sergio Ramírez Mejía, según contó él mismo al canal de YouTube de Carlos Calderón Cardoso en febrero de 2022, le preguntó esa tarde del primero de julio de 2019 a José Luis Castillo Castro una sola pregunta antes de aceptar el dinero. le preguntó por qué quería que Cristian recibiera ese castigo.
Y José Luis Castillo Castro, según el testimonio del propio don Sergio, respondió con una sola frase, una frase que durante 3 años don Sergio guardó en silencio hasta el día en que decidió contarla al periodista del Reforma, José Luis Castillo Castro dijo esa tarde dentro de la oficina del gimnasio Romanza de Tijuana exactamente las siguientes palabras.
dijo, “El chamaco tiene que entender que el verdadero hijo Castillo no es él, es Diego. Y la única forma de que lo entienda es que pierda en el ring contra el cubano delante de las cámaras de ESPN. Después de eso, don Sergio, este chamaco se va a su casa con su madre y Diego, que ya tiene 14 años, va a empezar a entrenar contigo el mes que viene.
Esa es la segunda verdad de esta historia. Que José Luis Castillo Castro, el dos veces campeón mundial peso ligero del Consejo Mundial de Boxeo, le pagó 80,000 pesos mexicanos en efectivo al manager don Sergio Ramírez Mejía del Gimnasio Romanza de Tijuana la tarde del primero de julio de 2019 para que durante las siguientes tres semanas su propio hijo Cristian Castillo Lara, de 21 años de edad y 66 kg de peso, recibiera golpes en el cerebro de boxeadores de entre 75 y 80 kg, 14 kg de diferencia en algunos sparrings y todo por una razón que
durante 3 años nadie del público mexicano supo. Que José Luis Castillo Castro, después de descubrir que su hijo secreto Diego Castillo Méndez, de 12 años quería ser boxeador profesional, había decidido sacar a Cristian del gimnasio Romanza por la única vía posible. Una derrota humillante por knockout delante de las cámaras de ESPN Deportes en Los Ángeles.
Pero esa decisión que José Luis Castillo Castro tomó la tarde del primero de julio de 2019 dentro del gimnasio Romanza de Tijuana, esa decisión de sacar a Cristian del boxeo profesional a cambio de un sobre de papel manila con 80,000es todavía no es lo más oscuro de toda esta historia. Hay algo peor, algo que don José Luis Castillo Borquez, el propio padre del temible castillo, ese soldador del ferrocarril del Pacífico de Empalme, Sonora, había hecho exactamente 40 años antes con su propio hijo de 6 años.
Algo que durante toda la vida adulta del temible castillo, nadie de la familia se había atrevido a hablar en voz alta, algo que la madre refugio Castro Romero descubrió la tarde del 9 de junio de 1982 y algo que en agosto de 2019, exactamente cuando Cristian Castillo Lara cumplía 14 días en coma inducido en el Hospital Sedar Sinay de Los Ángeles, José Luis Castillo Castro iba a recordar por primera vez en 37 años sentado en una banca del estacionamiento del hospital.
Cristian Castillo Lara cayó desmayado en el ring del gimnasio Romanza de Tijuana la mañana del 22 de julio de 2019 a las 11:14. Tres semanas exactas después del sobre de 80,000 pesos. El sparring de esa mañana era contra un boxeador de Mexicali llamado Andrés Beltrán. Beltrán pesaba 79 kg, Cristian pesaba 65, 14 kg de diferencia.
El golpe que mandó a Cristian Castillo Lara al piso del ring del gimnasio Romanza de Tijuana la mañana del 22 de julio de 2019 a las 11:14 no fue exactamente el golpe que le causó el derrame cerebral. El golpe que causó el derrame había llegado dos asaltos antes. Un gancho izquierdo de Andrés Beltrán que conectó en la 100 derecha de Cristian.
Cristian siguió peleando, pero según el reportaje médico del neurólogo del Hospital Ángeles de Tijuana, Dr. Alejandro Carranza Sánchez, publicado en la revista médica de la Comisión Mexicana de Boxeo el 8 de agosto de 2019, el primer gancho izquierdo le había roto un vaso sanguíneo del cerebro.
