… Para que tú entiendas lo que está ocurriendo, primero tenemos que ir un año atrás. Imagínate que estás en mayo del año 2025. El mundo entero está pendiente de una chimenea. Sí, de una chimenea, la chimenea de la capilla Sixtina, donde los cardenales más importantes del mundo están encerrados eligiendo al nuevo Papa.
La Iglesia acaba de despedir al Papa Francisco, un Papa que fue muy querido por muchos, pero también muy discutido por otros. un papa argentino que sacudió las costumbres antiguas, un papa que hablaba mucho de los pobres, de los migrantes, de los descartados. Un papa que cambió cosas que llevaban siglos sin cambiar y al morir dejó una iglesia dividida, una iglesia donde unos pensaban que había ido demasiado rápido, otros pensaban que se había quedado corto y muchos, muchos católicos sencillos como tú y como yo, sencillamente no sabíamos qué pensar.
Solo queríamos paz. Solo queríamos volver a sentir esa certeza tranquila de que nuestra iglesia, nuestra madre, sabía a dónde nos llevaba. Los cardenales se reunieron, cerraron las puertas y comenzaron a rezar y a votar. Y el 8 de mayo del año 2025 salió el humo blanco. La gente en la plaza de San Pedro empezó a gritar.
Las campanas comenzaron a sonar y desde el balcón apareció un hombre vestido de blanco. Era estadounidense, pero había pasado la mayor parte de su vida como misionero en Perú. Hablaba español perfectamente. Conocía Latinoamérica como pocos. Era de la orden de los agustinos, una orden antigua y profunda.
Y eligió un nombre que nadie esperaba, León 14. ¿Por qué eligió ese nombre? Eso, mi querida hermana, ya nos estaba diciendo algo importantísimo, porque cuando un papa elige su nombre, no lo hace por gusto, lo hace como una declaración. Le está diciendo al mundo entero qué tipo de pontificado quiere tener. El último Papa que llevó el nombre de León fue León XI.
Y ese papa hace más de 100 años escribió un documento famosísimo llamado Rerum Novarum, un documento que defendió a los trabajadores, un documento que se puso del lado de la gente humilde, de los obreros, de las familias que sufrían por las injusticias del mundo moderno. Al elegir el nombre León, este nuevo Papa nos estaba diciendo, “Yo voy a continuar esa tradición.
Yo voy a ser un pastor para los humildes. Yo voy a defender a la familia, a los pobres, a los olvidados. Pero también hay algo más, algo más profundo. Porque León 14 no es solo un nombre, es una declaración de fortaleza, de coraje, de firmeza. Un león no huye, un león no se esconde, un león no se acobarda. Y este Papa en los primeros meses de su pontificado nos ha mostrado que tiene esa fortaleza, que viene con una misión muy específica, que tiene un plan.

Y aquí es donde la historia se pone interesante para ti, porque durante todo el año 2025, el nuevo Papa no hizo grandes anuncios, no sacudió a la iglesia con declaraciones espectaculares. ¿Por qué? Porque era un año especial. Era el año santo, el jubileo del año 2025, un año en el que millones de peregrinos viajaron a Roma, un año en el que las puertas santas estuvieron abiertas.
un año en el que la iglesia entera estaba enfocada en la oración, en la peregrinación, en la conversión. Y León XIV sabiamente decidió no interrumpir ese tiempo sagrado con cambios bruscos. Como buen pastor esperó, caminó con su pueblo, bendijo a los peregrinos, celebró las misas del jubileo y mientras tanto, en silencio, fue preparando lo que venía.
El 6 de enero del año 2026 se cerró el año santo. Las puertas santas, esas puertas enormes y doradas que estuvieron abiertas todo el año, se cerraron solemnemente y el Papa León XIV miró a esas puertas con una expresión muy particular, como diciendo, “Ahora sí, ahora empieza mi pontificado de verdad, ahora viene lo nuevo.
” Y al día siguiente, el 7 de enero del año 2026, hizo algo que ningún Papa había hecho de esa manera en muchísimo tiempo. Convocó a todos los cardenales del mundo, pero no para una reunión ceremonial, no para una foto, no para celebrar algo, sino para gobernar juntos, para escucharlos, para preguntarles qué pensaban, para construir el futuro de la iglesia entre todos.
Esto, mi querida hermana, fue una señal enorme, porque durante años los cardenales se habían quejado en silencio. Decían que el Papa anterior, Francisco, gobernaba de manera muy solitaria, que tomaba decisiones grandes sin consultarlos, que solo escuchaba a un pequeño grupo de nueve cardenales de confianza. Y León XIV al convocar a todos les estaba diciendo, “Aquí las cosas van a ser diferentes.
Yo no voy a gobernar solo. Yo voy a escucharlos. Yo voy a construir esta iglesia con ustedes, no por encima de ustedes.” Y ahí, en esa primera gran reunión del año 2026, León XIV anunció su plan. Un plan que tiene varios pilares, un plan que va a transformar la forma en que la iglesia funciona, un plan que cuando lo entiendas te va a dar muchísima esperanza.
Pero antes de contarte cada parte de este plan, quiero detenerme un momento, porque sé que hay muchas mujeres como tú que están escuchando esto con preocupación. Mujeres que vivieron muchos cambios en la iglesia. Mujeres que recuerdan cuando la misa se decía en latín. Mujeres que vieron como después del Concilio Vaticano Segundo, en los años 60, todo cambió.
Las bancas se reorganizaron. Los sacerdotes empezaron a mirar al pueblo de frente. Las mujeres dejaron de cubrirse la cabeza con mantilla. Los niños podían recibir la comunión más fácilmente y algunas señoras mayores en aquel entonces dijeron, “Ay, esto es muy diferente. Esto no es como yo aprendí. Esto se siente raro, pero con el tiempo la mayoría se dio cuenta de que esos cambios eran buenos, que la iglesia seguía siendo la misma, solo que más cercana, más entendible, más acogedora.
Y aquí viene algo importantísimo que necesito que tú escuches con mucha atención. León XIV ha dicho públicamente que el Concilio Vaticano Segundo es, según sus propias palabras, la estrella polar de la Iglesia. ¿Sabes qué es la estrella polar? Es estrella que los marineros antiguos usaban para no perderse en el mar.
La estrella que siempre apunta al norte. La estrella que no se mueve, que guía, que da seguridad. Y el Papa nos está diciendo que el Vaticano Segundo, ese gran concilio que renovó la Iglesia, sigue siendo la guía, que no vamos a regresar atrás, que no vamos a volver a la iglesia cerrada de antes, pero tampoco vamos a inventar cosas raras.
