La música en Venezuela tiene nombres que son sagrados, y uno de ellos es, sin duda, Guaco. Lo que comenzó en 1962 en la urbanización Sucre de Maracaibo como un grupo de jóvenes apasionados por la gaita, se transformó con el tiempo en una “institución musical”, una mezcla irrepetible de salsa, jazz, rock y pop que el mundo conoció como el “sonido Guaco”. Sin embargo, hoy esa estructura que parecía inamovible está tambaleándose, y no por falta de talento, sino por una crisis gerencial y familiar que amenaza con destruir cinco décadas de historia.
Una historia de éxito y un vacío gerencial
Desde sus inicios, Guaco fue moldeado por la visión de Gustavo Aguado. Su voz se convirtió en el sello distintivo de la banda, especialmente a partir del histórico álbum
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Guaco 79, aquel de la icónica portada del “burro cepillado” . Canciones como “Noche Sensacional” y “Amor a Primera Vista” no eran solo hits; eran parte del ADN emocional de los venezolanos.

A pesar del éxito artístico, el grupo siempre arrastró un “talón de Aquiles”: mucha música, pero poca gerencia . Mientras otros artistas contemporáneos como Oscar D’León o Ricardo Montaner conquistaban escenarios globales como el Madison Square Garden, los integrantes de Guaco, incluso en sus mejores épocas, seguían compartiendo habitaciones de hotel y operando bajo estructuras empresariales deficientes .
El detonante: El despido de las leyendas
La crisis actual ha alcanzado un punto de no retorno tras el despido masivo de músicos que no eran simples empleados, sino columnas vertebrales del sonido de la banda. Nombres como Alexis Moreno, Johnny Flores, Rafael Greco, Carmelo Medina, Kender Medina y Vladimir Quintero —algunos con más de 40 años en la agrupación— han sido apartados de sus cargos .
Lo que más ha indignado a la opinión pública y a los seguidores más fieles es el motivo detrás de esta decisión. Según los testimonios recogidos, el conflicto estalló cuando los músicos reclamaron el pago atrasado de una gira realizada en diciembre y un viaje a Dubái . Se comenta que la disputa se centró en una cifra irrisoria para una banda de tal magnitud: apenas 300 dólares . Este reclamo de derechos laborales básicos fue respondido con cartas de despido, dejando una herida abierta en la historia de la música zuliana.
La figura de la “Yoko Ono” venezolana
En el centro de la tormenta se encuentra un nombre que resuena con fuerza entre los críticos: Yaremí Manzano de Aguado, esposa de Gustavo Aguado y actual manager y administradora de la banda . Muchos seguidores y personas cercanas al entorno de la banda, como el creador de contenido Eugenio Ríos López (conocido como “El Ruco Influencer”), señalan a Yaremí como la responsable de las decisiones drásticas que están desmantelando al grupo.
Eugenio, quien trabajó como atrilero para la banda en su juventud y conoce a la familia Aguado desde adentro, expresa con dolor: “¿Cómo puede alguien que amó a Guaco ser hoy parte de su destrucción?” . La comparación con Yoko Ono no se ha hecho esperar, sugiriendo que la influencia personal sobre Gustavo ha nublado la visión institucional de la superbanda .
El clamor por el relevo

A sus más de 75 años, Gustavo Aguado enfrenta el reto más difícil de su carrera. La comunidad musical le implora que “entregue la batuta” . No se trata de que abandone su legado, sino de que permita una generación de relevo que profesionalice la gerencia y preserve la esencia de Guaco antes de que sea demasiado tarde.
El testimonio de Eugenio Ríos es un reflejo del sentimiento de miles: “Guaco es de Maracaibo, es de Venezuela, es de todos los que alguna vez sintieron que esa música les pertenecía” . El temor es que la historia de Guaco no termine como la leyenda que merece ser, sino como el relato de lo que pudo haber sido si la soberbia y la mala administración no se hubieran interpuesto en el camino.
¿Sobrevivirá la leyenda?
A pesar del panorama sombrío, aún queda una chispa de esperanza. Guaco ha sobrevivido a la partida de grandes figuras en el pasado, como Ricardo Hernández, Nelson Arrieta o los hermanos Borjas . Sin embargo, esta vez el enemigo no está afuera, sino en la oficina administrativa.
La pregunta que queda en el aire para todos los “guaqueros” es: ¿Podrá Gustavo Aguado reflexionar y salvar a su creación del abismo, o presenciaremos el fin definitivo de la superbanda de Venezuela por culpa de una gestión familiar fallida? .