La sangre llevaba 35 minutos acumulándose dentro del cráneo de Cristian cuando finalmente cayó al piso. La ambulancia tardó 47 minutos. Cristian estaba inconsciente desde hacía 49 minutos. La craneotomía la hizo el Dr. Alejandro Carranza Sánchez en el Hospital General de Tijuana. Duró 6 horas. Pronóstico reservado grave. José Luis llegó al hospital a las 5:17.
Voló desde Las Vegas en Bolaris. Bajó solo. Roxana y Diego se quedaron en Las Vegas, pero esa tarde del 22 de julio de 2019 dentro del Hospital General de Tijuana, esa tarde en que José Luis Castillo Castro llegó a las 5:17 sin Roxana y sin Diego. No fue una tarde cualquiera, fue exactamente la tarde en que Norma Lara Romero, la madre biológica de Cristian, que había viajado desde Mexicali esa mañana.
Al enterarse del derrame por una llamada telefónica de don Sergio, vio a José Luis Castillo Castro por primera vez en 5 años. Y fue exactamente la tarde en que José Luis Castillo Castro, sentado en una banca del estacionamiento del hospital a las 9:11 de la noche, recordó por primera vez en 37 años algo que su propia madre, refugio Castro Romero, le había dicho la tarde del 9 de junio de 1982.
Esa frase que la madre refugio Castro Romero le dijo al pequeño José Luis Castillo Castro la tarde del 9 de junio de 1982 dentro de la casa de adobe del pueblo de Empalme, Sonora, una tarde en que el pequeño tenía 8 años recién cumplidos. Había sido exactamente la respuesta a una pregunta que el chamaco le había hecho llorando esa misma tarde.
Una pregunta sobre el padre don José Luis Castillo Borquez. Una pregunta sobre lo que el padre había hecho esa misma mañana del 9 de junio de 1982 dentro del gimnasio Sonora Boxing Club de la calle 12 de octubre de Guaimas. Lo que don José Luis Castillo Borquez había hecho esa mañana del 9 de junio de 1982 dentro del gimnasio Sonora Boxing Club de Guaimas.
Esa mañana en que su hijo, el pequeño temible castillo, de 8 años de edad, estaba haciendo su primera sesión de sparring contra otro chamaco del pueblo. No era un acto de entrenamiento normal de un padre boxeador. Era exactamente el primer movimiento de un patrón generacional que durante los siguientes 37 años nadie de la familia Castillo iba a hablar en voz alta.
Un patrón que la madre refugio Castro Romero descubrió esa misma tarde del 9 de junio y un patrón que José Luis Castillo Castro sentado en la banca del estacionamiento del Hospital General de Tijuana la noche del 22 de julio de 2019 recordó por primera vez en su vida adulta. Cristian fue trasladado al hospital Sidar Sinai de Los Ángeles la madrugada del 25 de julio.
El traslado lo financió la Comisión Mexicana de Boxeo, $7,000 en ambulancia aérea. Cristian entró directamente a la unidad de cuidados intensivos. Fue puesto en coma inducido a las 6 de la mañana por el Dr. Mark Liker, pero el costo del coma inducido en Sidar Sinai era de $4,800 por día. La Comisión Mexicana de Boxeo solo cubría los primeros 14 días.
José Luis Castillo Castro, esa tarde del 8 de agosto, día 14 del internamiento, no tenía $4,800 en ninguna cuenta, ni para un solo día más. Esa tarde del 8 de agosto, José Luis entró a la habitación donde Norma llevaba 14 días sin moverse de la silla. Le dijo que no tenía dinero, que la cuenta del Wells Fargo tenía solamente $12 y le dijo que iban a hacer una sola cosa para conseguir el dinero, una cosa que su propio padre, don José Luis Castillo Borquez, le había rogado por teléfono dos días antes que no hiciera.