Vamos a continuar el camino que el Espíritu Santo ya nos había marcado hace 60 años. Para que entiendas el corazón de este Papa, déjame contarte un poco de quién es. Porque León XIV no es un hombre que llegó al Vaticano por política. No es un cardenal de salón que vivió rodeado de privilegios. Es un hombre que pasó la mayor parte de su vida adulta en los pueblos pobres del Perú. Caminó por calles de tierra.
Subió montañas para llevar la comunión a campesinos. comió con familias humildes que tenían que dividir un plato de sopa entre seis personas. Confesó a mujeres que lloraban por hijos perdidos. Bautizó bebés en capillas de adobe sin electricidad. Y eso, mi querida hermana, marca a un hombre para siempre. Porque cuando tú has visto el rostro del verdadero pobre, ya no puede ser el mismo.
Cuando tú has rezado con una mujer que perdió a su hijo en un accidente, ya no puedes hablar de la fe como un libro de filosofía. Cuando tú has tenido que dar la unción de los enfermos a un anciano en una cabaña sin medicinas, ya entiendes algo que los hombres que viven en palacios no pueden entender. León 14. Trae esa sabiduría al Vaticano.
Trae el olor de los pueblos. Trae el sonido de las mujeres rezando el rosario en español. Trae el calor de las velas encendidas en los altarcitos caseros. trae el llanto de los enfermos y la sonrisa de los niños humildes. Y por eso cuando él habla de reformar la iglesia, no está hablando como un teórico, está hablando como alguien que conoce la realidad, como alguien que sabe que la iglesia no es solo el Vaticano.
La iglesia eres tú en tu casa, encendiendo una veladora frente a la Virgen. La Iglesia es la señora del pueblo que sostiene la fe de toda una comunidad. La iglesia es la madre que reza por su hijo cada noche, aunque él ya no vaya a misa. Y aquí está la primera parte del plan de León 14, que tiene que ver directamente contigo.
Él quiere una iglesia donde tú, si tú, la mujer que está escuchando esto, tengas más voz, donde los laicos, es decir, las personas como nosotros, que no somos sacerdotes ni monjas, tengamos más participación en la vida de la iglesia. Porque durante muchos siglos la Iglesia funcionó como una pirámide rígida.
Arriba el Papa, después los cardenales, después los obispos, después los sacerdotes y al final allá abajo los fieles, que solo teníamos que obedecer, callar y poner el dinero en la canasta los domingos. Pero León XIV, siguiendo el camino que ya había comenzado el Vaticano Segundo, nos está diciendo que la iglesia no es así.
que la iglesia es un pueblo entero, que la iglesia somos todos y que las decisiones importantes deben tomarse escuchando a todos. Esto se llama sinodalidad, una palabra rara, lo sé, pero su significado es hermoso. Sínodo en griego antiguo quiere decir caminar juntos. Sinodalidad quiere decir que la Iglesia camina junta, que el Papa escucha al obispo, que el obispo escucha al sacerdote, que el sacerdote escucha a la señora que limpia la iglesia, que la señora que limpia la iglesia es escuchada porque ella también tiene sabiduría, también tiene fe, también
tiene voz. Y quizá tú estás pensando, “Pero yo solo soy una mujer mayor. Yo no soy nadie importante.” Y aquí, mi querida hermana, es donde necesito que abras bien tus oídos, porque esa es exactamente la mentira que el mundo te ha estado contando toda tu vida, que tú no eres importante, que tu fe es pequeña, que tus oraciones no cuentan, que tu voz no vale.
Pero León XIV, este Papa que viene de los pueblos pobres del Perú, está diciendo todo lo contrario. Está diciendo que la fe de las mujeres mayores, la fe de las abuelas, la fe de las madres es el cimiento mismo de la iglesia. Porque, ¿quién es la que mantiene la fe en las familias mexicanas? ¿Quién es la que enseña a los nietos a persignarse? ¿Quién es la que prende veladoras cuando hay un enfermo en la familia? ¿Quién es la que organiza el rosario los viernes de cuaresma? ¿Eres tú? Somos nosotras las mujeres.
Y durante demasiado tiempo la iglesia nos dio por sentadas. Nos veían como las que limpiaban el altar, las que ponían las flores, las que organizaban los rezos. Pero pocas veces nos preguntaban qué pensábamos. Pocas veces nos pedían consejo, pocas veces consideraban nuestra sabiduría como algo digno de ser escuchado en las grandes decisiones.
Esto está cambiando y está cambiando precisamente porque León XIV lo está empujando. Y aquí viene algo que casi nadie te ha dicho, porque la prensa cuando habla del Papa casi siempre habla de política, de escándalos, de polémicas, pero pocas veces te cuentan lo que de verdad está pasando en el corazón de este nuevo pontificado.
Y lo que está pasando, mi querida hermana, es algo que va a cambiar la iglesia para siempre. El primer pilar del plan se llama, en pocas palabras, volver a leer el Vaticano Segundo. ¿Qué significa esto? El Papa ha anunciado que va a dedicar sus enseñanzas semanales, lo que se llama la catequesis, a explicar los documentos del Concilio Vaticano Segundo.
Y aquí va una verdad muy dolorosa. La mayoría de los católicos del mundo nunca ha leído esos documentos. Yo lo sé. Tú lo sabes. Tu sacerdote probablemente nunca te ha explicado a fondo que dice exactamente la lumen gentium o la Gaudium et Space o la Sacrosanctum Concilium. Son documentos enormes, llenos de teología escritos hace más de 60 años por obispos y teólogos que ya murieron.
Y el problema es que la generación que vivió el concilio se está extinguiendo. Los obispos que estuvieron allí ya casi todos han fallecido. Los teólogos que escribieron esos documentos ya casi todos descansan en Dios. Y León XIV se dio cuenta de algo muy serio. Si nadie vuelve a explicar estos documentos a la gente común, a los católicos de hoy, vamos a perder un tesoro enorme.
Vamos a olvidar lo que el Espíritu Santo le dijo a la iglesia hace 60 años. Por eso el Papa va a dedicar tiempo a explicar en lenguaje sencillo qué dijo el Vaticano Segundo sobre la Iglesia, sobre los laicos, sobre la liturgia, sobre el diálogo con otras religiones, sobre el papel de las mujeres, sobre la libertad religiosa.
¿Sabes lo que significa esto para ti? Significa que tú vas a poder entender por primera vez en tu vida qué es realmente la iglesia. No la iglesia que te enseñaron de niña con un catecismo lleno de preguntas y respuestas, sino la iglesia viva, la iglesia adulta, la iglesia que el Espíritu Santo quiere que seas hoy. Quizá tú estás pensando, “Pero yo ya estoy grande para aprender cosas nuevas.
Yo ya tengo mi fe. Yo ya rezo mis oraciones, ya estoy bien así.” Y aquí va una verdad que necesito decirte con todo el cariño del mundo. La fe no es algo que se aprende una vez y ya. La fe es como un fuego que necesita leña todos los días. Y la leña de la fe es el conocimiento, la oración, los sacramentos, la comunidad.
