A un año de un acontecimiento que redefinió el rumbo de la Iglesia Católica contemporánea, el Cardenal Carlos Castillo, Arzobispo de Lima, ha decidido romper el hermetismo que rodea tradicionalmente a los muros del Vaticano. En una reveladora entrevista, Castillo compartió detalles que hasta ahora permanecían en la sombra sobre la elección de Robert Prevost como el Papa León XIV. Lo que describe no es solo un proceso administrativo de la Santa Sede, sino lo que él califica sin titubeos como un “milagro espiritual” que dejó atónitos incluso a los purpurados más experimentados.
El Perfil de un Nuevo Tiempo
El cónclave no comenzó con un nombre claro, sino con un perfil necesario. Tras el legado del Papa Francisco, la Iglesia buscaba a alguien capaz de continuar la ̶
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0;evangelización de la alegría”, la cercanía con los pobres y la denuncia de las guerras. Según el Cardenal Castillo, el ambiente era de profunda oración y discernimiento. “Cada época tiene su perfil y se necesita esclarecer criterios”, explicó. En ese contexto, Robert Prevost, entonces una figura discreta dentro de la Curia, no figuraba en las quinielas de los grandes medios internacionales, pero su labor silenciosa como misionero y su brillantez intelectual ya resonaban en los pasillos internos.

La Sorpresa de la Primera Votación
El momento más crítico y sorprendente ocurrió durante el primer día. Castillo relata que, en la votación inicial, los votos suelen dispersarse entre amigos o figuras muy famosas. Sin embargo, algo extraño sucedió: mientras los favoritos apenas lograban sumar apoyos significativos, el nombre de Robert Prevost empezó a aparecer de forma consistente. Al finalizar el primer recuento, Prevost ganaba por un solo voto de diferencia respecto a los demás candidatos más fuertes.
“¿Qué es esto?”, fue la pregunta que recorrió los bancos de la Capilla Sixtina. El Cardenal de Lima recuerda que se fueron a dormir bajo un clima de absoluta interrogación. Fue en ese momento cuando el factor espiritual tomó el control. A pesar de los intentos de algunos grupos por organizar reuniones laterales para “mover fichas”, Castillo se mantuvo firme en que no debían intervenir. “Si hemos recibido un signo que no esperábamos, lo que corresponde es seguir el signo y calladitos”, sentenció en aquel entonces, confiando plenamente en la acción del Espíritu Santo.
De la Incertidumbre al Consenso Total
Al segundo día, la distancia de Prevost frente al resto de los candidatos comenzó a ensancharse de manera irreversible. No hubo campañas políticas, sino un reconocimiento progresivo de las cualidades de un hombre que parecía diseñado para este momento histórico. Robert Prevost no solo es un canonista brillante que habla cinco idiomas y posee una mente matemática; es, ante todo, un pastor con olor a oveja. Su experiencia en Chiclayo, su cercanía con las “ollas comunes” y su sensibilidad ante el dolor humano durante la pandemia en el Perú fueron los pilares que convencieron a los cardenales de que él era el sucesor indicado.
El consenso fue absoluto en la cuarta votación. Aquellos que tenían otros candidatos cedieron al ver la claridad del camino. El Cardenal Castillo destaca que, al sobrepasar los 89 votos necesarios, el aplauso fue unánime y ensordecedor. León XIV aceptó la carga con la misma mesura y humildad que lo caracterizó durante sus años en el norte peruano.

Un Papa Misionero y Sensible
La elección de León XIV marca el inicio de una era donde la Iglesia busca profundizar en la promoción de la persona humana. Castillo enfatiza que el nuevo Pontífice no busca que las personas se “uniformicen”, sino que crezcan y encuentren su propio camino. Su reciente visita a Pompeya, lugar simbólico de reconstrucción tras la destrucción, es una muestra de su deseo de dedicar su papado a la esperanza y a la valoración de la dimensión femenina en la fe, inspirándose en las mujeres líderes de las comunidades cristianas que él mismo ayudó a formar.
El Perú, y especialmente Chiclayo y el Callao, guardan recuerdos imborrables de Robert Prevost. Desde las misas en plazas vacías durante lo peor de la crisis sanitaria hasta su lucha constante por los más necesitados, su ascenso al papado se percibe como una validación de la fe vivida desde las periferias. Como bien concluye el Cardenal Castillo, la llegada de León XIV no es solo un evento histórico para la religión, sino la confirmación de que, incluso en las instituciones más antiguas del mundo, los milagros y la humildad aún tienen la última palabra. >