La advertencia que don José Luis Castillo Vorquez, el padre del temible castillo, le hizo a su hijo por teléfono la tarde del 6 de agosto de 2019. Esa advertencia que José Luis Castillo Castro no escuchó no era una advertencia económica, era una advertencia mucho más oscura, una advertencia que tenía que ver con lo que el propio don José Luis Castillo Vorquez había hecho en 1982, lo que su esposa, Refugio Castro Romero, había descubierto esa tarde del 9 de junio y lo que durante 37 años el propio don José Luis Castillo Vorquez
había guardado en silencio dentro de la casa de adobe del pueblo de Empalme. La noche del 9 de agosto de 2019, día 15 del internamiento, José Luis Castillo Castro abrió por primera vez una cuenta en Facebook. La cuenta tenía como nombre José Luis Castillo, padre del temible. La foto de perfil era el temible levantando el cetro mundial en el Mandalay Bay.
Y el primer mensaje a las 11:29 de la noche decía, “Mi hijo Cristian se está muriendo. No tengo dinero. Acepto 200 pesos, $100, lo que sea. Le pido al pueblo mexicano que me ayude.” No fue la única publicación. Hubo 192 publicaciones más durante los siguientes 33 días, una cada 4 horas. Todas contenían la misma combinación. Una foto vieja del temible, una cifra de dinero pequeña, el número de cuenta del Banamex de Mexicali a nombre de Norma y la palabra ayuda.
El total que José Luis Castillo Castro recaudó del pueblo mexicano por la red social Facebook durante los 33 días entre el 9 de agosto y el 11 de septiembre de 2019. Según los registros bancarios del Banamex que se filtraron al Reforma fue exactamente 218,400es $,000 al cambio de ese mes, 2 días y 10 horas de internamiento de Cristian Castillo Lara en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Sedar Sinai de Los Ángeles.
Una gota dentro de un océano. Cristian durante esos 33 días no recuperó la conciencia, pero esa humillación pública que José Luis Castillo Castro vivió durante 33 días pidiendo 200 pesos por Facebook al pueblo mexicano, esa humillación que terminó recaudando solamente $,000 para dos días de hospital no fue lo más oscuro de la historia.
Lo más oscuro pasó la madrugada del primero de septiembre de 2019, cuando don José Luis Castillo Borquez, el padre del temible castillo, viajó desde Empalme, Sonora, hasta Los Ángeles, California, en un autobús de la línea Tres estrellas de Oro. Y dentro de la habitación 518 del hospital Sedar Sinai, frente a la cama donde su nieto Cristian llevaba 39 días en coma inducido, le dijo a su propio hijo José Luis Castillo Castro finalmente lo que durante 37 años había guardado en silencio.
que don José Luis Castillo Borquez le confesó a su hijo José Luis Castillo Castro la madrugada del primero de septiembre de 2019 dentro de la habitación 518 del Hospital Cedar Sinai de la ciudad de los Ángeles. Según el reportaje del periodista Carlos Calderón Cardoso, publicado en el suplemento dominical del Reforma el 15 de mayo de 2022, basado en el testimonio directo del propio don José Luis Castillo Vorquez, dos meses antes de morir de cáncer de páncreas en abril de 2022, fue exactamente lo siguiente.
La tarde del 9 de junio de 1982, dentro del gimnasio Sonora Boxing Club de Guaimas, don José Luis Castillo Vorquez había hecho una sola cosa con su propio hijo, el pequeño temible castillo de 8 años de edad. Una cosa que su esposa, refugio Castro Romero, esa misma tarde había descubierto al ver el ojo derecho del chamaco hinchado en el comedor de la casa de adobe de Empalme.
Don José Luis Castillo Vorquez esa mañana del 9 de junio de 1982 le había pagado al entrenador don Ignacio Cosío exactamente 300 pesos mexicanos en efectivo, a cambio de que pusiera al pequeño temible castillo de 8 años a hacer sparring contra un chamaco de 12 años. 4 años de diferencia, 20 kg de diferencia.
Y la razón por la que el padre don José Luis Castillo Borquez le había pagado los 300 pesos al entrenador cubano según la confesión que dio a su hijo 37 años después dentro de la habitación 518 del Sidar Sinai, fue exactamente la misma razón que su propio hijo, el temible Castillo, había tenido 41 años después dentro del gimnasio Romanza de Tijuana.
una otra familia, una otra mujer, un otro hijo, varón. Don José Luis Castillo Borquez, según confesó esa madrugada a su hijo, había tenido durante toda la vida adulta otra familia secreta en la ciudad de Hermosillo, Sonora, otra esposa llamada Magdalena y otro hijo varón llamado Rogelio Castillo, dos años menor que el pequeño temible.