Y la Biblia dice algo hermoso en el libro del profeta Isaías, capítulo 40, versículo 31. Dice que los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas. Levantarán el vuelo como las águilas, correrán y no se cansarán. Caminarán y no se fatigarán. Es una promesa para ti. Para la mujer mayor que piensa que ya no tiene nada nuevo que aprender, para la abuela que cree que su misión ya terminó.
Para la viuda que siente que su tiempo en la iglesia ya pasó. No, mi querida hermana, Dios te tiene reservado un capítulo nuevo y este papa, este león 14, está abriendo las puertas para que tú lo vivas. El segundo pilar del plan tiene que ver con algo que ya mencioné, pero ahora te lo voy a explicar más profundo. Se llama sinodalidad.
Y aunque la palabra suena difícil, su significado es algo que tú entiendes perfectamente. Es como cuando en tu familia hay un problema grande, una decisión importante. ¿Qué hace una buena madre? Decide ella sola y ya. No. Reúne a sus hijos. Escucha lo que piensa cada uno. Escucha al esposo si está. Escucha incluso a los nietos.
Y después de escuchar a todos con sabiduría, toma la decisión. Eso es la sinodalidad, la iglesia funcionando como una familia grande. Y León XIV está empujando esto con fuerza. Quiere que en cada parroquia, en cada diócesis, en cada país, los obispos escuchen a los fieles. Que pregunten qué les preocupa, qué les duele, qué les da esperanza, que tomen en cuenta la voz de las mujeres, de los jóvenes, de los ancianos, de los pobres.
Esto es revolucionario porque durante siglos la Iglesia funcionó como una monarquía absoluta. El Papa decidía, los obispos obedecían, los sacerdotes transmitían y el pueblo callaba. Pero el Espíritu Santo ya no quiere eso. Y León 14 escuchando ese soplo del Espíritu está cambiando la manera en que la iglesia toma sus decisiones.
Y aquí viene una pregunta que quizá te hagas, ¿qué tiene que ver esto conmigo? Yo no voy a las grandes reuniones del Vaticano. Yo no soy obispo. Yo no soy teóloga. Mi querida hermana, esto tiene todo que ver contigo, porque la sinodalidad empieza en tu parroquia. Empieza con tu sacerdote escuchándote cuando le hablas de tus preocupaciones.
Empieza con el grupo de la pastoral familiar donde tú puedes opinar. Empieza con los grupos de oración donde tu voz cuenta. Y si tu sacerdote no te escucha, ahora puedes decirle, “Padre, el Papa León 14 nos está pidiendo que caminemos juntos, que usted como pastor también escuche a las ovejas, porque el Espíritu Santo habla también a través de nosotras.
Pero hay un tercer pilar de este plan que es quizá el más sorprendente y este te lo aseguro casi nadie te lo ha contado. León XIV ha ordenado una revisión profunda de las finanzas del Vaticano. Ha creado lo que se llama una oficina central de auditoría y responsabilidad, una oficina que va a revisar todas las cuentas del Vaticano, todas.
Y aquí está lo más interesante. Esta oficina no la van a manejar solo los cardenales, va a tener también laicos. es decir, hombres y mujeres expertos en finanzas internacionales que no son sacerdotes, pero que van a tener autoridad para auditar a los obispos y a los cardenales. ¿Por qué hizo esto el Papa? Porque durante años hemos escuchado escándalos.
Hemos escuchado de obispos que vivían como reyes, de cardenales que tenían departamentos de lujo en Roma, de diócesis que perdían millones por mala administración. Y eso para la gente sencilla como nosotros, que ponemos nuestra limosna en la canasta los domingos, es un dolor enorme, porque cuando tú das tu humilde billete de 20 pesos en la colecta, lo das pensando que va a ayudar a los pobres, que va a sostener a tu parroquia, que va a servir para algo bueno.
Y cuando te enteras de que parte de ese dinero se gasta en lujos o se pierde por corrupción, sientes que se burlaron de tu fe. León 14 entendió ese dolor y dijo, “Esto se acaba.” El Papa, con palabras textuales que retomo aquí para ti, ha dicho que la administración de los bienes de la Iglesia debe ser un testimonio de la pobreza de Cristo y un modelo de servicio desinteresado, que la austeridad no es solo una virtud, sino un deber de caridad hacia los pobres.
y ha puesto límites estrictos a los gastos no esenciales. Ha ordenado que se usen más recursos para obras de caridad y proyectos sociales. Esto es muy serio porque significa que el dinero que tú das en tu parroquia va a tener que rendir cuentas. Significa que los obispos no van a poder gastar como antes.
Significa que la iglesia finalmente va a ser un modelo de transparencia como debió haber sido siempre. Si esta historia te está tocando el corazón, si sientes que Dios te trajo a este video por una razón, te pido un favor antes de que sigamos. Suscríbete a este canal. Aquí cada semana compartimos historias que alimentan el alma y mensajes que fortalecen la fe en estos tiempos confusos.
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Y aquí, mi querida hermana, viene el corazón del asunto. Lo que vas a entender ahora va a cambiar tu manera de ver todo. Porque León XIV no está reformando la iglesia por capricho, no está cambiando cosas porque sí, está respondiendo a algo muy serio que está pasando en el mundo entero y también en México.
Cada año miles, millones de católicos están dejando la iglesia. Algunos se van a otras religiones, otros simplemente dejan de creer y los jóvenes sobre todo están alejándose en cantidades enormes. ¿Por qué? Algunos dicen que es porque el mundo se volvió materialista, otros dicen que es porque la tecnología los distrae, otros culpan a las redes sociales y todo eso tiene algo de verdad.
Pero el Papa en sus reflexiones ha ido más profundo. Ha dicho que la crisis del mundo de hoy es en el fondo una crisis espiritual, una crisis del corazón humano que ya no encuentra sentido a su existencia. Y aquí León XIV ha citado muchísimas veces una frase hermosa de San Agustín, el santo que inspiró a su orden religiosa. San Agustín dijo, “Nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti.
” ¿Sientes la profundidad de esas palabras? Nuestro corazón está inquieto. Inquieto. Esa es la palabra que describe al mundo de hoy. La gente compra cosas y no se sacia. La gente viaja y no encuentra paz. La gente tiene dinero y se siente vacía. La gente tiene 1000 amigos en las redes y se siente sola. La gente toma medicamentos y no duerme.
Porque el corazón humano fue hecho para descansar en Dios. Y mientras no descanse en Dios, va a estar inquieto siempre. Y León XIV viendo esto, ha entendido que la Iglesia tiene que volver a ser un lugar donde el corazón humano encuentre descanso. No una institución burocrática, no un edificio frío, no una organización política, sino una madre.
Una madre que te recibe, una madre que te abraza, una madre que te escucha, una madre que te perdona. Quizá tú estás escuchando esto y se te están saliendo las lágrimas. Y no te preocupes, eso está bien, porque las lágrimas son una oración silenciosa. Las lágrimas son el alma que se desborda. Las lágrimas son una bendición que el mundo moderno no entiende, pero que Dios sí entiende.
Y si tú estás llorando ahora, déjame decirte algo. Déjame que mis palabras te abracen como te abrazaría tu madre. Quizá tú llevas mucho tiempo esperando, esperando que un hijo regrese, esperando que un esposo cambie, esperando que una enfermedad se cure, esperando que la soledad se acabe, esperando que Dios te dé una señal.
Y a veces sientes que Dios no responde, que se ha olvidado de ti, que tus oraciones se quedan en el techo sin llegar al cielo. Pero hoy, en este momento, te voy a decir algo que necesitas escuchar y te lo voy a decir con la autoridad que da el evangelio. Dios no se ha olvidado de ti. Dios no llega tarde.
Dios está trabajando ahora mismo en cosas que tú todavía no puedes ver. Y este papa, este león 14, está siendo usado por el Espíritu Santo precisamente en este momento de la historia para preparar una iglesia que pueda recibir a tu hijo cuando regrese, una iglesia que pueda abrazar a tu esposo si decide volver, una iglesia que pueda dar consuelo a los enfermos, una iglesia que pueda acompañar a los solitarios.
Y ahora viene algo que va a llenar tu corazón de un gozo enorme, porque León XIV tiene un cuarto pilar en su plan. Un pilar que tiene que ver directamente con México, con tu país, con tu fe, con tu Virgen de Guadalupe. El Papa ha mostrado una y otra vez un amor especial por Latinoamérica y particularmente por México. No es casualidad.
Recuerda que él vivió muchos años en Perú. habla nuestro idioma, conoce nuestras costumbres, sabe lo que es persignarse al pasar frente a una iglesia, sabe lo que es el olor del copal en una procesión, sabe lo que es escuchar a una abuela rezar el rosario en voz alta. Y México, mi querida hermana, ocupa un lugar único en el corazón del catolicismo mundial, porque aquí, en 1531, se apareció la Virgen María a un indígena humilde llamado Juan Diego y dejó su imagen impresa en una tilma de fibra de Mageay que sigue intacta después de casi 500 años. Esa imagen,
esa tilma ha desafiado a la ciencia. Los expertos han estudiado los ojos de la Virgen en la tilma y han encontrado reflejos como si fueran ojos humanos vivos. La fibra debió haberse desintegrado hace siglos y sin embargo ahí está. bendita, viva, milagrosa. Y la Virgen de Guadalupe no se apareció a un obispo, ni a un sacerdote, ni a un rico, ni a un poderoso.
Se apareció a Juan Diego, un indio humilde, un campesino, un hombre que se sentía pequeño, indigno, insignificante. Y ella le dijo unas palabras que tú deberías llevar tatuadas en el corazón. le dijo, “No estés triste. ¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra, bajo mi amparo? ¿Acaso no soy yo tu salud? ¿No estás dentro de mi regazo? ¿Qué más necesitas? ¿Te das cuenta de la inmensidad de esas palabras? No estés triste.
¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu madre? Esa frase es para ti, es para ti hoy. Es para ti en este preciso momento mientras escuchas este video. Quizá tú llevas días, semanas, meses tristes. Quizá hay un dolor que no se quita, una preocupación que no te deja dormir, una pérdida que no termina de sanar. Y la Virgen desde su tilma te repite hoy las mismas palabras que le dijo a Juan Diego hace casi 500 años.
No estás bajo mi sombra, bajo mi amparo. Estás, tú estás, aunque no lo sientas, aunque no lo veas, aunque te parezca que el cielo está callado, ella está sobre ti. Ella te cubre, ella te protege, ella intercede por ti ante su hijo. Y León 14 lo sabe. Y por eso ha hablado de México como un país especialmente bendecido.
ha hablado de la Virgen de Guadalupe como un signo profético para el mundo entero. Ha dicho que la religiosidad popular de Latinoamérica, esa fe sencilla pero profunda que tú vives todos los días es un tesoro para toda la Iglesia. ¿Sabes lo que significa esto? Significa que el Papa allá en Roma está reconociendo lo que tú haces todos los días en tu casa.
tu altar casero, tus veladoras, tus rezos en voz alta, tu rosario familiar, tu peregrinación a la basílica una vez al año, tus mandas, tus promesas, tu fe sencilla y poderosa. Eso no es superstición, eso no es atraso, eso es lo que la Iglesia necesita más que nunca. Y aquí entra otro pilar fundamental del plan de León 14.
Un pilar que tú vas a entender perfectamente porque ya lo vives. El Papa quiere fortalecer la fe en las familias, devolverle a la familia su lugar como iglesia doméstica. ¿Sabes lo que es la iglesia doméstica? Es tu casa. Tu casa es una iglesia pequeña. La mesa donde cenan es un altar. La cama donde duermen los esposos es un sacramento vivo.
Los rezos antes de dormir son una liturgia. Las correcciones llenas de amor que das a tus nietos son catequesis. Pero hoy en el mundo moderno esto se está perdiendo. Las familias ya no rezan juntas. Los abuelos viven separados de los nietos. Los hijos ya no escuchan a los padres. Los padres ya no tienen tiempo para los hijos. Y la fe que antes pasaba de generación en generación, como el agua pasa por un río, ahora se ha vuelto un hilo delgado que está a punto de romperse.
León XIV ha entendido esto y dentro de su plan quiere que la iglesia ayude a las familias a recuperar lo que están perdiendo. Quiere capacitar a los sacerdotes para acompañar mejor a los matrimonios en crisis. Quiere fortalecer la preparación al matrimonio para que los jóvenes entiendan lo que están haciendo.
Quiere apoyar a los abuelos que están criando nietos porque los padres no pueden o no quieren. Quiere consolar a las viudas y a los viudos. Quiere abrazar a los divorciados que se sienten excluidos. Quiere recibir con misericordia a los que se alejaron y quieren volver. Y aquí, mi querida hermana, viene una pregunta que debes hacerte.
Si Dios te ha dado tantos años de vida, si Dios te ha dado la fe, si Dios te ha dado nietos o sobrinos o ahijados, ¿cuál es tu misión hoy? Yo te lo digo. Tu misión es ser una transmisora de la fe. Tu misión es no llevarte a la tumba el rosario que tu mamá te enseñó. Tu misión es enseñarle a tu nieta a persignarse, aunque su mamá ya no la lleve a misa.