Y la mañana del 9 de junio de 1982, según la confesión que dio a su hijo en el Sidar Sinai, había pagado los 300 pesos al entrenador cosío para sacar al temible del gimnasio, para que el chamaco perdiera contra el rival de 12 años, para que se humillara delante del propio padre y para que Refugio Castro Romero esa misma tarde, al ver el ojo derecho hinchado de su hijo, perdiera la fe en el boxeo para que el propio temible perdiera la fe en el boxeo y para que don José Luis Castillo Borquez pudiera dedicarle todo el tiempo, todo el dinero del soldador del ferrocarril
del Pacífico y toda la atención de padre al verdadero hijo Castillo. A Rogelio, el hijo de Magdalena en Hermosillo, don José Luis Castillo Borquez le confesó a su hijo esa madrugada una última frase. le dijo que el patrón había empezado mucho antes que 1982, que el abuelo del temible, un hombre llamado don Antonio Castillo en carpintero de Guaimas hasta su muerte en 1968, también había tenido otra familia, otro hijo varón, otra esposa y también había sacado a don José Luis Castillo Borquez del gimnasio de boxeo en 1957,
cuando este tenía 15 años. Cadena de tres generaciones. Abuelo don Antonio, padre don José Luis, hijo temible. Y ahora Cristian Castillo Lara, el cuarto eslabón en coma inducido en Cedar Sinai. Cadena cerrada. Cuatro generaciones de padres mexicanos repitiendo la misma escena. Y el primer eslabón, don Antonio Castillo en Cinas, llevaba 51 años muerto.
Cristian salió del coma inducido la mañana del 12 de septiembre de 2019, día 41 del internamiento. Según el Dr. Mark Ler, el lado izquierdo del cuerpo había perdido el 68% del control motor y la memoria de los últimos 6 meses había desaparecido completamente. Cristian no reconoció la cara de su padre cuando entró a la habitación esa tarde.
Cristian Castillo Lara hoy tiene 28 años. Vive con su madre Norma en el departamento de Mexicali. No puede mover el lado izquierdo cuerpo, no puede comer solo. Y según declaraciones de Norma al canal de YouTube, en diciembre de 2023, Cristian no ha vuelto a hablar con su padre en 4 años, ni una sola llamada, ni un solo mensaje.
José Luis Castillo Castro, hoy tiene 52 años. Vive en Empalme, Sonora, en la misma casa de Adobe donde nació. sobrevive con una pensión de 15,000 pesos del Consejo Mundial de Boxeo. Don Sergio Ramírez Mejía fue inhabilitado por la Comisión de Boxeo de Baja California en marzo de 2022. Diego Castillo Méndez, el medio hermano de Cristian, hoy tiene 20 años.
Nunca empezó a entrenar boxeo profesional. Las cadenas familiares más oscuras no son las de los padres que se van, son las de los padres que se quedan. repitiendo cada generación la misma escena con cada hijo. Cuatro generaciones de la familia Castillo de Empalme. Cuatro veces el mismo patrón y cada una de las cuatro veces la misma razón.
Otra familia secreta, otro hijo varón y el hijo legítimo sacrificado en un gimnasio por un sobre con dinero. Si esta historia te hizo pensar en alguien de tu propia familia, en un padre que llegaba tarde por las noches sin explicación, en un padre que parecía siempre estar pensando en otra parte, llámalo hoy, no mañana, hoy.
Pregúntale lo que durante toda tu vida no te has atrevido a preguntarle, porque el temible castillo nunca le hizo a su padre la pregunta que durante 37 años el padre estaba esperando. Y cuando don José Luis Castillo Vorquez finalmente tuvo el valor de confesarle la verdad dentro de la habitación 518 del Sedar Sinai, ya era demasiado tarde.
Cristian llevaba 39 días en coma inducido y la cadena familiar Castillo, cuatro generaciones de padres mexicanos repitiendo la misma escena con sus hijos varones, había llegado finalmente a su última estación. Suscríbete a Estrellas Caídas para seguir descubriendo lo que ningún deporte se atrevió a contar.