Tu misión es contar las historias de los santos a tus nietos. Tu misión es rezar en voz alta para que ellos te escuchen. Tu misión es prender una veladora por ellos cada vez que los recuerdes. Porque sabes algo, la fe se transmite por contagio. Tú no le vas a poder hacer un sermón a tu hijo de 40 años que ya no va a misa.
Él no te va a escuchar. Él se va a enojar. te va a decir, “Ay, mamá, déjame en paz con tus cosas de iglesia.” Pero si tú sigues yendo a misa cada domingo, si tú sigues rezando el rosario, si tú sigues encendiendo veladoras, si tú sigues siendo fiel, algún día, en un momento difícil de su vida, tu hijo se va a acordar de ti, va a recordar a su madre rezando.
Y eso, mi querida hermana, eso va a ser el principio de su regreso. Te voy a contar algo que va a quedarse grabado en tu corazón. San Agustín, el santo que inspiró al Papa León XIV, tenía una madre. Se llamaba Mónica, Santa Mónica. Y Agustín, antes de ser santo, fue un desastre. Era inteligente, era brillante, pero estaba perdido.
Vivía con una mujer sin casarse. Tuvo un hijo fuera del matrimonio. Se metió en una secta extraña. Se burlaba de la fe cristiana. Le rompió el corazón a su madre una y otra vez. Y Mónica, esa madre santa, ¿qué hizo? Lloró. Lloró por 30 años. 30 años, mi querida hermana. Te lo digo otra vez para que lo entiendas bien. 30 años llorando por su hijo.
30 años rezando por él. 30 años encendiendo veladoras. 30 años yendo a misa a pedir por él. 30 años pidiéndole a Dios la conversión de su hijo. Y un día en la ciudad de Milán, Agustín tuvo un encuentro con Dios que le cambió la vida. Se convirtió, se hizo cristiano, se bautizó, se hizo sacerdote, se hizo obispo y terminó siendo uno de los santos más grandes de toda la historia de la Iglesia.
Un doctor de la Iglesia, un hombre cuyas palabras todavía se citan más de 1600 años después. Y todo, ¿por qué? Porque su madre nunca dejó de rezar. Y quizá tú en este momento eres una Santa Mónica para alguien en tu familia. Quizá llevas años llorando por un hijo que se alejó de la fe. Quizá llevas años rezando por una hija que se divorció y vive en el dolor.
Quizá llevas años pidiéndole a la Virgen por un nieto que está en malos pasos. No dejes de rezar. Te lo suplico, no dejes de rezar porque tus lágrimas son escuchadas, tu rosario es contado por Dios. Cada veladora que enciendes es un grito que llega al cielo y Dios no llega tarde. Dios trabaja en sus tiempos, no en los nuestros, pero llega, siempre llega.
Y aquí, mi querida hermana, llegamos a la parte más importante de todo lo que te estoy contando, porque todos los pilares del plan de León 14 apuntan a una sola cosa, a un solo objetivo. volver a hacer de la iglesia un faro, una luz en la oscuridad, una madre que recibe, un hospital de campaña, como decía el Papa Francisco, donde los heridos del mundo encuentren consuelo, porque el mundo de hoy está herido y tú lo sabes, lo ves en las noticias, lo ves en tu colonia, lo ves en tu familia.
Hay tanta violencia, tanta soledad, tanto miedo, tanta tristeza, tanto dolor y la gente, especialmente los jóvenes, no encuentran a dónde ir. Las viejas certezas se cayeron. Las nuevas modas no llenan nada. Los medicamentos no curan el alma, la tecnología no abraza, el dinero no consuela. Pero la iglesia, mi querida hermana, la iglesia sí puede.
No la iglesia como institución, no. Iglesia como burocracia, sino la iglesia como madre, la iglesia como el cuerpo vivo de Cristo en el mundo. La iglesia que tú representas cuando enciendes una veladora por un enfermo. La iglesia que tú eres cuando consuelas a una amiga que perdió a su esposo. La iglesia que tú haces presente cuando rezas el rosario en familia.
Y León XIV está trabajando para que esta iglesia, esta verdadera iglesia, sea más visible, más fuerte, más libre de todo lo que la estaba estorbando. Ahora, déjame hablarte de algo muy personal. Quizá tú estás en una etapa de tu vida donde te has preguntado, ¿qué sentido tiene todo esto? Mis padres ya murieron, mi esposo quizá ya descansa o ya no me acompaña.
Mis hijos están grandes, ocupados, lejos. Mis nietos crecen rápido y yo, ¿qué papel tengo todavía en este mundo? Mi querida hermana, escúchame con todo el corazón. Tú tienes el papel más importante de todos. Tú eres la guardiana de la fe. Tú eres la que mantiene encendida la lámpara que tu madre, tu abuela y tu bisabuela mantuvieron encendida antes que tú.
Tú eres el último eslabón de una cadena de fe que tiene siglos, milenios. Cuando tú reces el rosario, estás rezando con todas esas mujeres de tu linaje que ya están en el cielo. Cuando tú vayas a misa, estás continuando lo que ellas hicieron toda su vida. Cuando tú enciendas una veladora, estás haciendo el mismo gesto que ellas hicieron miles de veces.
Y cuando un día tú también descanses en el Señor, lo que dejarás como herencia no será dinero, ni casas, ni objetos. Lo que dejarás será fe. Y esa herencia, mi querida hermana, esa herencia es la única que de verdad importa, porque las casas se caen, el dinero se acaba, los objetos se rompen, pero la fe pasa de generación en generación y abre las puertas del cielo.
Y ahora va una enseñanza profunda que el Papa León XIV ha estado repitiendo y que está conectada con todo lo demás. Él dice que la iglesia en este tiempo nuevo debe ser sobre todo un signo de esperanza, no de optimismo barato, no de positivismo de autoayuda, sino de esperanza, la esperanza cristiana. ¿Y qué es la esperanza cristiana? Es saber con todo el corazón que esta vida no es lo único, que después de la muerte hay vida eterna, que Dios nos espera, que la Virgen nos cuida, que los santos interceden por nosotros, que nuestros
difuntos están vivos en Dios. La esperanza cristiana es lo que hace que tú, una mujer mayor de 65 años, no le tengas miedo a la muerte porque sabes a dónde vas. Sabes que vas a ver a tu mamá otra vez, sabes que vas a abrazar a tu papá. Sabes que si tu esposo ya descansa, lo vas a volver a encontrar. Sabes que Jesús te va a recibir con los brazos abiertos diciéndote, “Bien hecho, sierva buena y fiel.
” Esa esperanza, mi querida hermana, esa esperanza es la que el mundo de hoy ha perdido. Por eso hay tanta gente desesperada, por eso hay tantos suicidios, por eso hay tanta gente que se ahoga en alcohol, en drogas, en pantallas, en placeres vacíos. porque perdieron la esperanza de la vida eterna.
Y León 14 quiere que la Iglesia vuelva a ser la maestra de la esperanza. Que cada misa sea un anticipo del cielo, que cada confesión sea una restauración del alma. Que cada comunión sea un encuentro real con Jesús. Que cada bendición sea una promesa de protección. Y para esto el Papa quiere recuperar la belleza de la liturgia, la belleza de la misa.
Sabes que en muchos lugares la misa se ha vuelto muy rápida, muy fría, muy desordenada. Los sacerdotes corren, los cantos a veces no se entienden, las homilías son aburridas o políticas, los fieles llegan tarde, salen temprano, no participan. Y la misa, que debería ser el momento más sagrado de la semana, se siente como un trámite.
León XIV quiere cambiar esto sin volver al latín obligatorio, sin retroceder. sino avanzando hacia una liturgia más bella, más reverente, más profunda. Una liturgia que te haga sentir que estás en presencia de Dios, que te haga llorar de alegría, que te haga salir de la iglesia con el corazón en paz. Y aquí viene algo que vas a aplicar tú misma desde el próximo domingo.
Cuando vayas a misa, ya no vayas por costumbre. Ve con intención. Llega 5 minutos antes. Persígnate al entrar. Saluda en silencio al Señor en el sagrario. Reza una breve oración pidiéndole a Dios que te abra el corazón para escuchar lo que él quiere decirte hoy. Y durante la misa, no estés pensando en lo que vas a cocinar. No estés mirando quién entró y quién salió.
No estés revisando el reloj. Concéntrate. Cada palabra de la misa tiene siglos de sabiduría. Cada gesto tiene significado. Cada momento es un encuentro con Jesús. Y cuando llegue el momento de la consagración, cuando el sacerdote eleve la mira con todo el corazón, porque ese trozo de pan que parece pan, en ese momento se convierte realmente en el cuerpo de Cristo.
No es un símbolo, no es un recordatorio, es él vivo, real, presente. Y cuando vayas a recibir la comunión, hazlo con un asombro renovado, como si fuera la primera vez, como si fuera la última, porque Dios mismo se está haciendo uno contigo en ese instante. Déjame contarte un poco más sobre por qué este Concilio Vaticano Segundo, es tan importante para que entiendas por qué León XV lo llama la estrella polar.
Imagínate que estás en el año 1962. El mundo está cambiando muy rápido. La televisión apenas está llegando a los hogares. El hombre todavía no ha pisado la luna. Las guerras de Vietnam y Corea sacuden al planeta. Las mujeres empiezan a trabajar más fuera de casa. Los jóvenes se rebelan contra todo. Y en medio de todo eso, la Iglesia Católica todavía celebraba la misa en latín.
Los sacerdotes daban la espalda al pueblo, las mujeres se cubrían la cabeza con velos negros y todo parecía haberse congelado en el tiempo. El Papa de aquel entonces, el bueno y santo Juan 23, sintió en su corazón que Dios le pedía algo arriesgado. Sintió que tenía que abrir las ventanas de la iglesia y usó precisamente esa expresión, abrir las ventanas para que entrara aire fresco del Espíritu Santo.
convocó a todos los obispos del mundo a un concilio en el Vaticano. Vinieron de África, de Asia, de América, de Europa. Más de 2,500 obispos. Imagínate la escena. Una asamblea enorme de pastores hablando del futuro de la iglesia. Durante 4 años se reunieron, discutieron, rezaron, escribieron, discutieron otra vez y produjeron documentos enormes que cambiaron la iglesia. para siempre.
¿Y qué dijeron esos documentos? Te lo resumo de manera sencilla, mi querida hermana. Dijeron que la misa se puede celebrar en el idioma del pueblo, que el sacerdote puede dar la cara a los fieles, que la Biblia debe ponerse al alcance de todos los católicos, no solo de los expertos. que los laicos, los fieles comunes son parte fundamental de la Iglesia, no solo espectadores.
Que las mujeres tienen una dignidad que la Iglesia debe reconocer y promover, que el diálogo con otras religiones cristianas y con los judíos y con los musulmanes es una obligación de caridad, que la libertad religiosa es un derecho sagrado de la persona humana. Todo eso, mi querida hermana, fue revolucionario y muchos católicos de aquel entonces, católicos buenos y devotos, no entendieron.
Pensaron que la iglesia se estaba perdiendo, que estaba traicionando la tradición. Hubo división, pleitos, hasta cismas, pero el Espíritu Santo guió a la Iglesia y con el paso de los años vimos que esas reformas dieron fruto. Vimos cómo la iglesia se acercó más al pueblo, cómo más laicos se involucraron en la pastoral, cómo crecieron los grupos de oración, cómo nacieron movimientos hermosos como los carismáticos, los neocatecúmenos, las comunidades de base.
Y aquí viene lo importante. Todavía no hemos terminado de aplicar todo lo que el Vaticano Segundo nos pidió. Falta camino, faltan reformas, falta corazón. Y León 14 en este nuevo tiempo viene a empujarnos a terminar ese camino. Y aquí, mi querida hermana, viene algo profundamente personal que necesito que escuches.
Porque quizá tú tienes una nuera que no es católica, o un yerno que dejó la iglesia o un nieto que se hizo evangélico o una hija que se casó por lo civil. Y quizá te preguntas, ¿qué hago yo con todo esto? ¿Cómo trato a mi propia familia cuando ya no comparten mi fe? León XIV, siguiendo el Vaticano Segundo, te está diciendo con misericordia, con paciencia, con amor, no con sermones, no con peleas, no con caras largas, sino con el ejemplo silencioso de tu propia vida cristiana.
¿Por qué lo sabes qué? Las generaciones cambian, las modas pasan, lo que hoy parece moderno mañana ya es viejo. Pero la verdad de Dios permanece. Y si tú permaneces fiel a esa verdad, sin imponerla a nadie, pero sin abandonarla nunca, tu fe será una semilla que algún día germinará en el corazón de los tuyos. Recuerda lo que dice el evangelio de Mateo en el capítulo 13, en la parábola del sembrador.
Una semilla cae en buena tierra y da fruto. A veces el ciento, a veces el 60, a veces el 30, pero da fruto. Tu vida, mi querida hermana, está sembrando semillas todos los días sin que te des cuenta. Y algunas de esas semillas darán fruto en personas que tú ya ni siquiera estarás viendo cuando germinen. Te voy a contar una historia breve pero hermosa.
Hace unos años conocí el testimonio de una señora de Querétaro. Tenía un hijo único, un hijo brillante, profesionista, pero que se había alejado completamente de la iglesia. Se burlaba de su madre cuando la veía rezar. le decía que la fe era cosa de gente ignorante, que los curas eran unos hipócritas, que la religión era un negocio.
Y esta señora, en lugar de pelearse, en lugar de gritarle, en lugar de hacer berrinche, ¿qué hacía? Cada mañana se levantaba a las 5, se ponía su reboso, se iba caminando a la primera misa, volvía a casa antes de que su hijo se levantara, le preparaba el desayuno y nunca le decía nada de la misa, solo lo bendecía mentalmente cada vez que pasaba a su lado.
Hizo eso por 14 años. 14. Un día el hijo se enfermó gravemente. Estuvo dos semanas en un hospital y desde su cama vio algo que lo marcó para siempre. vio como su madre, agotada, vieja, pequeña, le tomaba la mano y se daba cuenta de que aunque no le dijera nada, ella estaba rezando por él. Lo veía mover los labios en silencio.
Y un día llorando el hijo le preguntó, “Mamá, ¿qué rezas?” Y ella le contestó muy bajito, “El rosario, hijo, por ti, siempre por ti.” Ese hijo regresó a la fe, regresó a la iglesia. Hoy es uno de los hombres más activos en su parroquia y lo cuenta llorando. Dice, “Yo me convertí no por libros, no por sermones, sino por el rosario silencioso de mi madre.
Esa, mi querida hermana, esa es la fuerza tuya, la fuerza de tu silencio, la fuerza de tu fidelidad, la fuerza de tu fe simple.” Y eso es lo que León 14 quiere que la Iglesia entera reconozca. Eso es lo que el Papa quiere que valoremos. Y antes de cerrar, quiero hacerte una invitación muy personal. Quiero que tú te imagines ahora mismo dentro de un año, dentro de un año, en este mismo mes, en este mismo día.
¿Cómo quieres que sea tu vida espiritual? ¿Quieres seguir igual que ahora? ¿Quieres avanzar? Yo te voy a proponer un reto pequeño pero poderoso. Durante el próximo año, hazte el propósito de rezar un rosario completo cada día. No tienes que rezarlo de un jalón, puedes rezarlo poquito a poco. Una decena cuando te despiertas, otra mientras lavas los trastes, otra mientras tiendes la cama, otra cuando salgas a hacer el mandado. Otra antes de dormir.
Si haces esto durante un año, vas a notar cosas que ahora no puedes imaginar. vas a sentir más paz, vas a tener más sabiduría, vas a recibir respuestas a oraciones viejas, vas a ver a tu familia ablandarse, vas a notar a Dios más cerca y al final del año vas a darte cuenta de que esos 5 minutos repartidos a lo largo del día han transformado tu vida más que cualquier libro, cualquier video, cualquier predicación.
Porque el rosario, mi querida hermana, el rosario es la oración más poderosa de todas. Lo dijeron muchos santos. Lo dijo la propia Virgen en Lourdes y en Fátima. Lo dicen los papas uno tras otro. Y León XIV también ha hablado de la importancia del rosario en estos tiempos difíciles. Si tú rezas tu rosario diario, estás haciendo más por el mundo que un político firmando leyes.
Estás haciendo más que un científico inventando medicinas. Estás haciendo más que un periodista escribiendo noticias. Porque el rosario mueve el cielo y el cielo cuando se mueve transforma la tierra. Y hay algo más, mi querida hermana, algo que tengo que contarte antes de despedirnos, algo que va a darle un sentido enorme a todo lo demás.
León XIV ha repetido muchas veces en sus primeros meses como papa una frase muy poderosa que él tomó de San Agustín. Y esta frase, cuando tú la entiendas, te va a explicar todo lo que está pasando en la iglesia hoy. La frase dice así: “En las cosas necesarias unidad. En las cosas dudosas libertad.
Y en todo caridad te das cuenta de la sabiduría de esa frase en las cosas necesarias, unidad, es decir, en los dogmas, en las verdades centrales de la fe, en lo que Cristo nos enseñó, en lo que la Iglesia ha creído siempre. todos unidos. Eso no se discute, eso no se cambia. La existencia de Dios, la divinidad de Jesús, la virginidad de María, la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la resurrección de los muertos, la vida eterna, eso no se toca.
En las cosas dudosas, libertad. Es decir, en las cosas opinables, en las costumbres, en las formas, en lo que cambia con los tiempos. libertad. Que cada quien viva a su fe, a su manera. Que un católico pueda preferir la misa más solemne y otro la más sencilla. Y los dos sean buenos católicos. Que una persona rece oficio divino y los dos lleguen a Dios.
Que un país tenga sus devociones y otro las suyas y todas sean legítimas y en todo caridad. Esa es la parte más importante en absolutamente todo, amor. Porque si hablamos de Dios, pero no amamos a nuestro hermano, somos como una campana que suena fuerte nada por dentro. Si rezamos, pero juzgamos, nuestra oración no llega.
Si vamos a misa, pero salimos a criticar a la vecina, hicimos un viaje en vano. Y León 14, con esa sabiduría de San Agustín, está intentando construir puentes. Está tratando de reconciliar a la iglesia consigo misma. Porque mi querida hermana, te voy a decir algo que no muchos te dicen. La iglesia en los últimos años había estado dividida internamente.
Había sacerdotes que apoyaban con todo al Papa Francisco. Había otros que estaban muy en contra. Había obispos que se enfrentaban con sus cardenales. Había laicos peleados entre sí en redes sociales sobre temas de la iglesia. Era una división dolorosa y León XIV ha venido como un constructor de puentes, como alguien que dice, “Basta de pelear entre nosotros, basta de etiquetarnos como conservadores y progresistas.
Somos católicos todos y juntos vamos a caminar.” Y esta es una de las razones por las que los cardenales lo eligieron a él, porque necesitaban a alguien que pudiera unir lo que la confusión había dividido. Y por eso, mi querida hermana, este Papa, este León 14, no es un papa de revolución violenta. No es un papa de cambios bruscos que te asusten.
Es un papa de continuidad sabia. Es un Papa que recoge lo mejor de Juan Pablo Segi, lo mejor de Benedicto X, lo mejor de Francisco y lo unifica en una sola dirección con la guía firme del Espíritu Santo. Y eso debería darte una paz enorme, porque tu Iglesia no se ha perdido, tu fe no se ha desorientado. Lo que viene en este nuevo tiempo es algo bueno, algo bendito, algo que vale la pena vivir.
Y ahora, mi querida hermana, llegamos a una parte muy práctica. Porque todo lo que te he contado hasta ahora se queda en nada si no lo conviertes en acción. Entonces, déjame darte cinco gestos concretos que tú puedes hacer esta misma semana para vivir lo que León 14 está pidiendo. El primer gesto esta noche antes de dormir agradece. Toma 5 minutos, los que sea.
Siéntate en tu cama o en tu silla favorita y recuerda cinco cosas por las que estás agradecida hoy, aunque sean cosas pequeñas. Que despertaste con salud, que pudiste tomar tu café, que un nieto te llamó, que pudiste rezar el rosario, que tienes un techo donde dormir y dale gracias a Dios por cada una.
La gratitud es la oración más poderosa que existe. Cambia tu corazón, cambia tu noche, cambia tu vida. El segundo gesto, mañana en la mañana, cuando te levantes, antes de ver el celular, antes de prender la televisión, antes de hablar con nadie, ofrece tu día a Dios. Una oración sencilla. Puedes decir, “Señor, te ofrezco este día. mis alegrías, mis pesares, mi salud, mis enfermedades, mi tiempo.
Úsalo para tu gloria y permíteme ser instrumento de tu amor para alguien hoy. Amén. El tercer gesto. Esta semana llama a alguien, alguien con quien estés peleada, alguien con quien hace tiempo no hablas, alguien que sabes que está pasando por un momento difícil. No tiene que ser una llamada larga, no tiene que arreglar todo, pero llama, saluda, pregunta cómo está.
Di una palabra amable, porque León 14 nos está pidiendo a todos que seamos puentes, no muros, que reconciliemos, no que dividamos. Y la reconciliación empieza con una llamada, con un gesto pequeño, el cuarto gesto. Este domingo ve a misa con una intención específica. No vayas por costumbre. No vayas por obligación. Ve con una persona en la mente.
¿Por quién vas a ofrecer esa misa? Quizá por un hijo que se alejó, quizá por un amigo enfermo, quizá por un nieto que está en malos pasos, quizá por las almas del purgatorio de tu familia. Y cuando recibas la comunión, di mentalmente, “Señor, esto es por esta persona. Toca su corazón, sánalo, sálvalo.” Verás como Dios trabaja a través de esa intención, no siempre de inmediato, pero trabaja, siempre trabaja.
Y el quinto gesto, el más importante, esta semana transmite tu fe a alguien más joven. Si tienes un nieto, una sobrina, una aijada, una vecinita, cualquier persona joven en tu entorno, encuentra un momento. Un momento sencillo. Cuéntale una historia de los santos. Enséñale una oración corta. Explícale por qué tú crees en Dios. Cuéntale cómo Dios te ha ayudado en tu vida. Háblale de la Virgen de Guadalupe.
No le sermonees. No le predique. No le quieras convertir en 30 segundos. Solo con naturalidad. sembrar una semilla. Y esa semilla, mi querida hermana, esa semilla puede ser el principio de algo grandioso, porque a veces la fe se transmite no con grandes discursos, sino con un gesto pequeño, una palabra dicha en el momento justo, una oración compartida, una mano sobre la cabeza para bendecir.
Y ahora en estos minutos finales, quiero que escuches con todo tu corazón lo que te voy a decir. Porque quizá tú durante muchos años has pensado que tu vida es pequeña, que no haces nada importante, que el mundo sigue su curso y tú solo estás aquí esperando. Y hoy quiero que entiendas una verdad enorme, una verdad que el Papa León XIV está empujando con todas sus fuerzas.
Tu vida importa, tu fe importa. Tus oraciones importan. Cuando tú rezas, el cielo se mueve. Cuando tú ofreces tus dolores, las almas del purgatorio descansan. Cuando tú das una limosna, hay un pobre que come. Cuando tú perdonas, una herida se cierra. Cuando tú enciendes una veladora, hay un alma que recibe luz.
Dios cuenta con mujeres como tú para sostener este mundo. Y el plan de León 14, este plan que va a cambiar la iglesia para siempre, no va a funcionar si no es con la fe de las mujeres como tú, sin las abuelas que rezan, sin las madres que enseñan, sin las viudas que sostienen las parroquias, sin las mujeres que limpian las iglesias y ponen las flores, sin las catequistas que enseñan a los niños, sin las consoladoras que acompañan a los enfermos.
Sin nosotras, mi querida hermana, la Iglesia no es nada. Y por eso el Papa desde Roma está apostando por todas las mujeres del mundo católico. Está pidiendo que se nos escuche más, que se nos consulte más, que se nos dé más espacio en las decisiones, que se reconozca nuestro papel insustituible en la transmisión de la fe.
Quiero terminar con algo que te quiero pedir directamente. Hoy, cuando termine este video, no te olvides de lo que escuchaste. No lo dejes pasar como un video más. No vuelvas a tu vida diaria como si nada hubiera ocurrido. Porque si llegaste hasta este punto, si me escuchaste hasta el final, es porque Dios te tiene algo preparado.
Es porque hay un papel para ti en este tiempo histórico de la iglesia. Cierra los ojos un momento si puedes y entrégate a Dios. Dile, “Señor, aquí estoy. Soy una mujer mayor. Tengo dolores, tengo recuerdos, tengo cargas, pero todavía tengo fe y todavía quiero servirte. Úsame como tú quieras en este tiempo nuevo de tu Iglesia. Amén.
Y Dios escuchará tu oración y trabajará en ti y a través de ti. Aunque tú no veas los frutos en esta vida, los verás en la otra. Cuando llegues delante de Dios y él te muestre todo lo que hiciste sin saberlo. Cada rosario rezado, cada misa ofrecida, cada veladora encendida, cada lágrima que derramaste por alguien, cada perdón que diste, cada gesto de amor en silencio.
Y verás que tu vida no fue pequeña, tu vida fue enorme. vida sostuvo a tu familia, a tu pueblo, a tu iglesia, al mundo entero sin que nadie lo notara, excepto Dios, que sí lo notó todo. Dios no te ha abandonado, mi querida hermana, nunca lo hará. Y si hoy llegaste a este video, es porque él tiene algo preparado para ti que todavía no puedes ver, pero pronto lo verás.
Ten fe y recuerda siempre las palabras que la Virgen de Guadalupe le dijo a Juan Diego. Esas palabras que también son para ti. No estés triste. ¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra, bajo mi amparo? Llévalas en el corazón, repítelas antes de dormir. Acuérdate de ellas cuando la angustia te visite, porque la Virgen está contigo siempre y su hijo Jesús está contigo siempre.
Y este Papa León XIV está rezando por ti siempre. Si esta historia te ha tocado el alma, si sientes que Dios habló contigo a través de estas palabras, no puedes perderte el video sobre la historia completa de la Virgen de Guadalupe y los secretos de su tilma que la ciencia no puede explicar, donde descubrirás detalles increíbles sobre las apariciones, sobre Juan Diego y sobre los milagros recientes que han ocurrido en la basílica.
Te dejo el enlace aquí arriba y en la descripción. Gracias, gracias de corazón por quedarte hasta el final. Que Dios te bendiga hoy y siempre, que la Virgen te cubra con su manto y que tus seres queridos, los que están aquí y los que ya descansan, sean siempre bendecidos por la mano poderosa de Dios.
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Que Dios te bendiga, que la Virgen de Guadalupe te acompañe siempre y que esta luz que hoy se encendió en tu corazón nunca se apague.